lunes, 8 de diciembre de 2025

Diez poemas de Umberto Saba

 

Umberto Saba

 

Mirlo

 

¿Existía aquel mundo al que regreso

en sueños, que en sueños aún me sacude?

Ciertamente existía. Eran parte de él

mi madre y un mirlo.


Apenas si los veo. Pero resalta el negro

y el amarillo de quien contento me saludaba

con su canto (tal era mi pensamiento)

que yo oía desde la calle. Mi madre

sentada, cansada, en la cocina. Cortaba

para él solo (tal era su pensamiento)

la carne de mi cena. Ninguna

visión o rumor lo excitaba tanto.

 

Entre un muchacho enjaulado y un insectívoro,

que robaba los gusanos de su mano,

en aquella casa, en aquel mundo lejano,

había un amor. Como también un equívoco.

 

Trieste

 

Atravesé toda la ciudad.

Subí después la cuesta,

al principio poblada, luego solitaria,

rodeada por un muro bajo:

un rincón donde me siento

a solas; y donde parece acabar

también la ciudad.

 

Trieste tiene una gracia

hosca. Si gusta

es como un chiquillo áspero y voraz,

de ojos azules y manos demasiado grandes

para regalar una flor,

como un amor

receloso.

Desde la cuesta descubro cada iglesia,

cada calle, si lleva a la playa, ardua,

o a la colina en donde, en la punta,

pedregosa, una casa, la última,

se aferra.

 

En torno

circula en cada cosa

un aire extraño,

un aire tormentoso,

el aire nativo.

 

Mi ciudad, tan viva en todas partes,

tiene ese rincón para mí, para mi vida

absorta y esquiva.

 

Desde la ladera

 

Desde la ladera solitaria que se precipita

en el mar -que hoy, verde y espumoso,

golpea oblicuo la ciudad- puede verse

el blanco panorama de Trieste.

 

Tú ya conocías -dices- estas calles,

donde uno encuentra, como mucho, una mujer

que la larga cuesta encorva, un muchacho

que, si el Bóreas enviste, a todo da alas

y corre hacia ti. Para volver a sí mismo

luego, y seguir de largo altivo.

 

Todo un mundo que amaba, al que me había

entregado, que solo por ti hoy revive.

 

La cabra

 

Le hablé a una cabra.

Estaba sola en el campo, atada.

Repleta de hierba, empapada

por la lluvia, balaba.  

 

Semejante balido era fraterno

a mi dolor. Le respondí, primero

en broma, luego, porque el dolor es eterno,

tiene una voz y no cambia.

Esa voz sentí gemir

en una cabra solitaria.

 

En una cabra de cara semita

sentí querellarse todos los males,

de todas las vidas.

 

Ulises

 

Navegué en mi juventud a lo largo

de las costas dálmatas. A flor de ola

emergían islotes donde rara vez

se posaba un pájaro tras su presa;

cubiertos de algas, resbalosos al sol,

bellos como esmeraldas. Cuando

la alta marea y la noche los abolían,

velas a sotavento se desbandaban

huyendo mar adentro de la asechanza.

Hoy mi reino es esa tierra de nadie.

El puerto enciende para otros sus luces,

pero a mí me empuja mar adentro

un espíritu no domado aún

y de la vida el doloroso amor.

 

Madrigal para un general inglés


Vi en Florencia, en los primeros días de la ocupación aliada, a un general inglés. Se sostenía –caso raro- en pie y borracho. Era maravilloso. Alto, flaco, reseco, casi excesivamente pura cepa, caminaba apoyando su inestable persona en un bastoncito de empuñadura, por lo que me pareció, preciosa. Cada transeúnte podía convertirse para él, sin quererlo, en un enemigo; hacerle –cosa grave para cualquiera; para un inglés, y un inglés de su rango, mortal- perder el equilibrio. Pero, incluso en aquellas condiciones, ¡qué garbo, qué estilo! Se aguantaba apenas, como el Imperio inglés. Pero se aguantaba.



Nietzsche

 

Alrededor de una grandeza solitaria

los pájaros no vuelan, ni indecisos

hacen nido junto a ella. Sólo se oye

el silencio, no se ve más que el aire.

