miércoles, 17 de abril de 2019

De Salomón a Brull y de Brull a Salomón





FLEUR D' OR
                      For Señor Mariano Brull

Life is a flower
Petalled with gold,
And, as each hour
In the bells is tolled,
And shadows crawl
From the setting sun,
The petals fall
One by one.
  

TO A YOUNG POET

                                    A Mariano Brull

Before Life’s altar that the fates have wrought
of iron and of granite and of gold,
open the bowels of your whitest thought,
and there your luted letanies be told.

And there the vintage of your love be spilt;
and there the incense of your days take fire,
before Life’s altar that the fates have built
of hope and hunger sadness and desire.

For she is wrathful, fond of sacrifice
and jealous as the Jewish god whose name
became a sword of fire in Paradise
and in the desert a huge cloud aflame.

And she is fair, as the Sultanas are
in Eastern tales, and on her forehead glows
a diadem of gold that holds a star
of opal glamour, petalled like a rose.

A day shall come (and for that day prepare!)
when he whose roseal feb trod on the sea
shall sit beside these goddess dreadly fair
and wed her pride to His humility,

and the thought you will have a sacrificed,
the wine you will have spilt, and your burnt days,
shall be returned to you the Lord Christ
blessed with His blessing, filled with His sweet grace.

And you will dwell with the enthroned twain,
and yours will be the opal flower that glows
of Life’s gold diadem, the star of pain,
the dream-perfuming, everlasting rose!


El REGALO DEL ÁNGEL
                                                                          A Salomón de la Selva

El ángel vino a mí con el orto del día;
era blanco y luciente como hostia al azar;
traía manchas pálidas de la rosada aurora;
y el iris fulgurante del postrimer rocío.

Llegóse a mí en silencio, y se inclinó con gracia
candorosa; sus rizos volaron en el aire;
sus manos se juntaron en ademán de gracia,
y hasta mi ser llegaron los dones celestiales.

Yo te recuerdo, ángel: tú eres el mismo, aquel
a quien recé en las noches lejanas de mi infancia.
¡Cuántas veces me dije de regalo tus dones:
un sueño sosegado, y una quietud de alma…!

El ángel que a los niños regala dulces sueños,
blanco y luciente, como una hostia al azar,
me llenó de una clara alegría de cielo,
me dio un sueño de niño, y una paz suave y blanca.



 "Fleur d' or", en  Tropical town an other poems (Londres y Nueva York, John Lane and Co., 1918); “To a young poet” y “El regalo del ángel”, en La casa del silencio (Madrid, M. García y Galo Sáenz, 1916).



sábado, 13 de abril de 2019

Salomón de la Selva traducciones



 “Pajaritos de barro” es una auto-traducción del inglés, publicada en Repertorio Americano el 15 de marzo de 1921. "El halconero" es un fragmento de "El halconero de Dios" de William Rose Benet (confundido crasamente con el compositor y pianista inglés W. S. Bennett) que apareció en el Diario de la Marina el 22 de enero de 1928. “Jamás ha de ser” y “Me dejó el amor” de Edna St. Vincent Millay -el segundo traducido por Pedro Henríquez Ureña-, aparecieron en el dossier que el Suplemento del Diario de la Marina dedicara a la poesía norteamericana el 11 de julio de 1927.  

viernes, 12 de abril de 2019

Profesión de Salomón de la Selva

   


 Ernesto Cardenal


 Aunque Salomón de la Selva además de pertenecer al número de nuestros mejores poetas ha ocupado también un alto puesto en la literatura norteamericana, sin embargo es muy difícil presentarlo debidamente al público por ahora. Un retraimiento proverbial y una publicación muy escasa desde hace más de veinte años, lo hacen, tanto en su persona como en su obra, casi inaccesible.
 Nació en León en 1893, y su carácter profundamente exódico se revela ya a los trece años con su primer viaje a los Estados Unidos. Un segundo viaje a los diecinueve lo lleva más lejos aún; incorporándose ya a la lengua inglesa con sus primeras poesías. Entre los tres poetas de León que representan la sucesión más inmediata de Darío (Cortés, Pallais y Salomón de la Selva), tal vez sea este último quien al mismo tiempo está más cerca de la siguiente generación, la de Vanguardia, que trajo una poesía más nueva y representada también en Granada por otros tres poetas. Casi toda su poesía -al menos la que se conoce- está circunscrita a los años de la primera guerra mundial, años de transición entre una literatura y la otra. Desde esta guerra Salomón es a manera de puente entre las dos generaciones, haciendo la conexión entre Darío y los últimos. Precisamente a las puertas de esa guerra, su viaje de ida coincide en Nueva York con otro viaje de vuelta: el de Darío, que iba, ya exhausto, buscando la ciudad de León. Allí Salomón le muestra sus primeros poemas a Darío, cuando ya éste había recitado los últimos en la Universidad de Columbia. Darío se fue de los Estados Unidos pidiendo la paz, mientras Salomón se quedó para cantar la guerra. Un mismo mundo terminaba para el uno y comenzaba para el otro. Mientras en su poema a Nueva York, Rubén ya sólo había sabido poner una palabra: "Dolor, dolor, dolor", Salomón cantaba en inglés un nuevo día Panamericano: the new day dawned, o haciendo eco del mismo antiguo universalismo de Darío.

