sábado, 14 de julio de 2018

Gibraltar



 Oliverio Girondo


 El peñón enarca
su espinazo de tigre
que espera
dar un zarpazo
en el canal.

 Agarradas a la única calle,
como a una amarra,
las casas hacen equilibrio
para no caerse al mar,
donde los malecones
arrullan entre sus brazos
a los buques de guerra
que tienen epidermis y letargos de cocodrilos.

 Las caras idénticas
a esas esculturas
que los presidiarios tallan
en un corazón de aceituna,
los indios venden
marfiles de tibias de mamut,
sedas auténticas de Munich,
juegos de té,
que las señoras ocultan bajo sus faldas
con objeto de abanicar su azoramiento
al cruzar la frontera.

 Hartos de tierra firme,
los marineros
se embarcan en los cafés
hasta que el mareo los zambulle
bajo las mesas
o tocan a rebato
con las campanas de sus pantalones,
para que las niñeras
acudan a agravar
sus nostalgias, de paisajes lejanos,
con que las pipas inciensan
las veredas de la ciudad.


 Orto, Año XVI, no. 7, abril de 1927.

jueves, 12 de julio de 2018

Manifiesto de “Martín Fierro”


 Frente a la impermeabilidad hipopotámica del “honorable público”.
 Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca.
 Frente al recetario que inspira las elucubraciones de nuestros más “bellos” espíritus y a la afición al ANACRONISMO y al MIMETISMO que demuestran.
 Frente a la ridícula necesidad de fundamentar nuestro nacionalismo intelectual, hinchando valores falsos que al primer pinchazo se desinflan como chanchitos.
 Frente a la incapacidad de contemplar la vida sin escalar las estanterías de las bibliotecas.
 Y sobre todo, frente al pavoroso temor de equivocarse que paraliza el mismo ímpetu de la juventud, más anquilosada que cualquier burócrata jubilado:
 “MARTÍN FIERRO” siente la necesidad imprescindible de definirse y de llamar a cuantos sean capaces de percibir que nos hallamos en presencia de una NUEVA sensibilidad y de una NUEVA comprensión, que, al ponernos de acuerdo con nosotros mismos, nos descubre panoramas insospechados y nuevos medios y formas de expresión.
 “MARTÍN FIERRO” acepta las consecuencias y las responsabilidades de localizarse, porque sabe que de ello depende su salud. Instruido de sus antecedentes, de su anatomía, del meridiano en que camina: consulta el barómetro, el calendario, antes de salir a la calle a vivirla con sus nervios y con su mentalidad de hoy.
 “MARTÍN FIERRO” sabe que “todo es nuevo bajo el sol” si todo se mira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contemporáneo.
  “MARTÍN FIERRO”, se encuentra, por eso, más a gusto, en un transatlántico moderno que en un palacio renacentista, y sostiene que un buen Hispano-Suiza es una OBRA DE ARTE muchísimo más perfecta que una silla de manos de la época de Luis XV.
“MARTÍN FIERRO” ve una posibilidad arquitectónica en un baúl “Innovation”, una lección de síntesis en un “marconigrama”, una organización mental en una “rotativa”, sin que esto le impida poseer -como las mejores familias- un álbum de retratos, que hojea, de vez en cuando, para descubrirse al través de un antepasado... o reírse de su cuello y de su corbata.
 “MARTÍN FIERRO” cree en la importancia del aporte intelectual de América, previo tijeretazo a todo cordón umbilical. Acentuar y generalizar, a las demás manifestaciones intelectuales, el movimiento de independencia iniciado, en el idioma, por Rubén Darío, no significa, empero, finjamos desconocer que todas las mañanas nos servimos de un dentífrico sueco, de unas tohallas de Francia y de un jabón inglés.
 “MARTÍN FIERRO”, tiene fe en nuestra fonética, en nuestra visión, en nuestros modales, en nuestro oído, en nuestra capacidad digestiva y de asimilación.
 “MARTÍN FIERRO artista, se refriega los ojos a cada instante para arrancar las telarañas que tejen de continuo: el hábito y la costumbre. ¡Entregar a cada nuevo amor una nueva virginidad, y que los excesos de cada día sean distinos a los excesos de ayer y de mañana! ¡Esta es para él la verdadera santidad del creador!... ¡Hay pocos santos!
 "MARTIN FIERRO" crítico, sabe que una locomotora no es comparable a una manzana y el hecho de que todo el mundo compare una locomotora a una manzana y algunos opten por la locomotora, otros por la manzana, rectifica para él, la sospecha de que hay muchos más negros de lo que se cree. Negro el que exclama ¡colosal! y cree haberlo dicho todo. Negro el que necesita encandilarse con lo coruscante y no está satisfecho si no lo encandila lo coruscante. Negro el que tiene las manos achatadas como platillos de balanza y lo sopesa todo y todo lo juzga por el peso. ¡Hay tantos negros!  
 "MARTIN FIERRO" sólo aprecia a los negros y a los blancos que son realmente negros o blancos y no pretenden en lo más mínimo cambiar de color.
 ¿Simpatiza Ud. con "MARTIN FIERRO"?
 ¡Colabore Ud. en "MARTIN FIERRO"!
 ¡Suscríbase Ud. a "MARTIN FIERRO"!


 Martín Fierro, 15 de mayo de 1924, Buenos Aires, pp. 1-2.

miércoles, 11 de julio de 2018

Toledo

 


 Oliverio Girondo

                  A Don Enrique Diez-Canedo


 Forjada en la “Fábrica de Armas y Municiones”,
la ciudad
muerde con sus almenas
un pedazo de cielo,
mientras el Tajo,
alfanje que se funde en un molde de piedra,
atraviesa los puentes y la Vega,
pintada por algún primitivo castellano
de esos que conservaron
una influencia flamenca.

 Ya al subir en dirección a la ciudad,
apriétase en las llaves
la empuñadura de una espada,
en tanto que un vientecillo
nos va enmolleciendo el espinazo
para insuflarnos el empaque
que los aduaneros exigen al entrar.

 ¡Silencio!
¡Silencio que nos extravía las pupilas
y nos diafaniza la nariz!
¡Silencio!

 Perros que se pasean de golilla
con los ojos pintados por el Greco.
Posadas donde se hospedan todavía
los protagonistas del “Lazarillo” y del “Buscón”.
Puertas que gruñen y se cierran
con las llaves que se le extraviaron a San Pedro.

 ¡Para cruzar sobre las murallas y el Alcázar
las nubes ensillan con arneses y paramentos medioevales!

 Hidalgos que se alimentan de piedras y de orgullo,
tienen la carne idéntica a la cera de los exvotos
y un tufo a herrumbre y a ratón.
Hidalgos que se detienen para escupir
con la jactancia con que sus abuelos
tiraban su escarcela a los leprosos.

 Los pies ensangrentados por los guijarros,
se gulusmea en las cocinas
un olorcillo a inquisición,
y cuando las sombras se descuelgan de los tejados,
se oye la gesta
que las paredes nos cuentan al pasar,
a cuyo influjo una pelambre
nos va cubriendo las tetillas.

 ¡Noches en que los pasos suenan
como malas palabras!
¡Noches, con gélido aliento de fantasma,
en que las piedras que circundan la población
celebran aquelarres goyescos!

 ¡Juro,
por el mismísimo Cristo de la Vega,
que a pesar del cansancio que nos purifica
y nos despoja de toda vanidad,
a veces, al atravesar una calleja,
uno se cree Don Juan!





 Social, Vol. X, núm 7. julio de 1925, p. 32; imágenes originales de la publicación.