Pedro Marqués de Armas
La labor de difusión del
psicoanálisis en Cuba por Juan Marín no fue para nada escasa, si bien la
precede la de Juan Portell Vilá, con distancia de cinco años. Aunque
en algunos momentos se cruzan, siguió derroteros diferentes a los del
psiquiatra: no la educación sexual infantil, como en Portell,
sino la psicología y la sexualidad femenina; no la medicina sino el
feminismo; no las teorías de la herencia sino la “curación de almas”; no las escuelas y centros benéficos, sino asociaciones y escenarios
a menudo elitistas.
Ambos procuran los favores
del Estado, pero mientras Portell obtiene plaza en el Hospital de
Dementes, Marín se busca la vida como conferencista y en su consulta privada. Los trabajos de Portell aparecen en publicaciones médicas o de carácter académico, mientras Marín se cuela en periódicos y revistas
populares, crea su propio magazine y financia la edición de sus libros.
Ambos terminan distanciándose del psicoanálisis,
al menos como soñaron implementarlo. Fracasan en la empresa de diverso modo:
Portell Vilá se recluye en el manicomio al frente del Pabellón de Niños Anormales,
sobre quienes termina aplicando terapias conductuales o farmacológicas;
mientras Marín deriva hacia la psicología del éxito.
Se aproximan en sus cercanías a la teosofía y
el espiritismo. Portell se postula teósofo y estudioso del espiritismo popular,
mientras Marín asume saberes premonitorios como la telepatía y la cartomancia en
tanto ciencia constituida.
Marín era doce años más joven. En 1925 se gradúa
de doctor en Pedagogía, casándose ese mismo año con Mary Rodríguez, una dama de
la alta burguesía habanera cercana a Enrique Fontanills, el conocido
cronista de sociedad del Diario de la
Marina. En agosto de 1929, la pareja funda la Escuela Vocacional de Cuba,
de las más selectas en el ámbito privado. Entretanto, Marín colabora con la Escuela
Normal, entrenándose como conferencista en las círculos
feministas entonces en boga. Al moverse en una esfera de poder adquisitivo, establece una
clientela a la que atiende en calidad de psicoanalista, montando su primer
consultorio en el edificio Carrera Jústiz, en San Lázaro 368.
Par de
años más tarde se divorcia y contrae matrimonio con una exalumna de la Normal, María
Josefa Obregón, también de la alta sociedad. Con ella establece una concurrida
consulta en Manrique 2, y edita por más de veinte años la revista Personalidad y Cultura Mental (1936-1958)
donde, desde el inicio, su proyecto se transforma en una
plataforma para clase media, centrada en la psicología marital y femenina y,
en fin, en los reclamos “psi” de la vida doméstica.
Junto a
María Josefa llevó a efecto muchas de sus conferencias y sostuvo un espacio
radial para difundir el psicoanálisis del mismo corte de la publicación que
dirigieron. Con frecuencia, desde las páginas del Diario de la Marina, fue presentado como una cumbre de la
psicología profunda: “El doctor Juan Marín –dice una de las presentaciones-,
psicoanalista introductor en Cuba de esta nueva ciencia y predilecto discípulo
del doctor Freud, el famoso médico vienés, creador de la nueva ciencia de
investigación psíquica”.
Como divulgador del psicoanálisis, Marín debuta el 22 de noviembre de 1929. Ese día comienza a trasmitir por la estación radial C. M. C. un curso breve sobre Psicoanálisis y su aplicación al estudio de la personalidad, con una alocución inicial titulada “El inconsciente y su influencia en nuestra vida”. Un mes más tarde, en diciembre, realiza el primero de una serie de ciclos de conferencias sobre el tema para las alumnas y profesores de la Escuela Normal. La fama que le granjea sus intervenciones explica que sea invitado por el Club Rotario. En enero de 1930 imparte la conferencia “Psicoanálisis aplicado a la educación”. Tiene éxito y el Club pide realizar todo un curso que será organizado por la directiva de la Normal con apoyo de la Secretaría de Instrucción. Tendrá el respaldo del Dr. Gustavo Loredo (director de la Escuela Normal desde 1926) y de los doctores Fernando Portuondo y Francisco Gómez Rubira. En una de las conferencias, “Nuevos métodos que deben usarse para educación primaria del niño”, es presentado como “Profesor de Psicoanálisis”. Dichas clases se trasladan en febrero a la Normal, ahora dirigidas al “profesorado” y a un “selecto número de intelectuales invitados”.
