sábado, 1 de febrero de 2014

Exposición soviética del Coliseum


  

 Ángel Zúñiga


 En el intercambio cultural y económico entre este país y Rusia, se anuncia para el mes de junio una gran exposición de la Unión Soviética en el Coliseum. Kruschev y sus muchachos han hecho lo posible para que el jefe ruso esté en la inauguración. Kruschev espera venir a este país para llevarse de calle todas las publicidades posibles. Unos cuantos piquetes, unas cuantas demostraciones en cada ciudad que visitará, no paliarían el efecto de la presencia espectacular del jefe soviético. En los lejanos países del Oriente indeciso e inescrutable, y ya no hablemos de aquellos que son ocupados por el comunismo, donde no pueden leer y oír otras noticias que las oficiales pasadas por la previa censura, la presencia de Kruschev en Norteamérica sería presentada como una victoria de la respetabilidad del régimen soviético. De ahí que la maniobra por celebrar la conferencia cumbre en éste país continúe, cayendo incluso en la trampa los propios interesados en evitar esa infiltración propagandística de Rusia, que halla aquí siempre ecos sospechosos. A los occidentales no se les ha ocurrido celebrar la conferencia en cualquier lugar de los países controlados por el comunismo, con la condición de recibir los mismos beneficios de una prensa libre y una publicidad sin limitaciones, que es la que espera recibir Kruschev en este país.
 Esta exposición soviética está compensada por la que celebran también en junio en Moscú los norteamericanos. Pero con una prensa controlada con los servicios de información maniatados por el Estado, la publicidad no es la misma y puede decirse que la exposición rusa en esta ciudad alcanzará, una mayor difusión por los extraordinarios medios puestos a su servicio por el mismo país al que intentan deslumbrar.

 EXALTACIÓN DE LA CIENCIA

 En los nueve departamentos que figurarán en la exposición del Coliseum neoyorquino, los soviets se dedicarán sobre todo a realizar una exaltación de los triunfos científicos, del avance tecnológico del país y del estado de su cultura. Son tres campos diversos en que, como es natural, han ido progresando por la misma razón del pasar del tiempo.
 Tampoco se ha de negar que en la cuestión científica han dado un avance considerable. Los soviets recibieron una tradición científica, como la recibieron también en los campos de la cultura, y en ésta de forma inigualable. Sólo a la inevitable señora, viuda de Roosevelt se le ocurre, como hacía el otro día, decir que ahora viven los rusos mejor que en el tiempo de los zares, perogrullada divertida si no destilara tanto veneno. De la misma manera se puede decir que vive mucho mejor ahora el norteamericano de la época de Eisenhower que el del tiempo de Wilson. Todo ello referido tan sólo al aspecto material de la cuestión, que progresa con el pasar mismo del tiempo.



 EL DISPARO DE LOS «SPUTNIKS»

 No faltarán en el Coliseum en esta exposición soviética y colocados en el altar de la ciencia los «Sputniks» con que se han llevado muchos puntos por delante en el gran encuentro. Los rusos colocarán en su exposición unos modelos impresionantes de sus «Sputniks», que giran sobre la órbita más peligrosa de la admiración del visitante neoyorquino para deslumbrar a este proletariado burgués de la gran urbe de nuestro tiempo. El mundo socialista ha volcado, al perecer, su potencia en el campo científico. Menos automóviles para cada quisque con los que ir a pasar los fines de semana a las playas y montañas, aumentando la inmensa mortalidad de las carreteras, y más posibilidades para el estudio de las ciencias, dedicando a más y más gente a esa noble tarea Los soviets saben que por ese camino los pueblos que tratan de conquistar para la doctrina marxista son más impresionables.

 LOS CAMINOS DE LA PAZ

 Una de las constantes soviéticas es la de presentarse ante el mundo como campeones de la paz. La humanidad en cada época, se deja guiar por mitos distintos. El bloque occidental emplea sin cesar las palabras democracia y libertad. Los rusos las han sustituido por la de la paz universal entre los pueblos. Casi siempre todos esos mitos son fases ilusorias de este gran sueño calderoniano de la vida. Pero como sea, no faltará en una exposición soviética esta participación pacífica del régimen. Los rusos presentarán algunas de las aplicaciones de le energía atómica con fines pacíficos. Habrá modelos de reactores de electricidad producida y el modelo de un rompehielos atómico, llamado «Lenin». Pudiéramos decir que la exposición se volcará en estos aspectos intentando glorificar, en un mundo feliz, a la Huxley. La campaña socialista para obtener los máximos rendimientos de las máquinas. Máquinas, al fin, inventadas por el hombre.

 NO FALTA TAMPOCO LA DIVERSIÓN

 Una exposición rusa no resultaría completa sin la consideración del espectáculo como propaganda.  Hace sólo unos años, una comedia o un «ballet» no se hubieran considerado nunca como caminos para demostrar nada, como no fuera la propia vigencia del arte. Ahora los norteamericanos mandan artistas a Moscú para realizar propaganda. Y los rusos nos bombardean con los suyos para demostrarnos que nada les está vedado, si no es aquella libertad de que antes hablábamos. Llegará de Moscú el coro Pyanitsky, para una serie de conciertos. Después del éxito sensacional de los «ballets», este coro mantendrá el tono ruso popular. Pero ni aquéllos ni éstos han sido nada que haya inventado el socialismo. Estaban ya en la Rusia de los zares. Y esto hay que decirlo porque si no llegará día en que parecerá que la U.R.S.S haya salido directamente del jardín del Edén sin otras conexiones históricas. Los rusos también nos enviarán el sine-panorama, una especie de cinerama, con todas las imitaciones habituales del mismo. Como esto no tiene nada que ver con el cine y tan sólo con el espectáculo de Feria no hay duda de que su presencia en la exposición soviética será de lo más adecuado. La lástima es que por razones de espacio se presentará en algunos de los cines de Broadway. Pero tampoco está del todo mal. Porque ¿acaso Broadway, a estas alturas, tiene algo que ver ya con lo que los ilusos llamaron en su día el séptimo arte?



 Nueva York, 30, 7 de la tarde. Crónica radiotelegráfica de nuestro redactor. La Vanguardia, domingo 31 de mayo de 1959.