viernes, 14 de junio de 2013

Sátira contra los vicios de la sociedad cubana




Federico Milanés

               Valeat res ludiera. — Horacio.



¿Qué me dices, Modesto? ¿Conque intentas
Al cabo figurar, tú, que naciste
Con mucha discreción y pocas rentas?

¿Cómo, pues, las holganzas aburriste
De aquella vida exenta de cuidados,
En que tan buenas carnes adquiriste?

Si ya cumples seis lustros bien contados,
Y aún no diste que hacer a la gaceta
Ni con tu presunción, ni con tus grados;

Si no tienes de insigne la boleta
En esta Cuba, donde a cada paso
Brota un sabio doctor o un gran poeta;

Si el óvalo visual conservas raso
De quevedos o lentes o espejuelos
Para huronear las sendas del Parnaso;

Si nunca, en un examen de chicuelos,
A preguntas pusiste a sus mentores
Que casi sé tirasen de los pelos;

Si en Cuba, en zipizape de escritores,
Jamás te entrometiste dando quites
Para echarte a ti mismo muchas flores (…)

Para sacar ventaja de estas lides
No te conviene por ningún asomo
Gastar la seriedad del viejo Alcides.

Antes que piel nemea sobre el lomo,
Debes llevar en una mano el cetro
Con cascabeles del risueño Momo.

Burla, burla incansable en fácil metro,
Porque endriagos de una cierta guisa
Temen la mofa más que un vade retro (…)

En Cuba bien tendrás que dominarlo,
Porque el vicio en sus montes y ciudades
Mucho te costará no saludarlo.

En donde el sol con plácidas bondades
Alumbra puro en zona cristalina
Dilatadas y verdes heredades,

Y el soplo de la brisa matutina
Agita el platanar del valle umbroso
Y el enhiesto palmar de la colina;

Donde se ven por trillo tortuoso
Asomar las carretas agobiadas
Bajo el peso del año fructuoso,

Y se escucha en las rígidas quijadas
Del premioso trapiche, en son hiriente
El crujir de las cañas apretadas,

Y en la paila rebosa el oro hirviente
Del sumo aquel que se trasforma frió
En blanco pan de azúcar reluciente;

Aquí en que crece junto al claro río
La hoja aromosa que del hombre, cura
Resuelta en humo suave, el fosco hastío;

Donde brilla el insecto en noche oscura,
Y al sol, vislumbres de esmeralda y oro
El esplendente colibrí fulgura (…)

Pinta a Don Periquito, que al amparo
Del albergue doméstico, de infante
Nunca halló a sus antojos un reparo,

Y que bajo la ley civilizante
Del descuido paterno, en cuanto sea
No mirar si la zafra va adelante

Y aquel amor de madre que jalea,
Y que siguió, para educar al hijo,
Los textos de una negra de Guinea;

Creció ignorante y se crió canijo,
Creyendo sólo que el hacer su gusto
Debiera ser su pensamiento fijo (…)

Dibújalo flacucho, largo el cuello,
Corta la espalda, el pecho contraído,
Apagada la voz, corto el resuello;

En sus tres lustros, danzarín cumplido,
A los cuatro, gran hombre de bureo,
A los cinco, en las fiestas aburrido

Mozalbete sin barba y sin empleo
Descríbelo en teatro y baile y misa
A cada hermosa echando un chicoleo.

Y hablando en todas partes muy de prisa
Y sus conversaciones sazonando
Con mucha desvergüenza y mucha risa.

En billares descríbelo habitando,
En las cantinas muéstralo bebiendo,
Píntalo en los burdeles pernoctando (…)

Parece que se quiebra de rodillas,
Y tuerce el cuello y pone el brazo manco
Y en indecente y torpe contoneo

Se queda con los ojos casi en blanco.
Tú dirás que merece tal empleo
De nuestras facultades varoniles

La materialidad de un vapuleo…