viernes, 12 de enero de 2018

Locos que escriben... El caso Aguilera


  

  Pedro Marqués de Armas 

 Agustín Aguilera, quien dio muerte en 1908 al General Rafael Portuondo, era un loco que escribía. No es infrecuente que los locos escriban. Y a fuerza de hacerlo merecen, como cualquier otro que se afane en rayar hojas en blanco (no es el caso, pero los hay geniales), el calificativo de escritor.

 Al ser detenido en Mayarí tras su sonado asesinato, Aguilera estaba a punto de terminar una novela. Entre sus pertenencias le ocuparon más de cuarenta manuscritos entre ficciones, dramas y poesías. 

 En la cárcel de Santiago de Cuba, mientras esperaba el comienzo del juicio, escribió varias novelas -las escribía de un tirón, las suponemos breves-, una de las cuales dedicó al juez instructor. Después, en el presidio de La Habana, el escritor holguinero escribió otras dos a petición de los psiquiatras forenses que intervinieron en su caso. Tituló una de ellas “Los cazadores de bandidos.”

 Todo ese material le fue incautado con el resto de lo que contenía su baúl: un aparato inventado por él para hacer sogas, un calendario hecho con cajetillas de cigarros y banderitas que le servía para pronosticar el estado del tiempo, y cuadernos donde diseñaba otros inventos que pretendía patentar.

 Examinados sus escritos, los médicos no dudaron en calificarlo de "verdadero grafómano". Todo eso se perdió.
Todo, salvo su melancólica silva -puro tojosismo entre rejas- “Adiós a Teresa”, en la que Aguilera se despide de su "concubina”, un poema que, bien visto, no desmerece un lugar en la tradición.

ADIÓS A TERESA

 Aquí entre rejas y cerrojos,
Oyendo la voz del Carcelero
Me despido de ti mi Teresa amada
Que te hayas (sic) cerca de las Selvas.
Ya a oír no volveré yo
El arrullador y amante Canto
De las Tojosas que escondidas ellas se encuentran
Allá entre los frondosos ramajes.
Poco importa que mi suerte aciaga
Hiciese que Tribunales y Jueces
Me condenen a perecer
No en deshonroso Cadalso, eso no,
Sino en prostituidas Ciudades o Palacios,
Que con humillación llevan el nombre de un ser honrado
Allá en las oscuras selvas
En donde la Inocencia ella se abrigó.
Aquí la humillación y el desprestigio
Adiós, adiós mi Teresa, adiós.
  
 ¿Qué fue de Aguilera? De antemano el juicio se politizó, al tratarse del asesinato en plena campaña de unos de los políticos de más prestigio, con la opinión pública dividida en dos bandos. Mientras los liberales miguelistas se pronunciaban a favor de la locura, los antiguos moderados presionaban para declararlo culpable. 

 Se pidió desde la primera vista la pena de muerte y, al final, fue condenado a cadena perpetua. Se pudrió, como se dice, en la cárcel. No valió la atenuante de enajenación mental, según el dictamen de los psiquiatras que lo examinaron, y que luego escribieron sobre el caso.

 Aguilera fue diagnosticado de un Delirio Sistematizado, es decir, un tipo de paranoia persecutoria. Deliraba con que el General Portuondo había "perjudicado" a dos de sus hijas -es decir, las habría violado- con la cooperación de Carlos M. de Céspedes (hijo) y por medio de un narcótico, allá por 1900. 

 Declaró en toda ocasión que se trataba de una cuenta pendiente y que no hacía más que "lavar la honra de la familia". Se cuenta que repetía una y otra vez: “tan mala educación y tan malas ideas tenemos los cubanos, que lo persiguen a uno desde que cesó la soberanía española”.

