HOTEL TELÉGRAFO
Historia, sociedad, poesía. Notas y documentos.
lunes, 18 de mayo de 2026
Psicoanálisis del azúcar
sábado, 16 de mayo de 2026
ANTIODA (contra la poesía que pretende ser profunda)
João Cabral de Melo Neto
A
Poesía, te
escribía:
¡flor! conociendo
que eres
heces. Heces
como
cualquier cosa
engendrando
hongos
(raros,
frágiles hon-
gos) en el
húmedo
calor de
nuestra boca.
Delicado
escribía
¡flor!
(¿Hongos
serán
flor? Especie
extraña
especie
extinta de
flor, flor
no del
todo flor
sino flor:
burbuja
abierta en
lo maduro)
Delicado,
evitaba
el
estiércol del poema,
su tallo,
su ovario,
sus
intestinos.
Esperaba
las puras,
transparentes
floraciones,
nacidas
del aire, en el aire,
como las
brisas.
B
Después
descubriría
que era
lícito
llamarte: ¡flor!
(¿por
vuestras iguales
circunstancias?
¿Vuestras
gentiles
sustancias? ¿Vuestras
dulces
carnaciones? ¿Por los
virtuosos
vergeles
de
vuestras evocaciones?
¿Por el
pudor del verso
—pudor de
flor—
por su tan
delicado
pudor de
flor,
que solo
se abre
cuando la
olvida
el sueño
del jardinero?)
Después descubriría
que era
lícito
llamarte: ¡flor!
(flor,
imagen de
dos puntas
como
una
cuerda). Después
descubriría
las dos
puntas
de la
flor; las dos
bocas de
la imagen
de la
flor: la boca
que como
el difunto
y la boca
que orna
el
difunto, con o tro
difunto
con flores,
—
cristales de vómito.
C
¿Cómo no
invocar el
vicio de
la poesía: el
cuerpo que
entorpece
al aire de
versos?
(Al aire
de aguas
muertas,
inyectando
en la
carne del día
una
infección de la noche).
¿Hambre de
vida? Hambre
de muerte,
frecuentación
de la
muerte, como de
algún
cinema.
¿El día? Árido.
Venga pues
la noche,
el sueño. Venga,
por eso,
la flor.
Venga, más fácil y
portátil
en la memoria,
el poema,
su práctica,
su
lánguida horti-
cultura?
Pues estaciones
hay, del
poema, como
de la
flor, o como
en el amor
de los canes:
y mil
monótonos
injertos,
mil maneras
de excitar
negros
éxtasis: y la monótona
espera de
que se
pudra en
poema,
previa
exhalación
del alma
difunta.
D
Poesía, no
será ese
el sentido
en que
aún te
escribo:
¡flor! (Te
escribo:
¡flor! No una
flor, ni aquella
flor —
virtud — en
disfrazados
orinales).
Flor es
palabra
flor,
verso inscrito
en el
verso, como las
mañanas en
el tiempo.
Flor es el
salto
del ave
para el vuelo:
el salto
fuera del sueño
cuando su
tejido
se rompe;
es una explosión
puesta a
funcionar,
como una
máquina,
un jarrón
de flores.
E
Poesía, te
escribo
ahora:
heces, las
heces
vivas que eres.
Sé que
otras
palabras
eres, palabras
imposibles
de poema.
Te
escribo, por eso,
heces,
palabra leve,
contando
con su
brevedad. Te escribo
saliva,
saliva, no
más; tanta
saliva
como la
tercera
(¿cómo
usarla en un
poema?) la
tercera
de las
virtudes teologales.
Traducción:
Carlos Germán Belli
Poemas
/ Joao Cabral de Melo Neto;
traducción de Carlos Germán Belli; presentación de Manuel Pantigoso, Lima, Centro
de Estudios Brasileños, 1977.
martes, 12 de mayo de 2026
Juguetes
Coventry Patmore
Mi hijo pequeño, el de ojos pensativos
y andadura y lenguaje de persona mayor,
habiendo transgredido siete veces mi ley,
le pegué, y despedí
con ásperas palabras, sin besarlo
–su madre, tan paciente, muerta ya.
