miércoles, 11 de diciembre de 2013

La peonía. "De cómo las pequeñas causas producen los grandes efectos"*

  Dr. Armando de Córdoba y Quesada

  A un viaje de placer que realizó por el S. E. de la Europa un sabio químico y botánico austriaco, J, F, Nowack, y al hecho de haber éste comprado a un buhonero, una fantasía de uso femenino, constituida por unas cuentecillas parecidas al coral, con una mancha negra en su parte superior, allá por el año 1906, se debió una de nuestras más intensas crisis de neurosis colectiva.
 En efecto, refiere el Profesor Nowack, que aquellas cuentecillas las supuso semillas de planta, las que no siéndole conocidas, pensó fueran importadas de algún otro país. Al llegar a su casa las sembró, por ser un fervoroso estudiante de botánica, y esperó ansioso que brotara la planta. A los cuatro meses observó que las manchas negras se hinchaban, y a los seis que de ellas salía una bolita verde que bien pronto creció, y reconoció entonces el Abrus Precatorius Nobiles (Peonía), indígena de la India, México y Sur América. Más tarde, quedó sorprendido, al notar que la posición de sus hojas cambiaba y que estaban en continuo movimiento; después de tratar en vano de producir este mismo efecto con la luz, humedad y temperatura, llegó a la conclusión de que la electricidad de la atmósfera, con sus cambios, era la causante, confirmando su apinión al notar que los referidos cambios eran seguidos tres días después, por una fuerte tempestad de rayos. Sus observaciones de muchos años, dice él, le permitieron pronosticar el tiempo con dos o tres días de anticipación, en sesenta millas a la redonda, como lo hizo en la Exposición de Viena, en los distritos agrícolas de Protewuin, Bohemia y Modric, llegando a las conclusiones siguientes: hojas dirigidas hacia arriba: tiempo bueno; dirigidas hacia abajo, malo; amontonadas, lluvia; inclinadas, viento o tempestad; si irregulares, niebla; si se enrollaban, tempestad de truenos. La dirección que apuntara la rama indicaba de donde habría de venir el tiempo anunciado, y el cambio de color en las hojuelas la distancia aproximada de estos acontecimientos. Era, en fin, una planta meteorológica.
 Deseando el Profesor Nowack perfeccionar sus estudios, obtuvo la protección del Príncipe de Gales, el que le autorizó a continuarlos en los Jardines Reales de Kew, bajo condiciones climatológicas y atmosféricas distintas; descubriendo allí que la planta silvestre se hacía más sensible al ser cultivada, y trazando cartas meteorológicas que mostraban las máximas y mínimas barométricas y las isoboras para el Atlántico del Norte con 6 ó 7 días de anticipación.
 Más tarde Nowack construyó su observatorio privado en New Barnet, continuando sus estudios por cinco años, mas como las observaciones tenían que ser constantes, de día y de noche, anotando todos los movimientos de las ramas, para Io que se necesitaba una institución especialmente equipada y dotada de ayudantes idóneos, solicitó la cooperación del doctor Hann, Director del Instituto Central Imperial y Real de Metereología y Magnetismo Terrestre de Viena, y del Dr, Mauricio Loewy, Director del Observatorio de París.
 El Dr. Nowack añadió a sus estudios sobre la planta, la observación adicional de las manchas del Sol y su período de rotación, que varía según la latitud de su aparición de 24 a 28 horas; significando que las manchas del Sol, en ocasiones trein ta veces más grandes que la tierra, afectan y perturban las corrientes magnéticas terrestres y la electricidad atmosférica, y son las causas primarias de los cambios en el tiempo, estableciendo una estrechísima relación entre las manchas del Sol y la planta meteorológica.
 En Febrero del año 1906, hizo su aparición en la Habana, el Profesor Nowack, y provisto de una recomendación especial del Departamento de Estado de Austria, y acompañado del Cónsul de su país, Sr. Berndes, se presentó en la Secretaría de Agricultura, en el mes de Abril del mismo año, mostrando documentos auténticos demostrativos de su personalidad científica, y de las experiencias hasta entonces realizadas; entre otras, sus predicciones sobre el terremoto de San Francisco de California, que en esos momentos conmovía el sentimiento nacional por sus terroríficas proporciones y constituía la actualidad in ternacional.
 El objetivo de su viaje a Cuba, según dijo, era el experimentar la peonía y hacer de ella una buena colección para trasladarla a Londres.
