miércoles, 14 de agosto de 2019

Lezama en su casa de la calle Trocadero





 Heberto Padilla


 Hace algún tiempo
como un muchacho enfurecido frente a sus manos atareadas
en poner trampas
           para que nadie se acercara,
nadie sino el más hondo,
nadie sino el que tiene
           un corazón en el pico del aura,
me detuve en la puerta de su casa
para gritar que no
           para advertirle
que la refriega contra usted ya había comenzado.
Usted observaba todo,
imagino que no dejaba usted de fumar grandes cigarros,
que continuaba usted escribiendo
            entre los grandes humos.
¿Y qué pude hacer yo,
             si en su casa de vidrios de colores
hasta el cielo de Cuba lo apoyaba?



lunes, 12 de agosto de 2019

23 y 12


 Fayad Jamís

 En la mañana, al mediodía o en la tarde, si estás cerca de 12 y 23, en El Vedado (o si avanzas por la avenida 26 o por Zapata) puede sorprenderte un cortejo que se desliza silencioso hacia las puertas del cementerio de Colón. En 12 y 23 puedes contemplar las más hermosas muchachas de La Habana, o detenerte en una florería o en una tienda de objetos de mármol en los que esculpieron nombres y orlas y frases de una eterna ternura, que los muertos nunca leerán y los vivientes no comprenderán y el olvido se tragará solemnemente bajo el sol.

 Una calle viene desde el mar y se pierde lejos, lejos, en el campo. Una calle viene desde el mar y se pierde lejos, más lejos, en el cementerio. Dos calles que se golpean cortándose bajo la luz, en El Vedado. Si quieres nos sentamos a la espuma de algún café, fumemos y aticemos nuestros ojos en la fiesta del verano.  Mira qué buena está la rubia. Mejor está la negra.  Qué nalgas las de aquella que se quedó mirándose al pasar por el espejo. Qué vulgares somos, criaturas al sol de las Antillas, pasamos del mito del Doctor Fausto, de un tiempo voraz tragándose al tiempo, a estas cosas primarias en que se oxida nuestro barro: la luz devora nuestros huesos, nos cagamos en la cultura occidental, en la oriental, en los grandes poemas épicos, en los pactos con el demonio, en los platos de frijoles sintéticos y en las ruinas de Babilonia.  Pobres engendros antillanos, güijes orejudos, rostros pintarrajeados de blanco, de negro, de amarillo, de azul, de verde, de rojo: carameleros, albañiles, electricistas, locos y poetas. Aquí nos reunimos a veces, hablamos hasta por los codos (incoherentes como chivos discutiendo a Pitágoras en una sala de espera). Nos asomamos al porvenir, reímos y orinamos la cerveza que es como el tiempo que nos envuelve, el tiempo en que hemos crecido hasta ser lo que somos y hasta que el tiempo  es un poco de lo poco que somos.  ¿Para qué hablar de estas cosas? No sabemos hablar en serio. Todo lo tiramos a relajo, menos el relajo y la lluvia, menos las diferentes maneras de asombrarse ante las maravillas que chisporrotean en cada esquina de la vida.

 ¿La vida? ¿Los relámpagos? ¿De qué hablan los diarios? ¿De crímenes pasionales?  ¿De la carrera armamentista? ¿De la poesía del subdesarrollo? Alquilo Cadillac negro. Lujosísimo. ¡Más barato nadie! 30-5352. Mudanzas aseguradas. Cajas especiales. Personal responsable. 22-6191. Sillón ruedas, compro cualquiera; vendo, alquilo. Tel. 195, Guanabo. Traje novia nuevo. San Juan de Dios No. 63, Habana-Compostela. Vendo perritas chinas 6 meses. Informes: 80-0757. Carmita. Vendo smoking nuevo, paño primera. Milagros Este 60, Lawton. Haga felices sus niños. Payaso «Risita». Piñatas, cumpleaños. 9-8104. Recetarios, facturas, tarjetas bodas, bautizo, misarios. 61-2663. Solicito doméstica española. Sueldo $60.00 Águila 559, apto. 14. Reparamos dentaduras rotas al momento. Oquendo 311, apto. 8. 70-2243. Poeta de inframundo vocea titulares de periódicos. Pone lágrimas, cólera, esperanza. No interesa cobrar ni siquiera cucharada de sopa. Sólo pide un poco de atención: Admite el New York Times los éxitos de las FAL. Ataca artillería tres bases yanquis.  Supera fábrica de Regla récord de producción diaria de fertilizantes. Combaten de nuevo los árabes e israelíes. Se acusan ambas partes de haber iniciado el Callonco. Visitó Fidel círculos de interés científico. Charló extensamente con los alumnos y mostró gran interés por el avance de los estudios realizados con los cítricos. Habla Goldherg de paz mientras el Pentágono pide la «guerra total». Defienden derecho a la vivienda. Rechazan agresión policíaca a jóvenes negros en Columbus.

 Todas estas noticias son del viernes 22 de setiembre de este año 1967. Son noticias del mundo en que vivimos, del mundo en que soñamos y comemos, noticias del mundo en que nos pudrimos y luchamos. Leo todo el periódico y trato de archivarlo en las gavetas de mi alma pero ahora descubro que están llenas de materias que no caben en los periódicos. Entonces tomo este ejemplar y lo lanzo desde la ventana y me quedo mirando cómo vuela y se aleja croando sobre la ciudad.

