martes, 18 de agosto de 2026

El slow return

 

  Luis Chitarroni 

 

  Porque un segundero irredento, una

tonsura alrededor, un derrotero,

un empeine jurásico, una irrevocable

circunstancia, el edicto de Nantes. Porque alguna

niaiserie en compota, una saga

rojinegra, cárdena, Stendhal

 

cuando una ciénaga agrupada

agolpada, encabalgada como la tormenta cejijunta

de Empson. La negrura

en general. La cerrazón.

                                      Oíd, mortal.

 

Acaso merezcamos

todas las veleidades

las paradojas en falsete

del espacio exterior.

 

Acaso nos hayamos

atorado

de prestar atención

a todo lo que juiciosamente

nos rodea, nos cierne, nos ciñe,

 

y el propósito siguiente,

como un paso que nos negamos

a dar, ensucie

el círculo de tiza caucasiano

o un anciano lo reduzca,

calzada, círculo al fin, Giotto,

derrota de la moral

por esprit de géometrie.

 

Santo y seña sin interés,

remoto Monte Calvo,

descenso. Scrotum,

oid, mortal.

Nos consta, nos consta

que no recibiremos

 

Putas en Bizancio.

Linneus, Oh (Ío) Linneus!

Que nadie nos granjeará

 

Amistad con los mandarines,

los mandamases,

la silva estrella, toda preocupación

formal estéril es, habida cuenta

de que babea (Lezama dixit)

el principio formal

 

y ahora o nunca. Ahora, nunca

(lo mismo da) los sempiternos

garabatos de cualquier teología,

trazados en la giba de contrato

del camello o dromedario

que no pasará por el agujero,

 

ingenuamente predica:

oíd, mortal.

Oíd, Godzilla.

No esperaban esto. La puñalada trapera,

el anuncio litoral

esta tonsura epilógica, episcopal

me gustaría ser Yervuchenko, Vachel Lindsay

                                     ¡Walt Whitman!

 

Después de sonrojar y sonrojarme,

y sonrojadamente arrojar

lejos la estrella equidistante

 

a tu grupa mi moral

 

esta plegaria retoza.

Rezo, equidistante estrella, vivir

de a ratos así. Vivir, sí, de a ratos.

 

¿Cómo pedirle al Maestro,

cómo pedirle a Rumí.

Autorización para, ah, Sarlo o serlo?

¿SAKI?

 

Ah, Barabtarlo. No ese poeta al rastrón

-no se es poeta al rastrón-.

Oíd, mortal.

 

Se espera y expide de veras

se esquiva la posta y la venia

se reconcomian se desdeñan

 

Pensar que ayer

crédito le di.

 

Aunque nada tengan ya

que ver el spermatikos logos

con los barbelognósticos,

con los heterocistos.

 

No se es poeta al rastrón

no se es poeta al rastrón

interroga de nuevo a los enhiestos.

Inaugura en raíz íntima

de los internados

la salud mental.

Virtuoso por fin

el leve viento

que gracias a su oído de sermón oí.

 

 

 De Una inmodesta desproporción, Buenos Aires, Mansalva, 2023, pp. 181-84.

lunes, 17 de agosto de 2026

Y nacer es aquí una fiesta innombrable



 Gonzalo Rojas


                       A José Lezama Lima (1910-1976)


 

  Respiras por palabras diez mil veces al día,

juras por el amor y la hermosura

y diez mil veces purificas tus pulmones

mordiendo el soplo de la ráfaga extranjera,

pero todo es en vano, la muerte, el paladar,

el pájaro verbal que vuela de tu lengua.




domingo, 16 de agosto de 2026

Maestro cantor

 


 José Ángel Valente


                         Su nombre es también Thelema Semi

                         Paradiso, Capítulo XI

 

 

Yo que he viajado

acaso he visto una serpiente

en la mesa del maestro cantor.

Y, sin embargo, ignoro aun qué he visto,

aunque bien sepa

que la palabra, recayendo otra vez sobre mí:

ha de decirme a qué porción de tu secreto

pertenezco.