 El célebre antropólogo Luis Montané fue invitado a investigar a Aguilera y no dudó en tacharlo de degenerado tras someterle a un examen del que salió la siguiente ficha:

 Talla, 1 m. 488 milímetros. 
 Braza, 1 m. 38 centímetros. 
 Busto, 795 milímetros. 
 Diámetro antro-posterior cabeza, 184 milímetros. 
 Diámetro transversal, 145 milímetros.   Circunferencia horizontal total, 54 centímetros. 
 Circunferencia anterior (preauricular), 28 centímetros. 
 Circunferencia posterior (postauricular), 26 centímetros. 
 Curva anteroposterior (de la raíz de la nariz a la nuca), 55 centímetros. 
 Curva transversal (de oreja a oreja), 31 centímetros. 
 Ancho de la cara, 123 milímetros. 
 Mano: dedo medio, 56 milímetros. Dedo auricular, 50 milímetros. 
 Codo: 252 milímetros. 
 Pie izquierdo, 17 centímetros. 

 Conocemos, pues, la medidas de Agustín Aguilera Ochoa, quien por su escasa estatura recibió siempre el apodo de Patato.
(Hay que decir que el General no era mucho más alto que su asesino: 1.51 vs 1.48 centímetros. Pero esto no lo cuentan los informes.)

 Agustincito, como también se le conocía, mató al General sin previo aviso, según una versión a tiros, y a cuchilladas, de acuerdo con otra. 

 Durante la realización del examen antropométrico ocurrió un curioso incidente, que cuenta así Dr. Pérez Vento:  

 "Creyó, al ser sentado en un banquillo y ver el compás, que lo iban a ejecutar por la electricidad, y se demudó, pronunciando estas palabras: «ya sabía yo que en esto había de parar», y sacando del bolsillo un paquete lacrado y amarrado con cordeles dijo: «este es mi testamento para los niños huérfanos de París, y deseo que le sea entregado al Cónsul francés». Cuando se terminó la operación, entonces reclamó su paquete, el que le fue devuelto; no conseguí que me lo entregara, y después en la cárcel lo destruyó. Sentí mucho no haberlo leído."

 Se solazan los galenos ante el espanto que producen en Aguilera esos aparatos, como si no estuviera en juego su cabeza, pero no conservan sus escritos, que reducen a pruebas indiciarias, cuando no a mero cotilleo. 

 El médico se quedó con las ganas de conocer tan inaudito testamento, como nosotros con el deseo de su obra. 



miércoles, 10 de enero de 2018

El dispensario Tamayo



 Francisco José Vélez

 Fue en 1900, a raíz de la independencia de Cuba y en época en que aún regía el Gobierno interventor, cuando el ilustre benefactor, doctor Diego Tamayo, que a la sazón desempeñaba la Secretaría de Estado y Gobernación, logra ver llevados a la práctica sus constantes deseos de dotar a la ciudad de la Habana de un bien instalado Dispensario para Pobres, que prestase gratuitamente sus servicios facultativos a los necesitados dándoles al mismo tiempo grandes facilidades para su tratamiento y, en muchos casos, proporcionándoles hasta los alimentos.
 El día 1° de noviembre de 1900 el Dispensario abrió sus puertas: cuenta, pues, con más de 15 años de existencia, y ya se han podido comprobar sobradamente sus óptimos frutos. Instalado provisionalmente en la calzada de Máximo Gómez, fue dos años más tarde trasladado al magnífico local que en el Arsenal ocupaba, hasta que el 14 de octubre de 1908 se inauguró el espléndido edificio actual, que fue expresamente construido con este destino.
 En la calle de Zulueta, esquina a Apodaca —en el centro, pues, de la Habana—, ocupa hoy el Dispensario Tamayo amplio local de dos plantas en las que están repartidas todas las numerosas y bien montadas dependencias. Conduce la entrada de la calle de Zulueta a un grandioso salón de espera y en donde está también la oficina de inscripciones, en que se toman los datos que han de servir de base a útiles estadísticas, al mismo tiempo que el médico encargado del registro y distribución, obtiene la orientación diagnóstica y le entrega al enfermo una tarjeta con el nombre y horas de consulta del especialista a quien corresponde su dolencia.
 Una vez que un facultativo se encarga de un enfermo, continúa tratándolo bajo su cuidado y responsabilidad. Para esos médicos, en su mayoría jóvenes, es el Dispensario Tamayo una verdadera escuela de post-graduados y de especialidades, donde se perfeccionan en la rama de su profesión que desean cultivar y donde, con su esfuerzo personal, se crean una consulta propia y bajo su absoluta responsabilidad científica.
 Por este Dispensario han desfilado importantes figuras médicas que actualmente con brillante éxito ejercen su profesión en la Habana y, aparte de su ilustre fundador, los nombres de Ortiz Cano, Presno, Weis, Fortún, Recio, Díaz Albertini, Núñez, F. Domínguez, Porto, Aballí, E. Martínez, C. E. Finlay, Bustamante, Plascencia y tantos otros doctores de reconocida fama y competencia que en su mayoría ocupan hoy importantes puestos del glorioso Departamento de Sanidad o los honrosos sillones de la cátedra, son suficientes a demostrar los mutuos beneficios que este establecimiento ha debido reportar a médicos y enfermos.
 Para juzgar el crédito de que el Dispensario disfruta y el enorme movimiento de enfermos habido, baste decir que hasta 1912 habían concurrido 54,683 enfermos, que habían recibido 140,247 consultas y a los que se le habían practicado 1.668 operaciones.