 "Watching to see, over the hills of New England,
  The rising ofthe universal moon".

 "Aguardando ver sobre las colinas de New England,
 La salida de la luna universal".

 Muy pronto en la Catedral de León a Alfonso Cortés y Atarías Pallais les tocaría hacer su iniciación literaria en las exequias de un gran poeta. Mientras tanto en ese mismo año Salomón publicaba en Nueva York las traducciones de ese poeta al inglés y sus propios poemas, y con un optimismo juvenil decía a la nueva generación de los Estados Unidos, recordando tal vez esas exequias de León: 
   
   …. that is my country,
   My Nicaragua, mother of great poets!"

 Con su primer libro, Tropical Town, publicado en 1918, Salomón ingresó a esa nueva generación literaria norteamericana que había nacido de la guerra; perteneció a círculos de buenos poetas, como el de Edna Sto Vincent Millay, y su nombre era incluido en las nuevas antologías. Había estudiado en Cornell. Sus poemas fueron publicados en muchas de las mejores revistas literarias del país, entre otras: Century, Harper's Monthly, Contemporary Verse, de Filadelfia; Poetry, la revista de Harriet Monroe de Chicago; World Tomorrow, Militia of Mercy y Pan American Poetry (revista esta última de la que él fue fundador y director, y que se publicaba bilingüe, en inglés y español).
 Aunque Tropical Town no pertenece por el idioma a la poesía nicaragüense, el nombre y el recuerdo del país están siempre presentes en sus poemas, unidos a veces al de New England, por la que el poeta sintió en un tiempo una ternura filial. Desde este nuevo clima, Salomón recuerda la ciudad tropical -León- con sus calles empedradas; el parque provinciano con su banda municipal, que toca los domingos; el cementerio y los fantasmas de las viejas casas; el campanero ciego de la Catedral, cuyas campanas una y otra vez resuenan con insistencia en sus poemas, con una inquietud y un temor religioso que nos recuerdan los de Rubén; los patios andaluces y las guitarras. A veces ponía, también en inglés, y con mucho éxito, pequeñas canciones folclóricas o poesías infantiles nicaragüenses que adquirían en la otra lengua un brillo poético inusitado. He aquí la ciudad:

  "Blue, pink and yellow houses, and, afar,
  The cemetery where the green trees are.

  Sometimes you see a hungry dog pass by,
  And there are always buzzards in the sky.
  Sometimes you hear the big cathedral bell,
  A blindman rings it; and sometimes you hear
  A rumbling ox-cart that brings wood to sello
  Else nothing ever breaks the ancient spell
  That holds the town asleep, save, once ayear,
  The Easter festival...

  I come from there,
  And when I tire of hoping, and despair
  Is heavy over me, my thoughts go far,
  Beyond that length of lazy street, to where
  The lonely green trees and the white graves are".

  "Casas de azul, rosa y amarillo, y a lo lejos,
  El cementerio, donde los verdes árboles están.

  A veces veis un perro hambriento pasar,
  Y hay siempre buitres en el cielo.
  A veces se oye la gran campana de la catedral,
  Un ciego la toca, ya veces se oye
  Una resonante carreta que trae la leña a vender.
  Nada más rompe el antiguo encantamiento

  Que mantiene la ciudad dormida,
  Salvo, una vez al año, por Pascua Florida... 
                                                          Yo vengo de allá,
  Y cuando me canso de esperar y la desesperanza
  Pesa sobre mí, mis pensamientos lejos se van,
  Más allá del final de la perezosa calle, a donde
 Los solitarios verdes árboles y las blancas tumbas están".

