HOTEL TELÉGRAFO
Historia, sociedad, poesía. Notas y documentos.
jueves, 16 de julio de 2026
jueves, 9 de julio de 2026
El pugilato por la primacía. Juan Marín vs Juan Portell Vilá
Pedro Marqués de Armas
Aunque ya señalamos los derroteros
que tomaron las carreras de los Juanes, Portell Vilá y Marín, conviene insistir
en las diferencias, a propósito del conflicto suscitado por la legitimación
profesional y la prioridad de la introducción del psicoanálisis en Cuba. Cuando
Juan Portell Vilá regresó de Europa, después de tres años de estudio en el
Instituto Neurobiológico de Berlín y de pasar por la Clínica Sainte Anne en París,
venía bien apertrechado de conocimientos que provenían del psicoanálisis. Había
sido colega de los introductores en Francia de un Freud “no a la francesa”, es
decir de quienes levantaron el “cordón sanitario” a que se refiere Roudinesco;
pero también de quienes seguían los postulados de Pierre Janet. De igual modo,
se movía entre las tesis hereditarias de los degeneracionistas, y las más
recientes, o conjugables con el ambiente, de algunos neolamarckianos.
Al contrario
de médicos contemporáneos que realizaron una formación oficial, como el chileno
Fernando Navarro, Portell no se formó como psicoanalista. Sus experiencias no
procedían del análisis didáctico ni de las supervisiones de caso. Había sido un
intérprete de las tesis de Freud con una intención, más que teórica, práctica.
Se asumía como psiquiatra y su objetivo, siguiendo tanto a los neurólogos
alemanes como a los mentalistas franceses, era el de incorporar el
psicoanálisis en áreas tangibles como la educación sexual infantil y la higiene
mental en general.
Desde que regresó a Cuba a finales de 1924 anunció la “nueva ciencia” y preconizó su aplicación en aquellos terrenos. No se autodefine de psicoanalista sino muy ocasionalmente, si bien se postula, después de revisar casi toda la bibliografía médica y pedagógica del país, y señalando el antecedente de Salvador Massip, como el único seguidor activo de la doctrina freudiana. En principio, no le fue mal. Se le abrieron las puertas de las principales publicaciones médicas e incluso de la Revista Bimestre de Fernando Ortiz, como resultado de los temas novedosos que trataba.
En Cuba, después de una
recepción ciertamente notable a comienzos de la década de 1910, se produce
luego un declive de las referencias al psicoanálisis en los medios académicos.
Pero a partir de 1923, con la circulación de las Obras Completas de Freud
editadas por Biblioteca Nueva y su importación desde Estados Unidos o Francia
por parte de una nueva generación de psiquiatras, el psicoanálisis torna a
ocupar un lugar visible. Es en este contexto que Portell Vilá divulga las postulados psicoanalíticos, con una producción de más de veinte artículos en los que
recurre a las enseñanzas de Freud, Jung y Adler.
En consecuencia, gana el señalamiento de ser el más conspicuo representante del psicoanálisis en Cuba. No habló de su aplicación como terapia privada; pretendió divulgarlo entre pedagogos y médicos, y sólo más tarde, aplicarlo como un instrumento auxiliar en las escuelas públicas, centros benéficos y en el servicio de menores del hospital psiquiátrico.
Al asomar Juan Marín al panorama cultural, acababa de establecerse la Liga de Higiene Mental de Cuba, en cuya organización el impulso de Portell Vilá –quien lanzó la convocatoria en 1924- fue decisivo. Marín, por su parte, no integra el roster de miembros fundadores de aquella asociación. Cuando se acerca a Portell a mediados de 1929, comunicándole su interés en el psicoanálisis, éste no debió sentirse amenazado. Sin dudas la iniciativa de realizar una revista de Psicoanálisis y Educación Sexual y de escribirle a Freud, fue de Marín, aunque se deduce que lo consultó y que contaba -para esa empresa- con el apoyo de algunos médicos y periodistas.
Cuando se recibe la
respuesta de Freud, Portell da cuenta de hecho tan significativo y reseña el
proyecto de revista en su órgano de prensa psiquiátrico. Sin embargo, a pesar
del visto bueno de Freud y del estímulo que debió resultar para llevarla a efecto,
la revista nunca se materializó. Ambos siguen sus labores a favor del psicoanálisis por sus propias vías, sin que nada parezca oponerse entre ellos. Y mientras
tanto, Marín continúa su comunicación no sólo con el Herr profesor, también con Anna Freud y Max Eitingon.
Fue al calor de tales
comunicaciones -y, probablemente, tras la publicación de aquellas cartas en la
sección “Psicoanálisis” del periódico El Mundo- cuando empezó a mostrarse
una fractura que venía fraguándose. Para Marín que, como vimos, envió a Anna Freud un “colosal” dossier sobre psicoanálisis –según el término
empleado por su padre- aquel plus de legitimidad pudo subírsele a la cabeza, al
punto de proclamar públicamente "que desconoce por completo los nombres de
las personas que hayan podido dedicarse al psicoanálisis en Cuba”, añadiendo
que sólo su nombre figuraba en las revistas extranjeras.
Por eso, cuando la Liga de Higiene Mental se reúne a finales de julio de 1930 en una de sus juntas habituales, se decide emitir un comunicado que, escrito o no por Portell Vilá, le atañía a él en primer término. El asunto cobra todos los caracteres de una discusión por la legitimidad profesional, pero se expresa más bien como un pugilato: “Rogarle al profesor Marín, que dirige la sección de Psicoanálisis en el periódico El Mundo, que subsane el error que comete en uno de sus párrafos de su primer artículo”.
Se le recuerda que no ha introducido el psicoanálisis en Cuba, que sus artículos no figuran en revistas internacionales y que su ejecutoria en modo alguno tiene el mérito de la del doctor Juan Portell Vilá, quien desde “hace más de cinco años viene publicando extensos trabajos sobre esta rama psicológica, los cuales ha leído el profesor Marín, así como las ponencias presentadas al V Congreso Panamericano del Niño, una en la Sección de Psicología y otra en la Sección de Educación Sexual”.
