domingo, 22 de diciembre de 2019

Los pueblos tristes


 Bonifacio Byrne
                                                                          A Oscar de Alva

 Es siempre igual la pavorosa escena:
como el corcel herido, por la arena
arrastra, moribundo, sus entrañas;

así los pobres pueblos oprimidos
llevan su enorme cruz, adoloridos,
errantes por el llano y las montañas.

Pálidos, con la frente pensativa,
como si fuera un ave fugitiva
su libertad persiguen incansables;

mientra a su esperanza se abandonan,
sus quimeras de luz se desmoronan
al soplo de los hados implacables.

Reprimiendo en silencio sus sollozos,
sus hijos, en infectos calabozos,
escuchan las indignas serenatas

que dan, con ansia vil y empeño vano,
al pie de los balcones del tirano,
las frenéticas turbas insensatas.

De esos pueblos idéntica es la historia:
¡siempre pensando están en la victoria!
¡siempre pensando en sacudir el yugo!

¡Dios de misericordia! Ya que existes,
al lado ponte de los pueblos tristes,
y ellos acabarán con su verdugo!

Déjalos que rompiendo su cadena,
arrojen de su espíritu la pena:
¡y que se pongan en pie como valientes!

¡y a tí se elevarán sus bendiciones,
y habrá sobre la tierra más leones,
pero también habrá menos serpientes!



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