domingo, 23 de abril de 2017

Discurso académico en La Habana




Wallace Stevens


Canarios en la mañana,
orquestas en la tarde,
globos por la noche. Al menos
ya no se trata de ruiseñores,
Jehovah y la gran serpiente marina. El aire
no es tan elemental ni ya la tierra
tan cercana.
       Pero el sustento de los bosques
no nos sostiene en las metrópolis.

II

Es la Vida un casino en un parque. Los cisnes
descansan sus picos en el suelo.
Un viento desolado ha aterido a la Roja Fátima
y en el frío se posa una gran decadencia.

III

Los cisnes... Antes de que sus picos se abatieran
sobre el suelo y antes que la crónica
de afectados homenajes disimulase tantos libros,
ellos vigilaron las pálidas aguas de los lagos
y los doseles de islas que estaban unidas
a aquel casino. Mucho antes que la lluvia
arrasara sus ventanas de tabla y que las hojas
llenaran sus incrustadas fuentes, ellos ataviaron
los crepúsculos del mítico Rey Maní.
Los siglos de excelencia por venir
surgieron de la promesa y devinieron augurio
de trombones flotantes en los árboles.
                               La fatiga
de pensar trajo una paz excéntrica
para el ojo y tintineante para el oído. Ásperos tambores
elevaron su ruido sin que la plebe se alarmara.
Las indolentes progresiones de los cisnes
hicieron que la tierra se ajustara; una parodia de maní
para gente de maní.
       Y un más sereno mito
concibiendo desde su perfecta plenitud,
lozano como junio, más frutecido que las semanas
del más maduro estío, moroso siempre
por tocar de nuevo el más cálido brote, por pulsar
de nuevo la más larga resonancia, por coronar
la más clara mujer con apta palabra, por montar
al más fuerte jinete sobre el potro más robusto.

Este urgido, sabio, mas sereno mito
pasó como un circo.
      El hombre político ordenó
la imaginación como el funesto pecado.
La abuela y su cesta de peras
tienen que ser el enigma de nuestros compendios.
Ése es mundo bastante y aún más, si se confinan
las hijas con las barraganas de melocotón y marfil
para quien se alzan las torres. El pecho del burgués
y no éter alguno sutil y cercado de estrellas
tiene que ser el lugar para el prodigio, a menos
que lo prodigioso sea truco. El mundo no es fantasía
     de insomnes ni palabra
que deba importar sustancia universal
a Cuba. Apuntad estas lácteas cuestiones.
Alimentan Júpiteres. Su pezón casual
caerá como dulzura en las noches vacías
cuando queda anulada la rapsodia excesiva
y la plegaria espirituosa provoca nuevos sudores: así, así:
La Vida es un viejo casino en un bosque.

IV

La función del poeta es aquí mero sonido,
más sutil que la más historiada profecía
para rellenar el oído? Ella le lleva a hacer
su repetición infinita y sus amalgamas
del más selecto ébano y del mejor alción.
Le lastra de exacta lógica para los remilgados.
Como parte de la naturaleza, es parte nuestra.
Tus rarezas son nuestras: puede ella acceder
y reconciliarnos con nosotros mismos en esas
reconciliaciones verdaderas, oscuras, pacíficas palabras,
y las sabias armonías de su cadencia.
Cierra la cantina. Apaga el candil.
La luz de luna no es amarilla sino un blanco
que silencia la villa siempre fiel.
Qué pálida y posesa es esta noche.
Qué llena de las exhalaciones del mar...
Todo esto es más viejo que su más viejo himno
y no tiene más significado que el pan de mañana.
Pero dejad al poeta que en su balcón
hable y los que duermen se moverán en su sueño,
se despertarán y contemplarán la luna en el piso.
Esto puede ser bendición, sepulcro y epitafio.
Puede, sin embargo, ser
un encantamiento definido por la luna
por mero ejemplo opulentamente clara.
Y el viejo casino también puede definir
un encantamiento infinito de nuestro ser
en la gran decadencia de los cisnes muertos.



 Revista de Avance, noviembre de 1929. 

sábado, 22 de abril de 2017

Traducciones del chino


 También Cristóbal [Christopher] Morley es un valor que hay que conocer en la nueva literatura —por nueva, entendemos más acá de Hawthorne, de Emerson, de Bret Harte— norteamericana. Morley es una especie de Chesterton epicúreo y sin dogmas. Es, como el inglés, gordo y escéptico; fino y ágil por dentro. Fuma del rubio de Virginia en pipa; va a Francia todos los veranos, y es un mandarín jovial e irónico, elegante y pulido, sobre las rudas letras del Norte.

DE UN POETA QUE MURIÓ JOVEN

Fue maestro de los poemas parados en seco,
De los breves poemas en que las palabras son pocas,
Pero el sentido continúa en los corazones.
Su vida, también, fue así.

TEDIO A LA HORA DEL TE

La cortesía tiene sus desventajas.
¿Se acuerda usted del viejo problema
De los Siete Corteses Mandarines?

Siete Mandarines Ceremoniosos
se reunieron para tomar el té
en una fascinante pagoda.
Surgió la cuestión de procedencia.
Ninguno de estos gentiles a la antigua
deseaba ocupar los más honorables asientos.
El celador de la casa de té,
—un tipo pequeño y calculista—
sugirió a estos simples de chapa añeja
que tomaran el té juntos diariamente
hasta que todos se hubieran sentado
en todos los órdenes posibles.

