martes, 3 de diciembre de 2013

Carta que el Dr. Rafael Pérez Vento envió bajo el seudónimo de Swedenborg a Diario de la Familia



 Sr. Director del Dario de la Familia:

 Me ha parecido muy conveniente por lo que pueda servir para ilustrar la opinión pública, dar a conocer una variedad muy rara de alienación mental que los italianos conocen con el nombre de Paranoia, los alemanes denominan Verrucktheit y los franceses delirios parciales o sistematizados.
 Se presenta en la edad madura y los que sufren esta alteración de la mente se comportan como las personas de mentalidad sana razonando en todas las cuestiones que no están ligadas a su delirio. La presencia, pues, del delirio, no altera el juicio sobre las cuestiones generales ni sobre los hechos pequeños de la vida cotidiana, no alterando por consiguiente sus relaciones sociales ni el ejercicio de profesiones que a veces son elevadas. No siempre son hombres de acción, pero sí de carácter tenaz, que llegan a ejercer mucha influencia sugestionadora a las personas que lo rodean. Son escritores, publicitas, polemistas, y sus libros y escritos se suelen reconocer por una serie de indicios que los revelan: acostumbran poner sus retratos, títulos prolijos, dedicatorias, citas de otros paranoicos, múltiples caracteres tipográficos, etc.
 Los temas delirantes son variables, con más permanencia de naturaleza científica o religiosa. Cuando el delirio es religioso se convierten en profetas, apóstoles, etc., y suelen arrastrar un buen número de prosélitos. En Rusia se han observado estos casos con más frecuencia que en ningún otro país.
 Cuando el delirio toma como base una teoría de naturaleza científica, se creen grandes descubridores y hacen todas clase de enfuerzos por fundar instituciones. En Bologna vivió largo tiempo el Conde Mattei, que fundó una institución de electricidad vegetal con la que ganó mucho dinero.
 El médico debe limitarse a darles consejos amigables, aceptando desde luego su delirio, pero haciéndole notar que sus teorías pueden conducirlo a un manicomio.

     Swendenborg

     La Habana, 28 de abril, 1906