domingo, 29 de junio de 2014

Pequeñas delincuentes




 El reformatorio de Aldecoa tiene 240 niñas a cargo de las hermanas de la caridad. La excelente arquitectura española antigua de este edificio ya es de por sí una mejora sobre las barracas militares, hechas de madera, que ocupa el reformatorio de varones, y además en la institución para niñas se respira un ambiente de bienestar físico y espiritual. 
 Las monjas parecían extender sus ingresos de $ 28.00 a la atención de muchas más cosas que la institución hermana que, según informes, recibe $ 27.00 para invertirlos en prácticamente el mismo número de reclusos que el reformatorio de Aldecoa. 
 En éste se hacían vestidos de algodón con propósitos comerciales y en bastante gran escala. El acierto de dar ocupación a las niñas y de proporcionarles una gran oportunidad de ganar siquiera la pequeña cantidad que obtenían con su trabajo, era evidente; aunque este trabajo en las instituciones, si se extiende, puede llegar a afectar los salarios pagados en el mercado regular. 
 El hecho de que 40 de las niñas que habían sido dadas de alta en la institución habían regresado voluntariamente y pedido el seguir viviendo allí porque lo preferían a la lucha para abrirse paso fuera del reformatorio, indicaba que habían recibido un bondadoso tratamiento y quizás también que la enseñanza recibida en la institución no las había preparado muy bien para bastarse a sí mismas.

 Como estas instituciones son las únicas que hay en la isla para el cuidado de la niñez y la juventud delincuentes, deben dar la pauta en caso de que se principie una labor semejante en otras localidades. Como que ambas instituciones tienen que tratar con niños difíciles, la necesidad de seleccionar un buen personal es especialmente importante, si la labor que se va a hacer va a consistir en algo más que la separación temporal de la comunidad de niños y niñas indisciplinados. 
 En ésta, como en otras instituciones, los niños estarán mejor atendidos si entre aquéllos que los dirigen hubiese quienes se mantuviesen en contacto con el hogar de los pequeños reclusos y estuviesen atentos a sus progresos una vez dados de alta. Una niña o un niño pueden ser recluidos por una pequeña ofensa cometida a la edad de 10 años, y a menos que sus padres o sus tutores se hagan cargo del pequeño delincuente, este debe permanecer en reclusión hasta que tenga 19 años. 
 Aunque la institución para niñas es muy superior a la de los niños, ninguna de las dos está capacitada para desempeñar la difícil tarea de preparar al niño o a la niña delincuentes para su incorporación a la comunidad.   



 Problemas de la Nueva Cuba, Foreign Policy Association, New York, Cultural S. A, La Habana, 1935, pp. 189-90.