Los cándidos Mandarines
encantados de tan social solución
de su honorable dificultad
aprobaron con gran contento.
Aprendieron demasiado tarde
que se habían condenado tediosamente
a reunirse todos los días
por cerca de catorce años.

ST0P-SH0RT

Pero cómo los bárbaros norteamericanos
Descuidarán su deber filial
Que tienen que fijar, por aleluya.
Un día para honrar a sus Madres.

UN MOTE

Excelente persona ese otro amigo mío
Que, necesitando un mote para su reloj de sol.
Inscribió en él
No me interesa la oscuridad.

EL POTE

Cuando teníamos un cocinero chino
Solía preparar magníficas raciones de arroz
Con una picante salsa pardoscura,
Una salsa hecha de habas.

Un día, cuando se había marchado,
Encontré, arrojada en el desecho
(Donde encuentro tantas maravillas)
Aquel potecito obeso de arcilla.
De bruno barniz, cuello corto, pico mocho,
En que la salsa de haba había venido de China.

¡Bendito pote salsero! ¡Qué apropiado
Para colocar dos narcisos,
O una gavilla de limpia-pipas!

¡Registrad siempre el latón, of filósofos!
Que el desecho de otras gentes
Es a menudo vuestro tesoro.

MEDITACIÓN DE UN BALNEARIO

Mis amigos norteamericanos
Me dicen cómo aman los baños de mar.
Y sin embargo, cuantas veces salen del deporte
Se anegan en una ducha de agua dulce
Lavándose esa costrilla de sal
Que fue la virtud de la inmersión.

Así, oh filósofos, vuestros jocundos estudiantes
Se zambullen en vuestro acerbo piélago,
Pero antes de volver a su vida diaria
Cuidan siempre de quitarse toda traza
De vuestro hedor salado de océano.


 (Versión castellana de j. m.)


 Revista de Avance, 30 de agosto de 1927. 

jueves, 20 de abril de 2017

Poesía nueva en Cuba


  

 Bernardo Ortiz de Montellano

 El grupo minorista de la Habana, selecto, orientado, alza la voz para, iniciar la revancha contra el tiempo, desnudando sus propios horizontes. Pintura, Teatro, Poesía, Crítica —este nuevo género creador— al amparo del año, hoy 1927, se renuevan en Cuba al empuje de su juventud enrolada a la falange intelige, la nueva orografía del pensamiento, en América.
 Por fortuna todavía el público les ignora, minoristas de todas partes que son a un mismo tiempo predicadores y oyentes, libertándoles, porque el hablar consigo mismo es, desde Gracián, el camino maduro del espíritu, creándoles además el santo y seña tipográfico de las Revistas nuevas, hechas para cruzar el mar, con que estos grupos se entienden, con entendimiento masónico. (C'est bien, Paul Morand: "Una generación es, en el fondo, siempre, una masonería).
 Pero ¿y la Poesía? La poesía, seamos justos, está sufriendo ¿gozando? la invasión de la novela. El cinematógrafo, con múltiples cazadores, dióse a deshumanizarla robándole todos los argumentos, todas las descripciones y, además, la psicología externa y el realismo de que abusó a fines del Siglo XIX a tal punto que, cuando llega Proust con la investigadora conciencia de su sillón de ruedas y el microscopio de la memoria, tiene que volver del revés el género hasta iluminarnos lo oscuro de la vida y del pensamiento. (¿No es este un terreno de la poesía?).
 Para la poesía de América pasó el romanticismo de Martí y de Gutiérrez Nájera; el modernismo de Darío y Nervo. Los más destacados poetas cubanos de hoy, Marinello, Tallet, Loynaz, han doblado esa sirte y la otra infusa ¡bella! —de Juan Ramón Jiménez va también quedando atrás. Con qué diferente ponderación —ese equilibrio del gusto de linaje Goethiano— y valedora cultura emprenden, estos poetas, la ruta alejados del grito romántico, simplemente patriótico o sensual, tanto como del vanguardismo exagerado que es extravío de la incultura.
 Marinello finamente unido a la buena poesía tradicional, pura como el lenguaje mismo, prefiere seguir la curva —vuelo indeciso— que forja la canción aun sin la música y casi también sin las palabras. Tallet, nuevo en sí mismo, rico de ese nuevo grado y agrado de la emoción que es la tierna ironía gozadora del dolor por la inteligencia y Loynaz, el más joven, buceadores inquietos, alzan, de un golpe, la lírica cubana hasta los hombros del arte actual.

 Con "El trompo de siete colores" se reveló Bernardo Ortiz de Montellano como una de las sensibilidades mexicanas más auténticamente orientadas por los nuevos derroteros líricos. Ahora se nos muestra, en estas finas observaciones sobre nuestra lírica actual, poseedor de original perspicacia crítica.


 Revista de Avance, 30 de agosto de 1927. 

miércoles, 19 de abril de 2017

Prisma



 Manuel Maples Arce

 Yo soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito náufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.
Margaritas de oro
deshojadas al viento.

 La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y allá de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un eléctrico.

 El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del telégrafo,
y mientrass que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

 El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
¡Prismal, diáfana mía, para sentirlo todo!

 Yo departí sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
las palabras mojadas se me echaron al cuello,
y una locomotora
sedienta de kilómentros la arrancó de mis brazos.

 Hoy suenan sus palabras más heladas que nunca.
¡Y la locura de Edison a manos de la lluvia!