Y luego, temeroso de haberlo desvelado,
hasta su cama fui,
mas lo encontré dormido en un sueño profundo,
los párpados sombríos, y las pestañas húmedas
del sollozo final.
Y yo, con un gemido,
sus lágrimas besé, dejando en vez las mías,
pues vi que en una mesa, muy cerca de su almohada,
había puesto a su alcance
unas fichas, su piedrita veteada de rojo,
un pedazo de vidrio pulido por la playa,
cinco o seis caracoles,
un frasco con caléndulas azules,
dos o tres centavitos franceses, todo en orden
para aliviar su triste corazón.
De modo que al rezar aquella noche
a Dios, llorando dije:
“Ah, cuando al fin, frenado ya el aliento
para no molestarte con mi muerte,
y tú recuerdes los juguetes.
El aroma del original
Nota y versión de Eliseo Diego.
Letras Libres, 31 de
marzo de 2007.
sábado, 9 de mayo de 2026
Objetor de conciencia
Edna St. Vincent Millay
Moriré,
pero eso es todo lo que haré por la Muerte.
La oigo sacar su caballo del establo,
oigo el ruido en el piso del granero.
Tiene prisa; tiene negocios en Cuba,
negocios en los Balcanes, muchas visitas que hacer
esta
mañana.
Pero no sujetaré las riendas
mientras ajusta la cincha.
Y ya puede montar sola,
que no la ayudaré a subir.
Aunque azote mis hombros con su látigo,
no le diré por dónde corre el zorro.
Con su casco sobre mi pecho, no le diré dónde
se esconde el niño negro en el pantano.
Moriré, pero eso es todo lo que haré por la Muerte;
no estoy en su nómina.
No le diré dónde están mis amigos
ni tampoco mis enemigos.
Por mucho que prometa,
no le señalaré el camino a la puerta de nadie.
¿Acaso soy un espía en el mundo de los vivos
para entregar a los hombres a la Muerte?
Hermano, la contraseña y los planes de nuestra ciudad
están a salvo conmigo; a través de mí no serás vencido.
Conscientious
Objector
I shall
die, but
that is
all that I shall do for Death.
I hear
him leading his horse out of the stall;
I hear
the clatter on the barn-floor.
He is in
haste; he has business in Cuba,
business
in the Balkans, many calls to make this morning.
But I
will not hold the bridle
while he
clinches the girth.
And he
may mount by himself:
I will
not give him a leg up.
Though
he flick my shoulders with his whip,
I will
not tell him which way the fox ran.
With his
hoof on my breast, I will not tell him where
the
black boy hides in the swamp.
I shall
die, but that is all that I shall do for Death;
I am not
on his pay-roll.
I will
not tell him the whereabout of my friends
nor of
my enemies either.
Though
he promise me much,
I will
not map him the route to any man's door.
Am I a
spy in the land of the living,
that I
should deliver men to Death?
Brother,
the password and the plans of our city
are safe
with me; never through me Shall you be overcome.
Versión: Lucilo de la Peña
viernes, 8 de mayo de 2026
De Edna St. Vincent Millay me enamoré yo sin remedio
Eliseo Diego
No creo
imposible que uno llegue a enamorarse de una muchacha a quien jamás podrá
encontrar en las playas de este mundo. La historia de las relaciones humanas
está llena de trágicos desencuentros. Ella es quizás una joven en un ahora de
hace doscientos años, y él se pasará la vida buscándola afanosamente y acabará
como ella, sintiendo una falta tan terrible como el hambre. ¡Cuántos hombres y
mujeres insatisfechos, solitarios, no hemos conocido, y el secreto no es otro
que éste! ¡Piensa tú en el “seguro azar” que la trajo corriendo a tropezar
contigo justo cuando arrancaba el tren, o remontaba el avión, o como fuere en
tu caso! Sólo un momento más tarde y ya no se habrían encontrado en toda la
eternidad del tiempo. Minutos o siglos, todo es uno y lo mismo para el destino
que anda a ciegas.