En abril, es la Asociación de Reporters quien convoca. Dos meses luego lo solicita la Alianza Nacional Feminista, pronunciando allí –el 27 de junio- una conferencia “sobre un tema palpitante” (…): “Psicoanálisis de la personalidad femenina”. La Alianza, entonces recién establecida, invitaba para la ocasión “a todas las feministas a que concurran a este acto de propaganda en que se tratará aspectos científicos del feminismo”. En junio, es el Club Universitario del Alma Mater el que auspicia el convite, siendo introducido por su presidente, Miguel A. Aguiar, y acompañado por el administrador de El Mundo, Enrique Moreno, y por el Dr. Carlos Azcárate.
En septiembre, trasmite junto a su esposa, por las ondas de la Cuban Telephon Co., la conferencia radial “La liberación femenina”. A finales de mes, el Claustro de la Normal de varones –evidentemente preocupados por el crédito de que gozaba el sector femenino- acuerdan solicitar de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes “que se autorice al profesor Martín para que explique a los alumnos un curso libre de Psico-Análisis y Educación Sexual”.
No menos exitoso para el conferencista será 1931. En mayo inicia un ciclo en la Alianza Nacional Feminista organizado por Celia Sarrá de Averhoff (casada con Octavio Averhoff, entonces Secretario de Instrucción Pública). María Gómez de Carbonell, vicepresidenta de la Alianza, diserta sobre la "Evolución histórica de la mujer", mientras Marín realiza tres intervenciones: "Alrededor de las Doctrinas Novísimas del Psicoanálisis", "Los sueños desde el punto de vista del psicoanálisis", y una tercera por identificar. Se le recuerda al público que las conferencias son “gratis y para todas las señoritas que deseen asistir”. También a propuesta de la Alianza Nacional Feminista torna a impartir junto a su esposa, por la Cuban Telephone Co., la conferencia radial “Comprensión femenina”. El 23 de noviembre de 1931 el Diario de la Marina anunciaba:
El Profesor Juan Marín, uno de los pocos
científicos cubanos que practica entre nosotros el Psicoanálisis, tal como lo
formuló Freud, y según las técnicas más modernas, ha iniciado un curso de
hipnotismo en 12 lecciones, 6 teóricas y 6 prácticas, que además de constituir
en La Habana una verdadera novedad, reviste todos los caracteres de un suceso
científico de importancia.
El Profesor Marín es un conocedor profundo y un estudioso apasionado de los sistemas terapéuticos que han surgido en el mundo al calor de las teorías de Freud y Jung. Colabora con él en este curso de hipnotismo, como en todas las tareas, el inteligente profesional doctor E. García Cantero, médico que ha enriquecido el acervo científico con las interesantes aportaciones de la nueva psicopatología.
Fruto de estas conferencias, a partir de 1933 aparecen sus primeras publicaciones, libros y
folletos que no cesarán de sucederse hasta 1951. A excepción del
problemático volumen colectivo Nueva
Psicología, publicado en 1931 y que involucra la que quizás fue su deriva
más interesante: el entreveramiento psicoanálisis / cultura de masa, la obra de
Marín evoluciona desde el psicoanálisis societario hacia una psicología del crecimiento personal circunscrita -como se ha dicho- un público de clase media.