 

Momento

 

Los pájaros en la ventana, las persianas

entreabiertas: un aire de infancia y de verano

que consuela. ¿Tengo de verdad los años

que creo tener? ¿O sólo diez? ¿Para qué

me ha servido la experiencia? Para vivir  

feliz con las pequeñas cosas

que un tiempo me inquietaran.

  

Florencia

 

Para abrazar al poeta Montale

─generosa es su tristeza─ estoy

en la ciudad que tanto quise. Es como

si cada piedra que el pie pisa fuese

mi corazón, mi mal

de un tiempo. Pero no lo lamento. Nace

-otra constelación- una edad nueva.

  

Fedra

 

Sopla una bora asesina. Mañana

caerá la nieve, blanqueando los caminos

que ascendían amigables a tu casa,

lejana, en la cresta de la colina. Entre los verdes

pinos, el inmenso valle repite

en incontables hojas el color

que gustabas siempre en tu cabello.

                                                           Fedra

eras; aún eres.

                          Más preciosa ahora

que se enciende el primer fuego en la estufa

en casas raras; la estación es un poco

nuestra, el paisaje nuestro; el pensamiento

irradia una última verdad; se engaña a sí mismo

de que lo peor -tal vez- ya pasó.

 

Despedida


Lo saben, amigos, y yo lo sé.

También los versos se asemejan a las pompas

de jabón; una sube y otra no.



Merlo

 

Esisteva quel mondo al quale in sogno

ritorno ancora; che in sogno mi scuote?

certo esisteva. En’erano parte

mia madre e un merlo.

 

Li vedo appena. Piú risalta il nero

e il giallo di chi lieto salutava

col suo canto (era questo il mio pensiero)

me, che l’udivo dalla via. Mia madre

sedeva, stanca, in cucina. Tritava

a lui solo (era questo il suo pensiero)

e alla mia cena la carne. Nessuna

vista o rumore cosí lo eccitava.

 

Tra un fanciullo ingabbiato e un insettivoro,

che i vermetti carpiva alla sua mano,

in quella casa, in quel mondo lantano,

c’era un amore. C’era anche un equivoco.

 

Trieste

Ho attraversato tutta la città.

Poi ho salita un'erta,

popolosa in principio, in là deserta,

chiusa da un muricciolo:

un cantuccio in cui solo

siedo; e mi pare che dove esso termina

termini la città.

 

Trieste ha una scontrosa

grazia. Se piace,

è come un ragazzaccio aspro e vorace,

con gli occhi azzurri e mani troppo grandi

per regalare un fiore;

come un amore

con gelosia.

Da quest'erta ogni chiesa, ogni sua via

scopro, se mena all'ingombrata spiaggia,

o alla collina cui, sulla sassosa

cima, una casa, l'ultima, s'aggrappa.

Intorno

circola ad ogni cosa

un'aria strana, un'aria tormentosa,

l'aria natia.

 

La mia città che in ogni parte è viva,

ha il cantuccio a me fatto, alla mia vita

pensosa e schiva.

  

Dall’erta

 

Dall’erta solitaria che nel mare

precipita - che verde oggi e spumoso

percuote obliquo la città - si vede

il bianco panorama di Trieste.

 

Tu già le conoscevi –dici- queste

mie strade, ove s’incontra, al più, una donna,

che la lunga salita ansa, un fanciullo

che se Bòrea t’investe, mette l’ali

a ogni cosa, per te corre. Poi torna

a se stesso, ti passa accanto altero.

 

Tutto un mondo che amavo, al quale m’ero

dato, che per te solo oggi rivive.

  

La capra

 

Ho parlato a una capra.

Era sola sul prato, era legata.

Sazia d’erba, bagnata

dalla pioggia, belava.

 

Quell’uguale belato era fraterno

al mio dolore. Ed io risposi, prima

per celia, poi perché il dolore è eterno.

ha una voce e non varia.

Questa voce sentiva

gemere in una capra solitaria.

 

In una capra dal viso semita

sentiva querelarsi ogni altro male,

ogni altra vita.

  

Ulisse

 

Nella mia giovanezza ho navigato

lungo le coste dalmate. Isolotti

a fior d’onda emergevano, ove raro

un Uccello sostava intento a prede.