 Desde mi mesa miro a la madrugada deshaciéndose en las luces de 12 y 23. Un borracho llora a carcajadas, los ómnibus se sientan para que suban los obreros. Uno va fumándose un periódico, se entera de las mierdas que ocurren en Brasil, en Argentina. La madrugada desciende en hilos muy delgados. Tómate un chocolate y medita en los fuegos de tu ciudad, sigue despierto, llama por teléfono, despierta al azar una ventana y grita que ya es de día de día de día de día de día de día. Una calle viene desde el mar y se pierde entre dos filas de árboles. Una calle viene desde el mar y se pierde entre muros de cal amarillenta, baja por los mármoles de las fosas, se pone a conversar con las cenizas. Estamos en 12 y 23, donde las calles se cortan con hachas y espejos. Entras en las caras, en las puertas. Las paredes murmuran CON LA GUARDIA EN ALTO. Ya no quedan limpiabotas en las esquinas.  Los políticos se tragaron sus dientes (MONGO TU CANDIDATO VOTA POR EL 9 SOY UN HOMBRE HONRADO CHANO REPRESENTANTE). Te asomas a las vidrieras, te detienes ante un maniquí, una botella o un ramo de rosas.

 Un ramo de rosas para Jacinta 
que estará preocupada por mi silencio.
Un ramo de rosas para mi niña Eunice 
que obtuvo 100 en los exámenes.
Un ramo de rosas para Andrés 
que se enfermó en el trabajo voluntario.
Un ramo de rosas para Stella 
que no sabe cuántas letras tiene mi nombre.
Un ramo de rosas para ti 
que soportas mi eternidad y mis planetas.
Un ramo de rosas para que me recuerdes 
mientras dure tu viaje.
Un ramo de rosas, un jarrón de rosas, 
un grito de rosas, un rayo de rosas.

 En este rincón del mundo también hubo hombres que se pudrieron de hambre. Hay perros que mean en cualquier esquina, ruidos que intentan fulminar la soledad. Hay ese anuncio que nos canta SOROA ARCOIRIS DE CUBA, un trapo que el viento arrastra calle abajo, hacia el mar. Estoy de pie sobre los restos de un corral dc reses degolladas en 1594 o en 1621. Estoy de pie sobre una tumba anónima, sobre un collar de vértebras parpadeantes. Estoy de pie sobre las cenizas de un feto, sobre el recuerdo de un portal en que dos amantes hicieron el amor a la luz de una luna entonces misteriosa. Bajo mis pies chillan gatos y culebras, caracoles y látigos, se extiende una tierra húmeda, la tierra fértil de mi patria regada de excrementos y sudores y músicas.

 Es muy difícil expresar todo esto con la vieja lengua que se consume en mi boca. Preferiría otros instrumentos, Un hocico electrónico, un nuevo sistema de señales, una garganta a la altura de la época para gritar penetrar murmurar calcinar cantar sollozar sondear fulminar. En 12 y 23, no entre los anuncios lumínicos de Tokio, lejos de donde Goethe hubiera goteado las gotas de su sabiduría. (Aquí no hay catedrales góticas y nunca nos hemos visto en la sagrada necesidad de devorar a nuestros gatos.) La filosofía nos queda como una camisa de once varas. Dicen que es culpa del calor, del sexo, de los mil hechizos antillanos.  Otros opinan que la causa es la pobreza. Mejor nos queda el río de la imaginación, la precipitación, la pasión. Mejor nos queda esta humilde camisa con la que avanzamos hacia nuestra definitiva liberación.

 Ayer me .miraste y sentí que mi alma empezaba a gotear y evaporar una miel del color de tus ojos. Fue sólo una mirada pero lo suficiente para que se encendiera la llama de mi amor. Tienes que creérmelo.  Estos dos corazones atravesados por la misma flecha son el tuyo y el mío: esta postal te anticipa lo que será de nosotros cuando regreses a La Habana y me digas que sí.  Piensa en mí un momento y ven pronto, pronto. No le niegues la razón de vivir a quien se muere de amor por ti. Juancito.

 Se despidió quitándose el sombrero. Hizo mutis por el foro. Sólo dijo una frase: «Después de mí el diluvio, las guitarras eléctricas del Juicio Final.» Fue una buena persona, una bellísima persona  que nunca le hizo daño a nadie. Devoró dignamente su ración de carroña, cometió unos pocos crímenes de escaso relieve, viajó por algunos de esos países que sólo aparecen en los mapas roídos por la humedad, trabó amistad -a su modo discreto y cortés- con muchos hombres célebres a los que recordó muy sonriente en el preciso instante de dejarnos a Matías Pérez cómodamente sentado en una nube del cielo de La Habana, a André Bretón dándole patadas a su blanco perro sarnoso, y a tantos otros personajes que podrían llenar una ciudad tan grande, luminosa y tranquila como el cementerio de Colón. Su fin fue modesto y solemne. Cumpliendo sus deseos, no hubo discursos ni coronas, ni pésames siquiera. Sólo una mujer -una desconocida, creo- lloró al ilustre coleccionista de momias de ahorcados que no conocieron el amor.

 En 12 Y 23, en El Vedado, te golpea el tufo de comidas que los dioses ignoran, las excavadoras rompen un pedazo dc calle y una tierra roja se abre como una herida. La multitud avanza presurosa, hay mirones clavados en las aceras. Te detienes a contemplar esos carteles hermosos como dragones antillanos devorando helados de fresa. En 12 y 23, un olor a pan te recuerda el sabor de los senos de aquella mujer que una noche te dijo mi alma mi vida mi corazón mi cielo mi niño mi amor. Navegaste lejos en sus huesos y más tarde la viste alejarse dando saltitos  como una tojosa bajo la llovizna.

