domingo, 25 de octubre de 2015

Pote





 Pote es el apodo con que conocemos en Cuba a José López Rodríguez, licenciado en Farmacia, que, probablemente, no sabrá preparar un ungüento, pero librero inteligente y hombre aprovechado si los hay.

Llegó a Cuba hace pocos años, casi niño, sin más bagaje que una maletilla con ropa burda y una voluntad recia y una ambición grande.

 Vendió libros viejos; montó luego una imprenta: la ensanchó, editó libros de texto para las escuelas; compró una casa, y otra, y otras, para sus talleres; se encargó de imprimir los billetes de la lotería y los sellos de Correos y del impuesto especial; se adjudicó subastas como la de la canalización de El Roque, y lo mismo con Gómez que con Menocal, con Estrada Palma que con Magoon, ha sido impresor de cámara y el hombre de las grandes influencias.

 Resumen: Pote acaba de comprar a D. Juan Pedro Baró los ingenios de azúcar «Conchita» y «Asunción», en precio de tres millones y medio de duros, sin tener que desatender por eso ninguno de sus múltiples negocios.

 Esta noticia no va a traducir mi admiración por ese gallego millonario, sino a decir a ustedes que todavía se reúne mucho dinero en Cuba cuando el inmigrante tiene una ambición tan grande y una voluntad tan recia como tiene el propietario de La Nueva Poesía, almacén de libros y papel.


 España y América, sep. de 1915.