 Dr. Diego Tamayo

 Fundador y director del Dispensario que lleva su nombre. Ha desempeñado los más importantes cargos políticos y científicos en nuestro país. Es presidente de la Comisión de Enfermedades Infecciosas. Hay que tener en cuenta que el número de estas no ha podido ser mayor por no ser posible la hospitalización, lo que obliga a renunciar a las grandes intervenciones.
 Las fórmulas son despachadas en la Farmacia del Dispensario, las que, para despojarlas del carácter de limosna, no son regaladas; pero se cobra por ellas el reducido y uniforme precio de diez centavos, y la experiencia enseña que esta cuota representa el coste neto de los productos farmacéuticos que el enfermo consume.
 Pero muchos de los enfermos que concurren a la consulta, más necesitan de alimentos que de drogas, y por este motivo, completando el benéfico fin propuesto, se ha establecido un reparto de leche, harinas y otros alimentos. 
 En la actualidad, alrededor del gran patio, bordeado por amplias galerías, están distribuidos y perfectamente instalados los servicios siguientes: Medicina y Cirugía general, especialidades cardio-vascular y respiratoria, enfermedades del aparato digestivo y del genitourinario, ginecología, infancia, dermatología, garganta, nariz y oídos, oftalmología, ortopedia, electroterapia, radiografía, radioscopía y radioterapia, masaje vibratorio y metodo de Bier.
 Funciona, además, el laboratorio de análisis clínicos y están allí instaladas la biblioteca y la redacción de la notable revista "Vida Nueva" —que es como el órgano oficial del Dispensario—y el gran salón de conferencias donde periódicamente disertan, alternando con los médicos del establecimiento, los más expertos especialistas de la capital.
 El Dispensario Tamayo, fuente de inmensos beneficios para los desheredados, es al mismo tiempo, un poderoso factor de cultura para médicos y estudiantes, y en este doble aspecto su dignísimo director, doctor Diego Tamayo, ha prestado, al fundarlo, un gran servicio a su país.


 Cuba en Europa, Año VII, núm. 145, 30 de junio de 1916, pp. 8 y 9.

sábado, 6 de enero de 2018

El progreso sanitario




 Probablemente interesaran a todos vosotros algunos hechos sobre el progreso sanitario de Cuba. Desde que Cuba se independizó ha sido el deseo de su pueblo, así como el de sus varios Gobiernos, mejorar y mantener el estado sanitario del país. 
 Tan pronto como la Intervención Militar Americana se hizo cargo de la Isla, en 1900, sus elementos médicos comenzaron una campaña para lograr el mejoramiento de la salud pública. 
 En reuniones anteriores de este Congreso, y especialmente en el tercero, que se reunió en la Habana en 1901, se demostró que la teoría de Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla por la picada de cierto mosquito iba a ser la base para mejorar el estado sanitario, por lo menos, en Cuba.
 Una circunstancia afortunada fue la que los asuntos de salud pública en Cuba estuviesen bajo la dirección de un hombre cuya labor, en nuestra Isla, estaba destinada a ser copiada en México, Panamá, los Estados Unidos de América y otros países del Nuevo Mundo, e incidentalmente hizo posible el hecho de ingeniería más grande del último siglo: la construcción del Canal de Panamá. Innecesario es decir que ese hombre no fue otro que el doctor William C. Gorgas. 
 Verdaderamente el éxito del Dr. Gorgas fue el estímulo para que las autoridades sanitarias cubanas mejorasen aún más lo que se les había legado, y desde 1902, en que los cubanos asumieron la responsabilidad del gobierno propio, se han esforzado en combatir las enfermedades, de manera tan enérgica como lo hicieran antes en pro de la libertad y la independencia.  Y si se exigiesen pruebas de mi afirmación, señalaría con orgullo nuestras estadísticas demográficas, y particularmente nuestra mortalidad, de 14 por mil. 
 Hay, sin embargo, algunas cifras notables que deseo presentar a vuestra consideración. 
 Por ejemplo, es bien sabido que antiguamente era la Habana un foco inmenso de fiebre amarilla. Pues bien, desde 1908 no se ha sabido que ocurriera ningún caso. 
 Respecto al paludismo en la República, tenemos la siguiente estadística:


  Pero todavía más satisfactorias son las cifras por la misma enfermedad, limitándonos a la ciudad de la Habana. Estos resultados, como he indicado antes, se deben, en primer lugar, a las investigaciones de Finlay sobre la fiebre amarilla, y, en segundo término, al plan sanitario del Dr. Gorgas, llevado a cabo, casi militarmente, tanto durante los Gobiernos americanos como en el de los cubanos.
 Desde 1909 se enorgullece Cuba de ser el único país en el mundo que cuenta con un Departamento nacional de sanidad, cuyo jefe toma parte en el Consejo Superior del Gobierno, asesorando al Poder Ejecutivo en todos los asuntos sanitarios y los de beneficencia. 
 Eso explica, sin duda, porqué con un cuerpo sanitario eficaz y permanente, nuestra campaña profiláctica contra la fiebre amarilla ha mantenido alejada de Cuba esa enfermedad, e incidentalmente ha reducido la mortalidad de otras enfermedades infecciosas, especialmente el paludismo. 
 También la viruela, debido a la vacunación obligatoria, se ha combatido con éxito. 
 No ha sido menos notable nuestro éxito respeto de la peste bubónica. Las medidas contra esta enfermedad son principalmente las de desinfección, a consecuencia del gran número de ratas que pululan debajo de la parte antigua de la ciudad. El gas hidrociánico se emplea con resultados maravillosos en la destrucción de ratas, y esperamos que, en breve, con la aplicación de medidas aún más radicales, como el empleo de materiales duros para fabricar las casas, lograremos vencer a este enemigo.
  Nuestra campaña antituberculosa es tan completa como puede hacerse en cualquiera otra parte de nuestro hemisferio. Los sanatorios y dispensarios son los factores principales en la lucha. 
 Todo lo dicho, aun cuando son algunos ejemplos nada más, demuestran los triunfos de la sanidad moderna cuando se aplica por una organización competente dedicada exclusivamente a asuntos higiénicos, y creo sinceramente que el experimento hecho en la República de Cuba, de contar con una Secretaria Nacional de Sanidad y Beneficencia, debe repetirse en todas nuestras Repúblicas americanas, a fin de que el estado sanitario de nuestros países se mejore y, por ende, tenga otro propósito útil: el que sirva de lección a las autoridades sanitarias del viejo mundo.


 Cuba en Europa, Año IV, Núm. 124, 15 de agosto de 1915, pp. 3-5.

