miércoles, 20 de mayo de 2026

Escoger frijoles

  

João Cabral de Melo Neto                                                                                                                                                                                A Alexandre O´Neill

 

Escoger frijoles colinda con escribir:

se echan los granos en el agua de la vasija

y las palabras en la hoja de papel;

y después, se bota lo que va a flotar.

Cierto, toda palabra flotará en el papel,

agua congelada, por plomo su verbo:

para limpiar esos frijoles, soplarlos,

arrojar lo leve y lo hueco, paja y eco.

 

Ahora bien, en este escoger frijoles hay un riesgo:

el de que entre los granos pesados entre

un grano cualquiera, piedra e indigesto,

un grano inmasticable, de partir dientes.

Claro que no, en cuanto a escoger palabras:

la piedra da a la frase su grano más vivo:

obstruye la lectura fluviosa, fluctual,

aguza la atención, la ceba como un peligro.

 

Catar feijão

 

Catar feijão se limita com escrever:

joga-se os grãos na água do alguidar

e as palavras na folha de papel;

e depois, joga-se fora o que boiar.

Certo, toda palavra boiará no papel,

água congelada, por chumbo seu verbo:

pois para catar esse feijão, soprar nele,

e jogar fora o leve e oco, palha e eco.

 

2

 

Ora, nesse catar feijão entra um risco:

o de que entre os grãos pesados entre

um grão qualquer, pedra ou indigesto,

um grão imastigável, de quebrar dente.

Certo não, quando ao catar palavras:

a pedra dá à frase seu grão mais vivo:

obstrui a leitura fluviante, flutual,

açula a atenção, isca-a como o risco.

 


Versión: Pedro Marqués de Armas


martes, 19 de mayo de 2026

El sertanero hablando



João Cabral de Melo Neto


El habla a nivel del sertanero engaña:

las palabras vienen como rebuscadas

(palabras confite, golosina) en el glasé

de una entonación suave, endulzada.

En lo que bajo ella, dura y endurece

el hueso de piedra, la almendra pétrea,

de ese árbol pedregoso (el sertanero)

incapaz de no expresarse en piedra.


2


De ahí que el sertanero hable poco:

las palabras de piedra ulceran la boca

y en el idioma piedra hablar es doloroso;

lo natural de ese idioma habla a la fuerza.

De ahí también que hable lentamente:

tiene que coger las palabras con cuidado, 

confitarlas en la lengua, degustarlas;

pues toma tiempo todo ese trabajo.  



O sertanejo falando


A fala a nível do sertanejo engana:

as palavras dele vêm, como rebuçadas

(palavras confeito, pílula), na glace

de uma entonação lisa, de adocicada.

Enquanto que sob ela, dura e endurece

o caroço de pedra, a amêndoa pétrea,

dessa árvore pedrenta (o sertanejo)

incapaz de não se expressar em pedra.


2.


Daí porque o sertanejo fala pouco:

as palavras de pedra ulceram a boca

e no idioma pedra se fala doloroso;

o natural desse idioma fala à força.

Daí também porque ele fala devagar:

tem de pegar as palavras com cuidado,

confeitá-las na língua, rebuçá-las;

pois toma tempo todo esse trabalho.



Versión: Pedro Marqués de Armas


lunes, 18 de mayo de 2026

Psicoanálisis del azúcar



João Cabral de Melo Neto


El azúcar cristal, o azúcar de fábrica,    
muestra la más inestable de las blancuras:
quien es de Recife sabe de cierto cuánto,
y lo poco de ese cuánto que ella dura.
Sabe lo mínimo de lo poco que el cristal
se estabiliza cristal sobre el azúcar,
por encima del fondo antiguo, de mascabado,
del mascabado fangoso que se incuba;
y sabe que todo puede romper el mínimo
en que el cristal es capaz de censura:
pues tal fondo mascabado aflora luego
sea que invierno o verano miele el azúcar.

