jueves, 23 de febrero de 2017

Suicidas en Cuba… Luis Marliani





  Comerciante francés emigrado a Cuba tras la revolución de Haití.

 El 25 de agosto de 1807 asesinó a su amante, la acaudalada criolla natural de Puerto Príncipe, Vicenta Agramonte, una de las mujeres más bellas de la época, dándose a continuación la muerte. 
 
 Los cuerpos aparecieron cada uno con dos disparos en la cabeza.

 Una versión apunta a que Marliani obligó a su amante a firmar una carta, de modo que pareciera un pacto suicida.

 Otra sostiene que fue un verdadero pacto.

 En su novela La Fuerza del Destino Julieta Campos recrea esta escena trágica. Vicenta, casada con un primo al que no amaba (José María Zequeira Acosta, con quien contrajo matrimonio en Camagüey el 19 de marzo de 1794), se dejó seducir sin titubeos por el forastero francés, años más tarde perseguido por las autoridades coloniales y sobre quien pendía una orden de expulsión.

 El hecho tuvo lugar en el número 71 de la calle Zanja, entonces esquina a Galiano, frente a la casa de baños.

 J. M. de la Torre recogió en Lo que fuimos y lo que somos esta crónica de Tomás Agustín Cervantes, una de las más antiguas sobre sucesos criminales:

 “En la casa número 71, frente a dicha casa de baños ocurrió el trágico fin de Mr. Luis Marlianí (hermano de Mde. Vigné) y de doña Vicenta Agramonte (de Puerto Príncipe), conocida por la Vicenta (que relata la curiosa crónica inédita) del señor don Tomás Agustín Cervantes, de la manera siguiente:

 Así murió La Vicenta...

 25 de Agosto de 1807, día de San Luis. En la tarde, como a las seis, fueron hallados doña Vicenta Agramonte y Mr. Luis Marliani, encerrados en un cuarto, ya difuntos y pasados cada uno con dos balas.

 El caso, como se da por verdadero, es que éste Marliani, después de haber comido con la Vicenta y bebido con exceso, mandó salir fuera de la casa (que lo era la que linda con el fondo de la de Chávez, extramuros, y por consiguiente hace frente a la Zanja), a un negro, una negra, y al hijo de la Vicenta, y encerrándose en el cuarto con ésta, la comprometió a escribir un papel a su tía doña María Loreto Velasco, en que le encargaba la educación de su hijo, mandaba pagar una deuda, y se despedía para siempre.

 Marliani escribió otro en que decía que por mutuo acuerdo y por el amor se iban a quitar la vida.

 Efectivamente, se oyó la explosión de las pistolas, y rompiendo los indicados negros e hijo los balaustres de la ventana, que caía a la calle, entraron y encontraron a los dos ya difuntos; Vicenta con un brazo tendido y acostada sobre él, Marliani; y éste, con las manos cruzadas hacia arriba y, en cada una, una pistola, una apuntando hacia Vicenta y la otra hacia a sí propio.

 Se encontraron dos pomitos con esencia de opio, y se supone que el francés aletargó a Vicenta con este narcótico. Así murió la bella Vicenta.”