domingo, 22 de enero de 2012

El Danzón






Manuel Serafín Pichardo
                    

    Al gran poeta mexicano Salvador Días Mirón



¿Quieres, bardo genial, que te describa
el baile hermoso que en mi patria priva?

Si tu paleta mágica tuviera,
¡qué digno el cuadro de tus ojos fuera!

Pero, aunque débil mi pincel, lo pinta
y escoge para tí su mejor tinta.

Es, poeta, el danzón, ritmo cubano
con aires de andaluz y de africano.

Tiene las indolencias tropicales
con el cimbrar de los cañaverales.

Es al extraño disonante ruido
y canto delicioso a nuestro oído;

Música emocional que, cuando vibra,
es tósigo y estímulo en la fibra.

Esguinces tiene de elegante rango
y sacudidas gráficas de tango;

De tiple y de bandurria suavidades,
y de congo tambor, sonoridades.

Fue el danzón tolerado esparcimiento
en años de dolor y de tormento;

Reproche, al par, de intransigencia airada
contra una sociedad atribulada

Que en él buscaba elíxir embriagante,
como alivio a su pena torturante,

Y que, indolente y dócil cuando esclava,
para ser libre fue rebelde y brava!

Es el danzón, para hombres y mujeres,
el más fascinador de los placeres;

Va unido a nuestra plácida existencia,
con él celebra el rico su opulencia,

Y en él buscando goces a la vida,
mi pobre pueblo su miseria olvida!...

Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe,

La mazurka en Polonia, en Alemania
el vals y las cuadrillas en Rumania;

Como la jota en tierra aragonesa
y el bullidor can-can en la francesa.

Cual esos tiene en la expresión artística,
su originalidad característica.

Hay que escucharlo en la criolla orquesta
y entre el tumulto de mestiza fiesta.

Da la señal el jefe del jolgorio
con un largo bastón de Directorio.

La bailadora típica, que enlaza
en tez, sangre y pasión, la doble raza,

Imprime a la tensión de su cadera
un rítmico temblor de bayadera.

Irguiendo el busto, digno de un Tanagra,
a Terpsícore entera se consagra,

Y haciendo de su cuerpo sierpe y lazo,
se ciñe al compañero en un abrazo.

Lleva desnuda la morena espalda,
ceñido el cinturón, corta la falda.

Una cinta en el pelo envedijado,
una flor, en que el múrice ha tocado.

Del dombo seno en el macizo lecho,
y un lazo, como grímpola, en el pecho.

Los labios muestra por el centro hendidos,
al desgaste de besos repetidos,

Y tras el belfo, en vívido resalte,
brilla el oriente de perlado esmalte.

Más que ventanas, al placer abiertas,
de la nariz las palpitantes puertas.

Arrebola su faz transfigurada
de sus ojos la intensa llamarada;

La exhalación de su mirar acrece
entre el negro capuz que lo guarnece

Y es su vista cual luz en la penumbra,
cuando ésta más oscura, más alumbra!

El compás con la lengua paladea
y con el pie en el piso lo rasguea.

Entregada al danzón, menos a él sorda,
con pespuntes de suela el piso borda,

Y si pintar pudiera el zapateado,
luciera el suelo original dechado.

El timbal la conduce en raudo giro,
o se duerme, ondulante, al son del güiro;

Del metal a los ecos serpentea,
o al rumor de la cuerda se marea;

Sin sentir, aunque finge que a él se lanza,
el deleite sensual, sí el de la danza.

Retiembla en su cadera curvilínea
la morbidez elástica virgínea,

Y hay en su contorsión y paroxismo,
cual en la nota, etiópico atavismo.

Quita a su compañero el jipijapa
y la zalea de sus rizos tapa,

Poniendo nueva nota a su desgarro
al clavar en los dientes el cigarro.

A su alredor, con zumbo de arboleda,
la desgajada muchedumbre rueda;

Baña el sudor los rostros agitados
por la eléctrica luz abrillantados;

Cien olores, en mezcla sofocante,
un perfume combinan excitante,

Y del salón se esparce en la onda tibia,
como un vaho enervante de lascivia

Ese es el baile que el cubano sabe,
como en léxico el clásico jarabe.

Va unido a nuestra plácida existencia,
con él celebra el rico su opulencia,

Y en él buscando goces a la vida,
mi pobre pueblo su miseria olvida ! . . .



 Arpas Cubanas (Poetas Contemporáneos), prólogo de Conde Kostia La Habana, 1904, Imprenta y Papelería de Rambla y Bouza, pp. 264-68.

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