Si alguna vez acopiaron fuerzas y esgrimieron mutuas simpatías, ahora la ruptura se ha consumado.
Un Juan por otro: Marín pretendía destronar a Portell Vilá. Sería el
embajador de Freud en La Habana (debió vivirse así) pero, en ningún caso, el
patriarca de la ciencia nueva. Cartearse con Freud, tener respuesta suya, hizo
que Marín se sintiera dueño y señor, pero eso había que verlo.
No sabemos si subsanó el
error y enmendó aquel párrafo; pero sospechamos que no estaba solo en su
empresa, que tenía de su parte el apoyo de los redactores del periódico e
incluso de su director, Ricardo R. Lancís y Pérez, de notable influencia sobre
el entramado médico-jurídico.
Tampoco Portell carecía de aliados. Era secretario de la Liga de Higiene Mental, figura cimera de la
Sociedad de Neurología y Psiquiatría, y estaba de vuelta del Primer Congreso de
Higiene Mental celebrado en Washington, donde comparte con Adolf Meyer y
presenta otra ponencia de carácter psicoanalítico. Meyer, líder de la Higiene
Mental en los Estados Unidos, lo recibe y aprecia sus proyectos, declarando que la isla estaba llamada a modernizar su modelo de
asistencia a los enfermos mentales.
En agosto de ese año, Marín aparece como miembro colaborador de La Liga de Higiene Mental en una nueva sección: la de Psicología Médica. Se infiere que debieron gestionarla personas con intereses específicos, como es el caso de Rogelio Sopo Barreto que, aunque psiquiatra con ejercicio en Mazorra, estaba interesado en la "psicología”, cuya asignatura introdujo en el programa de estudios de la especialidad. Poeta y aficionado a la pintura de vanguardia, presidiría esta nueva sección, con miembros que proceden de diversos ámbitos: el capitán Torres, jefe del Laboratorio de Psicología del Ejército; el doctor Agustín Abril, médico interno de Mazorra -y, como Portell Vilá, exalumno de Henri Claude en Sainte Anne-, y, Juan Marín, “psicoanalista”.
No sabemos qué progresión tuvo la sección psicológica, salvo
que Sopo Barreto se empeñó en crear un Laboratorio de Psicología
Experimental en la Escuela de Medicina. En 1933 la Liga de Higiene Mental estaba prácticamente disuelta. Definitivamente, Marín encontró su lugar como conferencista, transitando del psicoanálisis a la psicología del éxito, sin dejar de postularse hasta el final de su vida como el discípulo preferido de Freud. Toca encontrar esas cartas...
lunes, 6 de julio de 2026
Psicoanálisis y otros saberes. A propósito de Nueva Psicología de Juan Marín
Pedro Marqués de Armas
Como hemos visto, Juan
Marín derivó del psicoanálisis de salón a la psicología del éxito; de la
sexualidad del adulto a los complejos de la personalidad. En fin, de la presunta
liberación que suponía su apuesta por el psicoanálisis a los conocimientos
íntimos en clave conservadora. Pero hubo una deriva más interesante: la que le
llevó a conjuntar el psicoanálisis con otros saberes de la mente y otras formas
de cura del espíritu. En esta dirección, publicó una obra colectiva titulada Nueva
psicología; trabajos sobre enfermedades del espíritu, hipnotismo, teosofía,
espiritismo y brujería, volumen que apareció en 1931 bajo su firma y, para
sorpresa, junto a la del médico argentino Jorge Thénon.
Al consultar por
primera vez este material pensé que podría tratarse, o bien de una obra
conjunta del chileno Juan Marín y de Thénon publicada, cosa rara, en La Habana,
o bien que el Marín cubano hubiera reclamado el concurso del médico argentino,
ya conocido por sus vínculos con Freud, acordando ambos reunir los textos. Pero
al examinar detenidamente el índice y algunos de los artículos, y apreciar que
la obra incluía a otros muchos autores cubanos y extranjeros, consideré como hipótesis
más pertinente la de que Thénon hubiera estado en La Habana o mantuviese
relaciones fluidas con aquel grupo habanero.
No fue sino mucho más
tarde -de regreso al asunto- que descubrí que se trataba de una usurpación.
Marín, el cubano, se había adjudicado una coautoría. Aunque pueden anticiparse
los motivos, prefiero dejar el análisis de esta modalidad de plagio para más
adelante.
Nueva psicología…, de Marín / Thénon,
como lo anuncia el resto del título, incluía los tópicos más variopintos: desde
la psicología del yo “a la norteamericana” hasta la psicotecnia, desde el
budismo hasta la pediatría australiana, desde el ocultismo hasta el mito de la
caverna platónica, o desde la reencarnación del espíritu hasta los trece hijos
de Yemayá. Desde luego, el punto de partida era el psicoanálisis, incluyendo textos de Freud y Jung, pero las derivas no escatimaban ninguno de los saberes entonces en boga, asimilados ya por la cultura de masas.
Entre los autores
cubanos -hoy poco conocidos pero bastante activos en su época- se incluían
trabajos del hipnotista E. García Cantero, el teósofo José R. Villaverde, el
espiritista (y excriminalista) Gonzalo Iturrioz, el médico y homeópata Juan
Antiga, y, por último, del etnólogo y estudioso de las culturas afrocubanas,
Juan Luis Martín. Mientras entre los extranjeros -también muy populares en su
momento y hoy olvidados- aparecen textos del normalista francés Félicien
Challaye, viajero incansable y productor de libros de filosofía y psicología
“al alcance de todos”, como los que dedicó a Bergson y a Freud; de Alois
Benjamin Saliger, comerciante neoyorkino que inventó en 1927 el Psicófono
(Pysico-phone), un aparato que influía de manera subliminal durante el sueño, permitiendo al cliente “controlar sus emociones” y “superar sus debilidades”;
y, entre otros tantos, al exitoso maestro mundial Krishnamurti.