De Edna St.
Vincent Millay me enamoré yo sin remedio –perdóneme mi esposa– no más con
sólo mirar su foto de muchacha. Está sola en un jardín, quién sabe dónde. Viste
sencillamente de blusa y saya. Inclina leve la cabeza sobre un hombro y
extiende los brazos delicados para acariciar las ramas de un arbusto de flores
blancas. ¿A quién o qué mira? Alguien alguna vez lo supo y se ha callado.
Comenzó a
escribir cuando pasaba apenas de una niña, ya entonces ganó un importante
premio literario. No enturbiaré con otros detalles, salvo para decir que tuvo
amores con el nicaragüense Salomón de la Selva, inmenso como su nombre. Es él
quien vive aún en el poema sobre el ferry que ella tituló, en
español, “Recuerdo”. José Coronel Urtecho tuvo la suerte de ser su
amigo.
Salomón de la
Selva, Coronel Urtecho y Agustí Bartra tradujeron varios poemas suyos en un
cuaderno titulado Renacencia, tan difícil de obtenerlo hoy como de
conocerla a ella. Se publicó en Managua, en 1978, en las Ediciones Americanas.
¡Ojalá algún editor tuviese el buen gusto de reeditarlo!
Escojo dejarla
así, muchacha desolada en el jardín vacío, con todo el futuro por delante, y en
él sus poemas como una sorpresa.
Vasija
India
Allí, mientras me inclinaba sobre la rota vasija
del pueblo de la meseta,
desconsoladamente juntando el
dibujo de los fragmentos
y apartándolos
luego,
aparecieron sobre el borde de la casa dos
embrujados Navajos,
el picamaderos de roja flecha y
su novia,
y se acercaron con adorable
agilidad
a la pérgola, relumbrando la
maravilla de sus alas;
allí se estuvieron, misteriosos y
duros y bruñidos,
arrancando las bayas añiles de la
esparcida madreselva
con el fuerte pico
de ébano.
Su cabeza sin cresta
llevaba la roja luna llena por
corona;
el negro de la luna nueva era un
creciente en cada pecho;
de los cuerpos de ambos un visible calor golpeaba
descendiendo,
y del movimiento de sus cuellos
una sombra volaba y caía
rasando el patio y en la amarilla
pared de adobe
abriendo una brecha azul.
Poderosa era la belleza de los
pájaros.
Resonaba como una campana golpeada
en el silencio profundo y cálido.
Me incliné sobre el raído barro;
apasionadamente
clamé a la belleza de los
pájaros:
“¡Consolad a la vasija rota!”
La belleza de los pájaros abrió
sus labios para hablar:
sus palabras eran colores,
el dardo escarlata en la mejilla
gris,
la baya de púrpura en el pico de
ébano.
Dijo: “No puedo consolar
la cosa rota: sólo puedo
rehacerla”.
Sabiduría, flor herética, tuve
miedo de tus grandes,
¡fríos pétalos sin aroma!
Conmovida, traicionada,
me volví al alivio de la pena, me
incliné
sobre los encantadores
fragmentos.
Pero su color se había desvanecido en la fiera
luz de los pájaros.
Y en cuanto a los pájaros, se
habían ido.
Tan rápidos como vinieron,
se habían
ido.
Conversación
con los difuntos, Turner, Ediciones del Equilibrista, Madrid, 1991, pp.
96-97 y 101-03. Uno de los tres poemas de Edna St. Vincent Millay
(1892-1952) que Eliseo Diego incluyó en su tesauro de traducciones de
poetas muertos.