 Más adelante estas evocaciones fueron empañadas por la amenaza de la guerra. El poeta comienza a mirar cielos oscuros; el invierno ha empezado demasiado pronto en New England ese año, nos dice. En la primavera de 1917 lo vemos en un poema hacer entrenamientos militares en William College. El eco de estas marchas, de una juventud en guerra, se prolonga después hasta 1922 con la publicación de su segundo libro de poemas, ahora en español, en Méjico: El Soldado Desconocido, con portada de Diego Rivera.
  

 Continuando su destino cosmopolita, los poemas de este soldado vienen ahora de Flandes, el mismo que Pallais había visitado hacía poco por otros caminos y desde donde había seguido firmando todos sus versos desde entonces. Aunque el poeta afirma en el prólogo haber estado realmente en la guerra ("Explico que tuve la buena suerte de servir, voluntario, bajo la bandera del Rey Don Jorge V...") las fechas de los poemas de su libro anterior difícilmente dan lugar a que se le crea. Esa poesía, además, aunque a menudo realista, produce cierta impresión general de autobiografía ficticia. Flandes es para él una tierra confusa, llena de lodo y podredumbre, a menudo borrada por el humo y los gases y oculta por secretos militares. Su primer desembarco ha sido vagamente "en Bélgica o en Francia". En esa misma vaga tierra de nadie ("en Flandes o en Francia"), dice en el prólogo que han desenterrado al Soldado Desconocido, un soldado también de nadie. "Es barato y a todos satisface. No hay que darle pensión. No tiene nombre. Ni familia. Ni nada. Sólo patria". En sus poemas el poeta se asemeja también a ese soldado fantasma, en quien lo único verídico parece ser el recuerdo de su tierra. Con volubilidad juvenil canta lo mismo a la guerra que en contra de la guerra. El enemigo, siempre invisible, parece irreal y su novia que recuerda con el brillo de las bayonetas, tan irreal como el mismo enemigo.
 Hay un extraño sentimiento de vergüenza, casi enfermizo, que prevalece en toda esta poesía. El asco es su tema frecuente; el olor de la humanidad que no es a rosas y el no haber encontrado nunca el Jardín de Pieria; la presencia de lo sucio en todos sus sueños de belleza ("Cómo poder soñar contigo que eres bella...") o aquel temor a un beso póstumo de su novia:

   “¡No quieras que me tenga asco
    cuando me bese la boca!".

  En un estudio sobre Joaquín Pasos, Pablo Antonio Cuadra señalaba también lo feo como un elemento de la poesía de Joaquín; aunque éste, a diferencia de Salomón, recurría a la risa y al humor como una forma de escape. Esta risa de escape, Pablo Antonio Cuadra la encontraba característicamente nicaragüense y la ilustrada con una fábula profundamente nacional: el Pájaro del Dulce Encanto. Este pájaro, de nombre indiscutiblemente poético, cuenta la leyenda que se convierte en excremento y el pueblo lo usa para burlar la candidez de los niños, haciéndolos soñar por un momento con él. La broma de esta sucia ave es la expresión más exacta del pueblo nicaragüense, uno de los más desengañados que se conoce y de más sucio y burlesco vocabulario. Y precisamente sobre este punto hay un detalle muy significativo en un poema de Salomón: Enumerando una serie de pájaros míticos, como el faisán, el fénix y el quetzal de Guatemala, cita entre ellos también el Pájaro del Dulce Encanto de Nicaragua. Evidentemente, el poeta nunca supo -o lo olvidó después, que es más probable- el desenlace de la fábula. De la misma manera, cuando ese Dulce Encanto se le deshace en la realidad, ha olvidado también reír.
   Salomón desentierra al Soldado Desconocido en los campos de batalla para cantar en ese cuerpo, que no importa de quién sea, el sufrimiento humano. Ese cuerpo que después es erigido en monumento, en un ataúd bien cerrado, "para que no se escape ningún mal olor", según sus propias palabras. En la indignación con que él quiere reivindicar ese sufrimiento parece oírse el eco de un inmenso ejército de esqueletos que Carl Sandburg vio marchar a lo largo de Pensilvania Avenue, un día que celebraban la ceremonia del Soldado Desconocido:

    "The honorable orators,
    Always the honorable orators,
    Buttoning the buttons on their prinz alberts,
    Pronouncing the syllables "sac-ri-fice',  
    Juggling those bitter salt -soaked syllables-
    Do the ever gag with hot ashes in their mouths?
    Do their tongues shrivel with a pain of fire
    Across those simple syllables 'sac-ri-fice'?"