 Qué febrilor devoras en estas tardes grises. Qué grisor enamoras con tus cuatro narices. Va a llover y te pones un poco sentimental y semental, te alimentas de deseos insatisfechos, de jugosas violencias, de labios sobre los que triunfa tu ansiedad. Cada vez que miras hacia el cielo, derribas siete auras tiñosas. Confiesa tus envidias, tus temores, tus ideas ofidias, todos tus desamores, resquemores, venganzas y olvidores. Lava tus pequeñas miserias humanas, tus moscas soberanas, los trapos sucios de tu misteriosa razón. Fuego a la lata, hierro a la pata, mata al que mata, ajusticia al burgués con su corbata. Qué nubario de dientes atraviesa tu mente. Llueve tu soledad en los techos de la ciudad. Qué arañor en el agua y en el aire. Qué calor en los huesos. Qué estupor en tu mirada casi pura. Quizás pases con otro que te diga al oído esas frases que nadie como yo te dirá, pero noche tras noche pensarás en mis besos, revivirás los sueños de un ensueño perdido, y si el otro te oyera sollozar le dirás que no es nada, nada, que ha sido el viento, en fin, que acaso te quedaste dormida, tuviste pesadillas y fue sólo un momento.

  Chipe chiro chides chili chiza chirás chila chima chino chihas chita chitu chimus chiÍo chiy chipal chipa chirás chila chici chica chitriz chide chimi chimor chidi chida ¿chiver chidad chimi chine china?

 En 12 Y 23 cambias de ómnibus, saludas a conocidos del batallón o del trabajo, contemplas ese enorme cartel en rojo, blanco y negro que te habla de futuras victorias. Este sitio está ahora en penumbras, escasean los bombillos, las balas tienen la palabra, los nuevos días nacen entre aullidos. Llega la 27, apúrate, ocupa tu lugar, buenas noches, ¿cómo anda la familia? Yo estoy sembrando en Artemisa. Suben niños y ancianos. Hay una multitud a las puertas del cine.  La oscuridad zumba en el cementerio. Mientras avanzas te interrogas acerca de todo lo humano y lo divino y lo general y lo colectivo y lo individual y lo infame y lo hermoso y lo manco y lo social. Esta realidad no es sacudida por el viento en una esquina sino más bien al revés: es ella la que sacude mis raíces, recorre y agita mi pellejo.

 Detrás de la frivolidad de las palabras que escupimos contra un vidrio, detrás de la inutilidad de los largos diálogos que espumean los recuerdos, detrás de mis dientes que mordieron derrotas y lágrimas, detrás de la luz apacible están mis fémures encañonando al enemigo, mi esternón melancólico, mis sudores heroicos, mis humildes verdades mano a mano. Esto no es un discurso ni una carta ni un poema lírico. Más bien una crónica en trance de madurar en el papel, una crónica ungida de toda suerte de fugaces materias, de desperdicios que van quedando de todo lo que se va, porque el mundo se agrieta  pero saltan los retoños, toda creación dispara su grito, y la alegría es la espuma de los muros en que los amantes escriben  VIVA LA REVOLUCIÓN, sus nombres, fechas, y en este papel  mi pobre pedazo de muro resquebrajado por el viento yo escribo mis palabras oxidadas, difíciles de horrar o de cubrir, y dibujo como un niño al mapa de mi isla. ¿Qué es un discurso?  ¿Qué es una crónica? ¿Cuál es el secreto de la luz que reverbera en 12 y 23?

 Dígale al carnicero que su delantal es la bandera de esta época, muela mis huesos en su mortero y reparta el polvo por el mundo. Dígale al buitre que en mis entrañas tiene su casa. Dígale a esa niña que se peina ante su sombra que mis zapatos están llenos de muerte. Mi tiempo se está muriendo en el tiempo de los que pasan, en la muerte de los que llegan. No estoy hecho de una pieza: SOY universo, fuego, mierda. Soy un tiempo que cruje, un viento que empuja las puertas en que se ha recluido, con su acné juvenil, despeinada la soledad. El hombre a quien saludaste en la esquina de 12 y 23 es más que una camisa, una cabeza y un cuchillo. Mi tiempo se desgasta en oscuros motores, en cajas reventadas, en barcos y máscaras que humean. Mi tiempo precipitado y eléctrico. Tu tiempo pastoso y gris. Mi tiempo detenido en una estatua sin cabeza. Tu tiempo elástico y fino rumbo a los ministerios. Mi tiempo de bestia voraz a la mesa del tiempo. El tiempo de los viajes en la máquina del olvido.  El tiempo de las miserias cibernéticas.  El tiempo de la gran primavera del cáncer. El tiempo de la abundancia de los más bellos artículos de consumo. El tiempo de las pesadillas sublimes como una historia de amor en un cinemascope made in Hollywood.  El tiempo del hambre descomunal. El tiempo de la mentira.  El tiempo de las revoluciones.

 Este no es el centro del mundo, desde luego. ¿Pero cuál es el centro del mundo, señor carnicero? ¿Acaso el centro del mundo está en su brazo mientras descuartiza una res? ¿Acaso el centro del mundo está allí donde revienta la última bomba, donde los cadáveres, desintegrándose, bailan y se mueren de risa, mientras usted, sentado en su oficina, cuenta sus razones como hermosas monedas cantarinas?  Este no es el centro del mundo pero es el centro de mi mundo, el centro de la ciudad más clara de la tierra, un lugar en que se cortan dos calles que nacen en el mar y mueren en la violencia de la lluvia, en la limpia ciudad de la muerte. Este es el centro de mi mundo.  Este es acaso el verdadero centro del mundo.