Tal vez, mientras tú hablabas,

yo pude adivinar aquella oscura

complicidad de tu nombre con la luz

o acaso tú mismo me hayas dado

por abundancia de ti el sésamo

desde tu rapidísima quietud.

Pero yo volveré.

Yo que he viajado volveré.

Y acaso vea entonces al maestro cantor

en el lúcido ojo de la misma serpiente.

 

 

 

  El inocente, J. Mortiz, 1970, p. 74. En la foto: Valente, Lezama y Armando Álvarez Bravo (tomada de Rialta Magazine).


sábado, 15 de agosto de 2026

Herida pierna



   Néstor Perlongher
                                                                        "Deseoso es aquel que huye de su madre"

                                          Lezama Lima

 

Coser los bordes de la herida? debo? puedo? es debido? 

he podido?   suturarla   doliente ya, 

doliéndome rastreramente 

husmeando   como un perro

oh señor   a sus pies   oh señor  con esa pierna     

atada   amputada   anestesiada    doblada    pierna

En fin, debo cerrar las ventanitas?    clavarlas? 

sujetarlas?   para que el viento no las moje   no las abra

ni el aire del interior las envejezca   las deteriore     

y rasgue   evitar eso?

O estoy?   ando?   metiendo los estiletes en el muslo    

para que arda   para que mane

haciéndole volcar lechoso polvo en la enramada     

ampliándola   estirándola

Por ella (de él) debo adorarla?   suplicarla? 

adosarla? cultivar el jardín donde se entierra

como liendre una mata     Oh, ensartarla!

Debo poner la cara, larga, sobre la mesa?   puedo?

No me hagas

caso, Morenito, no la hagas así, tan prominente 

                           y espantosa     

la herida   lo que hiende

la penetración del verdugo durante el acto del suplicio 

durante la hora del dolor   del calor   

                      de la sofocación     

de los gemidos

impotente como potente bajo esa masa de tejidos     

arbitrarios como bandidos   asaetados por los chirridos

Quiero pues?   deseo, pues?   después?

huyo de la madre de Lezama Lima?   la hago pedazos?

rajo   la chata de bronce   de cerámica

de la madre nocturna como una polución   Mamá,

tuve una polución en la que aparecías

abriéndome los cofres y diciendo:

Pues vé y búscale   búscale        

no ves acaso lo que buscas?  

                    buscas acaso lo que ves?     

esa herida

ese acto de herir   ese empalagamiento

Debo chupar?    mamar?    de ese otro seno    herido

     desangrado   con la pierna cortada   con la daga    

en la nalga  ah caminar así, rauda cual ráfaga

                        montañas de basuras mágicas 

y luminosas   ser lúcida?    ahora, hoy?

tumbada cual yegua    borracha cual chancha     

echada  cual vaca   animal   animal

No me hagas caso, Morenito: 

vé y dile la verdad a tus padres

 

 Austria - Hungría (1980).


jueves, 13 de agosto de 2026

Cábala del caballo lezamiano



Néstor Díaz de Villegas


Quise echar el café en la libreta y

escribir en la taza... Despertaba.


¿No has visto acaso el negro de Lezama,

el negro de la letra como un lago


de tinta fresca? Cada palabra

un charco. Se lee saltándolos.


Son pozos de excrementos y alfabetos,

como aquel pintor que se introdujo


pigmentos en el ano y defecó en el lienzo.

Así aparece el pozo donde se miró N.


Ene: agua sucia y jugo brusco del pene  

(valga decir: pen y ene) pluma de ave


del Paradiso. Así murió Narciso y así

nació el que quiso gobernarnos desde el


absurdo, gordo como un Dioniso. Apenas

despertaba a la nueva mañana cuando


los pensamientos vinieron a danzar en torno

de mi cama: "El escritor bruto", me dijeron.


Confiáronme el secreto: "El escritor burro,

el asno con alas".



 Tomado de Diario de Cuba, 22 de marzo, 2022. Poemas inmorales, Editorial Pre-Textos, 2022.