domingo, 23 de febrero de 2014

Pávlov por Guillén


  

  Nicolás Guillén 


 Uno de los documentos políticos más tiernos (¿por qué no van a coincidir política y ternura?) me parece a mí que es la resolución adoptada por el Consejo de Comisarios del Pueblo, bajo la inspiración de Lenin, en cuanto al gran fisiólogo Pávlov. Ya sabe el lector que este famoso académico no cesó en sus trabajos sobre los reflejos condicionados y las glándulas digestivas, sobre los hemisferios cerebrales y la actividad nerviosa superior, aun en medio de las vicisitudes revolucionarias, primero, y la agresión extranjera al nuevo Estado, después. El hambre, el frío, los inconvenientes de la naturaleza técnica, tanto como los trastornos puramente materiales no hicieron mella en aquel voluntarioso carácter. Era patético verle durante horas y horas en su incómodo laboratorio, arrancando sus secretos a esa misteriosa zona de la vida animal que es la vida sensible.

 Un día Lenin supo esto, porque se lo escribieron unos camaradas de Petrogrado. Cierto; el hambre era grande y muchos morían de ella. Había que prestar una atención sin desmayo a los miles y miles de problemas que planteaba una revolución de tan ancha envergadura. ¿Pero no era urgente asimismo, no era un problema también, y de los más graves, el conseguir que un sabio tuviera qué comer? Y junto al sabio, ¿no estaban igualmente sus colaboradores (uno de los cuales era su propia esposa), tan abnegados y hambrientos como él? Lenin sabía que los camaradas de Petrogrado, al abogar por mejores condiciones de vida para Pávlov, actuaban de acuerdo con lo que en octubre de 1920 había sustentado él, Lenin, a propósito de la herencia cultural, Y en forma más concreta, de su política frente a los «especialístas» del antiguo régimen.

 El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario [son palabras salidas de la pluma de Lenin] debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró por el contrario todo lo que había de precioso en el desarrollo dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos...

 La cultura proletaria no podía ser hecha de una pieza, flamante e inédita. Había que conocer, criticar y aprovechar las experiencias de las clases anteriores para utilizarlas en la construcción de una nueva clase. En consecuencia, Lenin redactó un proyecto de resolución (enero de 1921) dirigido al Consejo de los Comisarios del Pueblo en el que se nombraba a Gorki, a Krist (director de los centros de enseñanza superior de Petrogrado) y a un miembro del departamento gubernamental del soviet de dicha región, Kaplún, a fin de que «en el plazo más breve» crearan las condiciones necesarias para asegurar el trabajo científico -un trabajo que duraba ya veinte años- de Pávlov y sus auxiliares.

 Entre esas condiciones puso Lenin estas dos: «Encomendar a la comisión de abastecimiento obrero que otorgue al académico Pávlov y a su esposa cuotas especiales de racionamiento con un doble de calorías», y ordenar al soviet de Petrogrado «que asegure al profesor Pávlov y a su esposa el usufructo vitalicio del departamento que ocupan, y que instalen el laboratorio del académico con el máximo de comodidades...» Eso aconteció en el 21, como se ha dicho. La vida del sabio se prolongó quince años todavía, y al morir en 1936 (había nacido en 1849) cargado de honores, rodeado del cariño (y el orgullo) del pueblo soviético, legaba una herencia científica de las más caudalosas y profundas entre todas las que el pensamiento del hombre haya legado a la humanidad.


 Páginas vueltas, Memorias, La Habana, 1982, pp. 271-72.