miércoles, 23 de enero de 2019

martes, 22 de enero de 2019

Joaquín Edwards Bello



                    UN CHILENO EN MADRID. 
                    Edwards Bello.

                    Chile. 1928.


 Lino Novás Calvo

 El hombre de nutrida cultura que ha hecho de los libros no un fin, sino un medio de llegar a la vida por su puerta más ancha, se aproxima muchas veces al escritor del pueblo cuyos gestos plebeyos forman su esencia y carácter. Un Blasco de la primera época a un Edwards Bello o viceversa. EL CHILENO EN MADRID es obra saturada de esos gustos y de esa fortaleza popular, cuya veta parece inagotable y cuya sabiduría sanchesca rebasa, a cada solicitud valerosa, los bordes de los más acendrados tecnicismos. Bendito analfabetismo el de ese pueblo español —exclama E. B. en una si es no es intención irónica.
 En este fuerte escritor chileno que, como el personaje central de la obra, lleva un apellido anglosajón y otro castellano castizo, se da ese áspero desenfado e independencia de visión que lo mismo puede producir un efecto humorístico que un reproche tartufo que una adhesión calurosa. Según el lector. Por eso su interpretación del Madrid maleante resulta más interesante que la de ningún escritor nacido y criado en aquel medio. La extranjería del autor le ofrece una atalaya de sumo valor estratégico, dadas las aptitudes tácticas —táctiles— del explorador. Táctiles: toda esta novela es una sucesión de emociones palpables. El argumento no sirve sino de pretexto para el examen folklórico y costumbrista de Madrid, con sus visos oportunos y acertadísimos de hispanoamericanismo. Interesante, porque siempre lo serán esos dramas individuales nacidos de los efecto» primarios de la naturaleza. Honda, por su sentido del alma inculta del medio en que se desarrolla. Y de gran trascendencia en las relaciones de América y España, por cuanto E. B. da una edificante lección en su posición frente a ésta, mirándola, no con ojos de liberto, sino de igual a igual desde el fondo de la historia. Tal es el valor más saliente de EL CHILENO EN MADRID, obra editada segunda vez y desconocida, no obstante, entre nosotros.

  L. N. C.

 Revista de Avance, 15 de enero 1929, p. 247.  

jueves, 17 de enero de 2019

Vicente Huidobro, el creacionista




 Por Gabriel Sexto

 El creacionismo, cuya paternidad se atribuye a Huidobro con sencillo orgullo, tuvo su momento de reinado en el mundo. Nació en Montparnasse, y en torno al poeta de Chile, todo él temeroso entonces de novedad, creacionaban Tristan Tzara, Max Ernst, Radiguet, Apollinaire el inimitable… Tzara el dadaísta!

 Han pasado ya varios años. Muchos, si se les considera espiritualmente. Casi siglos. El creacionismo, mayusculizado, es tan viejo para los jóvenes, como el Romanticismo. Se pierden, se confunden las perspectivas. Pero es indudable que había algo allí, algo que quedará como accidente feliz en la apasionada fabricación de fórmulas rabiosamente químicas.

 No seré yo quien os hable del Creacionismo, de viejo conocido, pero sí quiero deciros solamente que estaba embebido de frescura, de novedad, de colorido claro, casi un anticipo al sport. Audacia, originalidad, rapidez.

 Vengo ver a Huidobro en nombre de BOHEMIA. Me recibe en su piso, deliciosamente escondido, que tiene en la rue Boissonade. A doscientos metros de Carrefour, que es el ombligo del mundo: Montparnasse y Raspail.

 Los ojos, muy vivos, le hacen la competencia a la boca, muy llena de palabras agudas. La frente muy ancha; la nariz enérgica. Si no supiéramos quién es, nos llamaría la atención al verle pasar: hay en él un no sé qué de personaje contemporáneo, mezcla de aventurero elegante y de actor de cine.

 Precisamente en los muros de su sala veo retratos de estrellas cinematográficas: Lya de Putti, Charlot, Fairnbanks, coros, racimos de estrellas en el cielo oeste. Y él en medio de todos como una estrella que perteneciera al  mismo tiempo al oeste, al ser supremo, al oriente, al meridiano de París, a otros paralelos.

 Es muy curioso oír hablar a Huidobro. Se le escucha sabiendo que dice cosas muy bien. Su talento fresco, siempre en evolucionismo y disparado hacia él mismo no sabe dónde, realiza verdaderos saltos de Pegaso.

 En torno a su figura hay una leyenda. Ha sido amigo de tanta gente; ha impreso tantos libros: ha lanzado tantos manifiestos, en francés, en inglés, en español; ha dirigido tantas revistas eruptivas; ha despertado tanta envidia a su paso; es tan simpático y literariamente ¡tan interesantemente absurdo!

