lunes, 6 de julio de 2026

Psicoanálisis y otros saberes. A propósito de Nueva Psicología de Juan Marín

 

    Pedro Marqués de Armas 


  Como hemos visto, Juan Marín derivó del psicoanálisis de salón a la psicología del éxito; de la sexualidad del adulto a los complejos de la personalidad. En fin, de la presunta liberación que suponía su apuesta por el psicoanálisis a los conocimientos íntimos en clave conservadora. Pero hubo una deriva más interesante: la que le llevó a conjuntar el psicoanálisis con otros saberes de la mente y otras formas de cura del espíritu. En esta dirección, publicó una obra colectiva titulada Nueva psicología; trabajos sobre enfermedades del espíritu, hipnotismo, teosofía, espiritismo y brujería, volumen que apareció en 1931 bajo su firma y, para sorpresa, junto a la del médico argentino Jorge Thénon.

 Al consultar por primera vez este material pensé que podría tratarse, o bien de una obra conjunta del chileno Juan Marín y de Thénon publicada, cosa rara, en La Habana, o bien que el Marín cubano hubiera reclamado el concurso del médico argentino, ya conocido por sus vínculos con Freud, acordando ambos reunir los textos. Pero al examinar detenidamente el índice y algunos de los artículos, y apreciar que la obra incluía a otros muchos autores cubanos y extranjeros, consideré como hipótesis más pertinente la de que Thénon hubiera estado en La Habana o mantuviese relaciones fluidas con aquel grupo habanero.

 No fue sino mucho más tarde -de regreso al asunto- que descubrí que se trataba de una usurpación. Marín, el cubano, se había adjudicado una coautoría. Aunque pueden anticiparse los motivos, prefiero dejar el análisis de esta modalidad de plagio para más adelante.

  Nueva psicología…, de Marín / Thénon, como lo anuncia el resto del título, incluía los tópicos más variopintos: desde la psicología del yo “a la norteamericana” hasta la psicotecnia, desde el budismo hasta la pediatría australiana, desde el ocultismo hasta el mito de la caverna platónica, o desde la reencarnación del espíritu hasta los trece hijos de Yemayá. Desde luego, el punto de partida era el psicoanálisis, incluyendo textos de Freud y Jung, pero las derivas no escatimaban ninguno de los saberes entonces en boga, asimilados ya por la cultura de masas.

 Entre los autores cubanos -hoy poco conocidos pero bastante activos en su época- se incluían trabajos del hipnotista E. García Cantero, el teósofo José R. Villaverde, el espiritista (y excriminalista) Gonzalo Iturrioz, el médico y homeópata Juan Antiga, y, por último, del etnólogo y estudioso de las culturas afrocubanas, Juan Luis Martín. Mientras entre los extranjeros -también muy populares en su momento y hoy olvidados- aparecen textos del normalista francés Félicien Challaye, viajero incansable y productor de libros de filosofía y psicología “al alcance de todos”, como los que dedicó a Bergson y a Freud; de Alois Benjamin Saliger, comerciante neoyorkino que inventó en 1927 el Psicófono (Pysico-phone), un aparato que influía de manera subliminal durante el sueño, permitiendo al cliente “controlar sus emociones” y “superar sus debilidades”; y, entre otros tantos, al exitoso maestro mundial Krishnamurti.

 En total, 44 artículos procedentes de diferentes regiones culturales, pero convocados alrededor del psicoanálisis y dispuestos como conocimientos “afines”. Si bien la mayoría firmados, otros muchos de autoría no señalada. Un solo texto de Freud, otro de Jung, dos del dúo Marín / Thénon y otro par de Thénon a solas. Para mayor mérito, los cubanos Antiga, Villaverde, García Montero y Martín firmaban par de textos de cada uno. El resto, ya lo veremos, autores que habían marcado a Marín y tal vez a sus colaboradores. Algunos de éstos, conocidos periodistas, publican en El Mundo para el que el Martín trabajaba y, en cualquier caso, en diferentes periódicos y revistas de larga tirada. Marín, sin dudas, habría consultado a los del patio, pero los restantes artículos serían tomados (extraídos más bien) de publicaciones foráneas y –algunos- traducidos para el libro.

 No se trata, sin embargo, sino de uno de los muchos caminos que tomó el psicoanálisis en Estados Unidos y América Latina casi desde que hizo su entrada, asociándose a otros saberes sobre el espíritu o la mente, desde los más antiguos a los más modernos, desde sus nociones herméticas hasta sus empleos más comerciales o explícitos. El plato especialmente cubano lo sirve la conjunción psicoanálisis / santería. 

 Vías de curación o de interpretación, de reconocimiento del pasado o anticipación del futuro, de comunicación con los vivos y los muertos, sistemas simbólicos y premonitorios, baratijas psico-técnicas, etc., constituían saberes contiguos que “desbordaban” de un lado al otro al psicoanálisis, al tiempo que lo colocan al mismo nivel, es decir, en un mismo plano de circulación. Y ello no ocurre como expresión directa, o por impacto de la “cultura popular”, sino como parte de una “cultura letrada” que, tras agenciar los más diversos saberes, comienza a masificarse. 

 Ninguno de los colaborados cubanos está exento de moverse en esas lindes limítrofes. Juan Antiga (que había negado las bacterias), era lo mismo homeópata que psicólogo, higienista mental que asiduo de los bajos fondos habaneros, lector de Marx que de Freud, de Baudelaire que de Richet. Lo mismo revolucionario al modo de Lenin que evolucionista a la manera de Kardec. Un curioso, un diletante. Quizá un creyente.

 José R. Villaverde, por su parte, era un connotado ocultista, un espírita –del espiritismo científico. Cercano a Fernando Ortiz, éste le abrió las puertas de Revista Bimestre. Su obra Cosas del espíritu; libro de investigaciones sobre ocultismo, con prólogo de otro comentarista interesado en el psicoanálisis, y también psiquista, Gastón Mora, circuló con cierta amplitud. En otro libro, Azotes de la humanidad. Guerra, juego, alcoholismo, drogas, fiestas de sangre, predecía el fin de los tiempos. Como autor de “cuentos criollos” no dejó fuera ninguna de las creencias populares de las que era gran conocedor.

 Gonzalo Iturrioz Font, que en Nueva psicología… se ocupa de los espíritus y su reencarnación, era químico forense y patentador de vinos. En 1913 desarrolló el método de la parafina, que después Israel Castellanos perfecciona y que todavía hoy sirve para identificar las huellas del crimen.

 Poco conocido, García Cantero era un médico que se orientó hacia la psicoterapia, seguidor más de Janet que de Freud, pero connotado hipnotista que colaboró en hospitales e hizo incursiones sensacionalistas en el teatro.

 Y Juan Luis Marín, que aporta “Los Carabalíes” y “Los Trece Hijos de Yemayá”, un destacado etnólogo que visitó los más diversos campos, entre ellos los cultos afrocubanos en cuyos misterios quedó atrapado.

 Casi todos tuvieron consultas privadas y vivieron de esos saberes que investigan pero también comercializan.

 Uno de los autores extranjeros más curiosos entre los incluidos en el libro, es Henry K. Miller, psicólogo neoyorkino en cuya carrera parece inspirarse Marín. Miller impartió conferencias por todos los Estados Unidos, promoviendo el culto del bienestar y de los estilos de vida saludables. Su magazine Secret of Health, Efficiency, Happiness and Achievement, que circula por lo menos desde 1924, influyó en Marín al punto que deriva de él –en buena parte- Personalidad y cultura mental, la revista que facturó junto a su esposa a partir 1936, con un formato que parece calcado.


