miércoles, 22 de agosto de 2012

Diversiones y pasatiempos





  Serafín Ramírez



 Teníamos cosmoramas, maromas, corrida de toros, ascensiones aereostáticas, recreaciones físicas, funciones ecuestres de un tal Piculín en donde figuraba el aplaudido «Romano» que bailaba en la cuerda unas tiranas con primorosas actitudes. En el Tívoli mil diversiones y pasatiempos que proporcionaban al pueblo grato solaz: allí se exhibían hombres incombustibles, fieras, jugadores de mano, figuras de cera; se hacían fuegos artificiales y se daban grandes asaltos de esgrima. 
 En la calle de Mercaderes, casa conocida por de la Cruz Verde, se construyó por un mexicano un teatro automático en el que se hacía entre otras piezas, una titulada «Armida y Reinaldo» en la cual se veía, perfectamente imitado, un mar embravecido, una nave que se sumergía, serpientes echando fuego, furias infernales, etc. Este teatro se exhibió mucho tiempo en distintos puntos de la Capital y en toda la Isla, hasta que volvió a esta ciudad y en 1831 lo admiraban las gentes en la calle de la Muralla número 70. Mr. Flottes, flautista, y Guillot, clarinete, ambos primeros premios del Conservatorio de París daban conciertos, asociados a otros muchos artistas que encontraron aquí. También tuvieron lugar por esa época las sesiones clásicas del violinista Halma, más adelante las de los esposos Canderberck, arpista y violinista, y por último las de la célebre Feron, cantatriz de fama europea (…)
 …En la calle de San Ignacio no. 15, se presentó en 1820, durante algún tiempo, un italiano, don Pedro Hellene, que ejecutaba un armonioso concierto a solo tocando a la vez cinco instrumentos e imitando al mismo tiempo el canto de varios pájaros.  


 Fragmentos de la Habana Artística, Revista cubana, tomo VI, 1887, pp. 76-77.