Coperti d’alghe, scivolosi al sole

belli come smeraldi. Quando l’alta

marea e la notte li annullava, vele

sottovento sbandavano più al largo,

per fuggirne l’insidia. Oggi il mio regno

è quella terra di nessuno. Il porto

accende ad altri i suoi lumi, me al largo

sospigne ancora il non domato spirito,

e della vita il doloroso amore.

 

Madrigale per un generale inglese 

 

Ho visto a Firenze, nei primi giorni dell' occupazione alleata, un generale inglese. Era -caso raro- a piedi e ubriaco. Era meraviglioso. Alto, magro, asciutto, quasi eccessivamente razziato, camminava appoggiando la malferma persona a un bastoncino dall' impugnatura, a quanto mi parve, preziosa. Ogni passante poteva diventare per lui, senza volerlo, un nemico; fargli -cosa grave per chiunque; per un inglese, e un inglese del suo rango, mortale- perdere l' equilibrio. Ma, pure in quelle condizioni, che contegno, che stile! Reggeva appena, come l' Impero inglese. Ma reggeva.

 

Nietzsche


Intorno a una grandezza solitaria

non volano gli uccelli, né quei vaghi

gli fanno, accanto, il nido. Altro non odi

che il silenzio, non vedi altro che l’aria.

  

Momento

 

Gli uccelli alla finestra, le persiane

socchiuse: un’aria d’infanzia e d’estate

che mi consola. Veramente ho gli anni

che so di avere? O solo dieci? A cosa

mai mi ha servito l’esperienza? A vivere

pago a piccole cose onde vivevo

inquieto un tempo.

 

Firenze

 

Per abbracciare il poeta Montale

─generosa é la sua tristezza─ sono

nella cittá che mi fu cara. E’come

se ogni pietra che il piede batte fosse

il mio cuore, il mio male

di un tempo. Ma non ho rimpianti. Nasce

─altra costellazione─ un’altra etá.

 

Fedra

 

Soffia una bora omicida. Domani

cadrà la neve, imbiancherà le strade

che salivano amiche alla tua casa

in cima al colle, lontana. Tra i verdi

pini l’immensa vallata ripete

in foglie innumerevoli il colore

che amavi sempre ai tuoi capelli.


                                                 Fedra

eri; ancor sei.

                               Più preziosa adesso

che si accende alla stufa il primo fuoco

in rare case; la stagione è un poco

nostra, nostro il paesaggio; il pensiero

irraggia un ultimo vero; s’illude

che il peggio – forse – è passato.

 

Commiato

 

Voi lo sapete, amici, ed io lo so.

Anche i versi somigliano alle bolle

di sapone; una sale e un’altra no.

 

Traducción: Pedro Marqués de Armas 


domingo, 7 de diciembre de 2025

Diez poemas de Luciano Erba


Luciano Erba

 

Sin brújula


Según Darwin debería haber sido eliminado

según Malthus ni siquiera haber nacido

según Lombroso comoquiera terminaré mal

para no hablar de Marx, yo, pequeño burgués

escapar, pues, escapar

adelante atrás al lado

(como todos en el cuarenta) pero

persisten complejos personales

¿estoy al este de mi herida

o al sur de mi muerte?

 

El queso

 

Será bueno hablar de mi manera

de habitar el mundo del presente

(un sistema espacial donde intercambio

forma y cuerpo con lo que me rodea

con las cosas a cuyo encuentro voy

para vivir en ellas y ellas en mí)

será bueno revelar que tal manera

de estar próximo a lo cotidiano

me resultó clara ab initio una mañana,

eran tiempos de guerra, tenía hambre,

miré de lado a lado por los agujeros

de una fina lasca de queso

tan absorto que me sentí secuestrado

y era un poco de aquí y un poco de allá.

 

Las jóvenes parejas

 

Las jóvenes parejas de postguerra

almorzábamos en espacios triangulares

en apartamentos próximos a la feria

las ventanas tenían círculos en las cortinas

el mobiliario era lineal, con pocos libros

el invitado que trajo el chianti

que bebíamos en vasos de vidrio verde

fue el primer siciliano en mi vida

éramos su modelo de desarrollo.