 Los trabajos de Miller en Nueva psicología eran del tipo: “¿Es Ud. un Extravertido?”, “Cómo ser un Ambivertido”, "¿Es Ud. un Intravertido?”, etc., es decir, un Jung diluido a la medida del neurótico medio de la época. Sueño, feminidad, belleza, salud, tampoco nada que no sea de actualidad.

 Tales enunciados, salud, felicidad, éxito y eficiencia, no son sino los que venían poniendo en órbita, desde la década de 1910, los discursos de la eugenesia y la higiene mental, decantados en libros populares como The Eugenic Mother and Baby: A Complete Home Guide, de William Grant Hague; o, Personal Efficiency and Mind Power Building: Course of 12 Lessons, de D. Herbert Heywood. La temprana fusión en Estados Unidos de psicoanálisis y pragmatismo, y la progresiva emergencia de la Psicología del Yo, con el trasfondo de la higiene mental y de la eugenesia calaron a fondo la vida cotidiana y generaron el consumo de dichas revistas, con un público resuelto a encontrar las claves del éxito.

 En la portada de Nueva Psicología puede apreciarse a dos hombres, no jóvenes sino de mediana edad, desnudos como si se tratara de bañistas, cuyos torsos sobresalen sobre una ciudad moderna. Sus gestos son pura acometida, pura voluntad. Uno alza el brazo hasta tocar el celaje y el otro lleva en el hombro el costo de la publicación: apenas 20 centavos.

 Ahora volvamos al inicio. ¿Por qué Marín decidió utilizar el nombre de Thénon para acompañar la autoría del libro y de un par de artículos: “El Inconsciente personal” y “El Inconsciente Colectivo o Ancestral”. ¿Eran realmente textos de Thénon? ¿Eran acaso de Marín a los que éste anexa el nombre de otro autor? ¿Se conocía en esa fecha, tan temprana, algo de la producción del médico argentino?

 El aviso de usurpación lo hacía el propio Thénon en carta dirigida al director de La Semana Médica, una de las revistas médicas de mayor circulación en América Latina. Esta es la carta, publicada bajo el indicativo “Aclaración: Recibimos y publicamos”.

   Buenos Aires, octubre 3 de 1931.

   Sr. Director de La Semana Médica.

   De mi mayor consideración:

  Acaba de llegar a mis manos un libro titulado Psicología Nueva, editado en Cuba, Habana, en el cual, con la sorpresa consiguiente aparezco como coautor, en compañía de un señor Juan Marín. Deseo dejar constancia, por intermedio de su revista, de que no he autorizado a nadie para usar mi nombre en un infundio ridículo cuya existencia ignoraba.

  Agradeciéndole su atención, me complazco en saludarlo atentamente.

                                                                                                     Jorge Thénon.


 La carta, concisa, no habla de plagio sino de infundio. Thénon se desmarca de semejante ridículo. Como asegura que el libro había llegado a sus manos, no cabe pensar que los textos fueran suyos, pues así lo hubiera denunciado. Entonces, a qué obedecía este comportamiento del Juan Marín cubano. Mi hipótesis es la siguiente: a un obcecado afán de legitimación.


 Meses antes de la publicación de Nueva Psicología, en septiembre de 1930, Juan Portell Vilá había sacado una reseña sobre Psicoterapia comparada y psicogénesis, la primera obra de Jorge Thénon, publicada ese mismo año en Buenos Aires. Portell la calificaba de “magnífica contribución al estudio de la Clínica Psicoanalítica aplicada al Tratamiento de las Psiconeurosis” (las mayúsculas son suyas) y añadía: “podemos asegurar que, por ahora, no conocemos en lengua española nada tan completo sobre estas cuestiones”.

 El libro, además, se lo enviaba el propio Thénon con una dedicatoria. Portell Vilá alaba incluso el sincretismo de la tesis y la calidad de su escritura. “Por lo demás –repite- esta obra constituye un gran esfuerzo bibliográfico dentro de la extensa y variada producción argentina y un material científico de primer orden que puede compararse con los autores contemporáneos de otros países".

 Que Juan Portell Vilá, a quien justo por esa época Marín intenta arrebatarle, desde las páginas de El Mundo, la exclusividad del psicoanálisis en Cuba, calificara lo de Thénon en esos términos, y que ello ocurra después del emplazamiento a rectificar que tres meses antes, en julio de 1930, Portell le hiciera, indica que la polémica continuaba por esos medios. Al menos así debió recibirlo Marín, quien, si no conocía ya el trabajo Thénon, debió experimentar un sentimiento de curiosidad y turbación.

 Portell Vilá no tuvo reparos en reconocer que la “monografía” en cuestión superaba todo lo escrito sobre psicoanálisis en Hispanoamérica. Demasiado para Marín. Si, además, como pronto se supo, aquella obra recibió un importante premio en su país, o como bien pudo trascender, fue enviada a Freud para su valoración (Freud la conserva y elige entre los libros que lleva a su exilio en Londres), tenemos el cuadro bien aproximado: Marín no pudo resistirse.

 Imbuido, por un lado, por su intercambio epistolar con Sigmund Freud y Anna Freud, y atrapado, por otro, en su disputa por la prioridad del psicoanálisis en Cuba, debió sucumbir a los efectos de la elogiosa reseña, identificándose con Thénon al punto de apropiárselo como si de un amigo de infancia se tratara.

 No podremos reconstruir todo el puzle, pues la mayor parte de las piezas se perdieron. No obstante, no sería especular demasiado el suponer que la carta de Thénon a La Semana Médica, revelando el “infundio”, haya circulado en La Habana. Para Portell y su círculo, un triunfo total.

 Juan Marín Hernández falleció en Sancti Spíritus -adonde se habría trasladado en sus últimos años- en junio de 1958. “Esclarecido psicólogo y profesor de relaciones humanas”, apuntaba una nota póstuma, la revista Personalidad y Cultura Mental que había dirigido hasta su fallecimiento- se aprestaba a dedicarle un homenaje en un número extraordinario de julio-agosto. En este se recogerían fragmentos de su obra y por qué no –habría que consultarlo- algunas de sus cartas con Freud, quien lo habría señalado, según aseguraba la esquela, “como su mejor discípulo latinoamericano”.


sábado, 4 de julio de 2026

La labor de Juan Marín. Del psicoanálisis a la psicología del éxito



  Pedro Marqués de Armas


 La labor de difusión del psicoanálisis en Cuba por Juan Marín no fue para nada escasa, si bien la precede la de Juan Portell Vilá, con distancia de cinco años. Aunque en algunos momentos se cruzan, siguió derroteros diferentes a los del psiquiatra: no la educación sexual infantil, como en Portell, sino la psicología y la sexualidad femenina; no la medicina sino el feminismo; no las teorías de la herencia sino la “curación de almas”; no las escuelas y centros benéficos, sino asociaciones y escenarios a menudo elitistas.

 Ambos procuran los favores del Estado, pero mientras Portell obtiene plaza en el Hospital de Dementes, Marín se busca la vida como conferencista y en su consulta privada. Los trabajos de Portell aparecen en publicaciones médicas o de carácter académico, mientras Marín se cuela en periódicos y revistas populares, crea su propio magazine y financia la edición de sus libros.

 Ambos terminan distanciándose del psicoanálisis, al menos como soñaron implementarlo. Fracasan en la empresa de diverso modo: Portell Vilá se recluye en el manicomio al frente del Pabellón de Niños Anormales, sobre quienes termina aplicando terapias conductuales y farmacológicas; mientras Marín deriva hacia la psicología del éxito.

 Se aproximan en sus cercanías a la teosofía y el espiritismo. Portell se postula teósofo y estudioso del espiritismo popular, mientras Marín asume saberes premonitorios como la telepatía y la cartomancia en tanto ciencia constituida.

