martes, 23 de enero de 2018

La fiesta de los sordomudos




 Hoy, a las diez de la mañana, tendrá lugar en el local del Instituto Nacional de Sordo-Mudos y Anormales una simpática fiesta, organizada por la Junta Directiva y el Patronato de dicha institución.
 Los números de este acto podrán verse en el programa que insertamos a continuación.
 Dice así. 
 1.-Himno Nacional por la Banda Militar.
 2.-Entrega y jura de la Bandera donada al Instituto por la señora Regina Truffín de Vázquez Bello.
 3.-Palabras alusivas al acto por el señor Director Dr. Eduardo Segura.
 4.-Sonata al piano, por la niña disártrica América Piñón, acompañada de la Profesora Sra. María Josefa Irenzo de Teuma.
 5.-Desvelación de los retratos del Honorable Presidente de la República, General Gerardo Machadi, del General José Miguel Gómez y del Dr. Clemente Vázquez Bello, Presidente del Senado.
 6.-Frases de homenaje por niños sordomudos y anormales.


 Diario de la Marina, 14 de diciembre de 1928.

domingo, 21 de enero de 2018

Dibujos de sordomudos


         Dibujo por Antonio Arana
             Instituto Nacional de Sordomudos

 Exposición de dibujos de los alumnos del Instituto Nacional de Sordomudos.
  
 Los dos "sketches" que aparecen en esta página figuran en la Exposición de Dibujos de los Alumnos del "Instituto Nacional de Sordomudos y Anormales", organizada por el pintor José Segura y abierta al público en los salones de la Asociación de Pintores y Escultores, bajo los auspicios de "1927".
 El extraordinario interés de esta exposición —interés, en general, más psicológico que estético— se define enjutamente en las siguientes palabras de nuestro M. C., que sirven de introducción al catálogo de las obras expuestas.
 "Expresar una cosa, es decir, explicarla, verbal o gráficamente, es comprenderla. Ciertas ideas o sensaciones, emotivas o intelectuales, encuentran gráficamente una traducción más fácil y adecuada que la expresión verbal. De ahí el dibujo, en la enseñanza primaria, no constituya una disciplina especial, sino parte integrante y concurrente al conjunto de las demás enseñanzas, como vehículo de expresión que sirve al pequeño para aclararse él mismo ciertas ideas y sensaciones y llegar a su realización objetiva. Esta norma, consagrada en la nueva práctica pedagógica, es particularmente interesante en la enseñanza de sordomudos y anormales, que tienen el vehículo gráfico como único medio de expresión".

 

 DIBUJOS DEL INSTITUTO NACIONAL DE SORDOMUDOS.

 Patrocinada por "1927", el 2 del próximo mes se abre, en la Asociación de Pintores y Escultores, una exposición de dibujos del "Instituto Nacional de Sordomudos", que dirige el doctor Eduardo Segura.
 Podemos anticipar que esta exhibición ha de revestir un gran interés, pedagógico y artístico. Los dibujos infantiles son de una fuerza sugestiva, por la intención expresiva que en ellos pone el pequeño, concretando, gráficamente, sus imágenes y sensaciones.
 Este interés se hace más evidente en estas pequeñas obras de la escuela de sordomudos; se ve en ellas la tragedia latente, el esfuerzo intenso del niño que, incapaz de producirse verbalmente, pone en las líneas un vigor intenso y sostenido y una apasionada obsesión, para lograr expresarse a través de aquéllos.
 El drama se traduce en cada uno de sus rasgos, firmes, recios, acusados con fuerza y vigor.
 La exposición será sumamente nutrida. El día de su apertura, el doctor Eduardo Segura, director del Instituto, y Martí Casanovas, pronunciarán unas breves palabras sobre el valor, pedagógico y artístico, respectivamente, de estos dibujos escolares.


 Revista de avance. 15/6/1927, pp. 30 y 24.

sábado, 20 de enero de 2018

Dibujos escolares


 Por primera vez en Cuba, figura en una exposición, la de "1927", una selección de dibujos escolares, hecha por Rafael Blanco, a quien debemos igualmente los frutos que se cosechan en nuestras escuelas, con la enseñanza del dibujo, de los cuales son muestras de evidente valor los dibujos que se exhiben. 
 Imaginemos los resultados maravillosos que podrían obtenerse cogiendo estos muchachos, haciendo que pintaran sin pasar por escuelas, libres de preocupaciones, con la misma pureza que lo hacen, frente al natural, como vienen haciéndolo las escuelas mexicanas al aire libre. 