 El cielo es un obstáculo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombrías de los espejos;
los violines se suben como la champaña,
y mientras las ojeras sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

 Mis nervios se derraman.
La estrella del recuerdo
naufragada en el agua
del silencio.
Tú y yo
coincidimos
en la noche terrible,
meditación temática
deshojada en jardines.

 Locomotoras, gritos,
arsenales, teléfrafos.

 El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

 y todo se dilata en círculos concéntricos.




domingo, 16 de abril de 2017

La poesía nueva


 César Vallejo

 Poesía nueva ha dado en llamarse a los versos cuyo léxico está formado de las palabras "cinema, motor, caballos de fuerza, avión, radio jazz band, telegrafía sin hilos", y en general, de todas las voces de las ciencias e industrias contemporáneas, no importa que el léxico corresponda o no a una sensibilidad auténticamente nueva. 
 
 Lo importante son las palabras. Pero no hay que olvidar que esto no es poesía nueva ni antigua, ni nada. Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna, han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad. El telégrafo sin hilos, por ejemplo, está destinado, más que a hacernos decir "telégrafo sin hilos", a despertar nuevos temples nerviosos, profundas perspicacias sentimentales, amplificando videncias y comprensiones y densificando el amor; la inquietud entonces crece y se exaspera y el soplo de la vida, se aviva. Esta es la cultura verdadera que da el progreso; éste es su único sentido estético, y no el de llenarnos la boca con palabras flamantes. Muchas veces un poema no dice "cinema", poseyendo, no obstante, la emoción cinemática, de manera  obscura y tácita, pero efectiva y humana. Tal es la verdadera poesía nueva.

 En otras ocasiones el poeta apenas alcanza a cambiar hábilmente los nuevos materiales artísticos y logra así una imagen o un "rapport" más o menos hermoso y perfecto. En este caso, ya no se trata de una poesía nueva a base de palabras nuevas como en el caso anterior, sino de una poesía nueva a base de metáforas nuevas. Mas también en este caso hay error. En la poesía verdaderamente nueva pueden faltar imágenes o “rapports” nuevos —función ésta de ingenio y no de genio—, pero el creador goza o padece allí una vida en que las nuevas relaciones y ritmos de las cosas se han hecho sangre, célula, algo, en fin, que ha sido incorporado vitalmente en la sensibilidad.  

 La poesía nueva a base de palabras o de metáforas nuevas, se distingue por su pedantería de novedad y, en consecuencia, por su complicación y barroquismo. La poesía nueva a base de sensibilidad nueva es, al contrario simple y humana y a primera vista se la tomaría por antigua o no atrae la atención sobre si es o no moderna. Es muy importante tomar nota de estas diferencias.

 "1927" no ha conocido todavía la angustia de la falla de material inédito. Si alguna vez toma ideas y emociones de otros veneros, lo hace porque estima que aquellas deben tener su repercusión en Cuba. Así ahora con esta admirable página de César Vallejo, una de las cabezas más agudamente pensativas de la joven América nuestra. El siguiente ensayo se publicó en la fraternal revista "Amauta", de Lima.


 Revista de Avance, 15 de agosto de 1927.

sábado, 15 de abril de 2017

El corte del verso


  Regino Boti

 *Queda reducido el verso a su substancia legítima, como si brotara sin intermediario de la cantera mental. Puesto que lo hemos despojado de todo corolario, el poeta asume mayor responsabilidad manejando ese organismo nudo, y se ve obligado a mostrarlo en todo el poder de su belleza. ¿Ha ganado el verso quedándose en esqueleto?

 *El verso tiene que sacar de dentro sus propios impulsos para apartar de sí la monotonía, cuajando no sólo en diversos sistemas rítmicos sino también agrupándose variadamente y rompiendo con espontaneidad -novedad- sus estratificaciones.

 *La facultad adquirida ya en el poeta de usar un verso que se mueve por su natural resorte lo obliga a metrificar sin dar traspiés. El ritmo -que es una de las más hermosas providencias que ha puesto en nuestra sensibilidad la Naturaleza- se produce sin afeites. El poeta no debe ponérselos. El verso puro debe producir la sensación de belleza de un sillar. Y su movimiento poemático el de un lienzo de muro en el que las junturas carezcan de argamasa y el todo imparta la sensación de un cuerpo único en donde la euritmia no se aprecie según el secular entendido de distribución en partes iguales, sino en el de unión de un todo indivisible.

 *En el verso no debe faltar ni sobrar nada. Ni tener suplementos ni chaflanes. Ausencia total de ripio: ideológico y gramatical. Cualquier muletilla o mixtificación se delatará a sí misma, manchando de paso la transparencia de la estructura versal.

 *Mientras compuso en el verso métrico el poeta no encontró escollos como versificador. Sumiso a los preceptos de la versificación, cuanto más servilmente los observaba, con mayor perfección producía sus versos. Toda su ciencia consistía en sujetarse al patrón. Mas ahora que el verso no es métrico porque desconoce como su ley fundamental el conteo de sílabas y la prefijación de acentos, no estando sometido al rigor de ningún otro precepto que al del ritmo, súbito, que es obra personal exclusiva del poeta, la cuestión cambia. Resuelto en cualquier forma ha de ser siempre y únicamente un verso rítmico. Si carece de esta condición dejará de ser verso. De ahí el caso no raro de que encontremos renglones de prosa pasados como versos. Son las intermitencias del ritmo, las lagunas y ataxias que inopinadamente se intercalan burlando la vigilancia del poeta. No otra cosa es el viejo dormitat Homerus. Sólo que antes referíamos la expresión horaciana al desorden métrico y hoy al rítmico.