En total, 44 artículos procedentes de diferentes regiones culturales, pero convocados alrededor del psicoanálisis y dispuestos como conocimientos “afines”. Si bien la mayoría firmados, otros muchos de autoría no señalada. Un solo texto de Freud, otro de Jung, dos del dúo Marín / Thénon y otro par de Thénon a solas. Para mayor mérito, los cubanos Antiga, Villaverde, García Montero y Martín firmaban par de textos de cada uno. El resto, ya lo veremos, autores que habían marcado a Marín y tal vez a sus colaboradores. Algunos de éstos, conocidos periodistas, publican en El Mundo para el que el Martín trabajaba y, en cualquier caso, en diferentes periódicos y revistas de larga tirada. Marín, sin dudas, habría consultado a los del patio, pero los restantes artículos serían tomados (extraídos más bien) de publicaciones foráneas y –algunos- traducidos para el libro.
No se trata, sin
embargo, sino de uno de los muchos caminos que tomó el psicoanálisis en Estados
Unidos y América Latina casi desde que hizo su entrada, asociándose a otros
saberes sobre el espíritu o la mente, desde los más antiguos a los más modernos,
desde sus nociones herméticas hasta sus empleos más comerciales o explícitos. El plato especialmente cubano lo sirve la conjunción psicoanálisis / santería.
Vías de curación o de interpretación, de reconocimiento del pasado o anticipación del futuro, de comunicación con los vivos y los muertos, sistemas simbólicos y premonitorios, baratijas psico-técnicas, etc., constituían saberes contiguos que “desbordaban” de un lado al otro al psicoanálisis, al tiempo que lo colocan al mismo nivel, es decir, en un mismo plano de circulación. Y ello no ocurre como expresión directa, o por impacto de la “cultura popular”, sino como parte de una “cultura letrada” que, tras agenciar los más diversos saberes, comienza a masificarse.
Ninguno de los
colaborados cubanos está exento de moverse en esas lindes limítrofes. Juan Antiga
(que había negado las bacterias), era lo mismo homeópata que psicólogo,
higienista mental que asiduo de los bajos fondos habaneros, lector de Marx que
de Freud, de Baudelaire que de Richet. Lo mismo revolucionario al modo de Lenin
que evolucionista a la manera de Kardec. Un curioso, un diletante. Quizá un
creyente.
José R. Villaverde,
por su parte, era un connotado ocultista, un espírita –del espiritismo
científico. Cercano a Fernando Ortiz, éste le abrió las puertas de Revista
Bimestre. Su obra Cosas del espíritu; libro de investigaciones sobre
ocultismo, con prólogo de otro comentarista interesado en el psicoanálisis,
y también psiquista, Gastón Mora, circuló con cierta amplitud. En otro libro, Azotes
de la humanidad. Guerra, juego, alcoholismo, drogas, fiestas de sangre, predecía el fin de los tiempos. Como autor de “cuentos criollos” no dejó fuera
ninguna de las creencias populares de las que era gran conocedor.
Gonzalo Iturrioz
Font, que en Nueva psicología… se ocupa de los espíritus y su
reencarnación, era químico forense y patentador de vinos. En 1913 desarrolló el
método de la parafina, que después Israel Castellanos perfecciona y que todavía
hoy sirve para identificar las huellas del crimen.
Poco conocido, García
Cantero era un médico que se orientó hacia la psicoterapia, seguidor más de
Janet que de Freud, pero connotado hipnotista que colaboró en
hospitales e hizo incursiones sensacionalistas en el teatro.
Y Juan Luis Marín,
que aporta “Los Carabalíes” y “Los Trece Hijos de Yemayá”, un destacado
etnólogo que visitó los más diversos campos, entre ellos los cultos afrocubanos
en cuyos misterios quedó atrapado.
Casi todos tuvieron
consultas privadas y vivieron de esos saberes que investigan pero también
comercializan.
Uno de los autores extranjeros más curiosos entre los incluidos en el libro, es Henry K. Miller, psicólogo neoyorkino en cuya carrera parece inspirarse Marín. Miller impartió conferencias por todos los Estados Unidos, promoviendo el culto del bienestar y de los estilos de vida saludables. Su magazine Secret of Health, Efficiency, Happiness and Achievement, que circula por lo menos desde 1924, influyó en Marín al punto que deriva de él –en buena parte- Personalidad y cultura mental, la revista que facturó junto a su esposa a partir 1936, con un formato que parece calcado.
Los trabajos de
Miller en Nueva psicología eran del tipo: “¿Es Ud. un Extravertido?”,
“Cómo ser un Ambivertido”, "¿Es Ud. un Intravertido?”, etc., es decir, un Jung
diluido a la medida del neurótico medio de la época. Sueño, feminidad, belleza,
salud, tampoco nada que no sea de actualidad.
Tales enunciados,
salud, felicidad, éxito y eficiencia, no son sino los que venían poniendo en
órbita, desde la década de 1910, los discursos de la eugenesia y la higiene
mental, decantados en libros populares como The Eugenic Mother and Baby: A
Complete Home Guide, de William Grant Hague; o, Personal Efficiency and
Mind Power Building: Course of 12 Lessons, de D. Herbert Heywood. La
temprana fusión en Estados Unidos de psicoanálisis y pragmatismo, y la
progresiva emergencia de la Psicología del Yo, con el trasfondo de la higiene
mental y de la eugenesia calaron a fondo la vida cotidiana y generaron el
consumo de dichas revistas, con un público resuelto a encontrar las claves del éxito.
En la portada de Nueva
Psicología puede apreciarse a dos hombres, no jóvenes sino de mediana edad,
desnudos como si se tratara de bañistas, cuyos torsos sobresalen sobre una
ciudad moderna. Sus gestos son pura acometida, pura voluntad. Uno alza el brazo
hasta tocar el celaje y el otro lleva en el hombro el costo de la publicación:
apenas 20 centavos.
Ahora volvamos al
inicio. ¿Por qué Marín decidió utilizar el nombre de Thénon para acompañar
la autoría del libro y de un par de artículos: “El Inconsciente personal” y “El
Inconsciente Colectivo o Ancestral”. ¿Eran realmente textos de Thénon? ¿Eran
acaso de Marín a los que éste anexa el nombre de otro autor? ¿Se conocía en esa
fecha, tan temprana, algo de la producción del médico argentino?