   "Los honorables oradores,
   Siempre los honorables oradores,
   Abotonando los botones de sus príncipe-albertos,
   Pronunciando las sílabas 'sa-cri-fi-cio',
   Haciendo trampas con esas amargas sal -empapadas sílabas-
  ¿Alguna vez sienten asco con cenizas calientes en sus bocas?
   ¿Se retuercen sus lenguas con un dolor de fuego
   A través de esas sencillas sílabas 'sa-cri-fi-cio'?"

   En el prólogo de El Soldado Desconocido el poeta había dicho que él mismo pudo haber sido ese soldado. Y realmente, después de la publicación de su libro parece que él ha querido desaparecer al igual que ese soldado se había desvanecido en la guerra. El conocimiento que tenemos de él, por tanto, es tan sólo el de su poesía de juventud. Conocimiento incompleto, como una fotografía de juventud que la revista neoyorquina Bookman publicara de él en 1918, considerándolo entre los nuevos poetas que salían de la guerra y una esperanza en la literatura de los Estados Unidos. Su poesía apareció al final de una época y desapareció al comienzo de otra, en 1922, precisamente el año más fecundo en el nacimiento de nuevos poetas en la historia de Hispanoamérica.
  En 1933 fundó y dirigió en Panamá un semanario bilingüe, Digesto Latinoamericano, en compañía de Carleton Beals, famoso periodista norteamericano cuyo nombre anduvo mucho tiempo unido al de Sandino, siendo el único reportero extranjero que entrevistara al rebelde nicaragüense. El y Salomón de la Selva fueron defensores de Sandino, tanto en la prensa hispanoamericana como en la de Estados Unidos. Después ha pasado a vivir a Méjico, rodeado de la más misteriosa oscuridad, donde desde hace poco algunos han creído ver en él, detrás de esa oscuridad, una fabulosa influencia política. Sus publicaciones en revistas mejicanas han sido sumamente escasas, aunque se sabe de muchas obras suyas en prosa y verso que están ocultas o han sido perdidas.
  Su reclusión tal vez se deba a ese extraño sentimiento de culto a la vergüenza que se trasluce en El Soldado Desconocido y que vemos aparecer, más tarde, a través de la Sonata de Alejandro Hamilton. En un poema de escaso valor literario sobre el presidente Roosevelt, significativamente titulado Defensa del Pudor (publicado en pudorosa edición de 50 ejemplares), el poeta descubría también una vergüenza secreta y un insospechable rubor en el poderoso Presidente con motivo de su parálisis. Tal vez esta sea la causa de su extraño silencio, la misma por la cual calló su profesión de poeta, cuando al entrar en el ejército a cada uno le preguntaban la suya:
     "Decirlo
      Me daría vergüenza".
  Salomón de la Selva no nos dice finalmente qué profesión reveló él cuando entró en el ejército. Tal vez no reveló ninguna. Pero su profesión era, no cabe duda: El Soldado Desconocido.

   
   "Salomón de la Selva"[1949], El viaje a nado. 1980.


miércoles, 10 de abril de 2019

Soneto que escribió Salomón de la Selva

                                                                                   Social, 1922

lunes, 8 de abril de 2019

Las yeguas de Glauco

 
                                 (Esquilo)

 Por muchas vueltas que le des al mito,
su sentido no cambia,
sea que Glauco aleccionó a sus yeguas
a comer carne humana
y cuando les faltó lo devoraron,
sea que no por hambre enloquecieron
sino de haber pacido
hierba no acostumbrada, maldecida,
o colmado la sed a grades sorbos
de abrevadero mágico,
sea por fin, de modo
más claro, que Afrodita vengativa
(porque Glauco pensaba
que teniéndolas vírgenes más bellas
crecerían) de furia
les inyectó los ojos y los dientes.

 Prudente yo, a mis bestias
no de otra manera domeñables,
les doy a tiempo
lirios de largo tallo y rosas,
con miel, de carne tierna.