 Poema final de Abrí la verja de hierro (Contemporáneos, 1973). Poema-discursivo, de versos largos, como tantos de ese libro, para facilitar su lectura en formato blog se le estructura como prosa. 

sábado, 10 de agosto de 2019

Calle de las Sierpes



Oliverio Girondo



                 A D. Ramón Gómez de la Serna

Una corriente de brazos y de espaldas
nos encauza
y nos hace desembocar
bajo los abanicos,
las pipas,
los anteojos enormes
colgados en medio de la calle;
únicos testimonios de una raza
desaparecida de gigantes.

Sentados al borde de las sillas,
cual si fueran a dar un brinco
y ponerse a bailar,
los parroquianos de los cafés
aplauden la actividad del camarero,
mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
hasta que pueda leerse
el anuncio de la corrida del domingo.

Con sus caras de mascarón de proa,
el habano hace las veces de bauprés,
los hacendados penetran
en los despachos de bebidas,
a muletear los argumentos
como si entraran a matar;
y acodados en los mostradores,
que simulan barreras,
brindan a la concurrencia
el miura disecado
que asoma la cabeza en la pared.

Ceñidos en sus capas, como toreros,
los curas entran en las peluquerías
a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
y cuando salen a la calle
ya tienen una barba de tres días.

En los invernáculos
edificados por los círculos,
la pereza se da como en ninguna parte
y los socios la ingieren
con churros o con horchata,
para encallar en los sillones
sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
trescientos doce curas
y doscientos noventa y tres soldados,
pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
las piedras se van dando mejor.



viernes, 9 de agosto de 2019

Calle Paja




  Aimé Césarie


 Una vergüenza esta calle Paja, un apéndice repugnante como las partes vergonzantes del villorrio que se extiende a diestra y siniestra a todo el largo del camino colonial, con el oleaje gris de sus techos de chilla. Aquí no hay más que techos de paja que el salitre ha oscurecido y depilado el viento.

 Todo el mundo desprecia la calle Paja. Allí se pervierte la juventud del pueblo. Es allí sobre todo donde derrama el mar sus inmundicias, sus gatos muertos, sus perros reventados. La calle desemboca en la playa y la playa es incapaz de contener la rabia espumeante del mar.

 Desoladora también esta playa con sus montones de basura pudriéndose, furtivas ancas que aligeran la carga, y la arena es negra, fúnebre, jamás se ha visto una arena tan negra y en ella la espuma se desliza aullando y el mar, boxeando, la castiga a grandes golpes, o más bien el mar es un perrazo que lame y muerde las pantorrillas de la playa, y a fuerza de morderla, acabará por devorar la playa y con ella la calle Paja.


 Traducción de Lydia Cabrera


 Cuaderno de un retorno al país natal, París, 1947.

martes, 6 de agosto de 2019

Calle Virtudes



 Yvan Goll



 Toda una calle de puertas cerradas
De puertas muertas que hablan y te llaman por tu nombre
Toda una calle de paredes que mueren y murmuran
Paredes que tienen labios y llagas
Labios que se abren en el yeso cruel
Labios que se abren como rosas en un jardín de nieve
Puertas sin cerradura puertas sin esperanza puertas
Más obstinadas que las de los claustros
Y sin embargo no tienes más que tocar con la uña
Para que se derrumben
Yo soy Parmenia
Tu pequeña
No tienes más que empujar la espesa puerta
Una puerta de fortaleza siete veces aherrojada
Una puerta de sombra que cae bajo tu aliento extranjero
Bajo tu uña tímida desaparece el velo ilusorio
Soy tuya soy de todos
En la fosa de mi cuerpo canta la fuente desconocida
Entra gracioso
Grandes labios se abren en la pared
Grandes llagas se abren en la carne muerta
Toda una calle de puertas cerradas
De puertas que hablan y conocen tu nombre
Toda una calle de muros toda una calle de murmullos
Una calle de yesos una calle de miseria y de misericordia 
Pero detrás de las mirillas arden ojos de aceite
Labios de rosas adivinan tu nombre
Y jardines babilónicos florecen 
               bajo el camastro de gemidos 
Puertas que miran murmuran y llaman
Labios en la puerta ojos en la pared
Oh ven extranjero gástame más aprisa
Gasta la vieja cacerola de mi cuerpo
Donde hierve veinte veces el elixir de los mortales
Estaña de nuevo la palangana de las vilezas

Lava mi fosa con blanco de España y azul de Alemania
Oh cuántas cuántas veces
Los dioses reposaron en mi bañera
Y he aquí mis pies que se oxidan 
               mi palangana que se agrieta
Y mi sangre que comienza a oler mal
Aunque antaño yo fuese la que les daba música
Fuese su mandolina su guitarra su flauta
Su pájaro salvaje su arco y su colibrí
Ahora yo me aburro
Como se aburre la esclusa de ver siempre brotar 
               la joven ola
Como se aburre el acantilado de la cólera mecánica       
               del océano
Como se aburre la playa bajo el vano  chapotear 
               de los mejillones
Como se aburre la estepa bajo el casco de los bueyes
Como se aburre la escalera que espera 
               el retorno del Eterno
La máquina de coser del amor
El molino de arroz del amor
El trillador de trigo del amor
Me aburro de sus gritos de pigargos de sus avefrías 
               de sus gritos de cuervos