El aviso de
usurpación lo hacía el propio Thénon en carta dirigida al director de La
Semana Médica, una de las revistas médicas de mayor circulación en América
Latina. Esta es la carta, publicada bajo el indicativo “Aclaración: Recibimos y
publicamos”.
Buenos Aires,
octubre 3 de 1931.
Sr. Director de La
Semana Médica.
De mi mayor
consideración:
Acaba de llegar a
mis manos un libro titulado Psicología Nueva, editado en Cuba, Habana,
en el cual, con la sorpresa consiguiente aparezco como coautor, en compañía de
un señor Juan Marín. Deseo dejar constancia, por intermedio de su revista, de
que no he autorizado a nadie para usar mi nombre en un infundio ridículo cuya
existencia ignoraba.
Agradeciéndole su atención, me complazco en saludarlo atentamente.
Jorge Thénon.
La carta, concisa, no
habla de plagio sino de infundio. Thénon se desmarca de semejante ridículo.
Como asegura que el libro había llegado a sus manos, no cabe pensar que los
textos fueran suyos, pues así lo hubiera denunciado. Entonces, a qué obedecía
este comportamiento del Juan Marín cubano. Mi hipótesis es la siguiente: a un
obcecado afán de legitimación.
El libro, además, se
lo enviaba el propio Thénon con una dedicatoria. Portell Vilá alaba incluso el
sincretismo de la tesis y la calidad de su escritura. “Por lo demás –repite-
esta obra constituye un gran esfuerzo bibliográfico dentro de la extensa y
variada producción argentina y un material científico de primer orden que puede
compararse con los autores contemporáneos de otros países".
Que Juan Portell
Vilá, a quien justo por esa época Marín intenta arrebatarle, desde las páginas
de El Mundo, la exclusividad del psicoanálisis en Cuba, calificara lo de
Thénon en esos términos, y que ello ocurra después del emplazamiento a
rectificar que tres meses antes, en julio de 1930, Portell le hiciera, indica
que la polémica continuaba por esos medios. Al menos así debió recibirlo Marín,
quien, si no conocía ya el trabajo Thénon, debió experimentar un sentimiento de
curiosidad y turbación.
Portell Vilá no tuvo
reparos en reconocer que la “monografía” en cuestión superaba todo lo escrito
sobre psicoanálisis en Hispanoamérica. Demasiado para Marín. Si, además, como
pronto se supo, aquella obra recibió un importante premio en su país, o como
bien pudo trascender, fue enviada a Freud para su valoración (Freud la conserva
y elige entre los libros que lleva a su exilio en Londres), tenemos el cuadro bien
aproximado: Marín no pudo resistirse.
Imbuido, por un lado,
por su intercambio epistolar con Sigmund Freud y Anna Freud, y atrapado, por
otro, en su disputa por la prioridad del psicoanálisis en Cuba, debió sucumbir
a los efectos de la elogiosa reseña, identificándose con Thénon al punto de
apropiárselo como si de un amigo de infancia se tratara.
No podremos
reconstruir todo el puzle, pues la mayor parte de las piezas se perdieron. No
obstante, no sería especular demasiado el suponer que la carta de Thénon a La
Semana Médica, revelando el “infundio”, haya circulado en La Habana. Para
Portell y su círculo, un triunfo total.
Juan Marín Hernández falleció
en Sancti Spíritus -adonde se habría trasladado en sus últimos años- en junio
de 1958. “Esclarecido psicólogo y profesor de relaciones humanas”, apuntaba una
nota póstuma, la revista Personalidad y Cultura Mental que había
dirigido hasta su fallecimiento- se aprestaba a dedicarle un homenaje en un
número extraordinario de julio-agosto. En este se recogerían fragmentos de su
obra y por qué no –habría que consultarlo- algunas de sus cartas con Freud,
quien lo habría señalado, según aseguraba la esquela, “como su mejor discípulo
latinoamericano”.
sábado, 4 de julio de 2026
La labor de Juan Marín. Del psicoanálisis a la psicología del éxito
Pedro Marqués de Armas
La labor de difusión del
psicoanálisis en Cuba por Juan Marín no fue para nada escasa, si bien la
precede la de Juan Portell Vilá, con distancia de cinco años. Aunque
en algunos momentos se cruzan, siguió derroteros diferentes a los del
psiquiatra: no la educación sexual infantil, como en Portell,
sino la psicología y la sexualidad femenina; no la medicina sino el
feminismo; no las teorías de la herencia sino la “curación de almas”; no las escuelas y centros benéficos, sino asociaciones y escenarios
a menudo elitistas.
Ambos procuran los favores
del Estado, pero mientras Portell obtiene plaza en el Hospital de
Dementes, Marín se busca la vida como conferencista y en su consulta privada. Los trabajos de Portell aparecen en publicaciones médicas o de carácter académico, mientras Marín se cuela en periódicos y revistas
populares, crea su propio magazine y financia la edición de sus libros.
Ambos terminan distanciándose del psicoanálisis,
al menos como soñaron implementarlo. Fracasan en la empresa de diverso modo:
Portell Vilá se recluye en el manicomio al frente del Pabellón de Niños Anormales,
sobre quienes termina aplicando terapias conductuales y farmacológicas;
mientras Marín deriva hacia la psicología del éxito.
Se aproximan en sus cercanías a la teosofía y
el espiritismo. Portell se postula teósofo y estudioso del espiritismo popular,
mientras Marín asume saberes premonitorios como la telepatía y la cartomancia en
tanto ciencia constituida.
Marín era doce años más joven. En 1925 se gradúa
de doctor en Pedagogía, casándose ese mismo año con Mary Rodríguez, una dama de
la alta burguesía habanera cercana a Enrique Fontanills, el conocido
cronista de sociedad del Diario de la
Marina. En agosto de 1929, la pareja funda la Escuela Vocacional de Cuba,
de las más selectas en el ámbito privado. Entretanto, Marín colabora con la Escuela
Normal, entrenándose como conferencista en los círculos
feministas entonces en boga. Al moverse en una esfera de poder adquisitivo, establece una
clientela a la que atiende en calidad de psicoanalista, montando su primer
consultorio en el edificio Carrera Jústiz, en San Lázaro 368.