 Marín era doce años más joven. En 1925 se gradúa de doctor en Pedagogía, casándose ese mismo año con Mary Rodríguez, una dama de la alta burguesía habanera cercana a Enrique Fontanills, el conocido cronista de sociedad del Diario de la Marina. En agosto de 1929, la pareja funda la Escuela Vocacional de Cuba, de las más selectas en el ámbito privado. Entretanto, Marín colabora con la Escuela Normal, entrenándose como conferencista en los círculos feministas entonces en boga. Al moverse en una esfera de poder adquisitivo, establece una clientela a la que atiende en calidad de psicoanalista, montando su primer consultorio en el edificio Carrera Jústiz, en San Lázaro 368.

 Par de años más tarde se divorcia y contrae matrimonio con una exalumna de la Normal, María Josefa Obregón, también de la alta sociedad. Con ella establece una concurrida consulta en Manrique 2, y edita por más de veinte años la revista Personalidad y Cultura Mental (1936-1958) donde, desde el inicio, su proyecto se transforma en una plataforma para clase media, centrada en la psicología marital y femenina y, en fin, en los reclamos “psi” de la vida doméstica.

 Junto a María Josefa llevó a efecto muchas de sus conferencias y sostuvo un espacio radial para difundir el psicoanálisis del mismo corte de la publicación que dirigieron. Con frecuencia, desde las páginas del Diario de la Marina, fue presentado como una cumbre de la psicología profunda: “El doctor Juan Marín –dice una de las presentaciones-, psicoanalista introductor en Cuba de esta nueva ciencia y predilecto discípulo del doctor Freud, el famoso médico vienés, creador de la nueva ciencia de investigación psíquica”.

 Como divulgador del psicoanálisis, Marín debuta el 22 de noviembre de 1929. Ese día comienza a trasmitir por la estación radial C. M. C. un curso breve sobre Psicoanálisis y su aplicación al estudio de la personalidad, con una alocución inicial titulada “El inconsciente y su influencia en nuestra vida”. Un mes más tarde, en diciembre, realiza el primero de una serie de ciclos de conferencias sobre el tema para las alumnas y profesores de la Escuela Normal. La fama que le granjea sus intervenciones explica que sea invitado por el Club Rotario. En enero de 1930 imparte la conferencia “Psicoanálisis aplicado a la educación”. Tiene éxito y el Club pide realizar todo un curso que será organizado por la directiva de la Normal con apoyo de la Secretaría de Instrucción. Tendrá el respaldo del Dr. Gustavo Loredo (director de la Escuela Normal desde 1926) y de los doctores Fernando Portuondo y Francisco Gómez Rubira. En una de las conferencias, “Nuevos métodos que deben usarse para educación primaria del niño”, es presentado como “Profesor de Psicoanálisis”. Dichas clases se trasladan en febrero a la Normal, ahora dirigidas al “profesorado” y a un “selecto número de intelectuales invitados”.

 En abril, es la Asociación de Reporters quien convoca. Dos meses luego lo solicita la Alianza Nacional Feminista, pronunciando allí –el 27 de junio- una conferencia “sobre un tema palpitante” (…): “Psicoanálisis de la personalidad femenina”. La Alianza, entonces recién establecida, invitaba para la ocasión “a todas las feministas a que concurran a este acto de propaganda en que se tratará aspectos científicos del feminismo”. En junio, es el Club Universitario del Alma Mater el que auspicia el convite, siendo introducido por su presidente, Miguel A. Aguiar, y acompañado por el administrador de El Mundo, Enrique Moreno, y por el Dr. Carlos Azcárate. 

 En septiembre, trasmite junto a su esposa, por las ondas de la Cuban Telephon Co., la conferencia radial “La liberación femenina”. A finales de mes, el Claustro de la Normal de varones –evidentemente preocupados por el crédito de que gozaba el sector femenino- acuerdan solicitar de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes “que se autorice al profesor Martín para que explique a los alumnos un curso libre de Psico-Análisis y Educación Sexual”.

 No menos exitoso para el conferencista será 1931. En mayo inicia un ciclo en la Alianza Nacional Feminista organizado por Celia Sarrá de Averhoff (casada con Octavio Averhoff, entonces Secretario de Instrucción Pública). María Gómez de Carbonell, vicepresidenta de la Alianza, diserta sobre la "Evolución histórica de la mujer", mientras Marín realiza tres intervenciones: "Alrededor de las Doctrinas Novísimas del Psicoanálisis", "Los sueños desde el punto de vista del psicoanálisis", y una tercera por identificar. Se le recuerda al público que las conferencias son “gratis y para todas las señoritas que deseen asistir”. También a propuesta de la Alianza Nacional Feminista torna a impartir junto a su esposa, por la Cuban Telephone Co., la conferencia radial “Comprensión femenina”. El 23 de noviembre de 1931 el Diario de la Marina anunciaba: 

El Profesor Juan Marín, uno de los pocos científicos cubanos que practica entre nosotros el Psicoanálisis, tal como lo formuló Freud, y según las técnicas más modernas, ha iniciado un curso de hipnotismo en 12 lecciones, 6 teóricas y 6 prácticas, que además de constituir en La Habana una verdadera novedad, reviste todos los caracteres de un suceso científico de importancia.

El Profesor Marín es un conocedor profundo y un estudioso apasionado de los sistemas terapéuticos que han surgido en el mundo al calor de las teorías de Freud y Jung. Colabora con él en este curso de hipnotismo, como en todas las tareas, el inteligente profesional doctor E. García Cantero, médico que ha enriquecido el acervo científico con las interesantes aportaciones de la nueva psicopatología.

  Fruto de estas conferencias, a partir de 1933 aparecen sus primeras publicaciones, libros y folletos que no cesarán de sucederse hasta 1951. A excepción del problemático volumen colectivo Nueva Psicología, publicado en 1931 y que involucra la que quizás fue su deriva más interesante: el entreveramiento psicoanálisis / cultura de masas, la obra de Marín evoluciona desde el psicoanálisis societario hacia una psicología del crecimiento personal circunscrita -como se ha dicho- a un público de clase media. 

 En 1933 publicó Lecciones de Psicoanálisis (La Habana, Imprenta La Milagrosa). Recogía una parte de las 17 conferencias de psicoanálisis que, entre abril y julio de ese año había impartido a solicitud de la Dra. Isabel Fals Carvajal a un grupo de maestras de las Academias Especiales de Inglés. Los acápites del libro eran los siguientes: Concepto y generalidades. Inconsciente y Conciencia. Mecanismos de censura. Complejo de Edipo. Enigma de la Esfinge. Olvidos. Libido. Chiste. Transferencia. Sueños. Mecanismos del sueño. Super Yo. Tipos psicológicos. Homosexualidad y perversiones. Complejo de Electra. Técnica de asociación libre. Autoeducación y personalidad. 

 Lo curioso es que sus principales fuentes –recordemos que aseguraba dominar el alemán- no eran las obras de Freud, que ya a esas alturas circulaban tanto en inglés como en español casi en totalidad, sino tres autores españoles. El propio Martín no tenía reparos en comentar que su información provenía “más” de ellos que directamente de textos de Freud. Los libros empleados eran El psicoanálisis de Emilio Mira, Horizontes del psicoanálisis de Cesar Juarroz, y Psicoanálisis y práctica judicial de César Camargo.