  

Renuncia al título de un volumen mío de versos 

 

A inicios de los Ochenta

tal vez en estado de magia

bauticé Cinta de Moebius

un libro de poesía

 

otros títulos similares

pero de ámbito más físico

me propuse destinar

a un opus metafísico

 

fue así que dejé de lado

la vida de Arquímedes,

y, no sin excitación, debo

decirlo, la fuente de Erone

 

He aquí el nuevo libro

que un hondo disturbio

me impide ahora intitular

Los hemisferios de Magdburgo

 

yo no sé si en estas cosas

sirve de algo la patente

el hecho es que un autor notorio

se apropió de mi idiolecto.

 

No es un gris gacetillero

sino un semiólogo advertido

y si le reclamo El Péndulo

dirá, sabes, lo he deconstruido.


In medio stat vitium

 

Eres de aquellos que a los test

dan signos contradictorios

pero ciertamente

ni genio ni idiota

¿y entonces?

un pobre hombre

perseguido por genios y por idiotas.

 

El gato intelectual

 

Explora todas las cajas

patrulla todos los cajones

curiosea para descifrar,

es el gato hermenéutico.

Su pensamiento fuerte es maullar

de noche entre los pararrayos del techo

su pensamiento débil pero magistral

roncar frente a la chimenea.

 

La Gran Jeanne

 

La Gran Jeanne no hacía distinciones

entre ingleses y franceses

siempre que hicieran con las manos

lo que ella decía,

habitaba en el puerto, su hermano

trabajaba conmigo

en el 43.

Cuando me vio en Lausana

donde yo pasaba en traje estival

dijo que podía salvarla

y que su mundo estaba allí, en mis manos

y en mis dientes que comieron liebres

en la alta montaña.

 

En el fondo

hubiera querido la Gran Jeanne

convertirse en una dama:

llevaba ya un sombrero

azul, largo, con tres vueltas de tul.

 

Ecuación de primer grado

 

Tu camiseta nueva, Mercedes

de algodón mercerizado

tiene ese olor de los grandes almacenes

donde nos equipaban de blancos

larguísimos sombreros para el mar

¡querida provisión de sombra! para esperar

en estaciones florecidas de petunias

padres ¡blanquitrajeados! para amar

sobre las vías del tren flores comprimidas

por mercancías ¡dulcemente desempacadas!

 

Y mañana, Mercedes,

deshojar las páginas del tiempo perdido

entre merengues y sorbetes en la Biffi Scala.

 

Manos

 

Manos que te acariciaron la cabeza

manos de curas de tías de verduleros

mano del compañero de escuela

que escribía con tinta verde

manos de Berta secas por el viento

si colgaba la ropa sobre el cordel

anchas manos polacas

que trozaban la madera en el Arbeit Lager

manos y dedos desgarbados

de los amigos hindúes

mano descarnada

que toma la pluma para firmar

mano que llega de noche

acaricia la gata más negra.

 


La acuarela

 

Catecati Catunza Caterina

¿qué hija eres? bravo quien lo adivina

Por casualidad miraba tu acuarela

en la habitación que da sobre la terraza

pero el vidrio no reflejaba más que el maltiempo

solamente hojas y nubes al viento

(y las tres pestañas de esmeralda, ¿rojas?)

Padre amoroso que prestas tus sueños

las hijas van a lo largo de las estaciones.

 

Sin respuesta

 

Noviembre te trajo. ¿Cuántos meses

durará la dulceamarga 

aventura de dos miradas, de dos voces? 

Si yo tuviese una leyenda escrita

diría que este tiempo que nos roza

nos pertenece desde siempre. Pero no soy

más que un hombre entre cientos de miles

y tú no eres sino una mujer 

que noviembre trajo

y un mes nos premia y otro nos saquea. 

Eres una mujer 

que acoge ahora a un náufrago impaciente

dime tú

¿eres acantilado

o continente?


Senza bussola

 

Secondo Darwin avrei dovuto essere eliminato

secondo Malthus neppure essere nato

secondo Lombroso finirò comunque male

e non sto a dire di Marx, io, petit bourgeois

scappare, dunque, scappare

in avanti in indietro di fianco

(così nel quaranta quando tutti) ma

permangono personali perplessità

sono ad est della mia ferita

o a sud della mia morte?