En 1933 publicó Lecciones de Psicoanálisis (La Habana, Imprenta La Milagrosa). Recogía una parte de las 17 conferencias de psicoanálisis que, entre abril y julio de ese año había impartido a solicitud de la Dra. Isabel Fals Carvajal a un grupo de maestras de las Academias Especiales de Inglés. Los acápites del libro eran los siguientes: Concepto y generalidades. Inconsciente y Conciencia. Mecanismos de censura. Complejo de Edipo. Enigma de la Esfinge. Olvidos. Libido. Chiste. Transferencia. Sueños. Mecanismos del sueño. Super Yo. Tipos psicológicos. Homosexualidad y perversiones. Complejo de Electra. Técnica de asociación libre. Autoeducación y personalidad.
Lo curioso es que sus principales fuentes
–recordemos que aseguraba dominar el alemán- no eran las obras de Freud, que ya
a esas alturas circulaban tanto en inglés como en español casi en totalidad,
sino tres autores españoles. El propio Martín no tenía reparos en comentar que
su información provenía “más” de ellos que directamente de textos de Freud. Los
libros empleados eran El psicoanálisis de
Emilio Mira, Horizontes del psicoanálisis de Cesar Juarroz, y Psicoanálisis y práctica judicial de
César Camargo.
Marín envió seguramente sus Lecciones… a los centros psicoanalíticos (es muy probable que al propio Freud), y el resultado fue una severa crítica firmada por Ángel Garma en la revista Imago. Enviada o no directamente a Imago, o solicitada por algún miembro de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, como fue frecuente en estos casos, lo cierto es que la crítica de Garma ponía al desnudo el escaso rigor de aquellas conferencias. Publicada en el número de enero de 1934 y escrita en alemán, en pocos trazos Garma calaba a fondo al psicoanalista cubano:
El presente documento transmite conocimientos
que el autor ha tomado esencialmente de tres ensayos inadecuados y engañosos de
autores españoles. El autor aconseja a sus lectores que comiencen el estudio
del psicoanálisis estudiando estas tres obras y que luego lean las obras de
Freud. Inconsciente y preconsciente se equiparan en este texto. Los
pensamientos de Jung son expuestos en términos incorrectos. El proceso de
curación es descrito a partir de algunos fragmentos de la traducción al español
de la Curación por el Espíritu de
Stefan Zweig. Por último, el autor espera que la lectura de sus conferencias
"pueda ayudar a las almas enfermas que sufren en un rincón oscuro".
Acto seguido, apareció una segunda crítica,
ésta firmada de E. Kris, algo condescendiente pero igual de irónica:
Se recomiendan encarecidamente considerar los
estimulantes problemas de estilo, tal vez excelente para cualquiera que desee
formarse en cuestiones de psicología del arte. En una pirotecnia de espíritu e
ingenio, la línea de pensamiento parece haberse perdido aquí y allá, pero el
autor siempre encuentra el hilo en su enredo, y con mano segura, y aprende uno
a seguirlo afortunadamente en todos los sentidos.
A partir de 1934 la actividad de Marín como conferencista disminuye de modo considerable. Se nos escapan, seguro, muchos motivos, pero coincide con situaciones que estaría bien señalar. Por una parte, un descenso en el interés por el psicoanálisis en los espacios societarios cubanos, lo que venía aparejado al declive de las vanguardias y a cierto enfriamiento de la vida pública, no menos, sino más crispada tras la caída de Machado. Y por otra, el cese de sus intercambios con las instituciones psicoanalíticas europeas, lo que pudo resultar de una caída de legitimidad tras las críticas en Imago, pero también de la entrada en pánico de éstas luego el ascenso de Hitler al poder.
Toca recluirse, y es entonces que lanza la revista Personalidad y cultural mental. Aunque no fue la única publicación
que siguió una estela psicoanalítica, sí fue la que lo hizo durante más tiempo
y en un estilo constante, típico de la cultura “psi” doméstica o interior. La
revista, cuyo primer número apareció en mayo de 1936, con Marín como director y
su esposa María Josefa Obregón como subdirectora, se mantuvo con frecuencia
mensual y casi sin interrupciones hasta 1952. Sin embargo, pese a su larga
existencia, no parece que trascendiera en el panorama cultural.
