viernes, 28 de noviembre de 2014

De catalanes y otros cuerpos voluntarios




 
 Gil Gelpí y Ferro

 La procesión cívica, con admirable orden, desde el muelle de la Machina siguió por las calles de la Cuna, Oficios, Plaza de Armas, y frente del Palacio, desde cuyo balcón el Excmo. Sr. Capitán General presenció el desfile, saludó a los Voluntarios y vitoreó a España y a Cuba Española, cuyos vivas fueron contestados con entusiasmo por los Voluntarios, y por la compañía de Guías del Capitán General que cubría el frente del Palacio y mantenía la Plaza despejada. Siguió la procesión por las calles del Obispo, Mercaderes, Plaza Vieja, Muralla, Calzada del Monte, Águila, Reina y Paseo de Tacón, donde abriendo filas las comisiones delos cuerpos, dieron paso a los Cazadores de Barcelona que entraron en el Cuartel de Madera.
 Por la noche un gentío inmenso recorría las calles para ver la iluminación, las colgaduras y los magníficos arcos de triunfo. Los oficiales e individuos del batallón de Voluntarios Catalanes fueron en todas partes obsequiados y reinó la más cordial fraternidad y la más pura alegría en la capital de las Antillas.
Al anochecer del día siguiente todo respiraba animación en las inmediaciones de la Quinta de los Molinos, donde debían ser obsequiados con un banquete los Sres. Jefes y Oficiales del Batallón de Catalanes por la Comisión de Festejos, como habían sido obsequiados con un buen rancho los individuos de tropa del mismo.
 En los elegantes salones de la Quinta, donde solían residir durante el verano los Capitanes Generales, se habían preparado mesas con más de trescientos cubiertos, donde se debían sentar con los dichos jefes y oficiales obsequiados, todo lo más distinguido de la capital de la isla de Cuba. Los señores convidados por la Comisión de Obsequios como a las 8 se sentaron y empezó el banquete, alternando los coros de catalanes con las bandas de música colocadas en los alrededores de la Quinta. La comida fue excelente y a los postres el Sr. Presidente de la Comisión D. Manuel Martínez Rico, brindó por los Voluntarios Catalanes, por el Excmo. Sr. Capitán General y por España, que ha de conservar siempre la isla de Cuba! El Sr. Vice-Presidente D. Francisco Camprodón recitó unos hermosos versos en catalán, que arrancaron atronadores aplausos.
 El Sr. G. Gil Gelpí, Secretario de la Comisión brindó por las madres catalanas que conservando las creencias y siguiendo las costumbres de nuestros antepasados, saben desprenderse hasta de sus hijos cuando la Patria lo reclama! Comparó a las nobles madres catalanas cuyos elevados sentimientos pueden rivalizar hasta con los de las matronas espartanas, con las desgraciadas hijas de la isla de Cuba que han abandonado sus hogares para pasar al campo de los insurrectos o al extranjero a mendigar socorros, abjurando la religión verdadera de sus padres y abandonando las costumbres, tradiciones idioma y cuanto hay en el mundo de más caro! El Excmo. Sr. D. Rafael Clavijo General Subinspector de Ingenieros y Voluntarios pronunció un elocuente discurso, y lo mismo otros señores que fueron como los precedentes interrumpidos varias veces por los aplausos del inmenso gentío que se había reunido dentro y fuera de los salones.
 Al día siguiente el Excmo. Sr. Capitán General revistó a los Voluntarios Catalanes, los que fueron obsequiados hasta el día que verificaron su embarque, acompañados hasta el vapor que debía conducirles a Nuevitas por los señores de la Comisión y jefes de Voluntarios de la Habana.