martes, 2 de enero de 2018

El porvenir de la joven república


 Rubén Darío

 Isla bella, de feracidad sorprendente y de riqueza casi fabulosa. La página de sus heroísmos cerró el libro de glorias de la América multirepublicana, y entre sus grandes hombres tuvo a un santo de la libertad: José Martí. País de sol y de palmas en que la naturaleza se recrea.
 Descubierta por Colón el domingo 28 de octubre de 1492, el almirante llamó a Cuba la «tierra más hermosa que ojos hayan visto», donde «no se conciben la muerte ni el dolor».
 A principios de la Conquista, en 1511, llegaron el capitán Diego Velázquez y otros, y con el suplicio del cacique Hatuey se inició en la Isla una época de inquietudes. A partir del siglo XVI, hasta fines del xviii, la piratería de franceses, ingleses y holandeses mantuvo en constante sobresalto a los pobladores, que no llegaban por entonces a cuarenta mil.
 España estableció un monopolio mercantil, y quedó la Isla sometida al Imperio. Las guerras sostenidas entonces por España trajeron, como una de sus consecuencias, la sujeción de Cuba a Inglaterra por un pacto de familias reales. El gobernador británico, conde de Albermale, dio libertad al comercio, y en solo un año llegaron a la Habana cerca de mil embarcaciones mercantes.
 La dominación inglesa duró hasta la paz de Versalles, y España restauró su poder en 1763. Gobernaron entonces el marqués de la Torre, que hizo el primer censo del país, el cual censo arrojó 172.620 habitantes; don Luis de las Casas y el marqués de Someruelos, buenos administradores que fundaron instituciones económicas y construyeron obras de pública utilidad. En 1812 se nombró la diputación cubana a las Cortes de Cádiz. El rey Fernando VII, como lo habían hecho los ingleses, decretó el comercio libre, y fue en aquel mismo tiempo cuando quedó oficialmente abolida la trata de africanos, por un convenio con Inglaterra. No obstante, el comercio de esclavos continuó.
 Después de la abdicación de Carlos IV comenzaron a cundir en Cuba las ideas liberales; se fundaron asociaciones de cubanos separatistas, y con motivo de la elección de diputados a Cortes ocurrió el primer episodio sangriento entre nativos y peninsulares. Era la principal de aquellas asociaciones revolucionarias la que se llamó Rayos y Soles de Bolívar, que envió delegación a Venezuela para demandar apoyo al Libertador Sudamericano, mientras en Méjico se instalaba la Junta Promotora de la Libertad Cubana. La gestión de esas agrupaciones patrióticas en el congreso de Panamá fracasaron por los temores esclavistas reinantes en los Estados Unidos de Norte América, y desde entonces no cesaron los levantamientos contra el poder español. Y en el año de 1850 flameó por vez primera la bandera de la estrella sola, cuando el prócer Narciso López desembarcó con seiscientos hombres en la ciudad de Cárdenas.
 Las sociedades El Águila Negra, Los Soles de la Libertad, de Camagüey y otras, continuaban sus propósitos. Vinieron el levantamiento y muerte de Joaquín Agüero, la insurrección de Armenteros, el segundo desembarco de Narciso López —su captura y muerte— y otros muchos episodios de sangre, anteriores a 1868. La Junta de Información convocada en Madrid en 1866 fracasó, y Carlos Manuel de Céspedes, hombre de fortuna y de cultura, se rebeló en octubre de 1868 en su Ingenio azucarero «Demajagua», dio libertad a sus esclavos, y con un grupo de bravos soldados tomó la ciudad histórica de Bayamo, que fue el primer triunfo de la guerra larga que en 1878, concluyó aparentemente con el conocido Pacto del Zanjón.


 Forjose luego el partido autonomista cubano, cuyos ideales no eran creídos en la Metrópoli. Era jefe de este partido don José M. Gálvez, hombre fuerte y talentoso. El estadista español señor Maura fue el único que por aquel entonces vio claro el problema cubano, y aunque las reformas propuestas por él no daban la autonomía al país, eran una base de ella. El partido constitucional, integrado por elementos españoles y que gobernaba la Isla, combatió tenazmente el proyecto de Maura, impidiendo su aplicación. Vino luego una época de parlamentarismo activo en el Congreso español, que sirvió a Martí para hacer la última guerra de independencia.
 Ya he hablado de este apostólico héroe en mis «Raros», y suelo evocarle con singular sentimiento. Hace poco dije en América cómo le conocí. Doy la palabra, pues, al escritor y diplomático cubano señor Machado, cuya monografía de Cuba he visto:
 “Era José Martí hombre de dotes extraordinarias, de poderoso genio, de cultura intensa y varia y sólida y admirablemente gobernada: orador, periodista, poeta, jurisconsulto, sociólogo y prosista de arte originalísimo. Y junto con todas esas preeminencias de la naturaleza y del estudio, poseía un corazón de santo y un carácter de verdadero apóstol, que lo elevaron a las más altas cimas de la perfección humana”.
 En Baire empezó la guerra decisiva, la que había de dar fin al gobierno español en América, el 24 de febrero de 1895, y en la que ganaron los laureles de la inmortalidad el casi legendario Maceo, el sagaz Máximo Gómez, el denodado Calixto García, el propio e insuperable Martí, y cien y cien más caudillos y capitanes de imperecedera recordación...
 Han gobernado la República cubana el patriota y dulce pedagogo don Tomás Estrada Palma, a quien derrocó una revolución, una de las desgraciadamente epidémicas de nuestros pueblos juveniles e inquietos. Y después de una segunda intervención Norte-Americana, el pueblo cubano fue llamado a elecciones, y por voto de la mayoría asumió el mando nacional, que aún conserva, el bravo general de la independencia José Miguel Gómez.


