viernes, 8 de marzo de 2013

Concurso Muñecas Cubanas de Trapo





 Todos los pueblos desde la más remota antigüedad han creado sus propias muñecas, expresión del arte más vivo y popular. Cuba no era la excepción y desde el siglo pasado tuvo su muñeca característica. Era sencilla como sencillo era el atuendo cubano. Vestida de percal o zaraza de vivos colores, con la pañolera y la saya de vuelo, con la cara de dulce sonrisa trazada con puntadas y con el cuerpo menudo y suave, relleno de retacitos.
 La belleza de género de arte, síntesis de los recursos caseros y de la imaginación popular, constituye una expresión autónoma de las capacidades creativas de nuestro pueblo, expresión que durante muchos años permaneció en el anonimato, dedicada sólo a dar un poco de felicidad a la vida de las niñas humildes.



 Ni siquiera la competencia industrial de las muñecas en masa, con falsos coloretes, ojos de vidrio y bucles de oro, logró desplazar totalmente a la muñeca casera hecha con calor de madre, de los gustos y corazones de nuestras pequeñuelas, que las más de las veces preferían estas últimas.
 Esta hermosa tradición de la muñeca casera, de la compañerita inseparable, se había debilitado y casi perdido hasta que la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación lanzó en 1959, el Concurso de Muñecas Cubanas de Trapo. La acogida que tuvo este primer concurso y la calidad de las muñecas nos llenó de esperanzas. En efecto, el estímulo…

                                       1962