miércoles, 1 de julio de 2026

El corresponsal cubano de Freud. El caso de Juan Marín


  Pedro Marqués de Armas 


 Corresponsal cubano de Freud y del Instituto Psicoanalítico de Berlín y al frente por unos años de la sección “Psicoanálisis” del periódico El Mundo. No confundir con el Juan Marín chileno, médico y escritor de vanguardia, autor de novelas psicoanalíticas, con un intercambio epistolar más profuso con el maestro vienés y, en fin, llamado a opacar el nombre del cubano. De hecho, alguna que otra alusión fue atribuida al chileno, como ocurre en la correspondencia entre Freud y Anna Freud, por ejemplo.

 El Juan Marín cubano asomó al panorama psicoanalítico algunos años antes que el autor de Paralelo 53 Sur, a mediados de 1929, cuando era un hecho la Liga de Higiene Mental establecida por Juan Portell Vilá, cuyos artículos y gestiones a favor de introducir el psicoanálisis en Cuba tenían ya un cierto recorrido.

 Al parecer aquel verano Marín tomó la iniciativa de escribir a Freud a nombre de un reducido grupo de médicos y maestros interesados en el psicoanálisis. Como era habitual, tanto en lo relativo a proyectos en ciernes, como ante envíos de libros y folletos escritos por latinoamericanos, la respuesta de Freud no se hizo esperar. Y Marín corrió a la redacción de la Revista de Psiquiatría y Neurología que dirigía Portell Vilá para dar la buena nueva.

  No hemos dado con esas cartas iniciales pero conocemos parte del contenido gracias a la sección “Noticias” de la citada revista. Escrita, probablemente, por el propio Juan Portell Vilá, he aquí la nota en cuestión titulada -como si ya existiera- “La Revista de Educación Sexual y Psicoanálisis”: 

Hemos recibido la visita del Profesor Marín, que tiene establecido en el Vedado la Escuela Vocacional, y a quien nos une una verdadera amistad, para darnos a conocer una carta autógrafa del doctor Freud, donde se congratula de que el Profesor Marín, juntamente con algunos médicos de esta Capital, piense darle un gran impulso a la educación sexual y a la clínica psico-analítica, para cuyos fines se propone publicar en breve una Revista mensual que llevará por nombre esos mismos propósitos y que constará de tres grandes secciones.

 Estas eran la de educación sexual y pedagogía, destinada a “aspectos como la vocación de los niños y adultos”, lo que el autor definía como lo “psicagógico”. La de psicoanálisis clínico y “tratamientos complementarios”, como “la psicoterapia, la organoterapia y el control cerebral”. Y una sección dedicada al seguimiento “literario, crítico y filosófico del movimiento psicoanalítico mundial”. Se pretendía echar mano, para la última, de “reseñas extractadas de las revistas que se dedican a estudiar esta nueva rama del saber humano.”

 Semejante propuesta acorde al interés por diseminar el psicoanálisis y su empleo en la educación, así como a propagar el movimiento psicoanalítico, no debió a esas alturas sorprender a Freud, quien tal vez la haya enmarcado en un ámbito más cultural que propiamente técnico, dejando abierta la comunicación. Un año más tarde, la proyectada revista no existía pero el intercambio epistolar se mantenía activo.

 El hecho de que el 27 de julio de 1930 Juan Marín se dirigiera al Instituto Psicoanalítico de Berlín en una carta escrita en alemán -lengua que, según propia confesión, dominaba- indica que pretendía legitimar su práctica psicoanalítica mediante un documento oficial. Como demuestran Plotkin y Ruperthuz en Estimado Doctor Freud, en estos casos Freud evadía el asunto o lo delegaba. En términos burocráticos, lo remetía al canal correspondiente.

 El Instituto Psicoanalítico de Berlín, que dirigía Max Eitingon desde 1925, había organizado la enseñanza del psicoanálisis en forma de cursos teóricos, con la colaboración de varios de los más importantes psicoanalistas de la época, además de ocuparse de las labores de formación, es decir, de admitir o no las candidaturas para el psicoanálisis didáctico. En cuanto a los cursos, de más fácil accesibilidad, contaron cada vez con mayor participación y, en 1930, estaban en su apogeo. Freud, por tanto, debió dirigirlo a Max Eitingon. He aquí la misiva:  

 Escuela Vocacional de Cuba

 Calle 8 no. 30 Vedado

 Habana

                                                           Habana, Cuba, julio 27 1930

                                                           Instituto psicoanalítico de Berlín

                                                           Berlín W, 2. 

 

 Señor:

 Por la presente me permito solicitar si es posible seguir vuestros cursos de psicoanálisis por correspondencia, ya que desgraciadamente no me es posible participar personalmente.

 Yo podría seguir los cursos en inglés o en alemán y estaría además de acuerdo a correr con todos los gastos por el franqueo postal. Me gustaría igualmente saber si existe la posibilidad de certificar mediante documento escrito el hecho de haber seguido vuestros cursos por correspondencia.

 Tengo ya una cierta práctica en psicoanálisis y me gustaría extender mis conocimientos.

 A la espera de recibir respuesta por vuelta de correo, reciba las mejores salutaciones.