 En cuanto a producción, exportación, importación, etc., etc., de Cuba, véase lo que dice el gran diario bonaerense La Nación:
 Los progresos de Cuba. —La gira que el secretario de estado de la Unión, Mr. Knox, está realizando por los países que baña el mar Caribe, ha tenido como primer resultado provocar la atención general hacia esos países, de los cuales, en realidad, se sabe poco, particularmente en esta parte de la .América del Sur. Entre ellos, la república cubana es uno de los más interesantes. Con trece años apenas de existencia, Cuba ha hecho progresos sorprendentes en todo orden de cosas, y una de las equivocaciones más generalizadas consiste en creer, que tales progresos son debidos únicamente a los norteamericanos, no habiendo cabido a los cubanos ninguna o apenas muy pequeña participación en ellos. En verdad que, en el período de la intervención norteamericana en la isla, se llevaron a cabo o se iniciaron importantes obras de saneamiento, se desarrolló la instrucción pública, se construyeron ferrocarriles y caminos, etc.; pero no es menos cierto que posteriormente, terminada la intervención, los gobernantes cubanos, por sí mismos, no sólo han continuado la obra de los norteamericanos, sino también han realizado mucha obra nueva, de todo linaje, hasta alcanzar el satisfactorio estado actual de cosas, labor que resulta más meritoria si se recuerda la situación en que, por razón de múltiples y variadas causas, se encontraba la isla al concluir la dominación española. Los interesantes datos que publicamos a continuación, comprueban los progresos realizados por la República de Cuba en los pocos años que lleva de existencia.
 El censo de 1907, último que se ha hecho, fijó la población de la isla en 2.048.9S0 habitantes: en nueve años (desde 1899) ha aumentado en más de medio millón. La administración sanitaria, regida por un ministerio especial, o secretaría del despacho, como se dice en Cuba (primer país en el mundo que estableció ese departamento), ha extinguido absolutamente la fiebre amarilla, el paludismo, la viruela, el sarampión y las numerosas enfermedades clasificadas por la patología intertropical; la mortalidad ha bajado a un 13 por mil, una de las más cortas proporciones que se registran en el mundo; la natalidad ha subido a 34 por mil, y el aumento población, no contando las inmigraciones, es de cerca de cincuenta mil personas por año. Se ha realizado lo que hace algún tiempo se hubiera creído un milagro: hacer de Cuba uno de los países más saludables de la tierra.
 No menos digna de señalarse como ejemplo notabilísimo es la reforma de la instrucción primaria: 3.774 escuelas, con maestros competentes y bien retribuidos, con abundante y adecuado material pedagógico, con métodos modernos de educación instructiva y objetiva, con 210.092 alumnos y con el 78 por ciento de asistencia, proclaman altamente el progreso logrado. Se han aumentado considerablemente las vías de comunicación: 3.433 kilómetros de ferrocarriles y 2.304 de carreteras distribuyen por todos los lugares habitados de la isla los artículos de importación, y conducen a los puertos, para ser exportados, los preciosos frutos del suelo cubano.
 Los servicios de correos y telégrafos, organizados y regidos con tanta perfección como donde los haya mejores, cuentan con 487 oficinas, 9.052 kilómetros de línea, 9 estaciones de telegrafía inalámbrica, 368 líneas de servicio particular, aparte de las destinadas al servicio de la guardia rural. La administración postal y telegráfica dio curso el año pasado a 68 millones de cartas y 645 .000 telegramas.
 Atiende a la defensa nacional y a la conservación de orden público un ejército de 5.000 hombres (de infantería y caballería) bien equipado, instruido, disciplinado y pagado, y un cuerpo de guardia rural de 5.246 plazas, en las mismas excelentes condiciones, y que además de las funciones ordinarias de policía de seguridad en los caminos, tiene las propias del arma de caballería en tiempo de guerra.
 Esparcidos por toda la isla hay 175 grandes ingenios (fábricas de azúcar), que el año pasado produjeron un millón ochocientas treinta y seis mil doscientas siete toneladas de dicho artículo, y cuya producción en el presente año se espera que llegue a dos millones de toneladas, es decir, casi una tonelada por cada habitante del país. La cosecha de tabaco, la segunda producción de la isla en orden a su cuantía y valor, alcanzó en el mismo período a 823.082 quintales, con una exportación de 26.331.835 $. Siguen inmediatamente en importancia la exportación de minerales, frutas, maderas, cera y miel.
 Cuando se leen las cantidades que valúan el comercio de Cuba, cuyo total volumen, con relación a la población, ocupa el segundo lugar en el inundo (sólo le supera el de Inglaterra), hay que asombrarse del gran esfuerzo industrial y mercantil que significan, y de la riqueza que distribuyen 237.774.700 § oro, de los cuales 129.178.865 representan la exportación y 108.095.855 la importación, con una diferencia, en favor de Cuba, de 21.083.030.
 Cabe agregar, para concluir esta breve información, que a esos progresos materiales corresponde un progreso político muy apreciable, que permite el funcionamiento regular del mecanismo constitucional y administrativo, alejándose así la enojosa expectativa de una nueva intervención norteamericana, que hace poco pareció probable, a causa de la excitación pública motivada por la actitud de la Asociación de veteranos de la guerra de la independencia, excitación que felizmente parece ya concluida, circunstancia que hace esperar que la próxima elección presidencial y la consiguiente transmisión del mando, han de efectuarse en condiciones que contribuyan al afianzamiento del progreso y del prestigio de la joven república cubana.


