martes, 22 de abril de 2014

Motivos del incendio





 Juan M. Chailloux Cardona

 El 25 de abril de 1802, el barrio de Jesús María fue arrasado por un fuego que comenzó simultáneamente por varios lugares. Según Francisco Cartas expresa en su Recopilación histórica y estadística de la jurisdicción de La Habana, sus resultados fueron 1332 casas, 1265 accesorias y cuartos interiores destruidos y 11 370 personas a la intemperie, a las que se prohibió, por Decreto de 22 de marzo de 1804, reedificar sus viviendas, así como se dispuso demoler, las que no fueron afectadas por el siniestro. Sin haberse habilitado albergues para alojar a las víctimas, resalta de estas medidas y de las motivaciones del incendio la crueldad con que se las trató.
 Los motivos del incendio fueron sórdidos, brutales. Las tierras del barrio Jesús María, por esa fecha, habían adquirido un gran valor por el avance de la población hacia las áreas suburbanas. Cuando los negros empezaron a edificar allí sus chozas de embarrado y guano, era un paraje bajo e insalubre, cubierto de espesos manglares. La afluencia de habitantes que desenvolvían sus actividades en o cerca del muelle Tallapiedra realzó la importancia del barrio. Desde entonces, la codicia de las clases privilegiadas no se dio descanso en sus propósitos de expulsar de allí a sus primitivos habitantes. Se encontró una justificación de orden público en las sangrientas rivalidades existentes entre los residentes del barrio (“negros criollos”, “curros del manglar”, etc.), subdivididos en bandos como los de “Amelia” e “Italia”, que dirimían sus querellas a cuchilladas, causando a veces víctimas inocentes. Jesús María era la expresión del bajo mundo habanero estremecido de vicios y violencia.
 La prohibición de reedificar las habitaciones destruidas por el incendio, así como la orden terminante de demoler las que no fueron afectadas, fueron desoídas con la tolerancia de las autoridades que jamás tuvieron la intención de despoblar la superficie del barrio, sino de sustituir su población. Esas disposiciones fueron, por tanto, de obligatorio cumplimiento tan solo para los negros faltos de una buena recomendación o medios para sobornar. No obstante, fueron muchos los que arrastrando los peligros de las represalias, permanecieron en el lugar.
 Y continuaron los incendios esporádicos hasta el 11 de febrero de 1828 en que se produjo otra gran conflagración que destruyó 450 casas. En el año 1856 el barrio de Jesús María había quedado reducido a 404 casas, 49 accesorias y 15 ciudadelas, donde vivían 3126 habitantes; pero 1859 eran blancos. Un cronista de la época se mostraba satisfecho por la purificación de elementos maleantes que había experimentado el barrio, pues “el incendio de 1828 destruyó las guaridas en que se ocultaban estos entes perjudiciales a la sociedad”.
 Los negros habían huido a otros barrios extramuros como el Horcón, donde también el fuego hubo de perseguirlos. Las clases acomodadas se extendieron por barrios como el Horcón, precedidas del resplandor de los incendios y sobre las cenizas de los hogares de infelices negros. Por otra parte, en la colonia habíase descubierto en el incendio de viviendas, un método ideal preventivo de la criminalidad. 

 Los horrores del solar habanero. Síntesis histórica de la vivienda popular, Editorial Ciencias Sociales, 2008, p. 92-93.