Me adorno con las aguamarinas de la biajaiba los corales de la picuda y los zafiros de la aguja
Me harto de sus inocencias
Me revuelco en sus espinas sus cuchillas sus sierras
Me juzgo en el reproche de sus ojos sin malicia

Ah peces emigrantes
Que vuestro rozamiento me despose y purifique
Vosotros solamente vosotros conoceréis mi amor
Hay el día en que no trabajo
En que el hombre no me labora
Ni fuma de mi carne
El día en que el hombre no siega 
               las espigas de mis estremecimientos
El día del Gran Cortejo es día de descanso
Entonces él sale a las plazas con una camisa fresca
A las plazas donde el sol merodea como un león
Salpicando de oro las más pobres fachadas
Ese día de la Libertad
Mi rival la de la blusa color grosella
Agita al viento sus anchas faldas de bailarina
Sus faldas granate y sus enaguas de púrpura y de sangre
Y sus cabellos rojizos llamean en el incendio del mediodía
Ella sabe magnetizar los hombres
Y cargarlos de una extraña dinamita
No ha quedado ni un solo hombre en la Calle de la Virtud
El pájaro de mi mirada en vano da saltos                                 detrás de la reja de la mirilla
Nadie sacará provecho de la buena fe de los demás

Los grandes niños llevan letreros y estandartes
Anuncian que están en la Tintorería en la Cervecería 
               en la Panadería en la Construcción
Están muy orgullosos de soldar de enyesar de extraer de cargar de planchar de trabajar a destajo de curtir
El ron el tabaco el acero la madera 
                el cemento de la tierra
Soy tu tierra labrantía mi labriego
Tu tierra anaranjada de Camagüey
Tu tierra dorada de Varadero
Tu vega de tabaco donde tus ancestros se calcinan
Tu campo de cañas donde el cáncer canta
Soy tu mina minero
Con tu sonda tu piocha y tu hacha
Haces brotar el petróleo de mi hígado saturado
Tú excavas las hullas de miserias antiguas
Y de un chorro de cuarzo
Modelarás la copa de cristal

Trabaja mi triste trabajador
Soy tu arrozal transfigurado de China
Tu mujer con terrazas tu colina con gavetas
Coleccionista de lluvias mieles y rocíos
Irriga mis vertientes y mis abismos con tu benevolencia

¡Golpea! Da sobre mi puerta los tres golpes del deseo
Da en mi corazón los tres golpes del destino
Graba mi flanco con tu ramo de rosas
Graba mi medalla de muerte

¡Señor! Señor del universo
Esparce tu olor de anís estrellado tu olor azucarado de  
  moribundo tu olor a carne quemada tu olor a sudor   
  avainillado tu olor aframbuesado de apestado
  tu olor a garra caliente tu oler a pantano enyodado
  tu olor a águila piojosa

Oh ven Señor gástame más aprisa
Gasta la vieja bañera de mi esqueleto
Estaña de nuevo la palangana de mis vilezas
Limpia mi fosa con blanco de España y Azul de Alemania 
He aquí mis pies que se oxidan mi frente que se agrieta
Y mi sangre que empieza a oler mal. 

 Traducción: Fayad Jamis

 Nueva Revista Cubana, Volumen 2, Número 1, Dirección General de Cultura, 1960, pp. 85- 88.

domingo, 28 de julio de 2019

Thomas Walsh



 Pedro Henríquez Ureña 

 Uno de los poetas más distinguidos de este país, Thomas Walsh, acaba de publicar su libro de versos The Pilgrim Kings; Greco and Goya and other poems of Spain. Es el segundo suyo. El anterior, The Prison Ships and other poems, apareció en 1909.

 En sus primeras poesías, Thomas Walsh reveló excelentes cualidades: su aptitud para la expresión solemne, en la oda "Las galeras" (The Prison Ships); su poder sugestivo en "Los ciegos", "La laguna de los avellanos", "En el jardín de la memoria”, su delicadeza en "Ad Astra", "Primavera sin término", "Citas de estrellas". También reveló desde entonces su afición a España y a los temas españoles (interpolados entre otros franceses e italianos), en el “Canto de la Alhambra”, “el dulce gemido del corazón que canta y se rompe”; la amorosa "Sevillana"; "En el claustro de San Juan", diálogo entre la novicia Serafita y las flores del jardín conventual; y "La Catedral de Burgos", hermosa composición llena de rumores y armonías graves, como sonoridades de órgano.


 Pero en The Pilgrim Kings Walsh se muestra mucho mayor poeta. Apenas abierto el libro, hallamos en el poema inicial, sobre los magos peregrinos de la Nochebuena, la suave aura de ingenuidad piadosa que nos encanta en los viejos villancicos de Lope, de Valdivieso y de Sor Juana Inés de la Cruz; piedad que aquí se pone frente a las dudas del pasajero descreído. A seguidas, “Invasión” es un trozo de lujo descriptivo, como más adelante “Los reyes del otoño”. Las notas ligeras y amables, de amor y galantería, las hallamos de nuevo, fáciles y graciosas, en "El codicilo de amor", "La despedida", "Canción de cítara". Estas notas son más finas y elegantes en "El embarque rumbo a Citeres", donde se sienten tenues aromas de las Fiestas galantes de Verlaine. De ahí se pasa sin esfuerzo a las encantadoras sugestiones del "Nacimiento de Pierrot"; al suave misterio de "Pozos Sagrados”, que hace pensar en los poetas belgas, contempladores del “alma de las cosas”, cantores de las aguas tranquilas; y por último, al vago misticismo de “Junto al pesebre” y “El Grial”. Pero la nota suprema del libro es, a nuestro juicio, la elegía “Coelo et in terra”. En los majestuosos versos iniciales se esboza una noble y alta filosofía de la muerte y del dolor; y en ellos, y en todos los restantes, la expresión es selectísima y solemne. 

