viernes, 21 de marzo de 2014

Del barracón al hospital




 Armando de Córdova


 Transcurría el año 1593, cuando un día hubo de naufragar en las inmediaciones de Bacuranao, poblado cercano a Guanabacoa, una fragata llamada La Perla, perdiendo la vida casi todos sus tripulantes. De los muy contados que se salvaron, fue uno de ellos Sebastián de la Cruz, el que debido a la conmoción moral que experimentaba, hubo de perder la razón. 
 Presentóse este sujeto en la naciente ciudad de la Habana, cubierto de andrajos, excitando con sus gestos y acciones la risa y la mofa de la plebe que le trataba como a un loco; pero su obstinado silencio, la inalterable paz y humildad con que sobrellevaba las injurias que le inferían, y, sobre todo, la constancia y valor con que se castigaba, recostándose de continuo sobre los zarzales que cubrían entonces las calles de la Habana, levantándose cubierto de heridas, indujeron a que se le tratara piadosamente.
 Un día, apareció vestido con el hábito de la Tercera Orden de San Francisco, ejercitando la caridad con cuantos enfermos encontraba, llevándolos al barracón donde se había fijado su domicilio, curándolos, administrándole con la mayor benevolencia cuantos auxilios podía, para lo que empleaba las lismonas que recogía; y realizando al mismo tiempo los oficios de cocinero, enfermero y demandante.
 El 17 de mayo de 1598, murió este santo varón, sin saberse el lugar de su procedencia y nacimiento, extremo sobre los que guardó el más absluto silencio; pero habiendo escrito la primera página de la beneficiencia en Cuba, pues de allí derivó la hospitalización de los enfermos en general primero, y de los enejenados después, como veremos en el curso de este trabajo.
 Aquel mísero barracón, que Sebastián de la Cruz fundara para la asistencia de los enfermos, fue el inicio del primer hospital en Cuba, que quedó a su fallecimiento a cargo del Cabildo de la Habana, el cual hizo la fundación de la Cofradía de la Soledad y del Santo Entierro.
 Más tarde y debido a la progresión de la hospitalización, el cabildo se vio obligado a solicitar del Rey Felipe II, la cesión a la ciudad de la Habana del Colegio de Santiago, al cual fueron traslados los enfermos del barracón, constituyéndose una enfermería, bajo los cuidados y asistencia de las Hermanas de la Congregración de San Juan de Dios, en el año 1602.
 He aquí el origen del primer hospital de Cuba, el Hospital de San Juan de Dios, que fue emplazado más tarde en la manzana que hoy constituye el parque del mismo nombre, hasta que en el año de 1859 el Ayuntamiento lo demolió, previa expropiación, por la cantidad de noventa y cuatro mil pesos, y sus enfermos fueron trasladados a los altos de la Real Cárcel de La Habana, que desde ese día se llamó Hospital de San Felipe y Santiago.
 
     
 "Origen de la beneficencia pública en Cuba", La locura en Cuba, 1940,
pp. 225-26.