 * Mas el ritmo tiene a su vez que ser desarrollado en un lenguaje bello. El verso del novopoeta debe ser parnasiano o no ser. Me explicaré. Después de la insuperable conquista que el parnasianismo hizo -como forma- en la lira de algunos poetas del modernismo, sería torpeza abandonar tan preclaro bien en aras de una facilidad que delata por instantes la insuficiencia. El modernismo se apropió ese magnífico don del parnaso y poetas como Julián del Casal, Herrera y Reissig y Guillermo Valencia llegaron a producir versos perfectos, magníficos, totales como joyas y fulgurantes como gemas. Así el verso amplisimo de la novopoesía. Su creador debe esforzarse en hacerlo tan acabados que, como Pigmalión con su estatua, sienta la necesidad de desposarse con cada uno de ellos al animarlos con el soplo del ritmo.

 *El verso -concreción verbal de la poesía- es de la condición de un transparente carquesio, el que una vez roto no podrá sustentar más su forma inconsútil ni contener el falerno que lo alegró.

 *Algunos poetas cubanos actuales cortan sus versos de manera caprichosa, reproduciendo aparentemente los planos del poema paroxista. Ya se ha dicho en cuáles otros casos procede cortar los versos. Huidobro incurrió en el yerro y los ultraístas hispanos propagaron el error como artículo de fe. Ese cactus espinoso retoña en los campos de la poesía cubana. Tales cortes, puramente tipográficos, ya usados por los clásicos, no indican planos. Son frecuentes dos, a veces tres, como en «El soneto de trece versos» de Rubén Darío. Pero esos cortes no son ideográficos, sino tipográficos. Y el hecho es de tan fácil comprobación que suponiendo mentalmente unidos los apartados miembros de un verso no notaremos ninguna retorsión ideológica en él. 

 *Todo lo contrario sucede si los cortes del poema no responden a antojos del poeta, sino a la situación de los planos ideológicos. Y son tan distintos los casos que cuando se produce limpiamente el poema a tres planos no es raro leer el poema central -el del segundo plano- con abstracción de los otros dos, manteniéndose en aquél la coherencia de un poema tradicional.  

 *Lo primero que como directriz observo en nuestra poesía vanguardista es su menosprecio en cantar al amor y la mujer, quizás si como una derivación de la proclama de deshumanización del arte subscripta por el polígrafo Ortega y Gasset. ¿Mas cómo cegar la fuente, inagotable por su virtud, sino a cambio de mentir el poeta una sequedad que no tiene su pecho? El arte no puede deshumanizarse porque es humano, concepción y hechura del hombre. Por mucho que el poeta se aparte de su obra, colocándose fuera de ella, en su obra estará, o de lo contrario su obra no será.  

 *Nuestra poesía de vanguardia está agitada por un soplo comunista que mira a Rusia. Esto es una moda. Un tópico literario. Con el tiempo se mirará a China. Y por último a América. Mas nada de esto está facturado en casa. Puro artículo de importación que ni siquiera atezó nuestro sol intertropical. 

 *La poesía, como todo arte, aunque no lo pretenda, es social, o tiende a serlo. El error, para mí, de nuestra lírica del día, es que hace de lo sociológico como un programa, anteponiendo la acción social a la estética. Y nada más deplorable que la sociología en verso.


 Fragmentos de "Tres temas sobre la nueva poesía", Revista de Avance, 15 de mayo de 1928. 


jueves, 13 de abril de 2017

Misoneísmo




Eugenio Florit


Los vientos oceánicos
ahogaron
un grito de estupor.

Pájaros extraños
rasgábanlos con sus plumas metálicas.
Ensordecíanlo
con sus ruidos.

—Aquellos pájaros no piaban; mordían
los vientos con rugir inusitado.—

Y los vientos misoneístas
batieron alas de revolución
y acribillaron con sus dardos
a los pájaros de metal.

El mar, cómplice de los vientos,
se ocupaba en sepultar
los cadáveres.

Vientos ignorantes:
Ya gemiréis bajo el yugo
de los aeroplanos futuros.


Revista de Avance, 15 de febrero de 1928

martes, 11 de abril de 2017

Balance literario 1928



  Raúl Maestri Arredondo


 El "pleito vanguardista" se revela en la poesía más fragorosamente que en toda otra forma literaria. Y es que todavía cunde por aquí ese concepto ligero de las musas que nos incita a jugar con ellas como con mujerzuelas. Unos persisten, en deambular por las alamedas bobeando con la luna, sencillamente porque tienen ganas de hacer tal. Y porque tienen bobería. Otros encaramados en el ombligo de una loma se disponen cotidianamente a guillotinar al sol. Estos, porque iracundos por su infecundidad terrestre hasta quieren cargar al sol la deuda de su tontería. Y escasos son los que —en una bisectriz de cordura— ofrecen a un nuevo momento el tesoro de un nuevo sensorio. Es patético nuestro anacronismo.
Y este año tramontante no suscita una revisión para este aserto. (¿Por qué Tallet no lo honraste casándolo a tu formidable libro?)
   Gocemos la flor lírica de más impoluta fragancia: “Poemas en Menguante” de Mariano Brull. Sustancia destilada y pasada por una criba flamante que encuentra su paladar afín en los 30 lectores que pedía Barbey d'Aurevilly. Versos de esos sibilinos que —como coquetas— nunca parecen dársenos. Y es que tras esta poesía cernida presentimos un plus de emoción. Su liberación de las cosas palpables circundantes o la ecuación arbitraria que establece de sus relaciones la viste de este halo de infinitud que provoca tantas refracciones como miradores. Son como incógnitas que admiten todas las soluciones —siempre que un ritmo sintonizado se establezca entre ambas.
 Para deleitarse con la comprensión de Mariano Brull es menester conocer su propia taquigrafía estética. Supeditando la lógica a la analogía —procedimiento genuinamente "obscurista"— y acendrando su expresión hasta reducirla a un comprimido de esencialidades— la poesía de Brull es esa gran cosa de un arte que requiere una iluminada disciplina.