 En 1913 ya era motivo de perturbaciones en Chile. En 1918 sus “Poemas Árticos" metían miedo en Madrid. En 1921, se sumaba a los grandes químicos de Montparnasse, inventando un precipitado cuya paternidad lo enorgullece, y sus "Saisons Choisies" aparecían con su retrato hecho por Picasso, precediendo aquello de “Fils telephoniques, chemin des mots, et dans la nuit violon de la luna”.

 Después se han acumulado los libros, los manifiestos, los viajes, las anécdotas, los incidentes, hasta llegar a este "Mío Cid Campeador" que la Compañía Iberoamericana de Publicaciones, acaba de lanzar con lujo de ilustraciones y de tipos, y que está siendo el epicentro de remolinos de los cafés literarios de Buenos Aires, de París, de Madrid, de Santiago de Chile, etc.

 Charlar con Huidobro, ya lo he dicho, es una aventura deliciosa. Su léxico cromático despliega verdaderos paisajes modernos ante nuestra curiosidad. No situaré aquí esta charla que graciosamente le concedió al representante de BOHEMIA en París. Una entrevista tan juiciosa como las que nos concedieron los otros sería antihuidobrismo. No quiere reñirme con su método breve y colorido, agudo y sincero. Hablará él, pues, en rasguños, en saetazos, en zig-zagues relampagueantes. 



-Tengo 36 años.

-En la Argentina se toma leche. Es un país lleno de lecherías. En Chile, en cambio...! En Chile si uno no hace eses por las calles los perros lo muerden... Eso tiene la ventaja de proporcionarnos doble tiempo para ir a nuestras casas...

-El tipo del intelectual me carga. Los intelectuales españoles son los intelectuales por excelencia. Veamos si no a ese Duque de Alba con su cara de ganso!

-El pueblo español es el más interesante de Europa, y el intelectual español le vuelve la espalda para extasiarse con los suizos, con los franceses, con los alemanes. ¿La música española? Fuera de Falla, que es el Stravinski español, todo es ignominia irrisoria. Se está haciendo allí un pseudo-folklorismo vergonzante. Música trasudada. Siberia caricaturizada.

-Mi revista parisiense "Nord-Sud" apareció en los años 16-17. A mi derredor estaban Apollinaire, Reverdy, Morand… ¿Cocteau? No, no lo queríamos. Nos enviaba poemitas muy malos, como los hubiera escrito aquella calamidad que se llamaba Rostand. Era un pompier insoportable! Yo no sé por qué Cocteau, como muy bien dice Picabia, es el último en llegar y siempre es el que toma el estandarte. Picabia mismo es quien ha dicho aquella verdad magnífica sobre Cocteau: "Cuando se muera, se equivocará de cementerio e irá derechito a encerrarse bajo el Arco de Triunfo. Coctaeu está imantado para un sillón de la Academia.” Estoy de acuerdo con Picabia...

 -¿Waldo Frank? Precisamente estoy trabajando ahora en una contestación a su "Mensaje de la América Latina”, en donde nos insulta procazmente. Mi respuesta, escrita en el mismo tono de superioridad suyo, se llamará "Primer Mensaje a la América Sajona.”

-Los rascacielos me revientan. Me hacen el efecto de botellas de diez metros. Los alemanes hacen cosas mejores y más interesantes con solo dos o tres pisos. Los yanquis sirven solo para irnos a matar los mosquitos.

-¿Edison? Pero si es un mentecato, un pobre hombre. Imagínese usted, inventado mesitas eléctricas para comunicarse con los espíritus…! ¡Comparado con un Pasteur es una chancleta marroquí!

-En la poesía moderna lo que interesa es el hombre y no el artista. A mí me han acusado de antipoeta y me sentí muy contento entonces. Me gusta más el Anticristo que Cristo: es más difícil destruir que crear. Construir es epidémicamente fácil.


 En eso estábamos, como en los cuentos. De pronto se levanta. Va por cigarrillos y una botella.

 -No, mi hijita, no. Yo estaré de regreso antes que tú… Sí, mi hijita, sí… Notamos, sobre la chimenea, un delicioso reloj ochocentista, dorado y cargado de detallitos Luis XIV. ¡El encanto de lo anacrónico!

 Bebemos Oporto. Bebo yo, mejor dicho. El no acostumbra beber…

 -Picasso es más grande que un pintor. Es un monstruo, tan admirable como el Vampiro de Dusseldorf, tan artista como él. Picasso está por encima de la belleza y de la fealdad. En ambos hay una gran cantidad de individuo que se vierte, de calidad inmejorable.