Su olvido y la falta de menciones y de citas de los trabajos que publicaba, indica
que no logró construir un público creciente, ni considerable, aun cuando estaba
dirigida a un sector medio de cierta ilustración que aumentó de modo importante
en el país durante las décadas en cuestión.
Mientras Marín se dedicaba a la parte de “cultura mental”, Obregón montaba la de “personalidad femenina”. Aun cuando, como muchas otras revistas cubanas, seguía el gusto norteamericano de los treinta y cuarenta, en su caso se perfila un público por excelencia femenino y doméstico, como más oficinesco y amante de todo tipo de consejos y de las curiosidades “psico-técnicas”. En este sentido, calca sin disimulo publicaciones norteamericanas de prestigio, como la Psychology. Fascinating personalty. Healt, Happy, Success, cuyos temas se le asemejan mientras la portada es de un sorprendente parecido.
En el primer de número, de mayo de 1936,
sobresale lo que podemos calificar como tópicos de la cultura “psi” de clase
media: hipnosis, relajación, grafología, psicoanálisis, personalidad de la
mujer, educación sexual, etc. Esos declinan a su vez en asuntos como el
nerviosismo o la serie de consejos del tipo “como” (como educar a los hijos, como
tener éxito, como serle fiel al hombre, como juzgar la inteligencia por la
mirada, e incluso, como no enrojecer en público).
Es obvia la apuesta por una “higiene mental”
acomodada al hogar, al matrimonio, y al trabajo. Por otra parte, la mayoría de
los artículos no venían firmados, mientras otros son traducciones de revistas
de corte semejante, o bien, textos tomados de publicaciones españolas y
latinoamericanas. Tales artículos eran ilustrados, sobre todo, con fotografías
de interiores domésticos, en fin, para no extendernos, como si se tratara de
entrar a un apartamento de New Jersey o Miramar.
A la vez, mientras a ratos aparecen artículos de
algún calado académico (por ejemplo, “Contagio psíquico y repercusión social”
del psiquiatra español Antonio Vallejo Nájera), muy bien podían estar intercalados
entre comentarios sobre las propiedades del limón o de la manzanilla.
A cargo
de Marín, la revista traía una sección titulada “Cuénteme su caso”, que, con
igual título, sobrevivió algunos años como un programa radial trasmitido
diariamente por la COCO y la CMCF -en cadena con emisoras de Matanzas y
Cienfuegos- a las 3 y 30, es decir a la hora exacta en que mataron a Lola, como
reza el dicho popular.
Desde un comienzo, Marín y Obregón entendieron
que precisaban, para aquellos temas, también de un público que no fuera cubano,
de ahí que hayan logrado distribuirla en 17 países del continente. Para hacer propicia
la empresa, ellos mismos viajan una y otra vez, imparten conferencias, y
reclutan colaboradores, sobre todo mujeres periodistas con gustos e intereses
acordes al canon de la publicación.
Veamos algunos de los títulos tomados de
varios números de 1938:
El hipnotismo en la medicina, Valor moral de
los padres, Conoce tu alma, Conducta sexual de la Mujer, Hablemos nuestro
idioma, En su familia puede haber un sonámbulo, El mal dormir del niño, sus
causas, Los Secretos de la magia en la India, ¿Cuáles enfermedades se heredan?,
Amor y celos, Galantería, El miedo a la obscuridad, Las enfermedades del
espíritu, ¿Qué tipo es usted?, ¿En qué consiste el éxito?, Hoy les toca a
ellos, En la encrucijada, Por qué temen, La adulación, La ciencia de la
energía, Voluntad, Carácter, indecisión y malhumor, El miedo, El maestro dice, Diferencia
entre la reforma del carácter y el poder o fuerza de voluntad, Para todas
partes, El éxito, El secreto del sonambulismo, No hay azar, Control de la
sabiduría y de la potencia, Disciplina mental, Hasta luego, Cuando yo sea
grande, La culpa de las madres, Se corrige el tartamudo, La idea obsesionante,
Una lección de felicidad, Espíritu y positivismo, Obstáculos, La conquista de
la felicidad, La tranquilidad espiritual, La vida es sed, Ante el busto de
Martí, Sugestiones, Cáncer, Una segunda luna de miel
para salvar el amor, Curso de inglés.