 Pero... ¿qué sabrán de esto en "San Alejandro"? Allí le dirán al discípulo que ese candor expresivo carece artísticamente de valor y de interés, y suplirán esta honradez por la receta mecánica y el adiestramiento manual, tupiéndole con su inmensa sabiduría.
 Frente a ella, ¿qué importa tu emoción, y qué la honradez? ¡Bah! ¡Extravagancias de última hora!
                     


 Revista de Avance, 15 de mayo de 1927, núm. 5, p. 133.


miércoles, 17 de enero de 2018

Rafael Portuondo Tamayo


   (1867-1908)

 Nació, en Santiago de Cuba, el 21 de marzo de 1867. Murió, asesinado por un loco, en Mayarí (Oriente), el 15 de julio de 1908.

 Su simpatía era avasalladora. Con los cabellos y el bigote blondos, los ojos azules y fúlgidos, la tez sonrosada y de estatura corta, pero armónicamente proporcionada, era como un dinamo de vida, de juventud y gallardía, siempre vibrante al impulso del patriotismo, de la amistad, del bien.
 Su absurdo y trágico fin, a menos de un demente, que le infirió mortal cuchillada; su muerte violenta en plena vida, después de haber atravesado, ileso, los múltiples peligros del mar, en expediciones de guerra, y de la manigua rebelde e incendiada, tuvo que ser más doloroso y lamentable para cuantos conocían y querían al que fue, en Santiago de Cuba, en el período preliminar de la revolución del 95, agente confidencial de Martí, y uno de los jefes del alzamiento del 24 de febrero, en Oriente. El 25 de abril se adentró con Martí en Arroyo Hondo, y lo presentó a los soldados de Cuba Libre con una elocuencia fascinadora.
 Eficaz y brillante fue también su actuación en las esferas del Gobierno Revolucionario, en los que ejerció, entre otros, el cargo de Secretario de Guerra, y por virtud de su ejecutoria moral y política, alcanzó el grado de general libertador.  
 En 1900, su región nativa lo eligió delegado a la Convención Constituyente, y ya instaurada la República, fue representante a la Cámara Baja, que presidió dignamente durante más de un período congresional. En ambos cuerpos deliberativos, lo mismo que en asambleas y mítines políticos, se mostró múltiples veces como orador de fuerza conceptuosa y emotiva, más poderosa por el magnetismo de su simpatía personal.
 Durante algún tiempo probó sus aptitudes jurídicas en el cargo de fiscal de la Audiencia de Oriente, y también en calidad de abogado defensor. Estudió la carrera de derecho en la Universidad de Barcelona.
 Fue un caballeroso paladín de la patria, deidad encantadora a la que ofreció siempre la flor purpúrea de su corazón. 


 José M. Carbonell, La Oratoria en Cuba. Evolución de la cultura cubana, 1928. pp. 108-109. 

martes, 16 de enero de 2018

Apéndice al informe que presentan los doctores Rafael Pérez Vento y Gustavo López

   