 Marín envió seguramente sus Lecciones… a los centros psicoanalíticos (es muy probable que al propio Freud), y el resultado fue una severa crítica firmada por Ángel Garma en la revista Imago. Enviada o no directamente a Imago, o solicitada por algún miembro de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, como fue frecuente en estos casos, lo cierto es que la crítica de Garma ponía al desnudo el escaso rigor de aquellas conferencias. Publicada en el número de enero de 1934 y escrita en alemán, en pocos trazos Garma calaba a fondo al psicoanalista cubano:  

El presente documento transmite conocimientos que el autor ha tomado esencialmente de tres ensayos inadecuados y engañosos de autores españoles. El autor aconseja a sus lectores que comiencen el estudio del psicoanálisis estudiando estas tres obras y que luego lean las obras de Freud. Inconsciente y preconsciente se equiparan en este texto. Los pensamientos de Jung son expuestos en términos incorrectos. El proceso de curación es descrito a partir de algunos fragmentos de la traducción al español de la Curación por el Espíritu de Stefan Zweig. Por último, el autor espera que la lectura de sus conferencias "pueda ayudar a las almas enfermas que sufren en un rincón oscuro".

 Acto seguido, apareció una segunda crítica, ésta firmada de E. Kris, algo condescendiente pero igual de irónica:

Se recomiendan encarecidamente considerar los estimulantes problemas de estilo, tal vez excelente para cualquiera que desee formarse en cuestiones de psicología del arte. En una pirotecnia de espíritu e ingenio, la línea de pensamiento parece haberse perdido aquí y allá, pero el autor siempre encuentra el hilo en su enredo, y con mano segura, y aprende uno a seguirlo afortunadamente en todos los sentidos.

 A partir de 1934 la actividad de Marín como conferencista disminuye de modo considerable. Se nos escapan, seguro, muchos motivos, pero coincide con situaciones que estaría bien señalar. Por una parte, un descenso en el interés por el psicoanálisis en los espacios societarios cubanos, lo que venía aparejado al declive de las vanguardias y a cierto enfriamiento de la vida pública, no menos, sino más crispada tras la caída de Machado. Y por otra, el cese de sus intercambios con las instituciones psicoanalíticas europeas, lo que pudo resultar de una caída de legitimidad tras las críticas en Imago, pero también de la entrada en pánico de éstas luego del ascenso de Hitler al poder. 

  Toca recluirse, y es entonces que lanza la revista Personalidad y cultural mental. Aunque no fue la única publicación que siguió una estela psicoanalítica, sí fue la que lo hizo durante más tiempo y en un estilo constante, típico de la cultura “psi” doméstica o interior. La revista, cuyo primer número apareció en mayo de 1936, con Marín como director y su esposa María Josefa Obregón como subdirectora, se mantuvo con frecuencia mensual y casi sin interrupciones hasta 1952. Sin embargo, pese a su larga existencia, no parece que trascendiera en el panorama cultural. Su olvido y la falta de menciones y de citas de los trabajos que publicaba, indica que no logró construir un público creciente, ni considerable, aun cuando estaba dirigida a un sector medio de cierta ilustración que aumentó de modo importante en el país durante las décadas en cuestión.

 Mientras Marín se dedicaba a la parte de “cultura mental”, Obregón montaba la de “personalidad femenina”. Aun cuando, como muchas otras revistas cubanas, seguía el gusto norteamericano de los treinta y cuarenta, en su caso se perfila un público por excelencia femenino y doméstico, como más oficinesco y amante de todo tipo de consejos y de las curiosidades “psico-técnicas”. En este sentido, calca sin disimulo publicaciones norteamericanas de prestigio, como la Psychology. Fascinating personalty. Healt, Happy, Success, cuyos temas se le asemejan mientras la portada es de un sorprendente parecido.


 En el primer de número, de mayo de 1936, sobresale lo que podemos calificar como tópicos de la cultura “psi” de clase media: hipnosis, relajación, grafología, psicoanálisis, personalidad de la mujer, educación sexual, etc. Esos declinan a su vez en asuntos como el nerviosismo o la serie de consejos del tipo “como” (como educar a los hijos, como tener éxito, como serle fiel al hombre, como juzgar la inteligencia por la mirada, e incluso, como no enrojecer en público).

 Es obvia la apuesta por una “higiene mental” acomodada al hogar, al matrimonio, y al trabajo. Por otra parte, la mayoría de los artículos no venían firmados, mientras otros son traducciones de revistas de corte semejante, o bien, textos tomados de publicaciones españolas y latinoamericanas. Tales artículos eran ilustrados, sobre todo, con fotografías de interiores domésticos, en fin, para no extendernos, como si se tratara de entrar a un apartamento de New Jersey o Miramar.

 A la vez, mientras a ratos aparecen artículos de algún calado académico (por ejemplo, “Contagio psíquico y repercusión social” del psiquiatra español Antonio Vallejo Nájera), muy bien podían estar intercalados entre comentarios sobre las propiedades del limón o de la manzanilla.

 A cargo de Marín, la revista traía una sección titulada “Cuénteme su caso”, que, con igual título, sobrevivió algunos años como un programa radial trasmitido diariamente por la COCO y la CMCF -en cadena con emisoras de Matanzas y Cienfuegos- a las 3 y 30, es decir a la hora exacta en que mataron a Lola, como reza el dicho popular. 

 Desde un comienzo, Marín y Obregón entendieron que precisaban, para aquellos temas, también de un público que no fuera cubano, de ahí que hayan logrado distribuirla en 17 países del continente. Para hacer propicia la empresa, ellos mismos viajan una y otra vez, imparten conferencias, y reclutan colaboradores, sobre todo mujeres periodistas con gustos e intereses acordes al canon de la publicación.

 Veamos algunos de los títulos tomados de varios números de 1938:

 El hipnotismo en la medicina, Valor moral de los padres, Conoce tu alma, Conducta sexual de la Mujer, Hablemos nuestro idioma, En su familia puede haber un sonámbulo, El mal dormir del niño, sus causas, Los Secretos de la magia en la India, ¿Cuáles enfermedades se heredan?, Amor y celos, Galantería, El miedo a la obscuridad, Las enfermedades del espíritu, ¿Qué tipo es usted?, ¿En qué consiste el éxito?, Hoy les toca a ellos, En la encrucijada, Por qué temen, La adulación, La ciencia de la energía, Voluntad, Carácter, indecisión y malhumor, El miedo, El maestro dice, Diferencia entre la reforma del carácter y el poder o fuerza de voluntad, Para todas partes, El éxito, El secreto del sonambulismo, No hay azar, Control de la sabiduría y de la potencia, Disciplina mental, Hasta luego, Cuando yo sea grande, La culpa de las madres, Se corrige el tartamudo, La idea obsesionante, Una lección de felicidad, Espíritu y positivismo, Obstáculos, La conquista de la felicidad, La tranquilidad espiritual, La vida es sed, Ante el busto de Martí, Sugestiones, Cáncer, Una segunda luna de miel para salvar el amor, Curso de inglés.

 En fin, como se la califica desde otra revista contemporánea: “Excelente y sumamente recomendable publicación sobre asuntos de cultivo de la personalidad y problemas conexos, felicitamos a los editores de tan importante medio de difusión de la más significativa cultura: la interna”.

 Es otro modo de decir “Psi”. En un estudio reciente sobre la revista argentina Cultura Sexual y Física, se indican semejanzas temáticas y de tono con las francesas Vivre D’Abord y Les Cahiers Contemporains, así como con brasileña Educación Física de Brasil, y la cubana Personalidad y Cultura Mental. Todas ellas apelan a expertos de la sexología como Havellock Ellis, Bertrand Russell, Paolo Mantegazza, Ellen Key, y desde luego, Freud.

 Personalidad y cultura mental terminó desbancada por otras revistas cubanas para el público femenino, más abiertas al cine, la moda y los acontecimientos mundanos, aunque siguió circulando hasta 1958, incluso desde Sancti Spíritus, adonde Marín se retiró en sus últimos años. 