 Pero el extremo realmente sensacional de su visita a la Secretaría de Agricultura, la constituyó su terrible predicción de un movimiento seísmico en Cuba, sobre el 15 de Mayo de aquel año, a virtud de observaciones realizadas sobre plantas de peonía silvestre, en la Quinta Tariche, de Guanabacoa, y de las manchas del Sol en aquellos momentos.
 Ocioso es consignar la alarma que tales vaticinios produjeron, al hacerse cargo la prensa, en sendas informaciones, de la referida visita; alarma que fue aumentando día por día, hasta constituir un verdadero estado de neurosis colectiva, muy explicable, si se atiende a la personalidad científica del doctor Nowack y a una serie de coincidencias que ocurrieron en aquellos días: el desastre de San Francisco de California, las narraciones del cual ponían espanto en el ánimo; un anticiclón que hubo de visitarnos, manteniendo la ciudad durante cuarenta y ocho horas bajo torrenciales aguaceros, que produjeron innundaciones de muchos barrios y multitud de derrumbes de edificaciones; un temblor de tierra que ocasionó gran alarma entre los vecinos de Santiago de Cuba y, finalmente, la catástrofe de la Fábrica de Tabacos Vda. de Gener, con un crecida número de víctimas.
 Como ocurre en la mayor parte de estos casos, bien pronto surgió la controversia; la opinión pública se dividió en escépticos y creyentes, y diariamente aparecían en los periódicos, artículos de destacadas personalidades científicas combatiendo o apoyando el vaticinio,
 Naturalmente, estas controversias, por una de esas orientaciones muy explicables del espíritu, lejos de dilucidar el problema y llevar el optimismo al ánimo de todos, tuvo el contrario efecto de intensificar la alarma ya existente. El Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana y el Ateneo, cultísima sociedad literaria que presidía el Sr. Pichardo, cedieron su tribuna al Profesor Nowack, quien, disertó ampliamente desde ellas y mantuvo con gran competencia su doctrina.
 Mientras tanto, los que dudaban de su autoridad científica, realizaban una acuciosa investigación sobre su personalidad. Mas el Profesor Nowack, adelantándose a ella, aseveraba, que en la Exhibición del Jubileo de Viena, en un período de seis meses, hizo predicciones con sólo dos o tres días de anticipación, presentando testimonios de los Ayuntamientos de Bohemia y Moravia, demostrando que había sido subvencionado por el Gobierno de Austria y exhibiendo documentación al efecto.
 Ante la alarma que crecía por momentos y se extendía por toda la isla como demostraban los telegramas diarios que los corresponsales dirigían a sus respectivos periódicos, entre ellos el de Camagüey, quien denunciaba en Mayo 5, que muchos propietarios remataban sus fincas en condiciones onerosas, para ausentarse del territorio nacional; y el de Santiago de Cuba, que en la misma fecha, daba cuenta de que diariamente llegaban de la Habana y Matanzas familias que huían de la proximitad del terremoto; el periódico La Discusión provocó en su redacción una reunión entre el Prof. Nowack y los Dres. Carlos de la Torre y Santiago Huerta, Profesores de Biología y Geología, respectivamente, de nuestra Universidad Nacional, la que se llevó a cabo en la mañana del día 2 de Mayo de 1906.
 En su «interview» expresó, el Dr. Nowack, cómo había observado en la Quinta Tariche, en Guanabacoa, la trepadora peonía en número considerable, orillando los senderos de la misma, y cómo, en aquellos momentos todas sus ramas y hojuelas miraban hacia abajo; que le faltaban las pruebas de las observaciones siderales y que dado que sus estudios no recaían sobre plantas cultivadas, sino silvestres, él no hacía una verdadera predicción, sino una mera conjetura, aunque daban signos exactos que significaban que de tal a cual día iba a ocurrir un intenso temblor de tierra.
 Que el día 21 de Abril, observó, en Guanabacoa, estos signos exteriores en la planta orientada en dirección de Este a Oeste, reveladores de un movimiento seísmico o un temblor de tierra de grandes proporciones, es decir, una gran catástrofe, sin poder precisar el punto de mayor intensidad, ni si el fenómeno ocurriría en mar o tierra.
 Terminada la entrevista, los Dres. Carlos de la Torre y Santiago Huerta, declararon: «Creemos al Dr. Nowack un investigador tenaz y apasionado, que podrá dar a sus observaciones mayor alcance que el que en realidad tiene, pero digno de la mayor consideración y respeto».