Si los colonos que todavía quedan purgan
el azúcar bruto con barro, de mixtura;
la fábrica ya no lo purga: desde la infancia,
no sólo después de adulto, lo educa:
en enfermerías, con vacíos y turbinas,
en manos de metal de gente industria,
la fábrica lo lleva a sublimar en cristal  
lo pardo de la meladura: no lo purga, cura.
Pero como la caña se cría todavía hoy
en manos de barro de gente agricultura,
lo fangoso de la pre-infancia aflora luego
sea que invierno o verano miele el azúcar.



Psicanálise do açúcar


O açúcar cristal, ou açúcar de usina,
mostra a mais instável das brancuras:
quem do Recife sabe direito o quanto,
e o pouco desse quanto, que ela dura.
Sabe o mínimo do pouco que o cristal
se estabiliza cristal sobre o açúcar,
por cima do fundo antigo, de mascavo,
do mascavo barrento que se incuba;
e sabe que tudo pode romper o mínimo
em que o cristal é capaz de censura:
pois o tal fundo mascavo logo aflora
quer inverno ou verão mele o açúcar.


Se os banguês que-ainda purgam ainda
o açúcar bruto com barro, de mistura;
a usina já não o purga: da infância,
não só depois de adulto, ela o educa;
em enfermarias, com vácuos e turbinas,
em mãos de metal de gente indústria,
a usina o leva a sublimar em cristal
o pardo do xarope: não o purga, cura.
Mas como a cana se cria ainda hoje,
em mãos de barro de gente agricultura,
o barrento da pré-infância logo aflora
quer inverno ou verão mele o açúcar.



Versión: Pedro Marqués de Armas




sábado, 16 de mayo de 2026

ANTIODA (contra la poesía que pretende ser profunda)

 

João Cabral de Melo Neto

 

                     A

 

Poesía, te escribía:

¡flor! conociendo

que eres heces. Heces

como cualquier cosa  

 

engendrando hongos

(raros, frágiles hon-

gos) en el húmedo

calor de nuestra boca.

 

Delicado escribía

¡flor! (¿Hongos

serán flor? Especie

extraña especie

 

extinta de flor, flor

no del todo flor

sino flor: burbuja

abierta en lo maduro)

 

Delicado, evitaba

el estiércol del poema,

su tallo, su ovario,

sus intestinos.

 

Esperaba las puras,

transparentes floraciones,

nacidas del aire, en el aire,

como las brisas.

 

                    B

 

Después descubriría

que era lícito

llamarte: ¡flor!

(¿por vuestras iguales

 

circunstancias? ¿Vuestras

gentiles sustancias? ¿Vuestras

dulces carnaciones? ¿Por los

virtuosos vergeles

 

de vuestras evocaciones?

¿Por el pudor del verso

—pudor de flor—

por su tan delicado

 

pudor de flor,

que solo se abre

cuando la olvida

el sueño del jardinero?)

 

Después descubriría

que era lícito

llamarte: ¡flor!

(flor, imagen de

 

dos puntas como

una cuerda). Después

descubriría

las dos puntas

 

de la flor; las dos

bocas de la imagen

de la flor: la boca

que como el difunto

 

y la boca que orna

el difunto, con o tro

difunto con flores,

— cristales de vómito.

 

                      C

 

¿Cómo no invocar el

vicio de la poesía: el

cuerpo que entorpece

al aire de versos?

 

(Al aire de aguas

muertas, inyectando

en la carne del día

una infección de la noche).

 

¿Hambre de vida? Hambre

de muerte, frecuentación

de la muerte, como de

algún cinema.

 

¿El día? Árido.

Venga pues la noche,

el sueño. Venga,

por eso, la flor.

 

Venga, más fácil y

portátil en la memoria,

el poema, su práctica,

su lánguida horti-

 

cultura? Pues estaciones

hay, del poema, como

de la flor, o como

en el amor de los canes:

 

y mil monótonos

injertos, mil maneras

de excitar negros

éxtasis: y la monótona

 

espera de que se

pudra en poema,

previa exhalación

del alma difunta.

 

                    D

 

Poesía, no será ese

el sentido en que

aún te escribo:

¡flor! (Te escribo:

 

¡flor! No una

flor, ni aquella

flor — virtud — en

disfrazados orinales).

 

Flor es palabra

flor, verso inscrito

en el verso, como las

mañanas en el tiempo.

