sábado, 4 de junio de 2016

Gente de Oriente



  Armando Leyva


  Luis Felipe Rodríguez, el afortunado autor de La Ilusión de la Vida, acaba de dar a la publicidad un agradable folleto acerca de hombres notables de esta brava región cubana donde hay dulzuras inefables en las cañas y en las mujeres y reciedumbres espirituales en sus hombres.

  Gente de Oriente, es un gesto periodístico de Luis Felipe Rodríguez en quien de manera inigualable se aduna el buen decir a la rápida y sagaz observación, colaboradores incansables en toda la brillante labor de este inquieto e interesante escritor de Manzanillo.

  Sus bocetos de Gente de Oriente, son a modo de instantáneas fotográficas en que el artista dejó libre de toda pose al retratado, sorprendiéndole más bien en momentos de abandono y de descuido. Es delicioso este folleto en que sorprende risueñamente el esfuerzo de su autor por engranar elogios y más elogios sin que la ironía -compañera constante y dominadora de Rodríguez- asome su látigo floral sobre las testas de los escogidos por el crítico.

  Bien es cierto que esta fuerza prima de Luis Felipe Rodríguez -la ironía y en veces la sátira- dominada y vencida en casi todas las páginas del folleto donde se loa a los prohombres de Oriente, encuentra al fin ciertas oportunidades para la restitución... Y apenas asoma sus mostachos algún lacayo aburrido en la portería del visitado, o cuando el pobre hortera tropezado por el autor en sus correrías, se atusa el lunar de ensortijados pelos... suenan los cascabeles del cetro alocado, vibra en el aire una carcajada y queda una víctima... Luis Felipe Rodríguez, entonces, está satisfecho. Ha sentido aplacarse sus nervios. Es feliz. Goza de la misma sedante sensación que Soiza Reilly -el ilustre flagelador de grandezas risibles- cuando no pudiendo partirle la cabeza a algún fatuo encumbrado, apela al inocente desahogo de romper una copa de cristal, un tintero u otro objeto que a mano le venga.

  Luis Felipe Rodríguez es, sin disputa, el escritor más personal de la nueva mentalidad cubana. Su prosa, de una admirable elegancia, cálida y severa, es siempre noble, deleita, sojuzga, y va ganándose el interés del lector que nunca podrá interrumpir la página comenzada.

  Yo le felicito de todo corazón. Es uno de los firmes prestigios literarios de nuestro Oriente y su talento de artista y su gallardía de hombre saben imponerse y vencer por méritos propios en esta feria de vanidades pomposas y de reputaciones huecas en que va degenerando desgraciadamente aquel brioso brote que un día nos hizo pensar con júbilo en el renacimiento literario de Cuba.

  Esa, escogida por Luis Felipe Rodríguez, es la buena senda. Laborar independientemente, en la dignidad del silencio, lejos de las capillitas mezquinas donde a fuerza de mutuos elogios sodomíticos, nacen las prematuras reputaciones de campanario.

  Renacimiento, Vol. 1, No. 3, mayo de 1915, pp. 164-66.