 A la España de Thomas Walsh entramos, por la críptica puerta de “La vieja Toledo”, hacia las amplias salas donde lucen los tapices narrativos y dramáticos "Greco pinta su obra maestra”, “El juicio final del Greco”, “Egidio de Coimbra”, “Las Meninas”, “Goya en la cúpula”. Se oyen también allí canciones lánguidas, como “Balcones crepusculares”; rumores de guzlas moriscas, como las "Canciones de la Alhambra”; memorias legendarias como “La Preciosa” y “El cántico de Fontebras”; reminiscencias místicas como la de Sor Gregoria de Santa Teresa, y tributos al reino español como en los versos “A Goya”.

 Exprofeso dejamos para el final las cuatro traducciones de poesías de Fray Luis de León, breve muestra de la vasta labor de Walsh, cuyo estudio y conocimiento del gran agustino nadie supera. Si toda traducción es difícil, la de Fray Luis ofrece dificultades peculiares. Trátase de un poeta cuya perfección formal se funda en la expresión limpia con transparencia de cristal, alcanzada mediante maravillosa disciplina en la selección de palabras.

 Pedro Henríquez Ureña en los Estados Unidos, Alfredo Ángel Roggiano, Talleres de La Casa Editorial Cultura, 1961, pp. 97-98. Fragmentos del artículo. Originalmente publicado en Las Novedades, Nueva York, 12 de diciembre 1915; y, El Fígaro, 6 de febrero de 1916. 


viernes, 26 de julio de 2019

Rubén Darío en inglés


   
 Alfonso Reyes 

 La Sociedad Hispánica de Nueva York acaba de publicar once poesías de Rubén Darío traducidas al inglés por Thomas Walsh, el conocido traductor de Fray Luis de León, y por Salomón de la Selva, poeta bilingüe, hispanoamericano a quien la crítica de los Estados Unidos ha saludado con aplauso. 

 Las traducciones del primero son de una admirable fidelidad, y las del segundo nunca dejan de ser poéticas. Un excelente retrato de Darío, unas notas críticas, precisas y sobrias, de Pedro Henríquez Ureña (verdadero índice de cuestiones), un autógrafo del poeta, una impresión bella y cuidadosa, como todas las que costea Huntington. 

 Parece que no hubiera más que pedir, si las once poesías hubieran sido más bien escogidas. Diríase que el editor quiso apresurarse a tributar este homenaje a la memoria del poeta, y aprovechó el material de que hasta la fecha disponían los traductores; donde, al lado de algunas notas culminantes, hay otras sordas o de resonancia secundaria. 


 Cultura Hispanoamericana, Madrid, 11 de noviembre de 1917. Obras completas de Alfonso Reyes, VII, FCE, Ed. Electrónica, 2016, p. 475.


miércoles, 24 de julio de 2019

La ilusión de Thomas Walsh



  Pedro Marqués de Armas 

 Cuando Thomas Walsh visitó Cuba en febrero de 1919, era un poeta de cierto prestigio, reconocido estudioso y traductor de la poesía en lengua española desde Manrique y Fray Luis hasta los modernistas, afamado además por sus versiones de algunos poemas de Darío que, junto a las de Salomón de la Selva, conformaron la edición póstuma Eleven Poems (N. Y, 1916), con prólogo de Pedro Henríquez Ureña.


 Amigo del bilingüe Selva, por mediación de él conoce a Mariano Brull y a otros poetas latinoamericanos en Nueva York y, poco más tarde, al crítico y mentor dominicano. Forman hacia mediados de 1915 un pequeño grupo que comienza a gestionar, en buena parte, los vínculos entre la poesía norteamericana y la hispanoamericana. Así evocaba Henríquez Ureña aquel momento:

Poco después nos unimos para organizar pequeñas reuniones a que asistían hombres de letras de las dos Américas. Allí, sino me equivoco, comenzaron los del Norte a poner atención en la poesía rotunda y pintoresca de Chocano, cuya visión externa del Nuevo Mundo es la más rica que hoy existe, en verso castellano o en verso inglés. Entre los poetas norteamericanos, amigos de Selva, se contaba ya Thomas Walsh, pulcro y cultísimo, ameno conversador, lleno de anécdotas sabrosas; William Rose Benet, el místico del Halconero de Dios con su moderación de modales y su elevación de ideas; el sencillo y sonriente Joyce Kilmer, caído luego en tierra de Francia.
 La amistad que se establece entre los poetas citados –a los que se suman más tarde Martín Muñoz y José Juan Tablada, e incluso, León de Greiff– implicará, además del cruce de traducciones de sus propios poemas, la publicación de no pocos artículos panorámicos y la traslación en ambas direcciones de otros muchos autores. La figura de Walsh resulta clave, en esta telaraña, por su pasión latina y por coordinar -a impulso de aquellas relaciones y sufragada por la Sociedad Hispánica de América- el proyecto de traducción más vasto de la época: la Hispanic Anthology, volumen de más de 800 páginas coronado por 200 poetas que apareció en 1920 simultáneamente en Londres y Nueva York. 