sábado, 6 de abril de 2019

Salomón de la Selva



 Pedro Henríquez Ureña

 Cartas recientes me anuncian que Salomón de la Selva ha sobrevivido a la Gran Guerra. Son tantos, aun para quienes hemos nacido en países que no tomaron parte en el conflicto, los amigos y los conocidos que han muerto, o de quienes no se tienen noticias aún, que cabía abrigar temores sobre la suerte del poeta.
 Salomón de la Selva se había alistado en el ejército de Inglaterra a mediados de 1918, cuando acababa de publicar su primer libro de versos en inglés. Desde mediados de 1917, estaba pronto a entrar en filas, a pelear en la guerra justa: en el training camp había conquistado el derecho a ser teniente; pero el ejército de los Estados Unidos se mostraba reacio a admitirlo si no adoptaba la ciudadanía norteamericana, y el poeta declaró que no abandonaría la de Nicaragua. Al fin, hastiado de gestiones inútiles, se alistó como soldado en el ejército de Inglaterra, patria de una de sus abuelas. Después del aviso de su llegada a Europa, las noticias faltaron durante meses; ahora sabemos que se halla cerca de Londres, y que de cuando en cuando visita los centros de reuniones literarias, donde se le acoge con interés.
 Salomón de la Selva nació en León de Nicaragua, hace poco más de veinticuatro años. Cuando contaba doce, llegó a los Estados Unidos, y bien pronto, con rapidez infantil, adoptó el inglés en lugar del castellano, como lengua para sus incipientes ejercicios literarios. Durante unos cuatro años, leyó a los poetas ingleses. Y escribió, escribió torrencialmente. Regresó a Nicaragua; recobró el terreno perdido en su idioma natal; pero el ajeno le era ya más familiar, irrevocablemente, en el orden literario. En 1912 se halla de nuevo en los Estados Unidos, y no los abandona hasta que la pasión de la justicia lo lleva al ejército de los aliados.
 Le conocí en 1915, cuando la revista The Forum, de Nueva York, acababa de aceptarle para la publicación de su Cuento del país de las Hadas. Por primera vez una composición suya aparecía en una revista de importancia.
 Poco después no unimos para realizar pequeñas reuniones a que asistían hombre de letras de las dos Américas. Allí, si no me equivoco, comenzaron los del Norte a poner atención en la poesía rotunda y pintoresca de Chocano, cuya visión externa del Nuevo Mundo es la más rica que hoy existe, en verso castellano o en verso inglés. Entre los poetas norteamericanos, amigos de Selva, se contaban ya Thomas Walsh, pulcro y cultísimo, ameno conversador, lleno de anécdotas sabrosas: William Rose Benét, el místico del Halconero de Dios, con su moderación de modales y su elevación de ideas; el sencillo y sonriente Joyce Kilmer, caído luego en tierra de Francia….
 Después, Selva tuvo muchos amigos literarios, desde los pontífices cuya opinión consagra hasta los principiantes que admira; estuvo de moda en los cenáculos; el decano de las letras norteamericanas, Howells, le dedicó caluroso elogio, sin conocerle personalmente, desde la tribuna del Harsper’s Magazine. En fin, hasta causó extraña conmoción, en una solemnidad panamericana, atreviéndose a decir verdades duras en presencia de Roosevelt. (….)
 El primer libro de versos de Salomón de la Selva, Tropical Town and Other Poems, sorprende por su variedad de temas y de formas. Hay quienes se sienten desorientados entre tanta riqueza, y no saben dónde hallar el hilo de Ariadna para el laberinto. A esos podría atormentárseles diciéndoles que aún hay más, mucho más, en la obra de Salomón de la Selva –otros temas y otras formas que no hallan cabida en el volumen-, y que, desde luego, hay más, mucho más, en su personalidad.
 Para mí, la fuerza de unidad que anima su obra está en el delirio juvenil que se apodera del mundo por intuiciones rítmicas, intuiciones de color, de forma, de sonido, de fuerza, de espíritu: todo se inflama bajo su toque.
 Pero no es exclusivamente intuitivo, sino que posee cultura poética, honda y gran caudal de recursos artísticos. Según el consejo de Stevenson –incomparable maestro de técnica literaria-, se ejercitó en todos los estilos: le he visto ensayar desde la lengua arcaica y los endecasílabos pareados de Chaucer, hasta el free verse de nuestros días.
 No en vano dije que hay en su obra más de lo que revela su primer libro, cuya mayor parte puede encerrarse dentro de las normas del siglo XIX. Hasta ahora, en verdad, cabe decir que Selva no se ha decidido a romper con el siglo XIX: el marco de sus inspiraciones comienza generalmente en Keats y Shelley y llega hasta Francis Thompson y Alice Meynell. Diríase que espera dominar su forma antes de lanzarse de lleno a las innovaciones: su buen gusto así nos lo haría esperar (…).
 Su poesía se distingue ya, en el país donde comenzó a escribir, porque posee elementos que no abundan en los Estados Unidos: imágenes delicadas y música verbal. La imaginación norteamericana propende al realismo, a las concepciones claras y sin ornamentación: cuando se exalta, tiende a lo vasto sin contornos, como en Emerson, como en Whitman, como ahora en Sandburg o Lindsay. Fuera de Poe, apenas hay imaginativos, sino de grandes magos del ritmo. En cambio, Inglaterra es patria, no sólo de grandes poetas imaginativos. En Inglaterra, pues, mucho más próxima que Norteamérica a la cultura y a los gustos latinos, encontrará Selva el campo propio para su desarrollo ulterior.
 He discurrido ya tan largamente en torno de su obra, que apenas me queda espacio para dar idea de sus temas. Desde luego me aventuro a afirmar que el primer deber literario de todo hispanoamericano que sepa inglés es leerle; el segundo deber será traducirle: lo cual no sería favor, sino gratitud, porque Selva ha vertido al inglés a no pocos de nuestros poetas.
 La parte más interesante del libro es, para nosotros, la sección Mi Nicaragua, colección de acuarelas sorprendentes por lo delicadas y justas (…). Las otras secciones tienen menos cohesión: hay paisajes de la Nueva Inglaterra, madre espiritual de los Estados Unidos; hay versos de ira y de amor para la tierra en que escribía sus versos ingleses (¡oh Rubén Darío, autor a un tiempo mismo de la Oda a Roosevelt y de la Salutación al Águila!); hay canciones inspiradas en canciones populares o en las rimas infantiles de su hermana; hay poemas inspirados por obras de arte –Bach, Giorgione, Cellini-; hay creaciones de fantasía que se agita “en danzas etéreas”, como el encantador Cuento del País de las Hadas; hay salmos de amor ideal y hay gritos crueles sobre el hambre y el odio. Y todo lo ha vivido el poeta. Él lo dice: “He de vivir las canciones que canto para salvarlas de la muerte” Si, aunque “el decir las cosas bien” aparezca como signo de artificialidad a los ojos de los superficiales. Es verdad. Todo lo ha vivido el poeta.


