lunes, 10 de noviembre de 2014

Nowack, Manso y Cía



 Mantua, mayo 7 de 1906

 Sr. Director del Diario de la Marina
 

 Muy señor mío: Alarmado por las predicciones del sabio profesor Nowack, me viene a la mente lo de aquel doctor Carballo que curaba la tenia, y del Hombre Dios, Juan Manso, que cura todas las enfermedades con cubos de agua, y desearía que usted, con su reconocida bondad e innegable competencia, me resolviera el siguiente caso de duda: ¿Hay alguna relación entre la misteriosa vasija de Caraballo, el agua de Manso y la peonía de Nowack?

 Como son tres (como las hijas de Elena), supongo que formarán un triángulo, y, si es así, ¿ese triángulo es recto u obtuso y sirve para tomarnos el pelo y sacarnos los pocos centenes enfermos que "por el mundo son"?

 Desearía saber a qué atenerme sobre el particular, y si usted, dadas sus múltiples ocupaciones no pudiera desvanecer mis dudas, le suplico haga traslado de ellas al señor Curros o al señor Giralt, que, con su reconocida competencia, podrán dilucidarlas.

 Le anticipa las gracias y queda de usted, con toda consideración más distinguida, su atte. s. s.



                             Q.B.S.M.,

                             José H. Pérez



 A nuestro juicio, hay una relación grandísima entre los efectos producidos por la tenia de Caraballo, el agua del Hombre-Dios y la peonía del Dr. Nowack. Todos se deben, más que a otra cosa, a la falta de fe religiosa. Es tan natural en el hombre lo sobrenatural, que, cuando no cree en Dios, cae en las supersticiones más ridículas.

 Y no se arguya que eso se debe más bien a la falta de civilización, porque nosotros hemos visto en las ferias de París, "cerebro de Europa", numerosas barracas de adivinadores y de magos, donde se precipataban las gentes de todas las clases y condiciones, escándalo que jamás habíamos presenciado en las humildes aldeas de nuestra tierra.

 Se necesita instrucción sólida para no incurrir en supersticiones; pero también se necesita fe religiosa, aunque le juzguen paradoja ciertos sabios a la violeta, porque el hombre aspira, tiende siempre a los sobrenatural. 


 Diario de la Marina, 6 de mayo de 1906, p. 1.