Par de
años más tarde se divorcia y contrae matrimonio con una exalumna de la Normal, María
Josefa Obregón, también de la alta sociedad. Con ella establece una concurrida
consulta en Manrique 2, y edita por más de veinte años la revista Personalidad y Cultura Mental (1936-1958)
donde, desde el inicio, su proyecto se transforma en una
plataforma para clase media, centrada en la psicología marital y femenina y,
en fin, en los reclamos “psi” de la vida doméstica.
Junto a
María Josefa llevó a efecto muchas de sus conferencias y sostuvo un espacio
radial para difundir el psicoanálisis del mismo corte de la publicación que
dirigieron. Con frecuencia, desde las páginas del Diario de la Marina, fue presentado como una cumbre de la
psicología profunda: “El doctor Juan Marín –dice una de las presentaciones-,
psicoanalista introductor en Cuba de esta nueva ciencia y predilecto discípulo
del doctor Freud, el famoso médico vienés, creador de la nueva ciencia de
investigación psíquica”.
Como divulgador del psicoanálisis, Marín debuta el 22 de noviembre de 1929. Ese día comienza a trasmitir por la estación radial C. M. C. un curso breve sobre Psicoanálisis y su aplicación al estudio de la personalidad, con una alocución inicial titulada “El inconsciente y su influencia en nuestra vida”. Un mes más tarde, en diciembre, realiza el primero de una serie de ciclos de conferencias sobre el tema para las alumnas y profesores de la Escuela Normal. La fama que le granjea sus intervenciones explica que sea invitado por el Club Rotario. En enero de 1930 imparte la conferencia “Psicoanálisis aplicado a la educación”. Tiene éxito y el Club pide realizar todo un curso que será organizado por la directiva de la Normal con apoyo de la Secretaría de Instrucción. Tendrá el respaldo del Dr. Gustavo Loredo (director de la Escuela Normal desde 1926) y de los doctores Fernando Portuondo y Francisco Gómez Rubira. En una de las conferencias, “Nuevos métodos que deben usarse para educación primaria del niño”, es presentado como “Profesor de Psicoanálisis”. Dichas clases se trasladan en febrero a la Normal, ahora dirigidas al “profesorado” y a un “selecto número de intelectuales invitados”.
En abril, es la Asociación de Reporters quien convoca. Dos meses luego lo solicita la Alianza Nacional Feminista, pronunciando allí –el 27 de junio- una conferencia “sobre un tema palpitante” (…): “Psicoanálisis de la personalidad femenina”. La Alianza, entonces recién establecida, invitaba para la ocasión “a todas las feministas a que concurran a este acto de propaganda en que se tratará aspectos científicos del feminismo”. En junio, es el Club Universitario del Alma Mater el que auspicia el convite, siendo introducido por su presidente, Miguel A. Aguiar, y acompañado por el administrador de El Mundo, Enrique Moreno, y por el Dr. Carlos Azcárate.
En septiembre, trasmite junto a su esposa, por las ondas de la Cuban Telephon Co., la conferencia radial “La liberación femenina”. A finales de mes, el Claustro de la Normal de varones –evidentemente preocupados por el crédito de que gozaba el sector femenino- acuerdan solicitar de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes “que se autorice al profesor Martín para que explique a los alumnos un curso libre de Psico-Análisis y Educación Sexual”.
No menos exitoso para el conferencista será 1931. En mayo inicia un ciclo en la Alianza Nacional Feminista organizado por Celia Sarrá de Averhoff (casada con Octavio Averhoff, entonces Secretario de Instrucción Pública). María Gómez de Carbonell, vicepresidenta de la Alianza, diserta sobre la "Evolución histórica de la mujer", mientras Marín realiza tres intervenciones: "Alrededor de las Doctrinas Novísimas del Psicoanálisis", "Los sueños desde el punto de vista del psicoanálisis", y una tercera por identificar. Se le recuerda al público que las conferencias son “gratis y para todas las señoritas que deseen asistir”. También a propuesta de la Alianza Nacional Feminista torna a impartir junto a su esposa, por la Cuban Telephone Co., la conferencia radial “Comprensión femenina”. El 23 de noviembre de 1931 el Diario de la Marina anunciaba:
El Profesor Juan Marín, uno de los pocos
científicos cubanos que practica entre nosotros el Psicoanálisis, tal como lo
formuló Freud, y según las técnicas más modernas, ha iniciado un curso de
hipnotismo en 12 lecciones, 6 teóricas y 6 prácticas, que además de constituir
en La Habana una verdadera novedad, reviste todos los caracteres de un suceso
científico de importancia.
El Profesor Marín es un conocedor profundo y un estudioso apasionado de los sistemas terapéuticos que han surgido en el mundo al calor de las teorías de Freud y Jung. Colabora con él en este curso de hipnotismo, como en todas las tareas, el inteligente profesional doctor E. García Cantero, médico que ha enriquecido el acervo científico con las interesantes aportaciones de la nueva psicopatología.
Fruto de estas conferencias, a partir de 1933 aparecen sus primeras publicaciones, libros y
folletos que no cesarán de sucederse hasta 1951. A excepción del
problemático volumen colectivo Nueva
Psicología, publicado en 1931 y que involucra la que quizás fue su deriva
más interesante: el entreveramiento psicoanálisis / cultura de masas, la obra de
Marín evoluciona desde el psicoanálisis societario hacia una psicología del crecimiento personal circunscrita -como se ha dicho- a un público de clase media.
En 1933 publicó Lecciones de Psicoanálisis (La Habana, Imprenta La Milagrosa). Recogía una parte de las 17 conferencias de psicoanálisis que, entre abril y julio de ese año había impartido a solicitud de la Dra. Isabel Fals Carvajal a un grupo de maestras de las Academias Especiales de Inglés. Los acápites del libro eran los siguientes: Concepto y generalidades. Inconsciente y Conciencia. Mecanismos de censura. Complejo de Edipo. Enigma de la Esfinge. Olvidos. Libido. Chiste. Transferencia. Sueños. Mecanismos del sueño. Super Yo. Tipos psicológicos. Homosexualidad y perversiones. Complejo de Electra. Técnica de asociación libre. Autoeducación y personalidad.
