miércoles, 23 de diciembre de 2015

Los poetas solos de Manhattan




Eugenio Florit

El poeta cubano Alcides Iznaga vino a Nueva York, de paseo, en agosto de 1959. A su regreso a Cienfuegos me envió un poema, "Estamos solos en Manhattan", al que contesté con estos versos: 




Mi muy querido Alcides Iznaga:

es cierto que ni Langston Hughes ni yo estábamos en casa.

Porque Langston, que vive con sus negros,

también baja hasta el centro.

Y yo, cuando llamaste por teléfono,

o mejor dicho, pasaste por mi casa,

estaba lejos, en el campo,

yo que vivo con mis blancos.

Pero es que aquí, por aquí arriba,

lo mismo da que vivas

en la calle 127

o en el número 7

de la Avenida del Parque.

Aquí todos andamos solos y perdidos,

todos desconocidos

entre el ruido

de trenes subterráneos, y de bombas de incendio,

y de sirenas de ambulancias

que tratan de salvar a los suicidas

que se tiran al río desde un puente,

o a la calle desde su ventana,

o que abren las llaves del gas,

o se toman cien pastillas para dormir

-porque, como no se han encontrado todavía,

lo que desean es dormir y olvidarse de todo-,

olvidarse de que nadie se acuerda de ellos,

de que están solos, terriblemente solos entre la multitud.



Ya ves, a Langston Hughes me lo encontré a fines de agosto

en un cóctel del Pen Club,

muy cortés y muy ceremonioso

y muy vestido de azul.



Y luego pasan los años, y lo más, si acaso,

nos cambiamos un libro: "Inscribed for my dear friend..."

"Recuerdo muy afectuoso...", etc.

Y así nos vamos haciendo viejos

el poeta negro

y el poeta blanco,

y el mulato y el chino y todo bicho viviente.

Como se irán haciendo viejos

ustedes, los amigos de Cienfuegos;

los que aquel día inolvidable de febrero

(1955) me llevaron al Castillo de Jagua

donde me hizo temblar de emoción una vicaria

que me salió al encuentro entre las piedras.

Lo que pasa,

mi muy querido Alcides Iznaga,

es que aquí no hay vicarias,

ni Castillo de Jagua,

no están conmigo mis poetas

ni mis palmas ("Las palmas, ay...")

ni las aguas azules de la bahía de Cienfuegos

ni las de la bahía de La Habana.

Aquí sólo las aguas perezosas y tristes

de los dos ríos que ciñen a Manhattan...