 El Fígaro, Año XXXVII, Número 12, 6 de abril de 1919. Recogido en La Utopía de América, 1989, pp. 390-93.



jueves, 28 de marzo de 2019

Iconografía del Hotel Telégrafo


 “The Telegraph Hotel”, “El Telégrafo”, en su original emplazamiento en la calle Amistad, frente al Campo de Marte y los terrenos del ferrocarril. Fotografía de Charles DeForest Fredricks, realizada, según Robert M. Levin, en 1857. Con más probabilidad, en 1860, durante la inauguración del Hotel. 

   Otra vista del mismo acontecimiento  
  
     
 Según The Stranger in the Tropics, una de las primeras guías turísticas de Cuba (1868), el Telégrafo era el hotel más confortable de la ciudad y el único construido con tal propósito. De un vistazo sabemos quién era el propietario: un catalán llamado Juan Miguel Castaneda; qué sitios de interés lo circundan: el Campo de Marte, la Estación de Villanueva, los famosos cafés Marte y Belona y Flor del Valle; y que ofrece servicio “at all hours” en varias lenguas: inglés, alemán, francés y español                           
 Una manifestación integrista delante del Hotel Telégrafo hacia 1868


 Otra interesante guía, la Norton's complete hand-book of Havana and Cuba (1900), ofrece esta habitación que asegura bien iluminada y a resguardo de moscas y mosquitos


¿Finales del XIX?


 Desde el arbolado del Paseo del Prado, con escena callejera y anuncio al fondo de La Vizcaína

                        

 En tiempos de Valenzuela. Con los kioskos emplazados en cada esquina

                               

 Desde el Parque Central, tras las ramas y el quiosco esquinero. A la derecha, un agente de las brigadas de limpieza 

                             

Mismo quiosco, otro ángulo
                                  

 Detrás de las matas 

                           

  Según Cuba y América, hacia 1906


Antes de la reforma de 1911


Sus dueños. En su mejor momento 

                                 

Con su habitual anuncio en inglés






Hacia 1930. Chocolate ambrosía. Con sus altos lumínicos


Bien al fondo. Circa 1932


Al fondo, con el Sevilla delante


Los portales, treinta y pico


Desde el Prado, estatua de Manuel de la Cruz por delante 


Tranvía lleno y trasiego elegante


En plenos cincuenta


Cuchilla que cercena o viento huracanado


El pueblo celebrando el triunfo para Life


Tapiado. El largo eclipse