En fin, como se la califica desde otra revista
contemporánea: “Excelente y sumamente recomendable publicación sobre asuntos de
cultivo de la personalidad y problemas conexos, felicitamos a los editores de
tan importante medio de difusión de la más significativa cultura: la interna”.
Es otro modo de decir “Psi”. En un estudio
reciente sobre la revista argentina Cultura
Sexual y Física, se indican semejanzas temáticas y de tono con las
francesas Vivre D’Abord y Les Cahiers Contemporains, así como con
brasileña Educación Física de Brasil,
y la cubana Personalidad y Cultura Mental.
Todas ellas apelan a expertos de la sexología como Havellock Ellis, Bertrand
Russell, Paolo Mantegazza, Ellen Key, y desde luego, Freud.
Personalidad y cultura mental terminó desbancada por otras revistas cubanas para el público femenino, más abiertas al cine, la moda y los acontecimientos mundanos, aunque siguió circulando hasta 1958, incluso desde Sancti Spíritus, adonde Marín se retiró en sus últimos años.
Paralelamente cosecha una obra opípara con títulos tan sugerentes como los que siguen: Guía de los nerviosos para la conquista del dominio y decisión personal, La Habana, Imprenta La Milagrosa, 1947. Voluntad y triunfo; cultivo de una voluntad vigorosa, dominadora y constructiva, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1947. El diagnostico psicológico de la personalidad, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura mental, 1948. La crisis de los valores morales en función del trabajo, expuesto a través de un curso de psicología aplicada a los problemas actuales, La Habana, Instituto de Psicología aplicada a los problemas humanos, ¿1949? Cómo conquistar el poder personal: dominio de la voluntad, eliminación del temor: guía y orientación para obtener la plenitud de las facultades mentales: descubra al sendero que conduce al disfrute de una personalidad vigorosa, dominadora, triunfante, La Habana, 1950. El milagro de la memoria: solución al problema de recordar voluntaria y oportunamente, La Habana, 1950. El poder mental orientación del esfuerzo personal hacia la conquista del éxito, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1951.
Constan también sus vínculos con el profesor y exanarquista español Graciano Lípiz, con quien elaboraba en 1939 una revista de pedagogía. Una década más tarde Lípiz funda en Arroyo Naranjo las Escuelas Cubanas de Psico Análisis “Graciano Lípiz”, encargadas de impartir psicoanálisis y psicología para el éxito. Ambos reunían cualidades próximas, presentándose, uno, como “profesor psicoanalista y discípulo del desaparecido genio”, y el otro, como “especialista en técnicas de crecimiento mental”.
Lipiz llegó joven a Cuba y estudió en la
Normal. En Matanzas, donde residía junto a su familia, fue sorprendido mientras
colocaba una bomba en el Teatro Sauto. Procesado, fue expulsado del país por
“indeseable” pese a su doble ciudadanía. Tras la caída de Machado regresó y fue
propuesto luego para Secretario de Educación.
A comienzos de la década de 1940, Marín se ocupaba de la sección “En la consulta del psicólogo” de la revista Bohemia, donde se presenta como “especialista en la formación de personalidades vigorosas”. En la misma, apelaba a tópicos semejantes a los de Personalidad y cultura mental, ahora con más lectores potenciales. Algunos de ellos: “El hombre como creador de felicidad”, “Individuos propicios a la mala suerte”, “Tu ideal de triunfo”. Lo de un consultorio como “Cuénteme su caso” o la mencionada sección de Bohemia, no parece que fuera especialmente exitoso. No lo sería, cuando apenas trascienden. Lo de Cuba era la Corte de Suaritos, el genio tácito-analítico de Chan-Li-Po y el Pon tu pensamiento en mí del gran espiritista radiofónico Clavelito.

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