domingo, 19 de febrero de 2017

Beriberi



  Francisco de Paula Grima


 Desde el mes de Junio de 1871 oímos decir que en algunas fincas de las inmediaciones y en otras muchas más lejanas, se había presentado esa enfermedad en forma epidémica y haciendo numerosas víctimas: el facultativo que hace esta declaración no había visto a ningún enfermo atacado de ese mal, hasta que a mediados del expresado mes tuvo oportunidad de observar muchos casos en el ingenio Concepción.

 El día 10 de Julio entró en la enfermería del Antonia el moreno Agustín, criollo, quejándose de fuertes dolores articulares, de gran pesantez en todo el cuerpo: tenía los pies un poco hinchados: a los dos días de estar en la enfermería la hinchazón había invadido todas las extremidades inferiores y parte del vientre, sin que pudiera explicarse ese derrame por lesión orgánica alguna: en poco tiempo más la hinchazón se apoderó de todo el cuerpo, y en medio de las mayores angustias falleció, el día 24 del mismo mes.

 Al finalizar este, entraron en la enfermería los negros Cándido, Ramón, Esteban y Luciano, alquilados, y Marcial, criollo, de la dotación de la finca, con los síntomas referidos, con más hinchazón de las extremidades inferiores, cuya hinchazón, decían ellos, les sobrevino de repente. Se quejaban de dificultad para los movimientos, de dolores agudos en las principales articulaciones; se advertía en ellos un abatimiento que inspiraba cuidado.

 En el mes de Agosto continuaron presentándose varios negros acusando mal estar general, dolores articulares, dificultad para moverse, tristeza y malas digestiones: en dicho mes ingresaron con el beriberi bien declarado Aniceto y Antonio, criollos, Rosalía, ganga; esclavos propios del ingenio, y Eusebio alquilado.

 En Setiembre se presentaron con el mal muy manifiesto los morenos Donato, Eusebio, Cristóbal, Simón y Juan, criollos, todos de la finca, los que llegaron a ofrecer una hinchazón monstruosa.

 En el mes de Octubre, ni en lo que va trascurrido de este, se ha presentado caso alguno de beriberi.

 Y resulta de estas observaciones que desde Julio a Setiembre se observaron en esta finca quince casos de esa enfermedad, que llegaron a estar graves porque la enfermedad llegó a su mayor período.

 De esos quince casos dos terminaron por la muerte, habiendo sido uno el negro Agustín ya relacionado, y el otro Esteban, criollo alquilado que murió el día 9 de Octubre, después de haber dado grandes esperanzas de curación, pues varias veces se vio ceder el mal para al poco tiempo aparecer con más intensidad.

 De los casos restantes solamente quedan tres en la enfermería, que son Marcial y Eusebio, criollos, que se hallan en muy buena convalecencia, y Rosalía, ganga, que aun ofrece cuidado: los otros hay tiempo que están en los trabajos del ingenio.

 Resulta también que han sido muchos los negros que entraron en la enfermería con síntomas que indicaban la invasión del beriberi; pero que sometidos rigurosamente a un plan, no llegó a desarrollarse la enfermedad.




 No encuentra el facultativo que suscribe una causa conocida que explique satisfactoriamente la existencia del beriberi en el ingenio Antonia: ni mala alimentación, ni exceso en el trabajo, ni aguas diferentes de las que habitualmente toman los habitantes de esa finca, ni aire distinto al que están acostumbrados a respirar: y si en años anteriores esas circunstancias no produjeron el beriberi ¿por qué en este lo habían de ocasionar?

 Solamente puede notarse una falta en la clase de alimentos a que estaban habituados los trabajadores del Antonia; a causa del último huracán y de la seca consecutiva, no comían viandas que siempre se les dieron en abundancia; pero en cambio tenían galletas de muy buena calidad, arroz, tocineta, harina de maíz y buen tasajo.

