domingo, 20 de abril de 2014

Explosión del Cuartel Ravena





 Juan Jaume

 El origen

 En los primeros momentos se dijo que el origen de la catástrofe se debía a que una caja hubo de caer del carretón al suelo, en los momentos en que era trasladada para llevarla al tren. Posteriormente se pudo saber la verdad. El suceso lo motivó la imprudencia de los encargados de inspeccionar el embarque de la dinamita, quienes para tapar una caja, que llevaba una tabla suelta, ordenaron al carpintero Carlos Naya que la clavara. No hubo dado Naya el primer golpe, cuando era lanzado por el espacio y su cuerpo pulverizado.

 Setenta y dos cajas

 El mortífero elemento se componía de 5,000 libras de dinamita, las que eran conducidas en 72 cajas para ser utilizada en la carretera de Guane a Pinar del Río. Si no hubo más daños se debió a que la mayor parte de los explosivos, ya estaban en el paradero del ferrocarril.

 El edificio

 La dinamita estaba depositada en un edificio de dos pisos que comprende una manzana de mampostería  y en el mismo se albergaban el escuadrón A, de la Guardia Rural, la Jefatura Provincial de Obras Públicas y la Junta Provincial de Agricultura. A la hora que sucede el hecho estaban en plena labor los empleados de tales dependencias y numerosos soldados.

 La noticia de La Habana

 En la capital se tuvo conocimiento de la explosión por un telegrama que llegó a la Secretaría de Obras Públicas y que firmaba “E. Castellanos, jefe de Despacho”. El texto era alarmante en extremo: “Hace 23 minutos voló el cuartel. Los jefes deben haber perecido. Me he salvado yo milagrosamente por haber salido antes”.

 Momentos después, en Palacio, se recibía otro telegrama firmado por el Gobernador de la provincia, comandante Indalecio Sobrado, quien pedía urgentemente auxilio. Con vista a la gravedad, el presidente de la República, general José Miguel Gómez, dispuso que se trasladaran de inmediato a Pinar del Río los secretarios Chalons, de Obras Públicas; Varona Suárez, de Sanidad, y López Leyva, de Gobernación. Horas después, en automóvil, partían para allá los coroneles Pino Guerra y Francisco de Paula Valiente y los capitanes Julio Sanguily y Guarino Landa.

 Los muertos

 La labor de extraer de los escombros a las víctimas duró varias horas y días. El saldo final resultó en extremo doloroso: 62 muertos y 147 heridos. Entre los que perecieron estaba el jefe del cuartel, capitán Alfredo Ravena, con toda su familia; el teniente Emilio Digo; los ingenieros de Obras Públicas, señores Isidro Soler (jefe), Fernando Menocal y Julio Liagre; el patriota de San Juan y Martínez, señor Eleuterio Saínz; el guardián del almacén, Joaquín Trinchería; el archivero, Atilio Fernández; el corresponsal de La Lucha, Eliseo Ibarras; el funcionario de Obras Públicas, señor García Ramos; los delineantes Joaquín Guergo, José Muníz y Emilio Sánchez y también el ingeniero norteamericano Charles Wells. 

 Aunque el teniente Digo pereció, su familia, que estaba en el edificio, inexplicablemente pudo salvarse: eran la señora Julia Llano, sus hijas Sofía y Margarita y el menor Julio César. Igualmente  se salvó el jefe del escuadrón, teniente coronel Leopoldo del Calvo, por viajar a La Habana a llevar un hijo enfermo.

 Murió abrazado

 Otro hecho que fue muy comentado es el siguiente. Lo copiamos tal como se publicó. 

 “El cadáver del joven Emilio Sánchez fue extraído de los escombros por su hermano, el licenciado Leopoldo Sánchez, juez correccional de la Tercera Sección. Se encontraba abrazado de dicho joven el cadáver de su prima, la señorita Lazo, que también trabajaba en la Jefatura de Obras Públicas. Según nos refirió el licenciado Sánchez, su infortunado hermano sólo tenía 23 años de edad e iba a contraer matrimonio el mes entrante con la señorita Flora Castellanos, hermana de su señora esposa”.
 
 La colecta

 El regimiento de Aponte, con música, recorrió las calles de La Habana, recolectando socorros para las víctimas de Pinar del Río.

 Una prostesta

 El corresponsal de La Discusión en Guanajay, protestó de que a los dos días del suceso, tuviera lugar un baile en el poblado de Quiebra Hacha. “Parece mentira – escribe- que por los llamados a impedirlo, nada se haya hecho. ¡Inhumanos…! es la expresión que sale de todos los labios. Lo que se está viendo en estos tiempos es horrible. Al paso que vamos retrocederemos a la época de los Nerones”.

 Acusación

 La única acusación concreta que hubo la formuló el corresponsal de los diarios Cuba y El Comercio, en Pinar del Río, afirmando que la responsabilidad de la tragedia la tenía el secretario de Gobernación, López Leyva, por no haber dispuesto a tiempo el traslado del polvorín. Por su parte, el funcionario estableció una querella contra el citado periodista. Asimismo El Mundo expuso: “La horrible catástrofe ocurrida en Pinar del Río ha sido consecuencia de la más lamentable imprevisión. No hay por qué desconocerlo ni silenciarlo.”

 Tomado de Vitral, Año XV. no. 85, mayo–junio de 2008.

 La explosión de Cuartel de Infantería de Pinar del Río, Cuartel Ravena, ocurrió a las 3:30 de la tarde del 18 de mayo de 1910. El origen de la misma fue un fatal martillazo sobre una de las cajas de explosivos, que hizo explotar una y otra vez la antigua construcción. Fallecieron 77 personas y otras 145 resultaron heridas. Para ese día se esperaba la aparición del cometa Halley, por lo que muchos pinareños imaginaron, en los primeros instantes, que la explosión fuese originada por el cometa en su choque con la tierra. 

 Unas décimas populares (de las que pudiera no quedar rastros) fijaron durante generaciones aquel acontecimiento. Narraban la catástrofe con pelos y señales, pero, ¿quién las conserva? Versos alusivos a la desesperación y el luto que se apoderó de las familias, ellos mismos eran desesperantes y lograban transmitir, pese al paso del tiempo, un sentimiento de dolor. Aquí o allá algún nombre, alguna alusión al celo de las autoridades, pero se detenían sobre todo en detalles escabrosos, como piernas y brazos volando al son de cada estallido, cadáveres abrazados (y no solo abrasados) o el lamento de heridos y moribundos que días más tarde aparecían aún entre los escombros.