martes, 23 de septiembre de 2014

Higiene social revolucionaria se llama esto





 Samuel Feijóo



 En una ocasión Fidel nos advirtió que en el campo no se producen homosexuales, que allí no crece este vicio abominable. Cierto. Las condiciones de virilidad del campesinado cubano no lo permiten. 


 Que ese legado del capitalismo se mantiene aún. Pero que contra él se lucha y se luchará hasta erradicarlo de un país viril, envuelto en una batalla de vida o muerte contra el imperialismo yanqui. Y que este país virilísimo, con su ejército de hombres, no debe ni puede ser expresado por escritores y artistas homosexuales o seudohomosexuales. Porque ningún homosexual representa la Revolución, que es un asunto de varones, de puño y no de plumas, de coraje y no de temblequeras, de entereza y no de intrigas, de valor creador y no de sorpresas merengosas. Porque la literatura de los homosexuales refleja sus naturalezas epicénicas, al decir de Raúl Roa. Y la literatura revolucionaria verdadera no es ni será jamás escrita por sodomitas, eso es un fraude más, una superchería más de tan bien empiñados viciosos.


 No se trata de perseguir homosexuales, sino de destruir sus posiciones, sus procedimientos, su influencia. Higiene social revolucionaria se llama esto. Habrá de erradicárseles de sus puntos claves en el frente del arte y de la literatura revolucionaria. Si perdemos por ello un conjunto de danzas, nos quedamos sin el conjunto de danza 'enfermo'. Si perdemos un exquisito de la literatura, más limpio queda el aire. Así nos sentiremos más sanos mientras creamos nuevos cuadros viriles surgidos de un pueblo valiente. Rompamos el vicioso legado capitalista.


 Fragmentos de “Revolución y vicios”, El Mundo, el 15 de abril de 1965. 

 Imagen, la caricatura "El último cuplé de Rómulo" apareció en la revista Verde Olivo, en 1968. 


No hay comentarios: