jueves, 29 de julio de 2021

Peligrosidad y terror. Indagando en sus comienzos

 

  Pedro Marqués de Armas 


  Antonio Cejas fue tal vez la figura que mejor sirvió a Fidel Castro en la destrucción del poder judicial en Cuba, y su remplazo por el nuevo orden legal de la Revolución. Miembro del Partido Ortodoxo –del que fue expulsado hacia 1955–, conoció en México al poeta e instructor militar del Movimiento 26 de Julio, Alberto Bayo, quien le dedicó algunos de los versos de Fidel te espera en la Sierra… Y, en efecto, allí lo espera para convertirlo en Teniente Auditor. No parece, sin embargo, que llegara a tiempo; pero ya en febrero de 1959 Fidel Castro lo nombra fiscal en el juicio contra los pilotos de la fuerza aérea. Como se sabe, la imputación (jamás realizada en Cuba) fue de genocidio, pidiéndose la pena de muerte para buena parte de los aviadores. Al salir éstos absueltos (y tras una llamada de Castro), Cejas arengó a las masas contra los miembros del tribunal al tiempo que revocaba la sentencia y repetía la acusación. Fue el primer precedente de obstruccionismo a la justicia en el recién parido régimen.

 Miembro de los terroríficos tribunales militares, en 1960 Cejas era ya el principal catedrático de Derecho y Criminología de la Universidad de La Habana. Y en cuanto tal, le correspondió la elaboración de no pocas leyes, comenzando por los “delitos contrarrevolucionarios” (luego “contra le seguridad del Estado”) y siguiendo con la modificación de los “estados de peligrosidad”. Artífice de la desestructuración de las instituciones judiciales, en noviembre de 1960 integra el Consejo Superior de Defensa Social, tarea que comparte, entre otros, con el psiquiatra José Galigarcía (quien se ocupa de la legislación propiamente psiquiátrica). Convertido el magno órgano jurídico en pieza del Ministerio del Interior, correrá a su cargo, no solo la transformación de la Ley de Ejecución de Sanciones y Medidas de Seguridad, sino la confección de la doctrina que lo justifica. Apela así al código penal soviético mientras descalifica al derecho penal pre-revolucionario, exagerando sus limitaciones y tergiversando tanto su letra como su espíritu.

 En marzo de 1962, Cejas integró como “abogado defensor de oficio” el tribunal que juzgó a los prisioneros de Playa Girón, a los que defendería –fueron sus palabras– en “nombre de la generosidad del pueblo cubano”. Y ahorrándonos otros méritos, ese mismo año funge como “director legal” del Ministerio de Salud Pública. Es en esa función que asiste a la Conferencia Nacional de Instituciones Psiquiátricas. Aunque no presenta ponencia alguna, ni preside ninguna de las mesas, se alude con discreción a su experta presencia que, justo por discreta, revelamos aquí. No hay que olvidar que dicha conferencia, ampliamente reseñada en el periódico Hoy, sirvió para establecer la política psiquiátrica del gobierno en estrecho vínculo con la seguridad del Estado y con la antigua guardia comunista.

 Y es por esta misma época (alrededor de mayo de 1963) que Fidel lo visita en la Universidad para encomendarle otra tarea: nada menos que la elaboración de los Tribunales Populares Revolucionarios, cuya arquitectura facturó con celeridad para su puesta en práctica a finales de ese año. En fin, un vínculo que apunta a una relación expedita con el poder, sin más mediación que la del propio Castro.

 Al “viejo derecho”, Cejas opondrá el “nuevo derecho revolucionario”, según el cual la desaparición de la burguesía era cuestión de tiempo, en lo que emergía una moral superior, la socialista, que otorgaba la potestad de intervenir sobre la totalidad del cuerpo social. “El delito –escribe en el culmen de la teoría– es un concepto jurídico de contenido antisocial que aparece como consecuencia de la lucha de clases y sus inmediatas manifestaciones de explotación humana.”

 En su artículo “La peligrosidad social predelictiva”, explicaba el fundamento de la doctrina penal socialista en muy pocas palabras: “Para el tratamiento de los declarados peligrosos, los liberados condicionalmente, los menores, las prostitutas que voluntariamente lo soliciten y los propios delincuentes comunes recluidos en los establecimientos penitenciarios, existen planes de rehabilitación de distintos alcances. El fundamento teórico de la rehabilitación social de los delincuentes y peligrosos, puede sintetizarse así: educación y trabajo”.

 Leyes contra la sociedad

 En 1963 Cuba era un estado totalitario plenamente consolidado. El espacio público había sido abolido, para no hablar de libertad de prensa o de la imposición de un catecismo de Estado. Los pocos debates culturales no tendrían mayor recorrido, como tampoco los suscitados en las sociedades médicas, que apenas trascendían. Únicamente la Revolución era fuente de derecho y dispensadora de justicia.

 ¿Cuáles fueron las leyes de peligrosidad que se implementaron, y en qué consisten sus diferencias respecto a los dispositivos liberales? Una ojeada a la sucesión de cambios legales y a su naturaleza, nos lleva siempre a enero de 1959, cuando el poder revolucionario se erige en rector de las principales instancias de seguridad pública: las prisiones y reformatorios, los servicios psiquiátricos, y el propio Consejo Superior de Defensa Social. Al año siguiente, el órgano judicial se vio reducido a solo cinco miembros, asomando entre ellos –además de profesores universitarios comprometidos– delegados de organizaciones de masa. Encargado de la Ley de Ejecución de Sanciones y Medidas de Seguridad (1938), esta función pasa a ser competencia de un ministerio en manos de militares. 

 En esta dirección, será significativo el Decreto 3007 del 6 de junio de 1961 que, coincidiendo con la creación del MININT, plantea ya el establecimiento del Departamento de Prevención y Seguridad Social y, dentro de éste, (así denominado sin eufemismo alguno) la Sección de Erradicación de Lacras Sociales. Aunque aprobada de modo definitivo con la Resolución 1001 del 27 marzo de 1962, que sucedía en pocos días a la número 934 (determinando ésta la instauración de Granjas de Rehabilitación Penal), la tristemente célebre “sección” venía operando a plenitud desde comienzos de 1961. 

 Aunque ni mucho menos únicas, fue bajo esa cobertura y al amparo de la “peligrosidad predelictiva” que se efectuaron las primeras redadas policiales, una de las cuales –la ejecutada el 11 de octubre de ese año contra prostitutas, pederastas y proxenetas– trascendería como la “noche de las tres P”. No era sino el colofón del acelerado desguace que las instituciones judiciales experimentan (mayormente) a lo largo de 1960, al compás de los discursos de Fidel Castro. Irresistiblemente normativa, su palabra de orden no hizo sino trazar una línea cada vez más clara que colocó de un mismo lado a opositores y “delincuentes” bajo los calificativos de “blandengues” y “parásitos”.

 En enero de 1962, durante la I Conferencia Psiquiátrica (también Asamblea Nacional Psiquiátrica), circulan términos como “predelicuencia” o “línea de masas”. Una de las conclusiones fue la de “vincular los instrumentos de la psiquiatría con los empeños de la construcción del socialismo, el incremento de la producción y la defensa de la patria, aprovechando los vehículos mismos de la Revolución para desarrollar la prevención y el tratamiento de las enfermedades mentales”. Y otra, implícita en la primera: “trabajar en coordinación con los organismos de masa”. Entretanto, las leyes contra las lacras se fueron perfilando con los decretos 992 y 993 del 19 de noviembre de 1961; el primero anunciaba que “el avance de la Revolución” permitía “establecer nuevos métodos dirigidos a reeducar y rehabilitar delincuentes”, y el segundo autorizaba a adoptar medidas en el menor plazo posible. 

 Si el Código de Defensa Social de 1936 definía el “estado peligroso” como “cierta predisposición morbosa, congénita o adquirida mediante el hábito que destruyendo o enervando los motivos de inhibición, favorezca la inclinación a delinquir", ahora corresponde a una “especial proclividad para cometer delitos, demostrada por la conducta que se observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista.” 

 El carácter individual de ascendencia médica, que tacha al sujeto de peligroso antes de delinquir y lo condena a eterna virtualidad criminal, se socializa, pues, extendiéndose a situaciones muy diversas derivadas de un contexto político que hace de los “índices de peligrosidad” –antes dictados por un juez previo informe psiquiátrico y con oportunidad de defensa– un instrumento apenas técnico que esgrimen por igual policías y cederistas.

 Se realiza, en algunos casos, consulta jurídica pero sin garantías de defensa ni asesoramiento médico-psiquiátrico (salvo a posteriori y solo en ocasiones).

 Para todo lo anterior fue modificado el artículo 48. Los incisos 5, 6, 7, 8, 11 y 12, que correspondían al juego, la vagancia, el matonismo, la mendicidad, la explotación, la prostitución y el ejercicio de vicios moralmente reprobables, son ahora competencia de un cuerpo represivo que prioriza el secuestro –es decir, la privación de libertad– sobre otras medidas.

 El precedente lo había sentado el proxenetismo, que de delito fue convertido en índice de peligrosidad permanente. En base a esta modificación se alentó la aplicación del estado peligroso de manera masiva e indiferenciada.

 En resumen, aunque desde diferentes secciones, un mismo organismo se ocupa tanto de los delitos contrarrevolucionarios como de la peligrosidad. Esta es aplicada a destajo y a menudo mediante redadas. Tiene más crédito la opinión del vecino que la del técnico ¿o eran ya una misma cosa? El asesoramiento psiquiátrico, que los juristas republicanos tenían como uno de sus mayores logros a tono con un concepto médico-normativo que, en algunos casos, eximía al sujeto, es reprobado; y en su lugar se imponen figuras morales que permiten juzgar en relación a un contexto que castiga toda diferencia mientras lo atraviesa de terror en su proximidad con el delito político.

 Ésta será todo lo estrecha que el gobierno decida, llegándose, desde luego, a la fusión.

 No es verdad que la rehabilitación no formara parte del extenso rosario de medidas de seguridad durante la etapa republicana, ni que éstas no incluyeran el internamiento, pues en eso consistía, justamente, su supuesto carácter preventivo. Lo cierto es que solo con la revolución se multiplican estos dispositivos –reformatorios, granjas de trabajo, etc.– al tiempo que las cárceles alcanzan cifras de reclusión nunca antes vistas.

 El espectro criminal creció con el furor de la utopía y sus dificultades de realización, lo que –a ojos de las propias concepciones y de las crecientes necesidades creadas por el sistema– solo tendrá salida en la militarización de la economía, y muy pronto, en el trabajo forzado a gran escala.

 Seis décadas más tarde el discurso y las prácticas apenas han variado. Solo que su alcance es mayor y sus efectos resultan más visibles; prevención y represión, profilaxis y tortura, han sido siempre bajo el régimen cubano una misma cosa. Siempre lo fueron, como idéntico ha sido el terror.


lunes, 26 de julio de 2021

Esas pandillitas de niños “fistos”

 


  Sabemos los desprendimientos naturales que tiene que tener la Revolución.  Ya dijimos de los ratones que van a dar el gran salto al agua, creyendo que el océano es más seguro que la nave de la Revolución en medio de la tempestad, porque esa es conducta de ratones:  los que se tiran al agua para ahogarse por miedo de que la nave se hunda.  Ya sabemos de los desprendimientos: de los que se cansan de ser patriotas, de los que se ablandan, de los que se dejan penetrar y perforar por las campañas reaccionarias. Ya lo sabemos.  Ya sabemos los planes y las maniobras que se gestan para lanzar núcleos sociales contra nosotros, es decir, para poner a un sector del país, algo así como lo que ya están haciendo con las pandillitas... (EXCLAMACIONES). No, no. Esas pandillitas de niños “fistos” (EXCLAMACIONES) que vienen a dejar caer una mancha sobre una revolución, que fue hecha por hombres jóvenes principalmente, una revolución que tiene tantos niños héroes y mártires que escribieron páginas de increíble valor. Y ahora la quieren manchar grupitos de pepillos que realizan fechorías en Cadillacs, como para parangonarse con esos niños de las Patrullas Juveniles que, a pesar de su juventud, a pesar de su vida, de que no han podido ir a escuelas muchos de ellos, son modelo de disciplina, modelo de educación. 

 Esas pandillitas que en Cadillacs realizan fechorías, no son más que un ejemplo de lo que tratarán de hacer; lo que hoy tratan de hacer con esos jóvenes descarriados, es lo que van a tratar de hacer con sus padres.  Hoy lanzan a las pandillitas de menores, y después lanzarán a las pandillitas de mayores.  Hoy lanzan a las pandillitas de menores contra la humilde obrera de un Ten Cents o de una tienda, contra la muchacha modesta que va a montar una guagua, o contra las niñas que van a salir de una escuela, y mañana lanzarán a los mayores contra los obreros, contra los campesinos y contra los sectores humildes del pueblo (EXCLAMACIONES), porque se ve a las claras —¡se ve a las claras!— que quieren promover la lucha social, se ve a las claras que quieren lanzar unos sectores contra otros, se ve a las claras que quieren agrupar a todos esos que andan con la siquitrilla destruida por una u otra medida revolucionaria, para lanzarlos contra los obreros y contra los campesinos y contra los sectores humildes del país.

 Se ve a las claras que quieren organizar a los elementos desafectos a la Revolución, contra los elementos que más firmemente defienden a la Revolución; se ve a las claras el propósito de agrupar fuerzas, y hoy están gastando el mayor número de cartuchos posibles en un intento de reblandecer la moral, porque cualquiera que leyera esos libelos, cualquiera que siga las plumas mercenarias que en estos tiempos cómodos en que no hay represión se toman el lujo de escribir las peores insolencias contra la Revolución, ve a las claras que persiguen el propósito de hacer creer que esto anda mal.