 

Flor es el salto

del ave para el vuelo:

el salto fuera del sueño

cuando su tejido

 

se rompe; es una explosión

puesta a funcionar,

como una máquina,

un jarrón de flores.

 

                    E

 

Poesía, te escribo

ahora: heces, las

heces vivas que eres.

Sé que otras

 

palabras eres, palabras

imposibles de poema.

Te escribo, por eso,

heces, palabra leve,

 

contando con su

brevedad.  Te escribo

saliva, saliva, no

más; tanta saliva

 

como la tercera

(¿cómo usarla en un

poema?) la tercera

de las virtudes teologales.

 


Traducción: Carlos Germán Belli

  

Poemas / Joao Cabral de Melo Neto; traducción de Carlos Germán Belli; presentación de Manuel Pantigoso, Lima, Centro de Estudios Brasileños, 1977.


martes, 12 de mayo de 2026

Juguetes

  

 Coventry Patmore

  

 Mi hijo pequeño, el de ojos pensativos

y andadura y lenguaje de persona mayor,

habiendo transgredido siete veces mi ley,

le pegué, y despedí

con ásperas palabras, sin besarlo

–su madre, tan paciente, muerta ya.

Y luego, temeroso de haberlo desvelado,

hasta su cama fui,

mas lo encontré dormido en un sueño profundo,

los párpados sombríos, y las pestañas húmedas

del sollozo final.

Y yo, con un gemido,

sus lágrimas besé, dejando en vez las mías,

pues vi que en una mesa, muy cerca de su almohada,

había puesto a su alcance

unas fichas, su piedrita veteada de rojo,

un pedazo de vidrio pulido por la playa,

cinco o seis caracoles,

un frasco con caléndulas azules,

dos o tres centavitos franceses, todo en orden

para aliviar su triste corazón.

De modo que al rezar aquella noche

a Dios, llorando dije:

“Ah, cuando al fin, frenado ya el aliento

para no molestarte con mi muerte,

y tú recuerdes los juguetes.

 

    El aroma del original

                                                                                             A Diego García Elío


  En Conversación con los difuntos, una selección de las traducciones que he podido, no querido, hacer a través de los años, y que fue publicada en México por Ediciones del Equilibrista en 1992, argumentaba yo que uno escribe los poemas que se le imponen, no los que quisiera escribir. Como prueba aducía precisamente “Los juguetes”, de Coventry Patmore, pues jamás he distinguido entre los procesos de escribir y traducir poesía. De pronto, como para contradecirme, aparecieron “Los juguetes” en la página.

 Cierto es que la dificultad mayor se ocultaba en un solo verso del original inglés. En el poema, Patmore se refiere a un incidente con su pequeño hijo, huérfano de madre. El verso en cuestión dice, con desgarradora e intraducible sencillez “His mother, who was patient, being dead”.

  Estas palabras tienen una fuerza escueta, inapelable. La clave está en el gerundio: being. “Being dead” supone una duración, una continuidad de la estancia en la muerte. La solución más fácil, “estando muerta”, no me parece buen español.

 El incidente familiar de que hablé me presionaba desde adentro a buscar una solución rápida y satisfactoria. Sucede que mi hijo mayor había regañado con inusitada violencia a mi nieto, y yo deseaba llamarle discretamente la atención.

 La fórmula apareció como un relámpago. No podía ser más breve. El adverbio ya sugiere algo que ha sucedido antes del momento en que se habla:

  su madre, tan paciente, muerta ya.

 A mi parecer, el adverbio sugería una continuidad, una duración en la muerte. Además, tiene toda la fuerza de un monosílabo.

 Lo que se aviene con mi modestísima tesis –tomada, como se advierte en el prólogo de aquella selección, del poeta inglés Walter de la Mare– de que a lo más que puede aspirar un traductor es al eco, o mejor, “el aroma”, del original.

 Roto así el hechizo que me paralizaba, fueron apareciendo los otros versos que sin duda esperaban pacientes su turno, y ahí están.


 Nota y versión de Eliseo Diego.


 Letras Libres, 31 de marzo de 2007.