 El viaje de Walsh a Cuba dejará como rastro significativo su poema “In The Café Europa", firmado en La Habana, recogido en su cuarto libro de poemas Don Folquet and other poems (John Lane, Londres/New York, 1919, p. 103) y reproducido en inglés en la revista Social en septiembre de 1920. En la entrada anterior arriesgamos una versión del mismo, hasta donde parece, la primera en español, a cien años de haber sido escrito.

 Los motivos de la visita -por el poema sabemos de su paso por Camagüey- tendrían que precisarse mejor, pero parecen responder al propósito de cartografiar la producción poética del país en el contexto de aquella antología gigantesca. Era, pues, un viaje de trabajo poético. Viajero infatigable –había recorrido de joven Italia, Francia, Portugal y prácticamente toda España, a cuyos archivos y conventos volvería en varias ocasiones-, mirará Cuba con ojos de hispanista, verá en La Habana una Sevilla sin catedral, y el resultado será un poema extrañamente moderno, oscuro al inicio y que avanza hacia una claridad encomiástica, al convertir a la Isla en un meridiano intercultural, es decir, como la llama: “el centro de nuestra literatura continental, ¡la capital de Pan-América!”

 Un repaso de su estancia, a partir de publicaciones a mano, permite entresacar algunas coordenadas.  

Un gran admirador de España y del espíritu de nuestros pueblos descendientes de ella, el poeta norteamericano Sr. Thomas Walsh, es huésped de La Habana. CUBA CONTEMPORÁNEA ha tenido el placer de recibir la visita de este distinguido hombre de letras, traductor afortunado de escogidas poesías de Casal, de Rubén Darío, de Guillermo Valencia, de José Asunción Silva, etc., y ha recibido también el presente valioso de algunas obras suyas: The Pilgrim Kings, Gardens Overseas, y The Prison Ships. Ha hecho el Sr. Walsh en inglés una Antología de selectos poetas españoles y latinoamericanos, por encargo de la Hispanic Society of America, de Nueva York, que está a punto de ser publicada. Que le sea grata su estancia en nuestro país (Febrero de 1919, p 132).
 En el número de marzo, probablemente tras su partida, Cuba contemporánea publica “Una poesía de Casal vertida al inglés”; se trata del poema “La Perla”, precedido de un breve comentario:

Mucho agradecemos al distinguido poeta norteamericano Sr. Thomas Walsh su cortesía de obsequiarnos con esta ajustada traducción de una poesía de nuestro malogrado Julián del Casal. Para que pueda juzgarse del mérito de la traducción, publicamos también “La Perla” en castellano. El Sr. Walsh, que ha sido huésped de La Habana durante unas semanas, es gran admirador de la poesía española e hispanoamericana, y ha traducido al inglés varias composiciones de Rubén Darío, Guillermo Valencia, José Asunción Silva, Julián del Casal, etc. (…) Está a punto de publicarse, compilada por él a instancias de la Hispanic Society of America, de Nueva York, una Antología Española, en inglés, que contendrá selectas poesías de los mejores poetas de habla hispana (pp. 90-91).
 Por último, Cuba contemporánea hace pública en mayo de ese año esta convocatoria “A los poetas cubanos”:

Avisamos (…) que el poeta norteamericano señor Thomas Walsh, que no hace mucho fue huésped de Cuba, desea recibir sus obras para darlos a conocer al público de su país en un estudio que prepara sobre la moderna poesía cubana. Excitamos a nuestros jóvenes bardos para que envíen a su colega norteamericano sus producciones al número 227 de la calle Clinton, Brooklyn, New York, residencia del señor Walsh. (p. 165).
 Por su parte, Social publicó en su número de marzo, bajo el título “Dos traducciones de Walsh”, sendos sonetos de Julio Herrera y Reissig, los titulados “El cura” y “Los carros” (p. 26). Gracias a una nota de presentación, no dirigida a los textos, sino al traductor, sabemos que Walsh impartió en los salones del Heraldo de Cuba una conferencia sobre “los poetas norteamericanos y la Guerra de las Naciones”. Allí fue acogido por Carlos Mendieta, entonces director del diario, y por el compositor y musicólogo Eduardo Sánchez de Fuentes. Es probable que la recomendación haya venido de Henríquez Ureña, quien sostuviera durante años la sección “Desde Washington” y todavía en 1919 colaboraba de modo habitual en aquel periódico.

 La nota lo califica de “talentoso traductor de Heredia, Rodó, José A. Silva y Herrera y Reissig", y añade que Walsh “se maravilló de que en Cuba Republicana no hubiera ya monumentos (aunque pequeños) a Heredia, a Tejera y a Casal”. Al segundo, dijo irónico, lo representaría en su famosa hamaca. Se despidió de Social dedicando a la redacción un ejemplar de su libro Overseas garden.

 Hispanic Anthology, poems translated from the spanish by english and north american poets, colleted and arranged by Thomas Walsh vió la luz a mediados de 1920. Además del poeta de Brooklyn, entre los traductores estaban Roderick Gill, Joseph G. Clarke, Garret Strange, Alice Stone Blackwell, Muna Lee y, entre otros, un sorprendente William Carlos Williams, quien traducía poemas de Arévalo Martínez, Guillén Zelaya y Luis Carlos López. También, un clásico como William Cullen Byrant (traductor de Heredia), décadas más tarde traducido por Roberto Friol.  