Lo curioso es que sus principales fuentes
–recordemos que aseguraba dominar el alemán- no eran las obras de Freud, que ya
a esas alturas circulaban tanto en inglés como en español casi en totalidad,
sino tres autores españoles. El propio Martín no tenía reparos en comentar que
su información provenía “más” de ellos que directamente de textos de Freud. Los
libros empleados eran El psicoanálisis de
Emilio Mira, Horizontes del psicoanálisis de Cesar Juarroz, y Psicoanálisis y práctica judicial de
César Camargo.
Marín envió seguramente sus Lecciones… a los centros psicoanalíticos (es muy probable que al propio Freud), y el resultado fue una severa crítica firmada por Ángel Garma en la revista Imago. Enviada o no directamente a Imago, o solicitada por algún miembro de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, como fue frecuente en estos casos, lo cierto es que la crítica de Garma ponía al desnudo el escaso rigor de aquellas conferencias. Publicada en el número de enero de 1934 y escrita en alemán, en pocos trazos Garma calaba a fondo al psicoanalista cubano:
El presente documento transmite conocimientos
que el autor ha tomado esencialmente de tres ensayos inadecuados y engañosos de
autores españoles. El autor aconseja a sus lectores que comiencen el estudio
del psicoanálisis estudiando estas tres obras y que luego lean las obras de
Freud. Inconsciente y preconsciente se equiparan en este texto. Los
pensamientos de Jung son expuestos en términos incorrectos. El proceso de
curación es descrito a partir de algunos fragmentos de la traducción al español
de la Curación por el Espíritu de
Stefan Zweig. Por último, el autor espera que la lectura de sus conferencias
"pueda ayudar a las almas enfermas que sufren en un rincón oscuro".
Acto seguido, apareció una segunda crítica,
ésta firmada de E. Kris, algo condescendiente pero igual de irónica:
Se recomiendan encarecidamente considerar los
estimulantes problemas de estilo, tal vez excelente para cualquiera que desee
formarse en cuestiones de psicología del arte. En una pirotecnia de espíritu e
ingenio, la línea de pensamiento parece haberse perdido aquí y allá, pero el
autor siempre encuentra el hilo en su enredo, y con mano segura, y aprende uno
a seguirlo afortunadamente en todos los sentidos.
A partir de 1934 la actividad de Marín como conferencista disminuye de modo considerable. Se nos escapan, seguro, muchos motivos, pero coincide con situaciones que estaría bien señalar. Por una parte, un descenso en el interés por el psicoanálisis en los espacios societarios cubanos, lo que venía aparejado al declive de las vanguardias y a cierto enfriamiento de la vida pública, no menos, sino más crispada tras la caída de Machado. Y por otra, el cese de sus intercambios con las instituciones psicoanalíticas europeas, lo que pudo resultar de una caída de legitimidad tras las críticas en Imago, pero también de la entrada en pánico de éstas luego del ascenso de Hitler al poder.
Toca recluirse, y es entonces que lanza la revista Personalidad y cultural mental. Aunque no fue la única publicación
que siguió una estela psicoanalítica, sí fue la que lo hizo durante más tiempo
y en un estilo constante, típico de la cultura “psi” doméstica o interior. La
revista, cuyo primer número apareció en mayo de 1936, con Marín como director y
su esposa María Josefa Obregón como subdirectora, se mantuvo con frecuencia
mensual y casi sin interrupciones hasta 1952. Sin embargo, pese a su larga
existencia, no parece que trascendiera en el panorama cultural.
Su olvido y la falta de menciones y de citas de los trabajos que publicaba, indica
que no logró construir un público creciente, ni considerable, aun cuando estaba
dirigida a un sector medio de cierta ilustración que aumentó de modo importante
en el país durante las décadas en cuestión.
Mientras Marín se dedicaba a la parte de “cultura mental”, Obregón montaba la de “personalidad femenina”. Aun cuando, como muchas otras revistas cubanas, seguía el gusto norteamericano de los treinta y cuarenta, en su caso se perfila un público por excelencia femenino y doméstico, como más oficinesco y amante de todo tipo de consejos y de las curiosidades “psico-técnicas”. En este sentido, calca sin disimulo publicaciones norteamericanas de prestigio, como la Psychology. Fascinating personalty. Healt, Happy, Success, cuyos temas se le asemejan mientras la portada es de un sorprendente parecido.
En el primer de número, de mayo de 1936,
sobresale lo que podemos calificar como tópicos de la cultura “psi” de clase
media: hipnosis, relajación, grafología, psicoanálisis, personalidad de la
mujer, educación sexual, etc. Esos declinan a su vez en asuntos como el
nerviosismo o la serie de consejos del tipo “como” (como educar a los hijos, como
tener éxito, como serle fiel al hombre, como juzgar la inteligencia por la
mirada, e incluso, como no enrojecer en público).
Es obvia la apuesta por una “higiene mental”
acomodada al hogar, al matrimonio, y al trabajo. Por otra parte, la mayoría de
los artículos no venían firmados, mientras otros son traducciones de revistas
de corte semejante, o bien, textos tomados de publicaciones españolas y
latinoamericanas. Tales artículos eran ilustrados, sobre todo, con fotografías
de interiores domésticos, en fin, para no extendernos, como si se tratara de
entrar a un apartamento de New Jersey o Miramar.
A la vez, mientras a ratos aparecen artículos de
algún calado académico (por ejemplo, “Contagio psíquico y repercusión social”
del psiquiatra español Antonio Vallejo Nájera), muy bien podían estar intercalados
entre comentarios sobre las propiedades del limón o de la manzanilla.
A cargo
de Marín, la revista traía una sección titulada “Cuénteme su caso”, que, con
igual título, sobrevivió algunos años como un programa radial trasmitido
diariamente por la COCO y la CMCF -en cadena con emisoras de Matanzas y
Cienfuegos- a las 3 y 30, es decir a la hora exacta en que mataron a Lola, como
reza el dicho popular.