 -Jamás he tenido miedo de hacer la fealdad. “Un huevo al borde del mar”. Muy bien. La poesía salió de lo irracional para volver al irracionalismo pasando por la etapa modesta de lo racional.

 -En 1921 ya yo escribía: “El arte reproductivo es un arte inferior al medio. El arte de adaptación es un arte en equilibrio con el medio. Y el arte creacionista es un arte superior al medio.” Y agregaba: “Primero, predominio de la inteligencia sobre la sensibilidad. Segundo, equilibrio de la sensibilidad y de la inteligencia. Tercero, predominio de la sensibilidad sobre la inteligencia”. Molde.

-Y también decía, en uno de mis manifiestos. “Es curioso constatar cómo el hombre ha seguido en sus creaciones el orden mismo de la naturaleza, no solamente en el mecanismo creativo, sino también en el orden cronológico. El hombre empieza por ver, después oye, después habla, por último piensa. En sus creaciones, el hombre inventa primero la fotografía, que es el nervio óptico mecanizado. Después, el teléfono, que es el nervio auditivo mecanizado. Más tarde el gramófono, que es la mecanización de las cuerdas vocales. Y, por último, el cinematógrafo, que es la mecanización del pensamiento.”

 Se trata, no de imitar a la naturaleza, sino de hacer como ella, que no es lo mismo. Si hay imitación, que sea en el fondo de sus leyes constructivas, en la realización de un todo, en el mecanismo de producción de formas nuevas. No usar del poder imitativo, sino del poder exteriorizador. Disponer de fuerza centrífuga y de fuerza centrípeta. Ser una naturaleza aparte, a su imagen y semejanza, pero aparte.

 En una conferencia que di en Buenos Aires en 1916, decía: “Toda la historia del Arte no es otra cosa que la historia de la evolución del Hombre-Espejo hacia el Hombre-Dios, y que estudiando esta evolución se veía claramente la tendencia natural del Arte a desligarse de la realidad preexistente para buscar su propia verdad, dejando en el camino todo lo superfluo, todo lo que puede impedir su realización perfecta. Es como la evolución geológica: se llega al caballo, arrancando del Paloplotherium y pasando por el Anquitherium.”

 -Sospecho que no se ha dicho nada. Somos los primitivos de un mundo extraordinario. Ser inteligente es ser antinatural. Calderón de la Barca decía que “el delito más grande es el de haber nacido”. Lo natural es no ser inteligente, y Rubén nos lo afirmaba en Lo Fatal.

-El mundo perfecto es el que salió del cuento oriental del Príncipe Feliz, que era un imbécil.

 -¿El hombre trabaja por miedo al vacío?

 -¿Religión? ¿Patria? ¿Matrimonio…? Le repito que es más fácil crear que destruir, sobre todo las cosas que, por miedo al vacío, creó el hombre cuando se sentía tan imbécil como el Príncipe Feliz.


 El retrato del autor de “Ecuatorial” está en sus propias frases. Es por eso que las he respetado tal como iban saliendo, aflechadas y luminosas, golpes de cola de pescado en un bajo fondo marino. Hay nácares y plateaduras fugaces. El escritor Rozades ha dicho de él: “Huidobro ha recorrido el mundo como un globe-trotter, pero jamás un espíritu vulgar ha podido abordarlo”. Gran decir.

 Y no olvidéis que la ternura de este gato rebelde hacia su esposa lo hace llamarla “mi hijita” y que tiene relojes dieciochescos y anacrónicos junto a las vidas comentarias del Oeste. ¡Ah, y tampoco olvidéis que antes de escribir la vida de su antepasado el Mío Cid, preconizó que el poeta no debe ser un instrumento de la naturaleza –como ha sido bajo el régimen de las escuelas literarias anteriores al Creacionismo– sino que el poeta debe hacer de la naturaleza su instrumento. “No olvidéis que el Vesubio está lleno de Gounod. Sacad al sol, para que se sequen, los pañuelos del adiós, y los zapatos al claro de luna. Y, sobre todo no imitemos a Dios, sino hagamos como Dios. Un poeta indio de la América del Sur ha dicho: “No cantes la lluvia, poeta: haz llover”.

 París, 1930.

 Bohemia, 6 de julio de 1930, pp. 38-39 y 79.

Se encuentra en La Habana el poeta chileno Vicente Huidobro





 Diario de la Marina, miércoles 18 de agosto de 1926, p. 15.


miércoles, 16 de enero de 2019

Huidobro: dos entrevistas cubanas




 Pedro Marqués de Armas 


 Entre los grandes poetas que pasaron por La Habana en la década del veinte –y podemos contar a unos cuantos: Stevens, Girondo, Maiakovsky, Desnos, Gorostiza, Villaurrutia, Pellicer– habría que incluir también a Vicente Huidobro. Su paso, fortuito, fue acaso el más breve y no tuvo efecto, que sepamos, sobre la polis literaria. Dejó, sin embargo, el saldo de una entrevista publicada en el Diario de la Marina el 18 de agosto de 1926.