 Paralelamente cosecha una obra opípara con títulos tan sugerentes como los que siguen: Guía de los nerviosos para la conquista del dominio y decisión personal, La Habana, Imprenta La Milagrosa, 1947. Voluntad y triunfo; cultivo de una voluntad vigorosa, dominadora y constructiva, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1947. El diagnostico psicológico de la personalidad, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura mental, 1948. La crisis de los valores morales en función del trabajo, expuesto a través de un curso de psicología aplicada a los problemas actuales, La Habana, Instituto de Psicología aplicada a los problemas humanos, ¿1949? Cómo conquistar el poder personal: dominio de la voluntad, eliminación del temor: guía y orientación para obtener la plenitud de las facultades mentales: descubra al sendero que conduce al disfrute de una personalidad vigorosa, dominadora, triunfante, La Habana, 1950. El milagro de la memoria: solución al problema de recordar voluntaria y oportunamente, La Habana, 1950. El poder mental orientación del esfuerzo personal hacia la conquista del éxito, La Habana, Ediciones Personalidad y Cultura Mental, 1951.

 Constan también sus vínculos con el profesor y exanarquista español Graciano Lípiz, con quien elaboraba en 1939 una revista de pedagogía. Una década más tarde Lípiz funda en Arroyo Naranjo las Escuelas Cubanas de Psico Análisis “Graciano Lípiz”, encargadas de impartir psicoanálisis y psicología para el éxito. Ambos reunían cualidades próximas, presentándose, uno, como “profesor psicoanalista y discípulo del desaparecido genio”, y el otro, como “especialista en técnicas de crecimiento mental”.

 Lipiz llegó joven a Cuba y estudió en la Normal. En Matanzas, donde residía junto a su familia, fue sorprendido mientras colocaba una bomba en el Teatro Sauto. Procesado, fue expulsado del país por “indeseable” pese a su doble ciudadanía. Tras la caída de Machado regresó y fue propuesto luego para Secretario de Educación.

 A comienzos de la década de 1940, Marín se ocupaba de la sección “En la consulta del psicólogo” de la revista Bohemia, donde se presenta como “especialista en la formación de personalidades vigorosas”. En la misma, apelaba a tópicos semejantes a los de Personalidad y cultura mental, ahora con más lectores potenciales. Algunos de ellos: “El hombre como creador de felicidad”, “Individuos propicios a la mala suerte”, “Tu ideal de triunfo”. Lo de un consultorio como “Cuénteme su caso” o la mencionada sección de Bohemia, no parece que fuera especialmente exitoso. No lo sería, cuando apenas trascienden. Lo de Cuba era la Corte de Suaritos, el genio tácito-analítico de Chan-Li-Po y el Pon tu pensamiento en mí del gran espiritista radiofónico Clavelito.  

 

jueves, 2 de julio de 2026

Prudencia y el ICAP

 

Dolores Labarcena


Te presento a Prudencia. Mírala, dijo Prudencio y le enseñó una fotografía a Píriz donde se veía sonriendo con algo semejante a un radio encima de una mesa. Como todos los que han desfilado por aquí al saber la novedad, Prudencio también estuvo en la Sierra. Al bajar, el destino es así, ambiguo, enmarañado, Alfredo Guevara lo metió de sonidista en el ICAIC. Como bien indica el nombre con que la bauticé, continuó Prudencio, su principal característica es la discreción. ¿La ves? Consta de tres partes. La de arriba se llama Eco, la del medio, que es la que realmente ejecuta gran parte del trabajo, se llama Enfoque, y la de abajo, ligera e invisible, Emisión. Observa, Chivo, fácil de transportar.  

Píriz le echó un vistazo a la fotografía:

–¿Qué es, un radio o una cámara de vídeo? Estás acabando, Prudencio. Este año la ANIR te premia seguro.

Prudencio, poniendo el portafolio en la cama, respondió:

–¿La ANIR?... ja, ja, ja. ¡Qué va!... Chivo, ¿desde cuándo no nos vemos? Hace cuatro años que salí del ICAIC. Ahora estoy en el ICAP: Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Somos eso, una máquina de hacer amigos. Mi tarea es orientar, tutelar y seguir a todos los becarios extranjeros. ¿Has visto a tu oncólogo? Lleva siete años aquí. Apréndete el apellido, Chivo. Ni Lifonisabo ni Lefunisabo. Mkuki Lifunisabo. Natural de Kinsasa. Somos eso, Chivo, una máquina de hacer amigos. Nada es gratis. Nuestra premisa no es regalar, sino compartir, enseñar, adiestrar. Tendemos, a través de nuestro Organismo, lazos de amistad con los países del Tercer Mundo. Solidarios, Chivo... Li-fu-ni-sa-bo. Apréndetelo. Es simple. Si oyeras los apellidos que aprendí gracias a la mnemotecnia: Egwuekwe, Ghoochannejhad, Alamieyeseigha, Onwuatuegwu, Chukwumereije…

Interrumpiendo su excéntrica capacidad, Píriz le pidió a Prudencio ver de nuevo la fotografía.

–No, Chivo, te enseño mejor a Prudencia. La tengo aquí. Te expliqué que es ligera, fácil de transportar. Para que veas, vaya, la pruebo contigo.

Prudencio sacó del portafolio unos audífonos y se los puso a Píriz en los oídos.

–¿Qué es esto, Prudencio? No oigo nada.

–Ten paciencia, Chivo. Déjame trancar la puerta –dijo con cierto sigilo–. Eso que tienes puesto y no oyes, es Eco, la parte de arriba. Cuando lo conecte, escucharás Radio Enciclopedia y de forma simultánea, yo escucharé lo que se hable, no solo en el baño sino en todas y cada una de las habitaciones de esta planta. Ahora viene Enfoque.

Abrió de nuevo el portafolio y esta vez sacó un bulto de postales fotográficas, del cual escogió una especialmente para Píriz y lo invitó a observar:

–¡Cojollo! El presidente Urrutia y el Héroe de Yaguajay. ¡Camilo, Prudencio, Camilo!

–Positivo, positivo. Pero para la carreta, Chivo, tranquilo. Falta Emisión. Échale un vistazo a la postal –dijo y sacó dos imanes minúsculos, imperceptibles, y los pegó a las suelas de las chancletas de Píriz–. Ahora ve al baño. Eso emite ondas magnéticas, es el localizador. Dile a tu sobrina que te ayude. Menos Enfoque, que es quien desencadena los verdaderos sentimientos del objetivo y, por ende, las reacciones, las otras partes, Eco y Emisión, se activan gracias a un mando a distancia que llevo en el doble fondo del portafolio junto al receptor y un walkie-talkie por si se precisa intervención. El radio de acción, si no hay interferencias ambientales o de terceros, es de quinientos metros cuadrados. Hagámoslo, Chivo. Verás lo eficaz que es Prudencia.

Mientras tanto, Prudencio y su portafolio salieron de la habitación para saludar a Lifunisabo. Y como la curiosidad es igual o peor que el cáncer, no le quedó más remedio a Píriz que pedirle a Magdalena que lo llevara al baño. Además del palo de suero y toda la guindaleja que le cuelga, Prudencio le encasquetó a Prudencia. Y ahora qué, preguntó Magdalena mientras lo sentaba en la taza del baño. ¡¿Que qué haces?! Dale, muévete, Magdalena. Apúrate. Coge la postal y quítame las chancletas... ¡Coño! Quítamelas. Llama a cualquiera. ¡Corre! Di que tengo un dolor que no aguanto, chilló Píriz como un descerebrado y lanzó los audífonos. En un santiamén el baño se convirtió en el camarote de los hermanos Marx. Vinieron cuatro enfermeras, Lifunisabo y Prudencio. Venga, compañero Germán. Lo ayudaremos a acostarse, dijo una. Y lo llevaron casi en volandas hasta la cama. ¿Qué le ocurre, compañero Germán? ¿Dónde le duele?, preguntó Lifunisabo. ¡En todo esto! ¡En todo esto!, clamaba Píriz formando círculos y círculos en el abdomen sin indicar un lugar concreto... Relájese. Tranquilícese, le indicaré un avafortan, expresó Lifunisabo.  Chivo, perdóname, dijo Prudencio al salir Lifunisabo y las enfermeras. Y comenzó a dar un sinfín de justificaciones, por ejemplo: “No sabía que estuvieras tan jodido”. “Chivo, coraje”. “Los hombres como tú mueren de pie”. “Pide, tus deseos son órdenes”,... y etcétera. Pena me da contigo, Prudencio. Ni sé de qué va. Pero seguro que es efectivo, útil. Eres un gran innovador y racionalizador, dijo Píriz con los ojos entrecerrados.