 El Excmo. Sr. D. Julián de Zulueta, habiendo recibido de las Provincias Vascongadas la noticia de estar prontos para embarcarse los decididos Voluntarios del Primer Tercio que las Juntas estaban organizando, reunió en su casa un gran número de personas distinguidas, y entre ellas las que habían formado parte de la Comisión de obsequios para recibir a los catalanes. Bajo la presidencia del mismo Sr. Zulueta, que organizó una Comisión para recibir y obsequiar a los valientes del Primer Tercio de Voluntarios de las provincias vascongadas. El día 2 de junio llegaron los vascongados en el vapor Guipúzcoa y verificaron su desembarco en la Machina. Allí se había colocado un hermoso laurel de la India, simbolizando el histórico Árbol de Guernica y al rededor del cual se colocó la Comisión de obsequios, en cuyo nombre el Excmo. Sr. D. Antonio García Rizo dio a los valientes la bienvenida, pronunciando en castellano un elocuente discurso que fue vivamente aplaudido; lo mismo que el pronunciado después en vascuence puro y con notable brío por el Sr. Eleizegui. Siguiendo el mismo Programa que se observó en la entrada de los catalanes, y aumentado todavía el séquito con numeroso carruajes, con niñas representando la agricultura, la industria, la navegación y el comercio, con un coro de vascongados que alternaba con el de los catalanes, y con comisiones de muchas más poblaciones, y teniendo el honor de abrir la marcha los voluntarios de caballería Chapelgorris de Guamutas, se dirigieron por las calles engalanadas y por debajo de varios arcos de triunfo al Cuartel de Madera. El día 3 después de haber tomado los Voluntarios excelente rancho, costeado por la Comisión, fueron obsequiados los Sres. Jefes y Oficiales con un gran banquete en el Teatro de Tacón, en el que tomaron asiento más de cuatrocientas personas, de la más alta posición de la Isla.
 A los postres el Excmo. Sr. D. Julián de Zulueta pronunció un patriótico y entusiasta brindis, al que siguieron los de los Excmo. Sres. Generales de Marina, de Artillería, de Ingeniero y Regente de la Audiencia, del Sr. Coronel de los Voluntarios Vascongados y de los Sres. Directores de los Periódicos D. Juan de Ariza, D. Gonzalo Castañón y el que estas líneas escribe. El Sr. de Zulueta tuvo la feliz idea de reunir y publicar en un Álbum de gran lujo todos los artículos y todas las poesías que vieron la luz pública y todos los discursos que se pronunciaron en la Habana, con motivo de la llegada del primer Tercio de Voluntarios Vascongados. Tenemos a mucha honra que nuestros humildes artículos y discursos figuren en aquel notable libro, que recuerda uno de los más memorables días que registran los Anales de la isla de Cuba.
 Con igual entusiasmo y siguiendo con pocas variaciones el mismo Programa, fueron sucesivamente recibidos los batallones de Voluntarios de Andalucía, Asturias, Santander y 2 y 3ro de Catalanes y otros cuerpos de Voluntarios que llegaron a la Habana; y en todas las fiestas cívicas reinó la más cordial fraternidad entre los hijos de todas las provincias peninsulares y ultramarinas. En todas se manifestó el más noble entusiasmo y se dieron repetidas pruebas de desprendimiento patriótico.
 Con estas Fiestas cívicas se consiguió levantar el espíritu público, poner en contacto hombres de distintas posiciones, dar a conocer la altura en que estaban muchos individuos y encaminar por buena senda la opinión pública; sin excitar rivalidades y sin dejar crecer aspiraciones que hubieran producido resultados funestos en las circunstancias que en aquellos meses atravesaba la isla de Cuba. Ano ser por los arranques de patriotismo, los rasgos de desprendimiento y el caudal de conocimientos que en aquellos días se pusieron de manifiesto, quién sabe hasta dónde habrían llegado las ambiciones bastardas de algunos hombres de reputación usurpada, que quizá soñaran en organizar juntas; y en nombre de los principios conservadores y a pretexto de conjurar futuros peligros, habrían entrado en el peligroso terreno de la Autonomía. Al ver que en caso de proponerse una peligrosa medida cuando el pueblo español leal lo podía todo, no serían ellos los elegidos, porque otros habían dado pruebas de ser más inteligentes, mas desinteresados y mejores patriotas, se contuvieron y se marcharon algunos a la Península en busca de empleos lucrativos.
 Al mismo tiempo que los ambiciosos que siempre habían pertenecido al partido conservador se contenían, los laborantes se desanimaban al ver como se encaminaba por la buena senda la opinión entre los que sin reparar en sacrificios y sin pretender medrar personalmente, querían ante todo que Cuba fuera para siempre Española.


 Álbum histórico fotográfico de la guerra de Cuba, 1872, pp. 299-31.