 Huidobro regresaba a París, huyendo de Chile, donde había complicado su existencia al entrar en política, pero, sobre todo, al descubrirse su romance con la quinceañera Ximena Amunátegui, cuñada de su hermano, con quien luego se casaría por el rito musulmán. La publicación del poema “Pasión y muerte”, con referencias a esta relación, causó escándalo en el clan familiar y Huidobro tuvo que hacer las maletas.

 Embarcó en el vapor Orita de la Compañía del Sur, que hacía la ruta entre Valparaíso y La Rochele, con escalas en La Habana y Santander; esta última significativa, ya que la aprovecha para conocer el pueblo de sus antepasados vascos.

 Huidobro permaneció en La Habana del 17 al 18 de agosto, suficiente para caminar la ciudad, y responder a aquellas preguntas que parecen lanzadas al aire. Aunque ampliamente conocido en Cuba, donde su nombre suena por lo menos desde 1920, su poesía no gozaba de especial favor entre la crítica.

 A diferencia de otras entrevistas en las que se lanza contra sus detractores, o bien se arroga la exclusiva del creacionismo, esta fue mesurada y más bien informativa, sin que faltara lo que sería hábito en sus intervenciones públicas: explicar su teoría poética.

 Antes de los grandes ataques emprendidos por Guillermo de Torre, quien lo acusa de plagiar al uruguayo Herrera y Reissig, lo que acrecienta su orgullo y virulencia, Huidobro aceptaba, por lo general, compartir la génesis del creacionismo, sin costarle reconocer sus vínculos con el cubismo, ni sus deudas con los simbolistas, sobre todo, Rimbaud y Mallarmé.

 En esta ocasión, no rechaza una experiencia en común con los poetas de la revista Nord-Sud, entre éstos Pierre Reverdy, Tristan Tzara y Max Jacob, y al menos, no insinúa prioridades entre ellos. Su recelo hacia el primero (“el pobre renacuajo”), al menos no aflora. Huidobro apunta ahora a Nueva York y Hollywood, donde trama establecerse a fin de concretar antiguos y acuciantes proyectos.

 La entrevista del Diario de la Marina fue recogida en Huidobro a la intemperie (Sudamericana, 2000), por Cecilia García Huidobro, quien rescata otras muchas declaraciones dispersas en publicaciones de Chile, Argentina y España. Sin embargo, no fue ésta la única que concediera a la prensa cubana. Existe otra, olvidada, al punto de no aparecer en ninguna de sus bibliografías: la que le realiza en 1930, expresamente para Bohemia, el periodista Gabriel Sexto, uno de los corresponsales en París.

 Publicaré en las siguientes entradas ambos documentos: "Se encuentra en La Habana el poeta Vicente Huidobro" y "Vicente Huidobro, el creacionista."

 La segunda es por mucho más interesante e incluye varias fotografías, una de ellas autografiada por el poeta, que posa sentado, con sombrero y bastón, ante un fondo que resalta, más bien, como decorado neoclásico: “Para la revista Bohemia de La Habana con la simpatía de Vicente Huidobro”.

 Gabriel Sexto lo entrevista en su propio hogar, donde el poeta descorcha un Oporto del que apenas bebe. Aunque la prosa del periodista es gazmoña, no lo son para nada los parlamentos de Huidobro, quien tiene todavía 36 años, acaba de publicar "Mío Cid Campeador" y, para no perder la costumbre, polemiza ahora contra el intelectual norteamericano Waldo Frank.

 Denuesta de los intelectuales españoles, a los que califica de cargantes, remitiendo, como prueba, a un célebre retrato: “¡Veamos si no a ese Duque de Alba con su cara de ganso!” Enfila dardos, además, contra Cocteau, Edison, los yanquis y los músicos folclóricos, mientras se coloca al centro de la poesía moderna, como astro mayor. No faltan citas de manifiestos, sobre todo de uno de los más brillantes y solitarios: “La creación pura. Ensayo de estética”.

 Adornan la entrevista algunas fotos personales, por lo visto, no muy conocidas. En una playa bretona (¿Carnac, verano de 1928?) se retrata con sus cercanos amigos Robert Delanuy, Hans Arp y Tristan Tzara. De espaldas a la cámara y de frente al mar, o bien, “disfrazados de tritones con barbas de algas”. En un pequeño bote, Huidobro y Ximena, en el apogeo de su relación.