domingo, 9 de octubre de 2016

Un Peje monstruoso llamado Nicolás





 Miguel Rodríguez Ferrer

 Clasificados los cetáceos entre los mamíferos, no es raro en Cuba encontrar por sus apartadas costas el de esta clase, llamado Manatí, principalmente en donde el sargazo y las fuentes submarinas de agua dulce satisfacen las necesidades de este herbívoro. Es propio además de las regiones tropicales y por rareza llega a la península de la Florida, sin que apenas se presente en otras partes de los Estados-Unidos.
 Los habitantes de la Guadalupe, San Cristóbal y demás pequeñas Antillas usaban antes de su carne, y los indios del Sur utilizaban su cuero en liras, para fuertes ligaduras, como sus huesos para diversos útiles.
 Hoy en Cuba se hacen de su materia preparada al efecto primorosos bastones, y ya la ley de Indias prohibió el que de sus liras se hicieran látigos para castigar a los esclavos, por sus perniciosos efectos.
 Presentando el Manatí un cuerpo desnudo de toda escama, cabeza y cuello, y pecho provisto de mamas, saliendo del agua para dar de mamar a sus hijuelos; todo esto le ha valido a este anfibio cierta representación de las formas humanas, como a las Focas, la de Sirenas.
 En Cuba encontré respecto al Manatí consejas no menos vulgares entre sus campesinos, y en varios de los ranchos o estancias de sus solitarias costas me hablaban de que sus antecesores habían visto un Peje (1) monstruoso llamado Nicolás con cabeza y pecho de mujer, que estuvo pasando mucho tiempo por el cabo de Cruz, cuya denominación me recordó la leyenda del P. Feijoo, entre cuya reminiscencia y la presencia de este cetáceo, se formó tal vez por esta tierra, la tradición del monstruo que he nombrado.
 El Manatí se encuentra en Cuba por la desembocadura de los grandes ríos, y este animal a lo que se parece más, es a un ternero sin manos ni pies. Pero ofrece una particularidad muy digna de atención respecto a la arqueología del nuevo continente, que no dejaré de indicar.
 Según Mr. Squier al hablar de las figuras, ídolos, representaciones y objetos encontrados en los túmulos del valle del Misisipí, dice que todas las esculturas que representan a este anfibio, todas tienen un mismo estilo en su ejecución, todas son de iguales materiales que los demás objetos que con ella se encuentran, y que no puede menos de deducirse, que fue una misma raza de hombres de la que procedió este estilo y este material de un mismo origen y de un período mismo, más particularmente, en el país que cae entre el Onio y las guaridas de los manatíes de aquella costa meridional, por la que sin duda se mantenía un tráfico doméstico y continuo; o que en alguna época emigró allí cierta raza llevando consigo restos tan caracterizados, cuya curiosidad arqueológica no he querido dejar de consignar respecto a este herbívoro, que representa, por otra parte, en la zoología de esta isla, el último de sus mamíferos y el primero de los peces.
 Este animal, por último, ofreció a los conquistadores cierta acción misteriosa entre su particular terapéutica (2).

(1) Vocablo provincial en vez de pez.
(2) El salamanquino D. Bernardo Vargas Machuca en su Descripción de las Indias dice, hablando del Manatí, entre otras cosas: "Tiene una propiedad (su carne) que descubre las bubas a quien las tiene secretas, que comiéndola le remueve y aviva los dolores; es pescado que sale a pacer yerba a tierra: hacen de él mucho aceite para alumbrar”.

 Estudios zoológicos de Cuba [1875]