jueves, 28 de enero de 2016

Una India de oro macizo





 En un periódico de la Habana hemos leído la siguiente descripción de un regalo que el ayuntamiento de aquella ciudad ha dirigido al Sr. Conde de Alcoy:

 «Hemos visto en la platería del Dedal de oro, una soberbia obra de platería, trabajada en el mismo establecimiento, consistente en una escribanía de oro que el Excmo. Ayuntamiento de la Habana enviará al Excmo. Sr: Conde de Alcoy. El regalo de que hablamos es una obra maestra del arte, y no podemos menos de dar a nuestros lectores una idea aproximada de su magnificencia. Sobre una base de catorce pulgadas de largo, y nueve de ancho, que figura una bandeja invertida, se eleva en su centro una india de oro macizo, sentada sobre un pedestal, sosteniendo en la mano izquierda el cuerno de la abundancia, vuelto hacia abajo, derramando preciosas frutas exactamente imitadas, y descansando la mano derecha sobre el escudo de la Habana. A sus lados, e imitadas con igual perfección, se elevan las hermosas plantas de las dulces cañas de Cuba y de la reina de las frutas, la deliciosa y envidiada piña; a la espalda de la india se eleva una hermosa palmera, que con su pintoresco ramaje sombrea la virgen que a su pie reposa, y en el tercio superior de su tronco, luce el escudo de las armas españolas.

  Levantada la india se encuentra debajo el depósito de las obleas, y a sus lados se elevan el tintero y el arenillero, que figuran dos lindas copas sostenidas en los hombros de dos genios, cada uno en actitud de cargar un peso que provoca al desarrollo muscular; en las medias cañas que presentan los cuatro lados lucen, en la del frente las armas del Excmo. Señor Conde de Alcoy, a las cabezas de dos escudos hechos a capricho con las cifras del mismo Excmo. Señor y la que cae a la espalda de la india una hermosa orla donde con una bellísima y clara letra de relieve se lee lo siguiente: «El Ayuntamiento de la Habana al excelentísimo Señor conde de Alcoy.»

 Al pie de la india aparece un bolón que figura una flor caída al acaso, la cual a un simple impulso de rotación comunicado por el dedo índice y pulgar, hace sonar un timbre de un sonido claro y penetrante. Todo cincelado y acabado a la mayor perfección, teniendo todo el peso de ciento treinta onzas de oro.

 Tal vez se haya escapado a nuestro escrutinio alguna otra de las muchas curiosidades que contiene la obra, pero de lo dicho se deduce que es una de las más dignas de verse y la suficiente para acreditarse un establecimiento como el Dedal de oro, donde se hace sin más ni menos lo que en las mejores fábricas de Europa pudiera desearse en su género.»