 Tampoco en mi concepto puede atribuirse el mal, como algunos opinan, a la gran cantidad de arroz que han tomado los negros; pues los del Antonia particularmente, están muy acostumbrados a usar diariamente ese grano en sus comidas, durante todo el año, tanto porque cosechan mucho en sus conucos, como porque la finca también lo producía en gran cantidad para dar muchas veces raciones de ese saludable cereal.

 Pero a pesar de tan buena alimentación, y del mayor cuidado por parle del Administrador del ingenio, el síntoma que más llamó la atención del médico en el gran número de enfermos entrados en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, fue la falta de globulación en la sangre: notó que los negros, casi todos, no tenían el color propio de su raza, sino que tiraba a pajizo, y que las mucosas estaban pálidas: todos los enfermos se quejaban de flojedad en las articulaciones: causaba admiración ver a algunos hombres de constitución robusta, ágiles y que se señalaban en el ingenio por su prontitud en los trabajos, por su actividad y fortaleza, daba lástima verlos tristes, abatidos, sin poderse mover casi del lugar en que se sentaban.

 No solamente se debió combatir la enfermedad, una vez desarrollada, sino poner los medios para que no fuesen atacados los demás trabajadores. Para esto se aconsejó y puso en planta, que la dotación se mojase lo menos posible, que se mudase de ropa en caso que llegara a mojarse; que se diese una ración de buen vino o de aguardiente en una de las comidas; que tomaran un cocimiento tónico (de hojas de naranja o de cascara de quina) en ayunas, y que se cuidase mucho que los alimentos estuviesen bien cocidos.

 El plan curativo, basado en el empobrecimiento de la sangre se redujo al uso de los diuréticos (cocimiento de raíz de tábano y grama); de los tónicos ferruginosos (hierro reducido por el gas hidrógeno, polvos de genciana y canela); a las fricciones estimulantes (trementina, bálsamo de Guatemala, vino aromático); a una buena alimentación consistente en galleta o pan, carne y buen vino, huevos &.: en algunos casos, porque el estado saburroso del tubo digestivo lo pedía, se usaron los evacuantes, con preferencia del sulfato de magnesia: en dos casos se usaron los baños aromáticos (con cocimiento de la siguaraya recomendado por algunos profesores); pero no se vio resultado favorable, al paso que con el plan reconstituyente narrado, se veía mejorar a los enfermos aunque lentamente, y sin recidivas, pues tan solo en dos casos han tenido lugar, uno en el negro Esteban, que falleció, y otro en Eusebio, alquilado.


 Noviembre 23 de 1871. 


 Anales… Vol. 8, 1871-72, pp. 367-70.

sábado, 18 de febrero de 2017

Suicidas… Francisco de Paula Grima



 


 Nació en Puerto de Santa María, en 1815.

 Licenciado en Medicina por la Universidad de La Habana en 1838. 

 Se radicó en Cidra, Matanzas, hacia 1844, donde fue muy popular como médico y maestro, al crear la escuela local, para la que trabajó gratuitamente.

 Sus primeros artículos aparecieron en Repertorio Médico Habanero.

 Miembro corresponsal de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y asiduo colaborador de Aurora de Matanzas.

 Empleó por primera vez en Cuba una máquina eléctrica para el tratamiento de enfermos mentales (“Reporte sobre curación de una enferma melancólica usando corriente eléctrica por medio de una máquina magnética vibratoria”, 1851).

 Escribió sobre enfermedades reumáticas y nutricionales, y sobre los padecimientos más comunes de los esclavos, entre ellos el parasitismo.

 Dejó una descripción del beriberi en diversas plantaciones de la provincia de Matanzas.

 Se suicidó en La Habana en septiembre de 1889.


 Gusanos en las fosas nasales.— Relata un ejemplo de expulsión de numerosos gusanos por las aberturas anteriores de las fosas nasales, precedida de dolor agudísimo en la frente y en la nariz, con aumento de calor, sensación de algo que se movía, sin fiebre, en un negro congo de 40 años de edad y constitución robusta, que padeció la afección por dos veces, y arrojó en la primera más de cientos de aquellos parásitos. (Anales, t-X, 1873-74, p. 309).