Desde un comienzo, Marín y Obregón entendieron
que precisaban, para aquellos temas, también de un público que no fuera cubano,
de ahí que hayan logrado distribuirla en 17 países del continente. Para hacer propicia
la empresa, ellos mismos viajan una y otra vez, imparten conferencias, y
reclutan colaboradores, sobre todo mujeres periodistas con gustos e intereses
acordes al canon de la publicación.
Veamos algunos de los títulos tomados de
varios números de 1938:
El hipnotismo en la medicina, Valor moral de
los padres, Conoce tu alma, Conducta sexual de la Mujer, Hablemos nuestro
idioma, En su familia puede haber un sonámbulo, El mal dormir del niño, sus
causas, Los Secretos de la magia en la India, ¿Cuáles enfermedades se heredan?,
Amor y celos, Galantería, El miedo a la obscuridad, Las enfermedades del
espíritu, ¿Qué tipo es usted?, ¿En qué consiste el éxito?, Hoy les toca a
ellos, En la encrucijada, Por qué temen, La adulación, La ciencia de la
energía, Voluntad, Carácter, indecisión y malhumor, El miedo, El maestro dice, Diferencia
entre la reforma del carácter y el poder o fuerza de voluntad, Para todas
partes, El éxito, El secreto del sonambulismo, No hay azar, Control de la
sabiduría y de la potencia, Disciplina mental, Hasta luego, Cuando yo sea
grande, La culpa de las madres, Se corrige el tartamudo, La idea obsesionante,
Una lección de felicidad, Espíritu y positivismo, Obstáculos, La conquista de
la felicidad, La tranquilidad espiritual, La vida es sed, Ante el busto de
Martí, Sugestiones, Cáncer, Una segunda luna de miel
para salvar el amor, Curso de inglés.
En fin, como se la califica desde otra revista
contemporánea: “Excelente y sumamente recomendable publicación sobre asuntos de
cultivo de la personalidad y problemas conexos, felicitamos a los editores de
tan importante medio de difusión de la más significativa cultura: la interna”.
Es otro modo de decir “Psi”. En un estudio
reciente sobre la revista argentina Cultura
Sexual y Física, se indican semejanzas temáticas y de tono con las
francesas Vivre D’Abord y Les Cahiers Contemporains, así como con
brasileña Educación Física de Brasil,
y la cubana Personalidad y Cultura Mental.
Todas ellas apelan a expertos de la sexología como Havellock Ellis, Bertrand
Russell, Paolo Mantegazza, Ellen Key, y desde luego, Freud.
Personalidad y cultura mental terminó desbancada por otras revistas cubanas para el público femenino, más abiertas al cine, la moda y los acontecimientos mundanos, aunque siguió circulando hasta 1958, incluso desde Sancti Spíritus, adonde Marín se retiró en sus últimos años.
Paralelamente cosecha una obra opípara con títulos tan sugerentes como los que siguen: Guía de los nerviosos para la conquista del dominio y decisión personal, La Habana, Imprenta La Milagrosa, 1947. Voluntad y triunfo; cultivo de una voluntad vigorosa, dominadora y constructiva, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1947. El diagnostico psicológico de la personalidad, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura mental, 1948. La crisis de los valores morales en función del trabajo, expuesto a través de un curso de psicología aplicada a los problemas actuales, La Habana, Instituto de Psicología aplicada a los problemas humanos, ¿1949? Cómo conquistar el poder personal: dominio de la voluntad, eliminación del temor: guía y orientación para obtener la plenitud de las facultades mentales: descubra al sendero que conduce al disfrute de una personalidad vigorosa, dominadora, triunfante, La Habana, 1950. El milagro de la memoria: solución al problema de recordar voluntaria y oportunamente, La Habana, 1950. El poder mental orientación del esfuerzo personal hacia la conquista del éxito, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1951.
Constan también sus vínculos con el profesor y exanarquista español Graciano Lípiz, con quien elaboraba en 1939 una revista de pedagogía. Una década más tarde Lípiz funda en Arroyo Naranjo las Escuelas Cubanas de Psico Análisis “Graciano Lípiz”, encargadas de impartir psicoanálisis y psicología para el éxito. Ambos reunían cualidades próximas, presentándose, uno, como “profesor psicoanalista y discípulo del desaparecido genio”, y el otro, como “especialista en técnicas de crecimiento mental”.
Lipiz llegó joven a Cuba y estudió en la
Normal. En Matanzas, donde residía junto a su familia, fue sorprendido mientras
colocaba una bomba en el Teatro Sauto. Procesado, fue expulsado del país por
“indeseable” pese a su doble ciudadanía. Tras la caída de Machado regresó y fue
propuesto luego para Secretario de Educación.
A comienzos de la década de 1940, Marín se ocupaba de la sección “En la consulta del psicólogo” de la revista Bohemia, donde se presenta como “especialista en la formación de personalidades vigorosas”. En la misma, apelaba a tópicos semejantes a los de Personalidad y cultura mental, ahora con más lectores potenciales. Algunos de ellos: “El hombre como creador de felicidad”, “Individuos propicios a la mala suerte”, “Tu ideal de triunfo”. Lo de un consultorio como “Cuénteme su caso” o la mencionada sección de Bohemia, no parece que fuera especialmente exitoso. No lo sería, cuando apenas trascienden. Lo de Cuba era la Corte de Suaritos, el genio tácito-analítico de Chan-Li-Po y el Pon tu pensamiento en mí del gran espiritista radiofónico Clavelito.
jueves, 2 de julio de 2026
Prudencia y el ICAP
Dolores Labarcena
Te presento a Prudencia. Mírala,
dijo Prudencio y le enseñó una fotografía a Píriz donde se veía sonriendo con
algo semejante a un radio encima de una mesa. Como todos los que han desfilado
por aquí al saber la novedad, Prudencio también estuvo en la Sierra. Al bajar,
el destino es así, ambiguo, enmarañado, Alfredo Guevara lo metió de sonidista
en el ICAIC. Como bien indica el nombre con que la bauticé, continuó Prudencio,
su principal característica es la discreción. ¿La ves? Consta de tres partes.