 "...canto tornaluna
 —alegría de ahora—
 melodía escarpada,
 encrespada crin de armonía.
 Crótalo erizado de delicia:
 voz de jazz'' .

 ¿Y no fue Baudelaire quien intuyó "la nature inintellectuelle des rapports de beauté"? Intuición: auspiciadora de toda esta poesía absoluta y alada. (Mañach ya puntualizó en sus "Glosas" —ese lujo del periodismo cubano— la influencia del bergsonismo sobre este flanco poético).
 "Unanimismo", de María Villar Buceta, puede incluirse sin subversión cronológica en este recuento anual. No veamos en el título una filiación ni —quizás— una alusión. La señorita Villar Buceta no evidencia parentesco lírico con Jules Romains, Luc Durtain, Georges Duhamel, Rene Arcos, Vildrac. Su introversión es asaz sostenida para divorciarla del encendido ímpetu gregarista de los poetas mencionados. Su frase estricta —que sí la acerca a ellos— no basta para establecer el nexo. Pero su propia personalidad —cargada con el patrimonio de una delicada sensibilidad— presta encanto a su obra. Languidece en el trance meditativo; pero se exalta al recoger verbalmente el hontanar emocional de su almario.
 La señora América Bobia Berdayes de Carbó ha coleccionado en "Ofertorio" —"devocionario lírico"— sus balbuceos poéticos. Medardo Vitier la anuncia "como la portadora, con nota personal inconfundible, de un caudal lírico de buena ley''. Ciertamente, vivifica sus versos ese trémolo temperamental indispensable a todo poeta. Después serán el aleccionamiento formal y la distinción temática. La autocrítica. La señora Bobia de Carbó ha progresado más en lo primero que en lo segundo. Su estilo depurado y sencillo es la más encumbrada virtud de su estro. Su temario —pueril, anciano- le resta importancia contemporánea a su augural libro.
 Gustavo Sánchez Galarraga se ha hecho en "Las Alamedas Románticas" un como florilegio de sus innumerables producciones. Desmayos, ayes, baladas y "música, mujeres y flores". ¡Y pensar que este joven de tan lacrimoso misoneísmo marcó otrora una tónica lírica en Cuba! Y que todavía pueda reclutar en nuestra promoción más experimentada dos o tres epígonos de café!


 Manzanillo es de las ciudades provincianas la que con más renovado y avizor espíritu conserva la notoriedad militante que le ganara la pugna modernista. Su "Orto" —diez y siete años de recepción y de heroísmo— cohesiona todo un pequeño movimiento admirable. Y ya se han erguido algunas figuras de superlativos alientos para las que es el solar natal mediatización y hasta ergástula.
 Allí Luis Felipe Rodríguez —robusto, poderoso, agreste. Sus narraciones "La Pascua de la Tierra Natal” son la menos sofisticada expresión de cubanismo que nos ha deparado el año. A Rodríguez lo llamé —informando desde esta “1928” de las excelencias de su obra— escritor de la tierra cubana. Y fue porque, ciertamente, no conozco entre nosotros otra inteligencia que en gesto así de familiar y simpático eche en el suelo patrio prolíficas raíces de comprensión. En el suelo y en la atmósfera y en los hombres. Porque, además de esta dionisíaca glorificación de la naturaleza —tierra y fauna-Rodríguez vive las zozobras civiles del pueblo. Y una y otras borbotean en sus libros animadas por una innata y viril predisposición artística. Luis Felipe Rodríguez está equidistante del folklorismo que con su cándida devoción pretende exorcizar nuestra admiración y del guajirismo de "pastiche " que con recetas intenta curar la original anemia: Rodríguez es el artista cubano. Y fuera fragmentar su personalidad desvincular entrambas condiciones. En él concurren de consuno a la fecundación de su talento. Por eso cuando más libremente se manifiestan es cuando Rodríguez logra esos inolvidables cuadros suyos. Y —en cambio— alcanza menores altitudes cuando se acerca a la ciudad para hablar en dialéctico civilizado.
 Pareja inspiración a la de Luis Felipe Rodríguez delatan en su autor —Librado Reina— los "cuentos cubanos" "Solares". "Puesto en lo alto el pensamiento —hacia lo infinito— he regresado de ese viaje de suprema aspiración, con un amor mayor por todo lo que nos rodea y que fue creado par a nuestro regocijo y satisfacción. Las montañas, el mar, el río, los ortos y los ocasos de los días, han sido mis inspiradores a lo largo de la senda"— nos confiesa. Es en Librado Reina mérito primordial su soltura técnica para manejar el cuento. Económico de recursos y digresiones le infunde ímpetu y vitalidad. Su manera narrativa y descriptiva indican una visión crítica muy del momento. Y un como temperamental dramatismo comunica a la anécdota —hábilmente dosificada— un reiterado interés. Su estilo —léxico y
sintaxis— macula el libro con inelegancias de neófito. Pero —con lo dicho— ¿cómo no detonar la salva de 21 gritos de estimación por el gran cuentista que se nos promete?
 Manuel Navarro Luna —el hondo poeta de Manzanillo— nos da en "Surco" claro testimonio de la reciente dirección de su poesía. Los poemas de "Refugio" calzan fecha 1927 —y son románticos y opacos. Y ahora estos versos que —tipográfica y fundamentalmente— van disparados hacia una novísima realización. La transición —brusca— se adivina. Pero también la euforia de Navarro Luna al sentirse pasajero de la buena travesía. Y al columbrar en una meta de las que son, flechas el acendramiento de la emoción y la poda profiláctica de la expresión el cómodo hogar amable par a sus nobles ejercicios de poeta.
 Hay en "Surco" amagos de un trágico sentir la vida escanciado en ajustada forma:

  "En la cruz de la noche
  has clavado mi cuerpo,
  y, rencorosamente, despedazas mi nombre
  con las rojas espinas del recuerdo."

 Porque Navarro Luna —que ha desplazado de su temario las insignificantes eventualidades cotidianas— halla en sus propios meandros fértiles motivos de inspiración. Y la sinceridad con que traduce ese lírico estremecimiento es la clave de su fuerza. Por eso cuando se vuelca sobre alguna externidad no es a guisa de fotógrafo sino hermanándola a su afección o a su simpatía: "La s Piedras Vencidas", "El Regreso''. Amigo Navarro Luna: me alborozo por la cosecha que germinará en su surco!
 Desde su recóndito Guantánamo Regino E. Boti — empinado en su veteranismo literario—comenta con
esa su perenne frescura los latidos de la última pulsación poética ("Tres Temas sobre la Nueva Poesía", ediciones 1928) u ordena —con Héctor Poveda— las "Notas acerca de José M. Poveda: su tiempo, su vida y su obra " (Manzanillo). Lo primero: inteligentísimas acotaciones sobre la novopoesía, en que reafirma Boti ese infinito don de la comprensión que —hace veinte años como hoy— le garantiza una de las más certeras opiniones literarias del país. Lo segundo: cordial evocación de un hombre preclaro —José M. Poveda— y de una época mulata— la de la insurrección modernista.
 Héctor Poveda —además— editó “Crepúsculos Fantásticos", buena parte de sus poesías desde 1914 hasta ahora. El dejo decadentista y romántico de aquellas perdura en éstas. Boti aclara en el prólogo: "En cuanto a la forma, Héctor Poveda sigue la tradición parnasiana en lo que significa pulcritud del verso; y la simbolista en cuanto significa su manejo con libertad, y el empleo del metrolibre''. Y recurre a “minuciosos detalles” para discutir su “aparente misoneísmo". Pero no es menester que ni el lector ni yo le acompañemos.


 (Fragmento), Revista de Avance, 1929, no 29, 15 de diciembre de 1928, pp. 343-49 

domingo, 9 de abril de 2017

Nuestra producción poética en 1928




    Félix Lizaso

 No ha sido este un año fecundo en libros poéticos. Nos atreveríamos a insinuar —recogiendo una observación de un alto  poeta nuestro voluntariamente silencioso, aunque parezca paradoja— que el más inmediato efecto de la obra antológica  La poesía moderna en Cuba, fue inesperado: el silenciamiento de muchos poetas que habían apuntado ya. De ser cierta la observación, creemos que cabría aplicarla únicamente a la mediocridad, que por naturaleza se inclina a la exuberancia y rechaza la crítica, aún la mejor intencionada. Nunca a los mejores valores —los poetas genuinos— que lejos de estar en pugna con las posibilidades valorativas, pudieron escuchar entonces, y seguramente así fue, una voz de  comprensión y de aliento.
 Aquel libro pudo haber tenido la virtud apuntada; pero sin duda tuvo otra mucho más importante: preparó un florecimiento inmediato en multitud de brotes hasta ese instante inadvertidos.
 Con una oportunidad que no es difícil reconocer surgió  la nueva página literaria del Diario de la Marina, con dirección adecuada y espíritu ampliamente renovador. Se produjo entonces un momento de raro entusiasmo, en que un grupo de jóvenes nos devolvía la confianza en un despertar poético dentro de las modalidades reinantes en todas las latitudes. En pocos momentos se trató de conquistar el camino que había permanecido virgen, pero que precisaba recorrer si queríamos aparearnos a los más veloces. Y en esto vino a ser decisiva la aparición de ”1927” y su continuadora ”1928”, que ha venido recogiendo en sus páginas las modalidades de vanguardia más destacadas en nuestro medio, propulsando su afianzamiento y recogiendo las voces teóricas de los críticos más adeptos.
 Precisa que previamente repasáramos de una ojeada esas publicaciones, muy de tener en cuenta si queremos conocer uno de los aspectos más importantes de la actual poética nuestra. De vuelta, tendríamos la convicción de que las modalidades de vanguardia han quedado afianzadas en nuestras letras, no importa las diferencias de grado y de logro. Se han impuesto; sólo resta ahora trabajar en su perfeccionamiento, ahondar por dentro, depurar por fuera, buscar la unión difícil de nosotros mismos con nuestra expresión.