Magdalena que vio a Prudencio como una gallina clueca sacando a Emisión de las chancletas, se levantó del sillón para darle a Enfoque, que la dejaba olvidada en la mesita.  

–Mire, compañero, se le queda esto...

–No se me olvida, muchacha. Tu tío perteneció a la Columna de Camilo. Cómo se me ocurre... Un hombre sencillo, leal. Un héroe.

–¿Quién, mi tío?

–Camilo, Camilo... Mmm... Y tu tío también, también. Un héroe anónimo. Toma. Se la regalo.

Al deshacerse de la postal Prudencio soltó un “hasta la vista, camarada”. Unjú, unjú. Saluda de mi parte a Alfredo, respondió Píriz.

 


Fragmento de la novela No quiero llanto, Betania 2020. 



miércoles, 1 de julio de 2026

El corresponsal cubano de Freud. El caso de Juan Marín


  Pedro Marqués de Armas 


 Corresponsal cubano de Freud y del Instituto Psicoanalítico de Berlín y al frente por unos años de la sección “Psicoanálisis” del periódico El Mundo. No confundir con el Juan Marín chileno, médico y escritor de vanguardia, autor de novelas psicoanalíticas, con un intercambio epistolar más profuso con el maestro vienés y, en fin, llamado a opacar el nombre del cubano. De hecho, alguna que otra alusión fue atribuida al chileno, como ocurre en la correspondencia entre Freud y Anna Freud, por ejemplo.

 El Juan Marín cubano asomó al panorama psicoanalítico algunos años antes que el autor de Paralelo 53 Sur, a mediados de 1929, cuando era un hecho la Liga de Higiene Mental establecida por Juan Portell Vilá, cuyos artículos y gestiones a favor de introducir el psicoanálisis en Cuba tenían ya un cierto recorrido.

 Al parecer aquel verano Marín tomó la iniciativa de escribir a Freud a nombre de un reducido grupo de médicos y maestros interesados en el psicoanálisis. Como era habitual, tanto en lo relativo a proyectos en ciernes, como ante envíos de libros y folletos escritos por latinoamericanos, la respuesta de Freud no se hizo esperar. Y Marín corrió a la redacción de la Revista de Psiquiatría y Neurología que dirigía Portell Vilá para dar la buena nueva.

  No hemos dado con esas cartas iniciales pero conocemos parte del contenido gracias a la sección “Noticias” de la citada revista. Escrita, probablemente, por el propio Juan Portell Vilá, he aquí la nota en cuestión titulada -como si ya existiera- “La Revista de Educación Sexual y Psicoanálisis”: 

Hemos recibido la visita del Profesor Marín, que tiene establecido en el Vedado la Escuela Vocacional, y a quien nos une una verdadera amistad, para darnos a conocer una carta autógrafa del doctor Freud, donde se congratula de que el Profesor Marín, juntamente con algunos médicos de esta Capital, piense darle un gran impulso a la educación sexual y a la clínica psico-analítica, para cuyos fines se propone publicar en breve una Revista mensual que llevará por nombre esos mismos propósitos y que constará de tres grandes secciones.

 Estas eran la de educación sexual y pedagogía, destinada a “aspectos como la vocación de los niños y adultos”, lo que el autor definía como lo “psicagógico”. La de psicoanálisis clínico y “tratamientos complementarios”, como “la psicoterapia, la organoterapia y el control cerebral”. Y una sección dedicada al seguimiento “literario, crítico y filosófico del movimiento psicoanalítico mundial”. Se pretendía echar mano, para la última, de “reseñas extractadas de las revistas que se dedican a estudiar esta nueva rama del saber humano.”

 Semejante propuesta acorde al interés por diseminar el psicoanálisis y su empleo en la educación, así como a propagar el movimiento psicoanalítico, no debió a esas alturas sorprender a Freud, quien tal vez la haya enmarcado en un ámbito más cultural que propiamente técnico, dejando abierta la comunicación. Un año más tarde, la proyectada revista no existía pero el intercambio epistolar se mantenía activo.

 El hecho de que el 27 de julio de 1930 Juan Marín se dirigiera al Instituto Psicoanalítico de Berlín en una carta escrita en alemán -lengua que, según propia confesión, dominaba- indica que pretendía legitimar su práctica psicoanalítica mediante un documento oficial. Como demuestran Plotkin y Ruperthuz en Estimado Doctor Freud, en estos casos Freud evadía el asunto o lo delegaba. En términos burocráticos, lo remetía al canal correspondiente.

 El Instituto Psicoanalítico de Berlín, que dirigía Max Eitingon desde 1925, había organizado la enseñanza del psicoanálisis en forma de cursos teóricos, con la colaboración de varios de los más importantes psicoanalistas de la época, además de ocuparse de las labores de formación, es decir, de admitir o no las candidaturas para el psicoanálisis didáctico. En cuanto a los cursos, de más fácil accesibilidad, contaron cada vez con mayor participación y, en 1930, estaban en su apogeo. Freud, por tanto, debió dirigirlo a Max Eitingon. He aquí la misiva:  

 Escuela Vocacional de Cuba

 Calle 8 no. 30 Vedado

 Habana

                                                           Habana, Cuba, julio 27 1930

                                                           Instituto psicoanalítico de Berlín

                                                           Berlín W, 2. 

 

 Señor:

 Por la presente me permito solicitar si es posible seguir vuestros cursos de psicoanálisis por correspondencia, ya que desgraciadamente no me es posible participar personalmente.

 Yo podría seguir los cursos en inglés o en alemán y estaría además de acuerdo a correr con todos los gastos por el franqueo postal. Me gustaría igualmente saber si existe la posibilidad de certificar mediante documento escrito el hecho de haber seguido vuestros cursos por correspondencia.

 Tengo ya una cierta práctica en psicoanálisis y me gustaría extender mis conocimientos.

 A la espera de recibir respuesta por vuelta de correo, reciba las mejores salutaciones.

                                                                                                                                        Juan Marín

 Dirección

 Profesor Juan Marín

 Calle 8 número 30 –Vedado

 Habana, Cuba

 

 Reproducida en 1987 en el volumen “Ici, la vie continue d'une manière fort surprenante", Contribution à l'histoire de la pyscanalyse en Allemagne, que recoge gran parte de los archivos de la IPB, y citada luego por Jacquy Chemouni en su Histoire du mouvement psychanalytique (1990) como ejemplo de “cierta práctica del psicoanálisis en Cuba”, no sabemos si la petición de realizar el curso por correspondencia, ya que no podía trasladarse a Berlín, le fue aceptada. En cualquier caso, resulta obvio que Marín no solo desea ampliar conocimientos sino recibir un documento que acredite su formación.

 Su comunicación en modo alguno cesa después de este episodio, y así lo atestigua una carta que Freud dirige desde su consulta de Berggasse 19, a Anna Freud, que ya entonces se encargaba de sus asuntos y, en particular, de tramitar la correspondencia. Por lo expuesto se deduce que Marín se escribía también con Anna, usando la dirección de su padre:

Encontrarás –dice Freud a su hija- todo tu correo en un mismo envoltorio, y, puesto aparte, el informe de la Horney [se refiere a Karen Horney] y un número colosal de un periódico español, El Mundo, que Marín te envía desde La Habana.

