sábado, 4 de abril de 2020

Poeta en Cuba



 René Depestre


 Mi último poema corta caña en Camagüey.
Lleva sombrero de yarey y botas:
Ni robot ni zombi, amontona su caña
Surodoso, rabioso, sofocado, bajo el duro sol.
Da sus manos y sus ojos a la zafra.
Lejos, en París, en una mesa de café,
Gentes que nunca han uncido un poema
A la belleza del buey revolucionario
Se pregunta: “¿Se puede ser poeta en Cuba?”

Para ellos un poema se aleja de la luz
Si se convierte en hombre con brazos de hombre
Si funde metal y siembra café
Si cantando cosecha el tabaco y la malanga
Si es miliciano, si es guardafrontera
Si se entusiasma con una nueva represa
Si es guevarista y hace la revolución
Ya no es un poema, y en París corre el riesgo
De que lo maten a pedradas en la calle!

Mi último poema tiene la ropa encharcada
La hoja del arado brilla bajo sus alas
Tiene ampollas en los dedos y fornica
Con hadas que manejan el pico y la pala.
Responde a las dudas concernientes a las relaciones
Entre la poesía y la Revolución.
Y tiene la audacia de un cohete que se eleva
Hacia la luna y es rebelde a toda liturgia
Y a todo dogma que salgan del horno estalinista

Heme aquí poeta en Cuba, poeta portador
De un fuego que comparte sus diamantes con el verano.
Mi vida tutea a un socialismo que asegura
A la libertad sus razones y sus bienes.
Mi último poema tiene cada día un poco
Menos de arrugas en su rostro, y cada día
El júbilo del hombre inunda un poco más sus riberas.
Hunde los pies en el barro de los arrozales
Y da sus huesos a la marcha de la historia!


                  La Habana, abril de 1969.



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