II

 La producción recogida durante el año en el Suplemento y en la revista “1928”, sigue en general las modalidades de vanguardia. —Y aquí convendría aclarar que el vanguardismo no es una escuela, como equivocadamente parece haberse creído, sino el nombre genérico aplicado a las distintas escuelas y a las innúmeras modalidades aisladas, que buscan nuevas formas de expresar una sensibilidad distinta, como se reveló la de post-guerra.
 En los poetas que hacen su aparición en el suplemento literario del Diario, y que de un modo más o menos frecuente publican en él a lo largo del año (Pita Rodríguez, Ramón Guirao, Mur y Oti, Delahoza, Rafael Sentmanat, Gerardo del Valle, Nilo Picazo y Cossío, Francisco Simón), algunos de los cuales creemos que lo hacen allí por primera vez, van apuntando las características esenciales de las distintas sectas de vanguardia: el uso renovado de la metáfora, elemento  primordial para Borges, la persecución de las imágenes sorprendentes y reiteradas, los nuevos motivos de inspiración, con frecuencia las cuestiones sociales. 


 “1928” recibe los aportes de Pedro López Dorticós, Manuel Navarro Luna, Miguel Galliano Cancio, empeñados cada uno a su modo en acordar su ritmo con el que imponen las nuevas formas. Eugenio Florit, que de un modo decisivo trabaja con fina inteligencia dentro de la sensibilidad actual, tiene exquisitos aciertos en sus recientes composiciones de ambiente nuestro, en el molde de la décima que parecía irredimible. Lino Novas Calvo, poeta inédito que se da a conocer en las páginas de esa revista, aporta un estremecimiento de rebeldía sincera en sus poemas a los camaradas proletarios, falange sudorosa de ilotas, que no comprenden a Lenine  y siguen crucificados a su overall de rayas. Juan Marinello,  en fin, en sus poemas recientes “La vuelta” y "Palabra” aísla una poesía desligada ya de todo contacto exterior; la palabra sin sentido de sí misma, iluminando las fosforescencias insospechadas, tesoros que sobrenadan en las aguas que quieren ser prístinas.
 La mayor parte de esos poetas, designados con el nombre de vanguardistas, poseen en general cualidades comunes, en distintos grados: huyen de la exuberancia, de las frases hechas, de las prédicas demasiado concretas. Sus poemas tratan de quedar reducidos a las líneas indispensables, suprimiendo andamiajes, enlaces, explicaciones.

III

 Unanimismo, de María Villar Buceta, es el primer libro  que debemos considerar en esta reseña. Aunque lleva la fecha de 1927, su impresión quedó terminada el 20 de diciembre —nos lo dice el colofón,— y no comenzó a circular sino a principios de enero. Unanimismo reunió la obra casi íntegra de M. V. B., los primeros poemas y los últimos. Mientras en la lectura vamos por grados del lirismo inicial a la madurez reflexiva, hallamos una unidad de dirección, que sería su mejor virtud, si no fuera su mayor peligro. Unanimismo, panteísmo, escepticismo, conceptos que sugieren distintas direcciones; en el fondo, un lirismo amenazado de malograrse. La vena ideológica que M. V. B., trajo a su tiempo a nuestra poesía, fue adquiriendo predominio casi exclusivo, con perjuicio de sus virtudes poéticas. Aunque inteligencia y sensibilidad no se excluyen, el cultivo predominante de aquélla aminora la emoción poética. Es visible que de un modo consciente, pero equivocado a nuestro parecer, M. V. B., se ha ido despojando de su lirismo, acentuando la importada ingeniosa de la idea. Y con ideas sólo, ya lo sabemos, nunca podrá hacerse buena poesía.



 En Crepúsculos fantásticos, Héctor Poveda nos ofrece poemas concebidos a la manera anterior, en la que supo sobresalir. En su más reciente producción, ha tentado con éxito las modalidades actuales.
 Ofertorio, devocionario lírico como lo llama su autora América Bobia Berdayes de Carbó, es el primer libro de un poeta del que nada sabíamos antes. Se nos revelan en él las virtudes primerizas, la frescura femenina, deseosa sólo de dar su nota de sentido íntimo y recatado. Libro inclinado al modernismo, en que seguramente las circunstancias ambientes presidieron su formación poética. 
 Manuel Navarro Luna nos da en Surco la impresión de ese esfuerzo ya casi logrado de conquistar una modalidad. En eso habría que darle alabanza, y no vituperio. El hombre empeñado en rebasarse a sí mismo, tiene ya conquistado el derecho de que se le tenga en cuenta. Cuando en octubre de 1927 publicamos en La Gaceta Literaria de Madrid una serie de poemas cubanos, y gracias a ese envío Cuba pudo aparecer en aquel mapa de poemas que ya había sido hollado por las principales literaturas de América, no había aquí aún mucho que mostrar, excepción hecha de dos, de tres poetas acaso. No dijimos por eso que fueran poetas vanguardistas, ni de  vanguardia, ni usamos esa palabra en nuestra nota. En cambio, sí hablábamos de tropicalismo. Convendría repetir aquí lo que entonces dijimos, y no estará de más, porque el cuadro persiste en sus líneas generales: Dijimos:
 "En otras partes la nueva poesía va pasando del ensayo a
las normas. Nosotros comenzamos a remontar la corriente del modernismo. Acaso el tropicalismo nuestro nos ha retardado los movimientos, y ha sido al mismo tiempo una gran dificultad para vencer el ritmo suave y la música cadenciosa, de virtud dormitativa, que le son peculiares. No exprimir en el verso la cadencia habitual, será durante largo tiempo su condenación.
 "Pero llega el instante en que no es posible prolongar el sueño, que va poblándose de inquietudes: el subjetivismo representado por González Martínez, la sencillez comprendida de Martí, el verso puro de Juan Ramón Aquí nos habíamos quedado ayer.
 "Los poetas recién llegados andan aún en el tanteo. De preferencia sus poemas son interpretaciones del paisaje con imágenes de color y de sorpresa. O bien visten con traje propio del minuto el destello de una idea. Pero en sus versos no han logrado exprimir aún las notas esenciales. Estamos en la primera etapa de un momento nuevo.
 "Otros que llegaron antes, torciendo el rumbo, se aventuran también hacia una sensibilidad nueva: sensibilidad de la inteligencia como la otra era sensibilidad anímica —percepción tan fina de la antena, que sin embargo no entraña blandura. Y hay aún la excepción del poeta realizado, que está bien en todas partes y en cualquier momento; el poeta que ha comprendido los problemas, y los ha resuelto por eliminación, por afinamiento y por síntesis.”
 Esto decíamos, y nada más.