 Pero el mayor número de versiones lleva la firma de Walsh. Entre otros, tradujo a Manrique, Fray Luis, Garcilaso, Quevedo, Andrés Bello, Zorrilla, Campoamor, Bécquer, Tejera, Silva, Darío, Herrera y Reissig, Machado, Tablada, Juan Ramón Jiménez y José Manuel Poveda (cuyas traducciones reproduciría El Fígaro ese mismo año).  

 He buscado en vano algún comentario de época sobre el poema. Sorprende que no se le haya traducido en su momento ni, por lo visto, después. Si lo comparamos con sus poemas sobre Goya, Velázquez y El Greco (“Greco paint his masterpiece”, tal vez el más logrado, lo traducen Henríquez Ureña y José Juan Tablada), o sobre ciudades como Toledo y Sevilla, destaca por su carácter exterior o sensorial, por el modo en que convoca a la multitud, al tráfago moderno.

 Un aguacero retiene al poeta en el Café Europa, en la estrecha calle Obispo, y ese corte forzoso, que lo apresa junto a la concurrencia, despierta la observación del entorno. Una sucesión de imágenes que buscan amplificar semejanzas, o bien diferencias, se revela entonces al ojo y al oído casi como una avalancha de matices visuales y acentos lingüísticos, imaginados siempre desde la experiencia europea –o propiamente española- del poeta. 

 Se produce un contraste entre lo especulativo y lo observado, entre la presencia viva de las gentes y el modo como se supone su historia. En cualquier caso, un montaje que intercala referencias a lo hispánico, lo indio y lo africano, junto a alusiones al pulso comercial de la ciudad, hasta construir esa imagen venturosa de un país nuevo. El contraste, que se sostiene con intensidad a lo largo del poema, recae en los últimos versos, laudatorios y enumerativos. Pero nos deja imágenes excelentes y rápidas como las siguientes: 

 He aquí la buena lógica del Renacimiento.
El espíritu de Fray Luises y Quevedos
utilizado para discutir de la guerra mundial,
los informes de las comisiones ferroviarias
o los nuevos pasos de Maruxa,
la belleza de los callejones de Camagüey.

 No es difícil adivinar las intenciones: Walsh encontró en apenas dos semanas en Cuba, lo que había buscado durante años en España: la esperanza de un renacimiento cultural. Esta búsqueda mira ahora a América, a todo el Continente, desde un Café llamado Europa. Seducido por el trasiego y la vitalidad, por el monto del placer, fusiona sin reparos poesía y ciudadanía. Desde ese Café, o más bien al salir de él, cuando acaba el aguacero, imagina una capital literaria. Una guerra reciente por medio, no apagado aún el sentimiento de derrota entre los intelectuales españoles, y el país visitado todavía en alza económica, redondean la ilusión.

viernes, 19 de julio de 2019

En el Café Europa




Thomas Walsh 

Una ducha repentina y todos quedamos atrapados
en el café; cerraron de golpe las puertas para cortar
la ráfaga de lluvia: y la gran multitud
siguió tomando su desayuno o su almuerzo.
Eran casi las once de la mañana
y los vagos topaban con los madrugadores
en cada extremo de un día de trabajo.
El parloteo salvaje de las voces
continuó sin ser acallado por la lluvia; el español,
el negro y el indio, todos con las caras de muñeco  
de la Europa central y del sur;
distinguidos señores oficiales, galantes soldados en kaki,
poniendo cinco cucharadas de azúcar en tazas medianas.
Gallegos musculosos de cabezas pequeñas y hombros gruesos;
hermosos ojos tan fuera de África como de España;
pieles doradas de conquistadores quemados
por soles tropicales y sangres del trópico a la sombra
de marrones cremosos y rojos bronceados.
Y las voces chachareando en el rudo acento
de España, con tonos indios sobresaliendo
y fundiéndose en las junglas a los saltos
de los antiguos esclavos fugitivos.
He aquí la buena lógica del Renacimiento.
El espíritu de Fray Luises y Quevedos
utilizado para discutir de la guerra mundial,
los informes de las comisiones ferroviarias
o los nuevos pasos de Maruxa,
la belleza de los callejones de Camagüey.
De pronto la lluvia ha terminado
y el sol del libro dorado de Sevilla
rompe las nubes, encendiendo otra vez
su vela de memorias del pasado,
de una Sevilla sin catedral,
una Sevilla sin Alcázar,
una Habana con su mar azul como una vega alrededor.
Su gente de sombra radiante.
Su corazón americano y su genio latino.
Su amor por la libertad y la tierra nativa.
Sus turistas con nuevos sombreros de Panamá.
Su tolerancia, su anti-clericalismo
con benditas medallas prendidas a sus camisetas.
¡Sus adorables pecadores!.
Salen en tropel de nuevo
hacia el sol y las calles estrechas,
esquivando automóviles y tranvías,
alegres por el sol, alegres por la vida
y la incitación de sus vinos y café,
sus cines, hai-alay y teatros de ópera,
su Prado y Malecón y su hipódromo.
Felices en los focos de luz de su libertad,
por la cual oscuros insurrectos lucharon y murieron,
incluso de hambre y sufrieron prisión,
por la cual sus poetas suspiraron y cantaron.
lloraron y oraron sus madres.
Alegres por el compromiso inminente
que hará de Cuba
una tierra coronada de placer,
un faro de luz en medio de las Antillas,
el centro de nuestra literatura continental,
¡la capital de Pan-América!

La Habana, 1919.




  Traducción: Mónica Marqués Reyes

 "Poesía en inglés. In The Café Europa", Social, Vol. 5, núm. 9, septiembre 1920, p. 49.