 

Il formaggio

 

Sarà bene parlando di un mio modo

di abitare nel mondo del presente

(un sistema spaziale dove scambio

forma e corpo con quanto mi sta attorno

con le cose alle quali vado incontro

per vivere in loro e loro in me)

sarà bene riveli che tal modo

di stare vicino al quotidiano

mi fu chiaro ab initio una mattina

avevo fame, era tempo di guerra

da parte a parte guardavo nei buchi

di una fetta sottile di formaggio

così assorto mi sentivo rapito

ed ero un po' di qua e un po' di là.

  

Le giovani coppie

 

Le giovani coppie del dopoquerra

pranzavano in spazi triangolari

in appartamenti vicini alla fiera

i vetri avevano cerchi alle tendine

i mobili erano lineari, con pochi libri

l´invitato che aveva portato del chianti

bevevamo in bicchieri di vetro verde

era il primo siciliano della mia vita

noi eravamo il suo modello di sviluppo.

 


Rinuncia al titolo di un mio volumetto di versi

 

Agli inizi degli Ottanta

forse in vena di magia

battezzai Nastro di Moebius

un mio libro di poesia

 

altri titoli consimili

ma d'un ambito più fisico

mi proposi destinare

ad un opus metafisico

 

fu così messa da parte

sia la vite di Archimede

sia, e non senza esitazione,

eh sì, la fontana di Erone.

 

Ecco ora il nuovo libro

che un'azione di disturbo

m'impedisce intitolare

Gli emisferi di Magdburgo

 

io non so se in queste cose

vai la norma del brevetto

fatto è che un noto autore

si è appropriato il mio idioletto

 

non è un grigio pennivendolo

ma un semiologo avvertito

e se gli contesto il Pendolo

dirà, sai, ho decostruito.

  

In medio stat vitium

 

Sei di quelli che ai test

danno segni contraddittorò

ma di certo

nè genio nè idiota

e allora?

un pover uomo

perseguitato dai geni e dagli idioti.

 

Un gatto intellettuale

 

Esplora tutte le scatole

perlustra tutti i cassetti

curiosare per decifrare

questo è il gatto ermeneutico.

Il suo pensiero forte è miagolare

di notte tra i parafulmini sul tetto

il suo pensiero debole ma sapienziale

ronfare davanti al caminetto.

 

La Grande Jeanne

 

La Grande Jeanne non faceva distinzioni

tra inglesi e francesi

purchè avessero le mani fatte

come diceva lei

abitava il porto, suo fratello

lavorava con me

nel 1943.

Quando mi vide a Losanna

dove passavo in abito estivo

disse che io potevo salvarla

e che il suo mondo era lÏ, nelle mie mani

e nei miei denti che avevano mangiato lepre in alta montagna.

 

In fondo

avrebbe voluto la Grande Jeanne

diventare una signora per bene

aveva già un cappello

blu, largo, e con tre giri di tulle.

 

Un’equazione di primo grado

 

La tua camicetta nuova, Mercedes

di cotone mercerizzato

ha il respiro dei grandi magazzini

dove ci equipaggiavano di bianchi

larghissimi cappelli per il mare

cara provvista di ombra! per attendervi

in stazioni fiorite di petunie

padri biancovestiti! per amarvi

sulle strade ferrate fiori affranti

dolcemente dai merci decollati!

 

E domani, Mercedes

sfogliare pagine del tempo perduto

tra meringhe e sorbetti al Biffi Scala.

 

Mani

 

Mani che ti hanno accarezzato sopra la testa

mani di preti di zie di ortolani

mano del compagno di scuola

che scriveva in inchiostro verde

mani di Berta asciugate dal vento

se appendeva il bucato sopra i fili

larghe mani polacche

che spaccavano la legna nell’Arbeit Lager

mani e dita affusolate

degli amici indiani

mano scarnita

che prendi la penna per firmare

mano che arriva la sera

accarezzi la gatta più nera.

  

L'acquerello

  

Catecati Catunza Caterina

che figlia sei? bravo chi l'indovina.

Per caso guardavo il tuo acquerello

nella stanza che dà sulla terrazza

ma il vetro non rifletteva che il maltempo

soltanto foglie e nuvole al vento

(e le tre ciglia di smeraldo, roseaux?).