 Incluida en 2006 en la edición alemana de la correspondencia entre Freud y Anna, y traducida al francés par de años más tarde con prefacio de Elizabeth Roudinesco, en sendas notas a pie de página, el editor se refería a Marín:

No identificado. Podría tratarse del escritor chileno Juan Marín (1900-1963), cuya obra principal, Paralelo 53 Sur, describe un destino humano de colectivización dominada por la avidez, los celos, el alcohol y el sexo. Marín estuvo quizás, en tanto que colaborador de El Mundo, presente en la ceremonia del Premio Goethe en Francfort; donde podría haberse encontrado con Anna Freud.

 Sin embargo, en la segunda nota, referida al material recibido desde La Habana, es decir, al citado periódico y a la indicación en español que lo acompañaba, el editor puntualiza:

La Habana [exactamente “San Cristóbal de La Habana].”

 Como decía al inicio, Marín llevó por un tiempo el espacio “Psicoanálisis” del diario El Mundo. Coincide sin más con la referencia aportada por Freud, y únicamente habría que sustituir "periódico español" por "periódico en español". Calculamos que haya aparecido en septiembre de 1930, y que corresponda con un dossier organizado por Marín quien, para esa fecha, había logrado establecer la sección de psicología de la Liga de Higiene Mental, al tiempo que aunaba, en torno suyo, a un grupo de médicos y periodistas interesados en otros “saberes”, como la teosofía, el espiritismo y la etnología.

 La correspondencia de Marín con los centros psicoanalíticos europeos puede que haya sido más extensa. De momento podemos organizarla así: en el verano de 1929 escribe a Freud y le comunica su plan de realizar aquella revista; a finales de agosto o comienzos de septiembre recibe respuesta; en julio de 1930, seguramente por sugerencia del propio Freud, se dirige al Instituto Psicoanalítico de Berlín; y, por último, en septiembre de ese año envía a Anna Freud aquel número del periódico El Mundo.

 Como fue habitual entre los psiquiatras, pedagogos y antropólogos latinoamericanos que sostuvieron intercambio epistolar con Sigmund Freud, estos solían reproducir los mensajes del médico vienés en sus propias revistas o espacios de prensa. El caso de Marín no debió ni de lejos ser una excepción. Su comunicación, no precisamente escasa, por lo que vemos, le habría aportado un “plus de legitimidad” dentro de los gremios profesionales e intelectuales cubanos que debió tener en él un efecto cegador.

 Tal es así que desde la Liga de Higiene Mental se emitió, el julio de 1930, el siguiente comunicado:

Rogarle al profesor Marín, que dirige la sección de Psicoanálisis en el periódico El Mundo, que subsane el error que comete en uno de sus párrafos de su primer artículo, donde dice: "que desconoce por completo los nombres de las personas que hayan podido dedicarse al psicoanálisis en Cuba y que solamente su modestísimo nombre figura en las revistas extranjeras", demostrándole por el contrario que entre otros autores el Dr. Juan Portell Vilá, secretario de la Liga, hace más de cinco años que viene publicando extensos trabajos sobre esta rama psicológica, los cuales ha leído el profesor Marín, así como los trabajos presentados al V Congreso Panamericano del Niño, uno en la Sección de Psicología y otro en la Sección de Educación Sexual.

 Se trata del inevitable pugilato por la primacía profesional y consuma, sin duda, una ruptura que venía produciéndose entre los dos autoproclamados psicoanalistas y promotores del psicoanálisis en Cuba durante los años veinte y treinta. 

 Si alguna vez acopiaron fuerzas y esgrimieron mutuas simpatías ante la ocasión de establecer un núcleo psicoanalítico en La Habana respaldado por el mismo Freud, la ruptura parecería inscrita de antemano.

 

domingo, 28 de junio de 2026

La casa del gato que juega a la pelota



  Rolando Sánchez Mejías


  Ya en París, lo primero que vi fue al gato, descansando muellemente en la mesa. Dominique me dijo señalándolo:

  Cucú.

  “Cucú”, repetí para agradar a Dominique (ella me había hecho un descuento importante gracias a un amigo peruano), yo había venido desde la Gare de Montparnasse dando tumbos con mis bártulos, había conseguido llegar hasta la salida del metro donde Dominique me esperaba para que no me perdiera, caminamos un poco y subimos la escalera de un pequeño edificio, estaba cansado, el viaje desde la Habana había sido un verdadero suplicio, Dominique abrió la puerta, fue cuando vi al gato, Cucú se convirtió en mi único compañero, Dominique se iba muy temprano a su trabajo en una biblioteca del extremo sur de París y yo me quedaba escribiendo en compañía del gato,  Cucú era un gato sereno excepto cuando el hambre lo ponía nervioso, entonces maullaba dando vueltas a mi alrededor, yo dejaba de escribir y le servía su ración de Friskies, labor que Dominique me había encargado con insistencia, fue cuando me enteré que Friskies era un producto especial para gatos, consistía en pedacitos de legumbres y zanahorias, secos, con sabor a pollo, la caja traía el dibujo de un hermoso gato de ojos verdes que se relamía de gusto, en un lateral de la caja venía su modo de empleo y el análisis en % de su contenido, por ejemplo: un gato adulto en actividad debía consumir unos 100 gramos del producto, mientras que una gata en gestación alrededor de 130 gramos, al parir, el consumo debía aumentar a 400 gramos, la descripción nutritiva arrojaba un saldo de 29 % en proteínas brutas, siento confesar que el cálculo de tales cifras solía llevarme a la siguiente conclusión: que los gatos, en París, se alimentaban proporcionalmente mejor que yo en la Habana, Dominique volvía tarde, ya para entonces yo había fregado, comprado el pan y cumplido con mis obligaciones respecto al gato, salvo el problema del hambre, Cucú no era un animal exigente (los he conocido peores), me dejaba escribir en paz, hacía sus necesidades en el sitio previsto (una palanganita con gravilla especial) y no andaba pegándose pervertidamente a las piernas de uno (los he conocido peores), los días pasaron, me sentía mejor, me movía en Paris a la perfección, planificaba y efectuaba caminatas, contemplaciones y lecturas en los cafés y jardines, había logrado organizar correctamente mi alimentación, mucha carne, leche y verduras, de tercera, claro, no faltaban el queso ni el vino, también de tercera, engordé y me sentí lleno de una vitalidad excesiva pero reconfortante, empecé a mirar a Cucú con mejores ojos, incluso nos revolcábamos juntos en la alfombra, Cucú patas arriba y yo haciéndole cosquillas en la barriga sedosa y cálida, también Cucú había engordado, le llenaba el pozuelo de Friskies dos o tres veces al día, luego le añadía leche y carne prensada, vivíamos en un pacto arcádico donde la comida era la clave de la felicidad, pero la felicidad (tan frágil) termina un día, ¿qué la quiebra?, no se sabe, tal vez la residua que llevamos dentro y que un buen día salta y da el zarpazo, lo cierto es que yo había vuelto de un rendez-vous con la posible editora francesa de mis cuentos y de ciertos libros un poco amorfos, la conversación había fluido sin problemas, pero al final, nada claro, resulta que Mme M. no quería pagarme lo que yo suponía debía de pagarme por un libro de cuentos cortos: 10 000 francos, Mme M. desplegó una bella y taimada sonrisa cuando le dije la cifra. Contestó:

 3 000 francos. No más. Y con pago fraccionado, según ventas.