 Son, como se ve, sorprendentes, los progresos materiales y morales de la Perla de las Antillas, una de las Repúblicas latinoamericanas de más porvenir. Su comercio exterior aumenta de año en año en progresión extraordinaria; sus producciones naturales y famosas, como el azúcar, el tabaco y el café, invaden el mercado Mundial y son activamente solicitadas por los países consumidores. Las riquezas de la isla adquieren positivo valor, y las ciudades se embellecen y se higienizan con rapidez extraordinaria. A este resurgimiento material corresponde un verdadero florecimiento intelectual.
 El pensamiento cubano ha tenido, como la libertad cubana, nobles adalides. El evangélico Martí descolló gallardamente en ambos campos, llevando en su múltiple y grande espíritu las virtudes más altas del patriotismo libertador y las dotes más puras de la oratoria, de la poesía y de la prosa caudales.
 Gertrudis Gómez de Avellaneda; el dulce mulato Plácido, cantaron la antigua alma cubana. Juan Clemente Zenea, el desventurado poeta cuya injusta muerte no dejaráse de lamentar nunca. Su historia conmueve. Heredia, joyero en sonetos inmortales, de lira franco-antillana; y el ingenio complejo y harmonioso de Julián del Casal. Después, prosistas como Manuel Sanguily, Piñeyro, Eulogio Horta, Márquez-Sterling y Machado, a quien me he referido. Filósofos de amplio vuelo como Enrique José Varona. Otros poetas como Dulce María Borrero —hija del poeta trágico Borrero Echevarría— Manuel S. Pichardo, los Carbonell; y jóvenes prosistas como Jesús Castellanos, recientemente malogrado. Luís Rodríguez-Embil. Alfonso Hernández-Catá, Francisco Cañellas. Todos, cultivadores del decir castizo, que han dado a Cuba fama en el concierto intelectual de nuestras naciones hermanas.



 Título original “Cuba” e imágenes del mismo artículo en Mundial magazine, Año II, Núm, 17, Septiembre de 1912, Cité Paradis, París, pp. 410-14.