 Claro que ahora incluiríamos otros poetas, por ejemplo,  a Regino Pedroso, con su Taller mecánico, a Eugenio Florit, con alguna de sus composiciones últimas, al propio Navarro Luna, con un aporte de Surco, y a muchos otros de los que aparecen nombrados en esta reseña. Porque a pesar de resabios aún indomados de anteriores escuelas, y de ingenuidades como aquella de la tipografía, tan del gusto de los estridentistas, especialmente de List Arzubide, en los poemas de Navarro Luna hallamos emoción y aciertos.
 Quizá la más alta característica de la nueva poesía sea su ruptura con los procesos mentales lógicos ya trillados. Comprendemos que se nos lleva por caminos distintos, en los que estamos a punto de perdernos, —caminos desconocidos que seguramente ya no responden a la lógica acostumbrada, sino precisamente a un ilogismo esotérico. Se percibe claramente el horror a la lógica, como la nueva prosa siente el horror a la frase. Jorge Mañach ha vuelto sobre el tema, a propósito de los Poemas en menguante de Mariano Brull, libro fijado en un horizonte remoto, tan distante de nuestros tanteos.  
 Con haberse formado en cánones ya superados en relación con el momento nuestro, en contacto con figuras representativas de otras literaturas —inglesa, francesa, española,— con haber ido a la poesía limpio de espíritu, sin haberla forzado nunca ni hacerla mero desahogo, sino palabra definidora de sí mismo, se presentó ya gran poeta desde su primer libro.
  Pero Mariano Brull quiso ir más lejos, en esa busca incesante de sí mismo en que le hemos hallado siempre, a la vuelta de todas las circunstancias. Sus poemas son por eso fruto de una maduración perfecta, sabiendo que no se llega a lo que se quiere sino a su tiempo, y no cuando se desea. Para destilar un verdadero arte, además de poseerlo, hay que tener una dura conciencia de él. Y Mariano Brull la ha tenido sin duda como ninguno de nuestros poetas actuales. Trabajó su arte desde que tuvo conciencia de él. Su teoría del "lirismo dramático”, grata a Pedro Henríquez Ureña, formulada en el gusto de las buenas pláticas, cuando se iniciaba su formación, encontró después más de un acuerdo con la teoría del "lirismo integral” de Juan Ramón; y de aquí las analogías con este poeta, especialmente en los poemas intermedios entre La casa del silencio y Poemas en menguante.


 En este último libro se nos aparece siendo él solo, poeta de vida real en sí mismo, dentro de una pureza y un esoterismo que es su encanto y su dificultad a la vez.   
  Cabría citar aquí, finalmente, la producción poética de Armando Godoy —Hosanna sur le sistro y Monologue de la tristesse et colloque de la joie —cuyos libros han tenido acogida espléndida por la crítica francesa, y ha hecho pronunciar mil veces el nombre de Baudelaire. Pero concebidos y escritos estos libros en francés, dejan de pertenecer voluntariamente, a nuestra literatura, como en los casos de Les Trophées y Rimes Byzantines.

IV

 Sea como quiera, el hecho cierto es que la producción poética del año, aunque escasa, se ha hecho notar por un casi general deseo de superación de los moldes. No podemos compararla con la que se produce eh los países más avanzados no ya de Europa, sino de nuestra.
  Correríamos el riesgo de notar que nuestros poetas, queriendo ser nuevos, son sólo rezagos de un ultraísmo que nos llegó tarde y mal, de un estridentismo ya en desuso, o de cualquier otra promoción poética. Pero nos sorprendería también notar cómo alguno de ellos, —preocupados de lo esencial— penetran certeramente en una poesía novísima, afanada de pureza. Camino éste por el que se adelantan poetas como Juan Marinello, desligado ya de su impulso inicial de Liberación, que ya fue de por sí un acontecimiento, y Mariano Brull, desde sus composiciones anticipadas en Quelques Poems, en las revistas social, en la página literaria del Diario, y de una manera rotunda en estos Poemas en menguante que nos dan entrada al panorama de la lírica mundial. 
 No estamos seguros de haber mencionado todos los libros publicados durante el año, ni de haber citado todos los nombres que importaban. Hemos procurado, no omitir lo más importante. Quien sepa que la mayor parte de los libros nuestros nos llegan por envío directo del autor, porque casi nunca van al librero, cuyo es ya característico su poco interés por el libro cubano, no extrañará que no conozcamos muchas veces sino aquellos recibidos de los autores. Y a nosotros, naturalmente, son pocos los autores que nos envían sus libros, entre otras razones porque no tienen por qué. Esto, sin embargo, tiene su gran ventaja: nos excusa de las omisiones.



 Revista Social, enero de 1929.