 Habíamos empezado hablando de las excelencias del cuento corto, la tesis del tigre que salta hacia su objetivo o la flecha que sale disparada y da en el blanco, o la flecha –añadí yo para hacerme el gracioso— que no va a ninguna parte, todo esto tomando té y picando unas galletitas encantadoras, me sentía a punto de ser feliz, allí, con mi editora francesa, quién lo iba a pensar, poco a poco ella me fue explicando que en Francia se prefería la novela, que era un mal momento para la literatura en general, no  se vendían los libros de cuentos o los libros híbridos, con la excepción de algún que otro clásico que para eso eran clásicos, ¿no?, primero había que publicar una novela,  dos, ¡y entonces el libro de cuentos o el libro “raro”!, al lector había que probarle  –apretó la boca como si me comunicara un secreto– que uno merecía ser leído como Dios manda, un asunto de economía, de economía del lenguaje, y del dinero, añadió, yo trataba de no perderme los ojos azules y achinados de Mme M. que centelleaban pícaros cuando mencionaba la palabra economía, siguió diciendo:

 Aunque con sus cuentos haré una excepción. Claro, habrá que trabajar en dos o tres hilos conductores. Entre nosotros: a veces no se entiende bien lo que usted quiere decir. Querido, óigame bien: el lector prefiere el signo más evidente de la literatura. ¡El lector ama las historias!

 Sí: corroboré soltando por la boca una nubecita blanca (fumo en situaciones extremas) que tomó  primero la forma de un elefante, luego un globo de azúcar y finalmente otro elefante antes de disolverse en formas caóticas, fue cuando dije, adoptando una pose digna:

 –¿Y cuáles serán mis honorarios? Me conformo con 10.000 francos.

 Mme M. se estiro en la silla, como para despejar las arrugas del vestido, fue cuando dijo, calculando la caída de la ceniza en el cenicero:

 –3.000 francos. No más. Y con pagos fraccionados, según ventas.

 Al cabo de medio minuto dije:

 Ah.

 En ese medio minuto pensé: 3.000 francos no es mucho pero ninguno era peor, comer en los árabes, cero cine, pegar la gorra de vez en cuando en casa de Manolo y Chantal, la biografía cara de Céline que esperara, también las botas de cuero para mi esposa, y suplicarle a Domi (en nombre de la solidaridad latinoamericana) otra rebajita en el alquiler… De pronto, no sé por qué, calculé que con 3.000 francos bien podría comprarme unas 110 cajas de Friskies, por supuesto no le mencioné nada a Mme M. acerca del cálculo, sólo le dije: “Ah” y nos despedimos prometiéndonos vernos pronto, ella me detuvo con un gesto

 –Antes de que se vaya... ¿Sabe usted cuánta gente de la que se pasea por las calles de París quiere ser escritor? La mitad. Y de esa mitad la mitad tiene talento. Cualquier francés tiene talento para escribir, y Francia se hundirá entre otras cosas porque la mayoría de los franceses tienen talento para escribir. Escuche. En un café de Sant Germain un hombre fue a escribir día tras día durante quince años. Había que verlo en aquella mesita apartada, doblado laboriosamente en su tarea. Escribía y escribía en enormes cuadernos de contable. A veces levantaba la cabeza, sonreía al pagar y volvía a sumergirse en su trabajo. Movía la mano muy lentamente, deteniéndose como un artífice en cada palabra, qué digo en cada palabra, ¡en cada letra! ¡Supongo que sólo así pueden escribirse las grandes sagas del espíritu! Pedía un chocolate por la mañana y otro por la tarde. En el intermedio una sopa de habas con un vaso de tinto. Con eso le bastaba. Una noche reclinó la cabeza sobre su cuaderno y se quedó dormido. Pero no se había quedado dormido. Se había quedado muerto sobre su cuaderno. No hay imagen más sublime que un escritor muerto sobre sus papeles. Los franceses somos muy curiosos. Siempre queda el morbo de saber en qué un hombre empleó la última parte de su vida. ¿Qué había dentro del cuaderno? Pues bien: garabatos. Garabatos exquisitamente dibujados ¡Cientos y cientos de páginas repletas de garabatos idénticos y perfectos! ¿Obra de la bêtise? ¿Burla in extremis? Quién sabe. De lo que sí no hay dudas es que fue la obra de toda una existencia.

  Se arregló el pelo sobre las orejas, desde la puerta le dije adiós con la mano, entonces ella me dijo acariciando un grueso tomo que adornaba su buró:

 ¿Sabe usted qué habría sido de Balzac si sólo hubiera escrito cuentos o libros raros?

 contesté. Se habría muerto de hambre.

 Hizo un ademán de profunda comprensión y me despidió con una sonrisa, llegué al apartamento, abrí la puerta y lo primero que vi fue a Cucú sobre la mesa, el gato no dejaba de observarme aunque sin gran interés, levanté un dedo y con la boca inflada de aire para que Cucú no se perdiera el efecto disparé: ¡Pum!, contestó con un débil maullido, sentí hambre, en el refrigerador quedaba una porción de pollo cocinado, sólo había que calentarla y cubrirla con mayonesa, calenté el pollo, olía bien, fui a buscar pan a la cocina, cuando volví ya Cucú se había tragado parte del pollo, la mayonesa le brillaba en los bigotes, pensé con el cuchillo en la mano: Dios mío, se ha comido mi pollo.,  Cucú no se inmuto y siguió comiendo, pensé: Seguramente seguirán pasando nubes en la vasta extensión que se avecina, un espacio vacío donde a cualquiera lo roza el ala de la imbecilidad, y descargué el golpe, la pata izquierda de Cucú quedó separada en el acto, el gato maullaba como quien no comprendía bien lo que estaba pasando, solté el cuchillo, corrí al baño y volví con gasa y desinfectante, Cucú se apoyaba sobre la espalda ligeramente ladeado hacia la herida, envolví el muñón lo mejor que pude, la pata seguía en la mesa, junto al plato, había que deshacerse de la pata, y del gato, no sé qué cuento le iba a hacer a Dominique acerca de la pata de su gato, envolví la pata en un periódico, la acomodé en el bolsillo del abrigo, metí a Cucú en una bolsa, se puso a maullar, primero bajito, luego muy alto, finalmente bajito: un lamento en sordina pero insistente, limpié la sangre y bajé a la calle, caminé en dirección a Pigalle  y eché la bolsa con el gato en la basura, más adelante, la pata, me puse a mirar las vidrieras de las tiendas, un clochard desde un rincón me hizo un gesto con una botella vacía, le dije rechinando los dientes: Ya pasó tu momento histórico, si es que alguna vez estuviste en la historia, so cabrón, me lanzó la botella que fue a parar a la calle.

 En un árbol un pájaro describía círculos cada vez mayores, después trazó los círculos en sentido contrario, se posó en una rama y se quedó extático contemplando el cielo, amarillo como los ojos del pájaro.

 Caminé hasta los almacenes Tati y me compré un gorro para el invierno, y un abrigo, y un edredón, para envolverme mientras escribía, durante el invierno, después llegó el invierno, un frío seco, bueno para mi asma, pero gradualmente intenso, Dominique tardó en acostumbrarse a la ausencia de Cucú, lloriqueó las primeras semanas, yo le expliqué que Cucú se había ido por donde se van todos los gatos: por la ventana, en busca de su gata, pero Domi palmoteaba con sus gordas manos meneando la cabeza, hasta que una noche se apareció con otro gato con el que apenas sostuve relaciones, era un puro manojo de nervios y para colmo anoréxico, a Mme M. nunca la volví a ver, una mañana fui a su oficina y sólo encontré a dos obtusos contadores de una cadena de restaurantes griegos, después de los primeros días de frío llegaron días más suaves, cargados de un ligero esplendor que movía las cabezas peladas de los árboles, yo seguía envuelto en  mi edredón, pues el invierno arreció y las cabezas de los árboles se cargaron de nieve.

 Todavía guardo las fotos de París.