Sus teorías no son nuevas en lo que se refiere a las influencias siderales sobre los fenómenos terrestres.
 No hemos logrado de él la presentación de pruebas justificativas de sus afirmaciones, y por tanto ningún juicio hemos podido formar respecto a la certeza de las mismas.
 En el estado actual de la ciencia, no se admite la posibilidad de tales fenómenos. Aun cuando el Prof. Nowack poseyera el medio de realizarlas, son tantas las reservas que en este sentido hace, que sus temores, como él mismo dice, no tienen el valor de una predicción sino el de una simple conjetura. Dentro de la ciencia constituída ninguna razón justifica las predicciones de Nowack, que están fundadas en datos empíricos y en experiencia exclusivamente personal».
 No arredró al Prof. Nówack la opinión contraria de los sabios naturalistas cubanos, y hasta recomendó la adopción de un curioso dispositivo mediante el cual, al denunciar la proximidad del terremoto, podrían adoptarse medidas de salvamento.
 Consistía éste, en una horca de madera de la que se haría pender por medio de una soga una herradura de imán, a la que se mantendría aplicada por su natural atracción un objeto de acero o de hierro, un clavo, por ejemplo. Debajo se colocaría una palangana, Al aproximarse el movimiento seísmico se perdería la acción del imán, y caería el clavo, produciendo el ruido consiguiente, que serviría de alarma.
 El tiempo que mediara entre la pérdida de las propiedades de atracción del imán y la caída del clavo, estaría en razón directa de su importancia. Mientras mayor fuera el intervalo entre el aviso o caída del clavo y el terremoto, éste sería de mayor intensidad.
 Siempre oscilaría entre medio minuto y dos minutos, dando tiempo a los habitantes de las casas para abandonarlas y refugiarse en zonas de seguridad. A veces es sólo de algunos segundos, pero entonces el movimiento carecería de importancia.
 Ocioso es consignar que cada vecino se proveyó de dicho dispositivo en forma y dimensiones según sus posibilidades; que éste se transportaba de uno a otro lugar de la casa en que se reunían sus moradores, y que hubo hasta quien lo colocara inmediato a la cama, durante las horas dedicadas al reposo.
 Poco a poco, sin embargo, empezaron a presentarse pruebas contrarias a las predicciones del Dr. Nowack, hasta el grado que el día 2 de Mayo, hallándose en el paradero de los tranvías de Guanabacoa, se le acercó un nutrido grupo de individuos  que se habían reunido en un café cercano, injuriándole y amenazándole con armas que portaban; actitud ésta que fué condenada por la generalidad de las personas, que consideraban al proíesor austriaco, más que un impostor, un fanático de una doctrina.
 Imposible nos sería hacer una narracion de los innumerables traumas psíquicos que las predicciones de Nowack produjeron, sobre todo en las provincias de la Habana y Matanzas, las más afectadas por su vaticinio.
 La curva de neuropatías entre desequilibrados y predispuestos tuvo un mayor ascenso en aquellos días. El éxodo, hacia el extranjero, de familias timoratas, fue considerable, y lo mismo la paralización en los negocios.
 El siguiente hecho, demostrativo del estado de ánimo de los vecinos de la provincia de la Habana, se registró en Santiago de las Vegas. En la fábrica de tabacos «Partagás», que ocupa un edificio de tres plantas, en dicho lugar, un obrero, en son de broma, lanzó al techado de vidrio un paquete de chícharos, que produjo un ruido extraordinario. Alguien gritó: ¡el terremoto! y, súbitamente, los obreros, aterrorizados, trataron de ganar la salida, muchos lanzándose desde los pisos altos, registrándose, como balance de este pánico, multitud de heridos.
 Pero nada más elocuente, para demostrar la perturbación psíquica de aquellos días que lo que pasamos a narrar: un grupo de notables médicos que controlaban la clientela quirúrgica de esos momentes, constituyeron una sociedad y adquirieron la Quinta del Rey, estableciendo en ella una magnífica clínica para la asistencia de sus pacientes, siendo tal la paralización de sus actividades profesionales, que el número de ingresos disminuyó de modo considerable, pues los que tenían necesidad de operarse, pospusieron la intervención ante la inminencia del terremoto.
 Ello originó la quiebra de la institución que pasó a ser la sede quirúrgica de los Dres. Fortún y Duplessis, una vez restablecida la calma de los espíritus.

