sábado, 15 de noviembre de 2014

Devuélvannos al Hombre Dios –y la opinión de Ortiz





 1-

 La siguiente noticia no se refiere a un brujo afrocubano; pero es preciosa para observar el deplorable atraso de buena parte de nuestro pueblo, respecto a supersticiones y hechicerías. El Hombre-Dios ha llegado a instalarse en La Habana con lisonjero éxito. Excuso tratar de este curioso tipo porque sale fuera del marco étnico del presente trabajo. 


 Yaguajay


 Ayer por la mañana se apareció en el punto conocido por “Mangos de Sansasicú”, un hombre explicando la doctrina espiritista (o) y haciendo curas por medio de rezos y agua, aglomerándose más de seiscientos individuos alrededor del brujo.

 Cuando más entusiasmado estaba el orador en su plática, lo detuvo el jefe de la Policía, conduciéndolo al vivac.

 Los que presenciaban el “meeting” y muchos que se enteraron de la detención del Hombre Dios, se aglomeraron en la puerta de la casa particular del alcalde, pidiéndole que pusiera en libertad al detenido. Entre los peticionarios figuraban muchas mujeres de la raza de color.

 Al negarse el alcalde a poner en libertad al detenido, profirieron los peticionarios en una ensordecedora gritería, que la Policía primero y la Guardia Rural más tarde, hubieron de acallar con su oportuna presencia.

 La multitud, no obstante, no ha abandonado su propósito de que le sea entregado el Hombre Dios, y sigue en su actitud provocadora y hostil, que amenazan los rurales aplacar si llega el momento, con el plan de sus machetes.

 Anoche, un gentío inmenso, reunido en manifestación tumultuosa, se dirigió nuevamente a la presencia del alcalde para insistir en su petición de que pusieran en libertad al Hombre Dios. Como el alcalde mantuvo su negativa, se fueron a ver al juez municipal, y viéndose desairados también por éste, pretendieron dirigirse al vivac con el fin de rescatar al detenido a viva fuerza, saliéndoles al encuentro entonces varios guardias rurales que lograron disolverlos, sin haberles propinado antes algunos planazos.

 Hoy por la mañana continúan multitud de curiosos rondando por los alrededores del vivac.

 Los alborotadores parece que persisten en su empeño de libertad al Hombre Dios.



 2-


 Aunque amputado el elemento religioso de la brujería por la conversión en masa de sus fieles a una teología moral, subsistiría la base principal del parasitismo brujo. El ejercicio de la hechicería y de la adivinación, que nada tienen que ver con la moral ni con los dogmas tal como son entendidos por el vulgo, aparte de una vaga intervención de las divinidades, y ya sabemos que los fetichitas afrocubanos no se muestran intransigentes en materias teológicas, y que una simple suma de panteones basta, según ellos, para soldar los credos religioso. Más bien lograría prosélitos entre los fetichitas afrocubanos la predicación de una de esas absurdas sectas creadas por verdaderos paranoicos –como dice Lombroso–, que tan a menudo aparecen como fuegos fatuos sobre los ruinosos dogmas de las viejas religiones, y especialmente si presentara algún aspecto sobrenatural o de hechicería. Los fetichistas de Cuba, para abandonar su fetichismo, aunque temporal y superficialmente, necesitan ver milagros, porque una religión sin milagros no es para ellos. Que el ambiente es propicio para una epidemia religiosa en ese sentido lo demuestra la agitación producida por cierto sujeto apodado Hombre Dios, en algunas comarcas de la República, donde su milagrería andante llegó a motivar alteraciones de orden público. Pero una predicación religiosa, que arrastrara creyentes, no conseguiría sino sustituir un parasitismo por otro, unas supersticiones por otras, y mantener la intelectualidad de los afrocubanos poco más o menos en el mismo atraso actual. Por esto debe perseguirse el mejoramiento intelectual del pueblo para atenuar y canalizar por lo menos, el sentimiento religioso.




 Los negros brujos (1906), Ciencias Sociales, 1995; pp. 155 y 199.