viernes, 28 de marzo de 2014

Generaciones de iniquidad






 Antonio María Claret 

 He visto con mis propios ojos y movido a compasión he socorrido a muchas infelices mujeres cargadas de hijos, pues algunas cuentan seis, nueve y más, habidos de diferentes hombres; porque después de haber vivido amancebadas algunos años con uno, éste las abandona, y no pudiendo subsistir por sí solas con la carga de los hijos pequeños se entregan a otro del que también tienen hijos, y éste les abandona como el primero enamorado de otra o por cualquier leve motivo... Los hijos a imitación de los padres se entregan al contubernio apenas llegan a la pubertad formando de este modo generaciones de iniquidad, como lo he visto en los libros parroquiales…

 Estos hijos de distintos padres y por consiguiente de distintos genios, aunque hermanos uterinos, no pueden menos de vivir en una continua anarquía doméstica y lo peor es que los males y desgracias no quedan limitados al breve recinto de la familia sino que se extienden en todas direcciones para vulnerar la moral pública; pues careciendo de educación, ocupación y oficio, son holgazanes y viciosos y han de vivir a expensas de los demás robando, estafando, jugando, etc., y siempre les pasará cuenta desear y promover revoluciones para ver si mejoran de fortuna aunque sea por los medios más inicuos. Y no es esto una mera sospecha, sino verdad positiva, pues he visto que en los puntos de mi arzobispado en que es más común este modo de vivir, es donde hay más insurgentes y revoltosos contra el legítimo gobierno español. 

 Estos males se siguen de los amancebamientos, y si bien es verdad que con la santa visita y misión que estoy practicando se han remediado mucho, porque he allanado todas las dificultades y ahorrado todos los gastos que ha sido posible a los que han querido contraer matrimonio…