El barómetro del día 

Si hacia arriba apunta el gajo,
habrá buen tiempo a destajo; 
pero si por suerte impía      
el gajo apunta hacia abajo,       
¡nos coge la peonía!

 Un fenómeno análogo al que nos ha ocupado, se registró recientemente, en los Estados Unidos, desde New York y New Jersey, hasta los Estados del Interior y Canadá, al interpretar por la radio elnotable actor Orson Welles el libro de H. G. Wells «La Guerra de los Mundos» o «Marte contra la Tierra», o sea la invasión y ataque de ésta por los marcianos.
 Es increíble cómo una farsa semejante llevara la convicción a miles de habitantes, de que se acercaba el fin del mundo: que la «Compañía de Teléfonos» tuviera que atender a más de cien mil llamadas; que los moradores de las casas se lanzaran a la calle presos de terror, y que hombres de ciencia como el Prof. Buddington, Jefe del Departamento de Geología de la Universidad de Princeton, saliera con sus instrumentos geológicos hacia Gravers Mills a observar el fenómeno.
 Dice Dorothy Thompson que la explicación de estos hechos hay que buscarlos en que la vulgarización de la ciencia ha llevado a nuevas supersticiones y credulidades, en vez de crear el escepticismo que es la característica de la mentalidad científica.
 El proceso es, pese a todas las disquisiciones filosóficas que se señalen, de pura disgregación mental, a la que estará siempre expuesta esa masa de tarados y predispuestos; prontos a aceptar cualquier enunciado por utópico que sea, el que se trasmitirá, por contagio, vertiginosamente, sin dar beligerancia a razonamiento alguno, por un verdadero «desvanecimiento de la personalidad consciente y predominio de la inconsciente». La condición sociológica primordial de contagio es la publicidad del hecho, que sirve de vehículo al germen contagioso.
 Lo más interesante de estos procesos es la extremada credulidad de la multitud por las cosas más inverosímiles, y la efracción absoluta del espíritu de crítica que debe dominar en toda persona de mediana intelectualidad, llegándose a la conclusión de que las multitudes no razonan, ni soportan controversias que abran paso a la razón.

 Tomado de: Dr. Armando de Córdoba y Quesada. La locura en Cuba. La Habana: Fernández y Compañía, 1940., pp. 86 – 94.
 
 Caricatura satírica del Dr. Nowak.  ("La Política Cómica").

 *Reproducimos el artículo tal y como aparece en el libro, incluidas las caricaturas que lo acompañan.