 Las calenturas que padecen por allá en determinados clubs, que tienen hasta nombres extranjeros y donde se practican costumbres extranjerizantes —desde el “high ball” hasta la canasta y el “picnic” (RISAS), y una serie de nombres que nosotros los revolucionarios no sabríamos pronunciar porque son nombres extranjeros y extranjerizantes—, son producto de caballerías más o caballerías menos, edificios más y edificios menos, bienes recuperados más y bienes menos, privilegios y sinecuras más y menos. Y esas calenturas que ellos están sufriendo allá creen que son las calenturas de la Ciénaga de Zapata, y los muy ingenuos no se dan cuenta de que mientras ellos padecen allá, en aquellos clubs de nombres extraños, calenturas contrarrevolucionarias, los guajiros de la Ciénaga de Zapata —que han visto cruzar aquellas ciénagas por carreteras, que han visto extenderse allá las cooperativas que hoy implican el doble o el triple de ingresos, las tiendas del pueblo, las escuelas y todas esas medidas allí, en el lugar que cito por ejemplo, pero que no es más que ejemplo de lo que está ocurriendo en todo el país—... Los muy ingenuos, que sufren calenturas contrarrevolucionarias en los “clubs”, se olvidan de las calenturas revolucionarias que están viviendo hoy los campesinos y los obreros cubanos (APLAUSOS). 

  (Fragmento) Discurso de Fidel Castro en la apertura del X Congreso de la CTC, el 18 de noviembre de 1959. Fotografía de Luc Chessex: De fistos nada (1970). 

 

sábado, 24 de julio de 2021

No vamos a fusilar a esa gente

 

 No hace mucho una delegación nuestra visitó España en misión comercial. Muchachos jóvenes, con algunas de estas debilidades, pasaron varios meses en la “dulce vita”. Allá en España distintas empresas, que gustan de vender con malicia de aguzados capitalistas, los invitaban a fiestas. Y en los vapores de las fiestas y del buen coñac y de la buena bebida española, llegaban también grupos de artistas a alegrar más el ambiente y, entre los artistas, algunas bellas jóvenes, capaces de constituir una verdadera tentación para aquellos humanos y débiles funcionarios nuestros. Además de todo esto, prestarles todas las demás facilidades para sus dulces cuitas.

 Eso no es correcto en funcionarios que van allí en nombre de la república a comprar y a vender, y que tienen la obligación de defender con el mayor celo el dinero de la república, las divisas de nuestros obreros y de nuestros campesinos (APLAUSOS). Y eso es una forma sutil de soborno, es una forma sutil de corrupción, porque cuando llega la hora de discutir, ¿con qué moral ese funcionario discute con la compañía que ha tenido tan delicadas atenciones con el funcionario, que le ha endulzado la vida? ¿Es correcto que los hombres que en este país representan a este pueblo en el extranjero se comporten de esa forma? ¡No!

 No vamos a fusilar a esa gente, no; en otros sitios los han fusilado, pero de verdad que lo que debemos es fusilar el vicio, porque en eso hay muchas responsabilidades. Todos tenemos responsabilidades, ¡todos! Tomar conciencia de esos vicios y erradicarlos es lo que corresponde hacer, y algunos pepillitos de estos mandarlos al Servicio Militar Obligatorio (APLAUSOS), o mandarlos a la agricultura, sean quienes sean y llámense como se llamen (APLAUSOS). ¿Privilegios en el seno de la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); ¿derechos feudales en el seno de esta Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); ¿apellidos en el seno de esta Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Pues bien, luchemos contra eso y habremos sacado el más saludable fruto de esta experiencia amarga.

 Tenemos a unos cuantos señores arrestados. No les va a pasar nada, nadie se asuste; simplemente estamos investigando algunas irregularidades, algunas inmoralidades, algunas faltas que están sancionadas por el Código Penal. ¿Viciosos en el seno de la Revolución? ¡No! Porque, en todo caso, lo mandamos a un hospital para que lo curen; si está loco, a un manicomio, pero que no estorben. Hay mucho que hacer, hay mucho que trabajar.

 ¿Guapos por la calle? ¡No! Si son guapos haremos boxeadores con ellos, o algo por el estilo, a ver si, no sé.

 Y les advierto que esta es la atmósfera capitalina, estos vicios son capitalinos. Una ciudad grande tiene las características de una ciudad grande. Estos vicios no son propios de las capitales de provincias, son propios de nuestra capital. ¿Qué lo ha alentado? Cierta impunidad, cierto historial de quienes han sido genuinos representantes de esos vicios.

 Y ha llegado la hora —como decía—, sin matar un mosquito, de ponerle fin a todo esto. Y, desde luego, le pondremos fin sin violencia. Habrá que, desde luego, en algunos casos interrogarlos, hacer investigaciones, hacer ciertas inquisiciones, y las estamos haciendo.


 (Fragmento) Discurso de Fidel Castro en la conmemoración del IX aniversario del asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1966.Fotogragía: René Burri (1963). 


domingo, 11 de julio de 2021

domingo, 4 de julio de 2021

Martí y Lenin




 Alfonso Camín: "Martí y Lenin", La Libertad (Madrid), 26 de abril 1928, p. 3.