 Con objeto de examinar detenidamente el sumario de la causa instruida a Aguilera de recoger una información lo más amplia posible, nos adelantamos un día a la fecha fijada para la celebración del juicio oral.
 Del examen del sumario resulta: que Aguilera siempre ha declarado que la causa única que motivó su crimen fue la violación de sus hijas por el General Rafael Portuondo y por el Sr. Carlos Manuel de Céspedes. Supo, estando en Mayarí, la llegada de estos dos distinguidos hombres públicos e indudablemente se preparó, sin comunicárselo a nadie, para por lo menos entrevistarse con ellos; podemos aun ir más lejos y aceptar que se preparó para vengar una grave ofensa, como así lo hizo en la persona del malogrado General Portuondo, sin que mediaran palabras ni aviso previo de posible provocación siquiera. Aguilera, después de haber perpetrado su crimen, huyó, haciéndolo de manera tal, que pudo haber escapado, esto es, sin turbación y con conciencia plena de lo que hacía. Después, en su declaración y en su actitud se ha mostrado siempre igual: reconoce su crimen, el que justifica y manifiesta que hacía mucho tiempo tenía deseos de ver al General Portuondo para pedirle explicaciones, que si Portuondo no se ríe al verlo, él no lo hubiera matado, pero que la risa lo indignó y por eso lo hirió. Resulta también de las declaraciones, que en distintas ocasiones y a determinadas personas familiares de él manifestó sus deseos de ver a Portuondo y desafiarlo, porque le habían dicho que era él el violador de una de sus hijas, no haciéndole caso esas personas.
 Tanto las declaraciones de Aguilera como las de las personas que supieron a tiempo las ideas de venganza que abrigaba el procesado contra Portuondo, nos permiten de deducir que, en efecto, Aguilera padece, hace muchos años, de ideas delirantes de persecución, que seguramente tienen su punto de partida, como ya hemos dejado dicho, en las alucinaciones del oído de que aun hoy sufre. Ahora bien, el crimen cometido no reviste en lo absoluto todas las condiciones que reúnen los crímenes cometidos por los locos razonantes; no porque haya discernimiento, sino por la huida, acto seguido de perpetrar el crimen y hasta por la misma preparación. Sin embargo de esto, no puede pasar por alto para la apreciación del hecho criminal el no existir móvil, que es en realidad lo que inclina el ánimo del perito a ver en este crimen, a pesar de su apariencia contraria, el crimen de un perturbado. Lo de la violación es inútil que siquiera nos detengamos a analizarlo, dado sus caracteres de inverosimilitud.
 No es el primer hecho criminal cometido per Aguilera: en Holguín, en 11 de julio de 1895, causó lesiones graves a su concubina e hirió a la madre de ella (1). Quien lee el sumario de la causa instruida, no encuentra nada que deje sospechar locura, aunque si el ánimo a ello va predispuesto, puede sospechar, si no locura, algún desequilibrio.
 Ahora bien, examinando, en conjunto, tanto el crimen del General Portuondo, como el realizado en el año 95, y teniendo en cuenta, como es natural, los síntomas que actualmente presenta Aguilera y sus antecedentes, así como su mentalidad, se hace muy difícil aceptar que la intensidad del delirio y las alucinaciones sean las causantes de la muerte del General; no hay duda que la produjo un hombre que presenta trastornos mentales, pero también este hombre parece tener sentimientos criminales. A esta conclusión nos lleva la observación diaria de alienados que en idénticas o peores condiciones mentales de las observadas en Aguilera, ninguno mata ni, en general, comete hechos delictuosos. El que lo hace tiene algo más que perturbada la mente, le falta el sentido moral que da la educación y que se adquiere con ella, sirviéndole de fuerte freno hasta para contener las más intensas obsesiones o impulsiones de naturaleza criminal.
 En la minuciosa y extensa investigación hecha en Holguín, resultan corroborados afirmativamente los datos que en La Habana nos habían facilitado y que ya constan en nuestro informe, viniendo, por consiguiente, a darle mayor seguridad al juicio que nos habíamos formado de Agustín Aguilera. Por consiguiente, nos ratificamos aun con mayor fe, si cabe, en las conclusiones ya consignadas en el informe.
 Santiago de Cuba, cuatro de junio de mil novecientos nueve. — (f) Dr. Rafael Pérez Vento. — (f) Dr. Gustavo López.

 Nota
 (1) Aguilera hacía seis años que vivía con su concubina, a la que raptó, teniendo con ella tres hijos. Ya en esa época tenía rarezas, y sin disgusto ni motivo insultaba a la mujer, hiriéndola con un machete, así como a la madre y a una pariente, porque no quiso la mujer entregarle Una de las hijas. Sin previo disgusto apareció en la casa, de donde faltaba hacia días, y le dijo a su mujer: «de dos cosas una: o me das mis hijos o te mato», y en efecto, al oír la negativa sacó el machete y la hirió. Aguilera dijo en su declaración que nunca habla sido procesado y que no gozaba fuero ni condecoración: que quiso llevarse a su hija para atender a su crianza y educación a lo que la madre se habla opuesto diciéndole que tenía otro marido, por lo que, lleno de ira, la emprendió a machetazos. A preguntar del Juez respondió que no llevaba intención de herirla ni matarla, puesto que el acto fue impensado.


 “Documentos médico-legales. Un loco condenado”, por el Dr. Gustavo López, Revista Frenopática Española, Año VII, núm. 83, Noviembre de 1909, pp. 321-31; y, Crimen y locura. El asesinato del General Portuondo, La Habana, 1909.