Padre amoroso che presti i tuoi sogni

le figlie vanno lungo le stagioni.

 

Senza risposta

 

Ti ha portata novembre. Quanti mesi

durerà la dolceamara

vicenda di due sguardi, di due voci?

Se io avessi una leggenda tutta scritta

direi che questo tempo che ci sfiora

ci appartiene da sempre. Ma non sono

che un uomo fra mille e centomila

ma non sei

che una donna portata da novembre

e un mese dona e un altro ci saccheggia.

Sei una donna

che adesso tiene un naufrago impaziente

dimmi tu

sei scoglio

o continente?

 

Traducción: Dolores Labarcena y Pedro Marqués de Armas

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Diez poemas de Leonardo Sinisgalli

 
 

Leonardo Sinisgalli

 

Visita a los etruscos

 

No quisieron rosas sobre las lápidas

sino vísceras

y alrededor juegos para adultos.

Resguardaron su infierno

del sol y del viento salado,

y se encerraron como dentro de un gallinero.

En la tumba de fosa,

estrecha cámara de amor,

centellean los ojos astutos,

el cetro bermejo

y los glúteos del hermafrodita.

 

El manuscrito de Petrarca

 

Inclinado sobre el cristal de la vitrina,

igual que me inclinaba sobre el fuego.   

Hay un libro abierto hace siglos: 

en cada renglón dos endecasílabos

seguidos

escritos con pluma de oca.

Pensamientos y suspiros

en duros caracteres. 

No los inciertos signos

que fabrica la naturaleza.

 

Campos Elíseos

 

Más allá de la dulce provincia del Agri

alcanzaron las costas soñadas,

oscuros muertos familiares.

Sus cadáveres han alimentado

el verdor de los huertos.

Los campos de habas se han extendido

allende las puertas:

Donde la edad de las rosas ardió soberbia,

las cabras pisan la tierra

en días de sequía.

 

El aire más bello

 

El aire más bello del año

en el sitio más bello, sobre la hierba

que rodea los Elíseos.

Para una visita a los muertos

se movilizó toda la tribu:

las hermanas sarracenas, las rubicundas sobrinas.

Arrastramos gatos y cebollas

hasta la capilla en que yacen

los restos de mi madre.

Nos explayamos como ante una mesa

en torno a su cuerpo disecado.

Hay quien reza, quien come y quien te llora, madre. 

Y quien ciñe con flores frescas

tu lecho de cenizas.

 

La cabra


La cabra inquieta desde la mañana,

la cabra bizantina prisionera

sollozando en su cueva,

lamenta los bellos acantilados.


Al alba la marcaron

para sacrificarla.

 

Vía Velasca

 

Tantos años de trasiego 

casi la ha desfondado, la calle

increíblemente es más estrecha. 

Esta es mi hora, mi hora querida.

Recuerdo la noche en que a la tenue luz 

todo rumor se apagó, y repicó 

mi nombre en sueño hasta desaparecer. 

La calle se curva, el día

gotea desde los tejados:

Esta dulce hora suena en el pecho.

No es más que una larva remisa  

la luz, un destello: dentro de la pecera

un pez se ilumina.

 

En casa

 

En casa se habla

con las moscas se vive

en compañía de moscas

en invierno y verano

dónde está la mosca

cómo está la mosca 

se perdió la mosca

gritamos cuando vuelve

 

A mi padre

 

El hombre que regresa solo

tarde en la noche de la viña

agita los nabos en la bañera

brota del callejón con la paja

manchada de verdín.

El hombre que lleva tan fresca

suciedad en sus zapatos, olor

de fresca noche en su ropa

se detiene en la fuente, habla

con un estanciero que arranca hinojos.

Es un hombre, un pequeño hombre

al que observo de lejos.

Un punto vivo en el horizonte.

Quizás su pupila

se ilumine esta noche

junto al estanque 

donde seca su frente.

 

Con Ungeretti en el Cairo

 

El Tigre ríe inequívoco

del bosque que tiembla

de miedo, de la ciudad 

indefensa, del pobre

que come una patata 

con sal y bebe 

crema de avena

delante de las carretas de hierros viejos   

al rojo vivo.