                                                                                                                                        Juan Marín

 Dirección

 Profesor Juan Marín

 Calle 8 número 30 –Vedado

 Habana, Cuba

 

 Reproducida en 1987 en el volumen “Ici, la vie continue d'une manière fort surprenante", Contribution à l'histoire de la pyscanalyse en Allemagne, que recoge gran parte de los archivos de la IPB, y citada luego por Jacquy Chemouni en su Histoire du mouvement psychanalytique (1990) como ejemplo de “cierta práctica del psicoanálisis en Cuba”, no sabemos si la petición de realizar el curso por correspondencia, ya que no podía trasladarse a Berlín, le fue aceptada. En cualquier caso, resulta obvio que Marín no solo desea ampliar conocimientos sino recibir un documento que acredite su formación.

 Su comunicación en modo alguno cesa después de este episodio, y así lo atestigua una carta que Freud dirige desde su consulta de Berggasse 19, a Anna Freud, que ya entonces se encargaba de sus asuntos y, en particular, de tramitar la correspondencia. Por lo expuesto se deduce que Marín se escribía también con Anna, usando la dirección de su padre:

Encontrarás –dice Freud a su hija- todo tu correo en un mismo envoltorio, y, puesto aparte, el informe de la Horney [se refiere a Karen Horney] y un número colosal de un periódico español, El Mundo, que Marín te envía desde La Habana.

 Incluida en 2006 en la edición alemana de la correspondencia entre Freud y Anna, y traducida al francés par de años más tarde con prefacio de Elizabeth Roudinesco, en sendas notas a pie de página, el editor se refería a Marín:

No identificado. Podría tratarse del escritor chileno Juan Marín (1900-1963), cuya obra principal, Paralelo 53 Sur, describe un destino humano de colectivización dominada por la avidez, los celos, el alcohol y el sexo. Marín estuvo quizás, en tanto que colaborador de El Mundo, presente en la ceremonia del Premio Goethe en Francfort; donde podría haberse encontrado con Anna Freud.

 Sin embargo, en la segunda nota, referida al material recibido desde La Habana, es decir, al citado periódico y a la indicación en español que lo acompañaba, el editor puntualiza:

La Habana [exactamente “San Cristóbal de La Habana].”

 Como decía al inicio, Marín llevó por un tiempo el espacio “Psicoanálisis” del diario El Mundo. Coincide sin más con la referencia aportada por Freud, y únicamente habría que sustituir "periódico español" por "periódico en español". Calculamos que haya aparecido en septiembre de 1930, y que corresponda con un dossier organizado por Marín quien, para esa fecha, había logrado establecer la sección de psicología de la Liga de Higiene Mental, al tiempo que aunaba, en torno suyo, a un grupo de médicos y periodistas interesados en otros “saberes”, como la teosofía, el espiritismo y la etnología.

 La correspondencia de Marín con los centros psicoanalíticos europeos puede que haya sido más extensa. De momento podemos organizarla así: en el verano de 1929 escribe a Freud y le comunica su plan de realizar aquella revista; a finales de agosto o comienzos de septiembre recibe respuesta; en julio de 1930, seguramente por sugerencia del propio Freud, se dirige al Instituto Psicoanalítico de Berlín; y, por último, en septiembre de ese año envía a Anna Freud aquel número del periódico El Mundo.

 Como fue habitual entre los psiquiatras, pedagogos y antropólogos latinoamericanos que sostuvieron intercambio epistolar con Sigmund Freud, estos solían reproducir los mensajes del médico vienés en sus propias revistas o espacios de prensa. El caso de Marín no debió ni de lejos ser una excepción. Su comunicación, no precisamente escasa, por lo que vemos, le habría aportado un “plus de legitimidad” dentro de los gremios profesionales e intelectuales cubanos que debió tener en él un efecto cegador.

 Tal es así que desde la Liga de Higiene Mental se emitió, el julio de 1930, el siguiente comunicado:

Rogarle al profesor Marín, que dirige la sección de Psicoanálisis en el periódico El Mundo, que subsane el error que comete en uno de sus párrafos de su primer artículo, donde dice: "que desconoce por completo los nombres de las personas que hayan podido dedicarse al psicoanálisis en Cuba y que solamente su modestísimo nombre figura en las revistas extranjeras", demostrándole por el contrario que entre otros autores el Dr. Juan Portell Vilá, secretario de la Liga, hace más de cinco años que viene publicando extensos trabajos sobre esta rama psicológica, los cuales ha leído el profesor Marín, así como los trabajos presentados al V Congreso Panamericano del Niño, uno en la Sección de Psicología y otro en la Sección de Educación Sexual.

 Se trata del inevitable pugilato por la primacía profesional y consuma, sin duda, una ruptura que venía produciéndose entre los dos autoproclamados psicoanalistas y promotores del psicoanálisis en Cuba durante los años veinte y treinta. 

 Si alguna vez acopiaron fuerzas y esgrimieron mutuas simpatías ante la ocasión de establecer un núcleo psicoanalítico en La Habana respaldado por el mismo Freud, la ruptura parecería inscrita de antemano.

 

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