La de arriba se llama Eco, la del medio, que es la que realmente ejecuta gran
parte del trabajo, se llama Enfoque, y la de abajo, ligera e invisible,
Emisión. Observa, Chivo, fácil de transportar.
Píriz le echó un vistazo a la
fotografía:
–¿Qué es, un radio o una cámara
de vídeo? Estás acabando, Prudencio. Este año la ANIR te premia seguro.
Prudencio, poniendo el portafolio
en la cama, respondió:
–¿La ANIR?... ja, ja, ja. ¡Qué va!... Chivo, ¿desde cuándo no nos vemos? Hace cuatro años que salí del ICAIC. Ahora estoy en el ICAP: Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Somos eso, una máquina de hacer amigos. Mi tarea es orientar, tutelar y seguir a todos los becarios extranjeros. ¿Has visto a tu oncólogo? Lleva siete años aquí. Apréndete el apellido, Chivo. Ni Lifonisabo ni Lefunisabo. Mkuki Lifunisabo. Natural de Kinsasa. Somos eso, Chivo, una máquina de hacer amigos. Nada es gratis. Nuestra premisa no es regalar, sino compartir, enseñar, adiestrar. Tendemos, a través de nuestro Organismo, lazos de amistad con los países del Tercer Mundo. Solidarios, Chivo... Li-fu-ni-sa-bo. Apréndetelo. Es simple. Si oyeras los apellidos que aprendí gracias a la mnemotecnia: Egwuekwe, Ghoochannejhad, Alamieyeseigha, Onwuatuegwu, Chukwumereije…
Interrumpiendo su excéntrica
capacidad, Píriz le pidió a Prudencio ver de nuevo la fotografía.
–No, Chivo, te enseño mejor a
Prudencia. La tengo aquí. Te expliqué que es ligera, fácil de transportar. Para
que veas, vaya, la pruebo contigo.
Prudencio sacó del portafolio
unos audífonos y se los puso a Píriz en los oídos.
–¿Qué es esto, Prudencio? No oigo
nada.
–Ten paciencia, Chivo. Déjame
trancar la puerta –dijo con cierto sigilo–. Eso que tienes puesto y no oyes, es
Eco, la parte de arriba. Cuando lo conecte, escucharás Radio Enciclopedia y de
forma simultánea, yo escucharé lo que se hable, no solo en el baño sino en
todas y cada una de las habitaciones de esta planta. Ahora viene Enfoque.
Abrió de nuevo el portafolio y
esta vez sacó un bulto de postales fotográficas, del cual escogió una
especialmente para Píriz y lo invitó a observar:
–¡Cojollo! El presidente Urrutia
y el Héroe de Yaguajay. ¡Camilo, Prudencio, Camilo!
–Positivo, positivo. Pero para la
carreta, Chivo, tranquilo. Falta Emisión. Échale un vistazo a la postal –dijo y
sacó dos imanes minúsculos, imperceptibles, y los pegó a las suelas de las
chancletas de Píriz–. Ahora ve al baño. Eso emite ondas magnéticas, es el
localizador. Dile a tu sobrina que te ayude. Menos Enfoque, que es quien
desencadena los verdaderos sentimientos del objetivo y, por ende, las
reacciones, las otras partes, Eco y Emisión, se activan gracias a un mando a
distancia que llevo en el doble fondo del portafolio junto al receptor y un
walkie-talkie por si se precisa intervención. El radio de acción, si no hay
interferencias ambientales o de terceros, es de quinientos metros cuadrados.
Hagámoslo, Chivo. Verás lo eficaz que es Prudencia.
Mientras tanto, Prudencio y su portafolio salieron de la habitación para saludar a Lifunisabo. Y como la curiosidad es igual o peor que el cáncer, no le quedó más remedio a Píriz que pedirle a Magdalena que lo llevara al baño. Además del palo de suero y toda la guindaleja que le cuelga, Prudencio le encasquetó a Prudencia. Y ahora qué, preguntó Magdalena mientras lo sentaba en la taza del baño. ¡¿Que qué haces?! Dale, muévete, Magdalena. Apúrate. Coge la postal y quítame las chancletas... ¡Coño! Quítamelas. Llama a cualquiera. ¡Corre! Di que tengo un dolor que no aguanto, chilló Píriz como un descerebrado y lanzó los audífonos. En un santiamén el baño se convirtió en el camarote de los hermanos Marx. Vinieron cuatro enfermeras, Lifunisabo y Prudencio. Venga, compañero Germán. Lo ayudaremos a acostarse, dijo una. Y lo llevaron casi en volandas hasta la cama. ¿Qué le ocurre, compañero Germán? ¿Dónde le duele?, preguntó Lifunisabo. ¡En todo esto! ¡En todo esto!, clamaba Píriz formando círculos y círculos en el abdomen sin indicar un lugar concreto... Relájese. Tranquilícese, le indicaré un avafortan, expresó Lifunisabo. Chivo, perdóname, dijo Prudencio al salir Lifunisabo y las enfermeras. Y comenzó a dar un sinfín de justificaciones, por ejemplo: “No sabía que estuvieras tan jodido”. “Chivo, coraje”. “Los hombres como tú mueren de pie”. “Pide, tus deseos son órdenes”,... y etcétera. Pena me da contigo, Prudencio. Ni sé de qué va. Pero seguro que es efectivo, útil. Eres un gran innovador y racionalizador, dijo Píriz con los ojos entrecerrados.
Magdalena que vio a Prudencio
como una gallina clueca sacando a Emisión de las chancletas, se levantó del
sillón para darle a Enfoque, que la dejaba olvidada en la mesita.
–Mire, compañero, se le queda esto...
–No se me olvida, muchacha. Tu tío perteneció a la Columna de Camilo. Cómo se me ocurre... Un hombre sencillo, leal. Un héroe.
–¿Quién, mi tío?
–Camilo, Camilo... Mmm... Y tu tío también, también. Un héroe anónimo. Toma. Se la regalo.
Al deshacerse de la postal
Prudencio soltó un “hasta la vista, camarada”. Unjú, unjú. Saluda de mi parte a
Alfredo, respondió Píriz.
Fragmento de la novela No
quiero llanto, Betania 2020.