 

Post Scriptum

 

Alguno goza en el huerto

su hora de satisfacción,

alguno enfurecido escribe versos

entre las cestas de nueces,

alguno raspa el sarro de los barriles

hasta el fondo. A media edad

el poeta sobrevive. Su suerte

duró un respiro, un destello

su gracia.

 

                            

Visita agli etruschi

 

Non vollero rose sulle mense

ma pasti sanguigni

e intorno giuochi per adulti.

Ripararono il loro inferno

dal sole e dal vento salato,

vi si taparonno come dentro un pollaio.

Nella fossa di tufo,

stretta camera d’amore,

scintillano gli occhi furbi,

lo scetro vermiglio,

e i glutei del manfiorita.


Il manoscritto di Petrarca

 

Piegato sul vetro della teca

come mi piegavo sul fuoco.

C´è un libro aperto da secoli.

Ci sono scritti con la penna d’oca

in ogni riga due endecasillabi

di seguito. Pensieri e sospiri

in caratteri duri,

non gli incerti segni

che fabbrica la natura.

 

Campi Elisi

 

Di là dalla dolce provincia dell’ Agri

siete approdati alle rive sognate,

oscuri morti familiari.

Le vostre salme hanno dato salutre

al verde degli orti.

I campi di fave si sono allargati

oltre i cancelli:

Dove arse superba l´età delle rose

le capre pestano la terra

nei giorni di siccitá.

 

La più bell'aria 


La più bell’aria dell’anno

nel più bel sito, sull’erba

che recinge gli Elisi.

Per una visita ai morti

s’è mossa tutta la tribù:

le sorelle saracine, le rosse nipoti.

Trascinammo gatti e cipolle

davanti alla cappella dove giace

la spoglia di mia madre.

Ci sdraiammo come a mensa

intorno al suo corpo disseccato.

Chi prega e chi mangia e chi ti piange

madre. Chi cinge di fiori freschi

il tuo letto di cenere.

 

La capra

 

La capra inquieta al mattino,

la capra bizantina singhiozza

prigioniera nella grotta,

rimpiange i bei dirupi.

All'alba l'hanno segnata

per essere sacrificata.

 

 Via Velasca

 

Il calpestìo di tanti anni

L’ha quasi affondata, la via

Incredibilmente si è stretta.

Questa è l’ora mia, la mia ora diletta.

Io, ricordo la sera che alla fioca

Luce si spense ogni rumore, un grido

Disse il mio nome come in sogno e sparve.

La via s’incurva, sgocciola

Il giorno dalle cime dei tetti:

Quest’ora dolce suona nel petto.

Non è che una larva restìa

La luce, un barlume: entro la boccia

Di vetro un pesce s’illumina.

 

A casa mia


A casa mia si parla

con le mosche si vive

in compagnia delle mosche

d'inverno e d'estate 

dov'è la mosca

come sta la mosca

è sparita la mosca

si grida quando si ritorna.

  

A mio padre

 

L’uomo che torna solo

A tarda sera dalla vigna

Scuote le rape nella vasca

Sbuca dal viottolo con la paglia

Macchiata di verderame.

L’uomo che porta così fresco

Terriccio sulle scarpe, odore

Di fresca sera nei vestiti

Si ferma a una fonte, parla

Con un ortolano che sradica i finocchi.

È un uomo, un piccolo uomo

Ch’io guardo di lontano.

È un punto vivo all’orizzonte.

Forse la sua pupilla

Si accende questa sera

Accanto alla peschiera

Dove si asciuga la fronte.

 

Con Ungaretti al Cairo

 

La Tigre ride sicura

della foresta che trema

di paura, della città

inerme, del povero

che mangia una patata

col sale e beve

crema di avena

davanti ai carretti roventi

di ferri vecchi.



POST SCRIPTUM


Qualcuno gode nell'orto

la sua ora di delizia,

qualcuno forsennato

scrive versi tra le ceste di noci,

qualcuno raschia il tartaro dalle botti

nei sottani. A mezza età

il poeta sopravvive. La sua fortuna

durò un soffio, un lampo

la sua grazia.

 

Traducción: Pedro Marqués de Armas