miércoles, 24 de diciembre de 2014

El conflicto linguístico





  Walterio Carbonell

 Por lo menos hasta 1850 la mayoría de la población negra hablaba lenguas africanas. Eran “bozales” o auténticos negros de nación que no hablaban el español. El porcentaje de los negros esclavos que habían aprendido la lengua española debió de ser muy bajo por esta fecha. Incluso el número de bozalones, es decir, de los negros que hablaban mitad en africano y mitad en español, era menos numeroso que los bozales, que sólo hablaban en lenguas africanas. Era muy lógico que esto fuese así, ya que en la primera mitad del siglo XIX, la inmensa mayoría de la población negra acababa de llegar. El número de los negros nacidos en Cuba era muy inferior al de los que llegaron durante el siglo XIX.
 Los africanos tenían enormes dificultades para aprender el español, puesto que la esfera de sus relaciones se limitaba a las relaciones entre ellos mismos. Más de las tres cuartas partes de la población esclava vivía en las plantaciones de caña y café, apenas si tenían contacto con la población blanca. A los africanos y negros nativos que vivían en las ciudades les resultaba mucho más fácil aprender la lengua española, ya que estaban más en contacto con la población blanca, especialmente los llamados esclavos familiares y los artesanos.
 (...) No fue hasta después de la Guerra de los Diez Años que los negros invadieron las ciudades. De estas realidades hay que deducir que el idioma español fue lengua hablada también por los negros después de la terminación de la guerra. Antes la lengua española no había sido en realidad lengua nacional; era oficial, pero no nacional.
 Antes de la Guerra del 68, los negros hablaban varios dialectos: el yoruba, el mandinga, el arará, etcétera, según la tribu de la que procedían… Se hablaban muchos dialectos y una lengua, la española. No existía una lengua nacional. Todavía en 1850 la población negra era mayoritaria; los españoles y sus descendientes estaban en minoría. Pero la lengua española estaba destinada a convertirse en lengua nacional. Era la lengua de la clase dominante y esto constituía una gran ventaja. Pero si esta lengua venció a los dialectos africanos fue no sólo por ser la lengua de la clase dominante sino además, porque a partir de 1854 la población blanca y mestiza creció a un ritmo mayor que la población negra (…)  Fue el aumento de la población blanca lo que salvó a la lengua española en Cuba. De no haber aumentado la población blanca hablaríamos, como en Haití, una lengua nativa. En eso el racista José Antonio Saco tenía razón: el blanqueamiento era la clave para salvar los valores de la cultura de la clase dominante (…) Si no quedó traza importante alguna de estos dialectos, se debió a estos tres factores principalmente:
 Uno: a que el idioma español era el idioma de la clase dominante.
 Dos: al hecho de que a partir de la segunda mitad del siglo XIX la población blanca fue aumentando a un ritmo superior al de la población negra.
 Tres: a que la dominación española duró por espacio de más de tres siglos.


 Ahora bien, aunque en este conflicto lingüístico el idioma español pudo vencer a los dialectos de las clases más explotadas la lengua de los colonialistas sufrió serios reveses fonéticos y de sintaxis.
 Muchas de las deformaciones fonéticas de entonces han perdurado hasta nuestros días. Deformaciones fonéticas que son el común denominador de la población cubana. En la excelente novela cubana La búsqueda, de Jaime Sarusky, quien demuestra un profundo conocimiento del tipo popular de nuestras ciudades, pueden apreciarse muchas deformaciones fonéticas del español a través de sus personajes. Sirvan estas líneas como muestra:
 –¡Abré, degenerao! ¡Abre pa,que veas.
 O por ejemplo:
 –¿Y eso? –preguntó Lobera.
 –No, na má que pá ver la cara que ponían los blanquito.
 –Usté e’ de los nuestro, mi hermano.   ¿E o no e’ así?
 –Sí vejo Rufo e’ trompeta también en La Ola de Calor.
 –Y él ¿qué sabe de eso? –preguntó irritado al saber que un Rufo cualquiera estaba mejor enterado que él de lo que sucedía en el Máximo Centro.
–El e’ trompeta suplente de ahí, del Máximo
Centro.
–¿Trompeta suplente?
–Como lo oye. Ya hace... deja ver... como un
mes que está ensayando.
 –¡Mentira! ¡Un mes! ¡Trompeta suplente y toca contigo en La Ola de Calor!
 –Sí señó. ¡Que me caiga muerto, aquí mimito si no es verdá lo que estoy diciendo!
 –Y ¿cómo pudo entrar?
 –Yo no sé na’ de eso. Na’...
 –Sí, pero se me olvidó. Cualquiera se mete en la cabeza las cosas que le dicen a uno to’ los días.
 Las deformaciones o sustituciones de una o varias letras por otras realizadas por el negro en la lengua española, ha sido admirablemente expuesta por Néstor Almendros en un trabajo de gran rigor científico publicado en el Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, Vol. VII, Enero-Junio, 1952, Nos. 1-2 (…) “Esta influencia fue notada ya de antiguo por nuestro primer filósofo Esteban Pichardo, que registró con admirable precisión, dada la época, el habla de los esclavos africanos”. “Lenguaje relajado es el de los negros bozales”. “Este lenguaje es común e idéntico en los negros, sean de la nación que fuesen”. “Es un castellano desfigurado chapurreado, sin concordancia, número, declinación ni conjugación”. Y hace las siguientes felices observaciones: no tienen “ni erre fuerte, s, ni d final; truecan elle por eñe, la e por í y la w por u”. Y seguidamente reproduce un ejemplo del típico lenguaje de estos negros bozales:
 “Yo mi ñama Frasico Mandinga, neglito reburujaoro, erabo musuamo. Yo Mingué de la Cribanería, branco como carabon, suña como nan gato, poco poco mirá ote, cribí papele toro ri toro ri, Frasico dale dinele, non gurbia dinele, e laja cabesa, e bebe guardiente, e coje la cuelo, guanta qui guanta”. (Diccionario Provincial ct. p. XI).
 (…) Las obras del teatro popular cubano del siglo XIX basaban su poder cómico no en el tema, ni en los chistes, sino, aunque, cause extrañeza, en los problemas idiomáticos, hasta fonéticos podría decirse, pues todo se reducía a presentar sucesivamente personajes que hablan con acento de bozal, gallego, catalán; inglés o propiamente criollo. Señal inequívoca de la plural corriente fonética que había en Cuba en aquellos momentos y de la preocupación, no tan inconsciente, que ello suscitaba.

 Habla el Congo:

 Gueno día sumersé
usté ta cuchá la tango
ese so lo congo loango
y yo son la rey José.
Yo vienga pa que guaté
hace uno divertimiento

 Yo hablá con Mayorá
ayey mimo y me dicí
que yo tienga que viní
con toda la gente pa cá.

(Ramón Morales Álvarez: El proceso del oso. Ajiaco bufo-lírico-bailable. La Habana: 1882).

Habla José el congo:

Joye bien, jabre los ojos,
corasó yo está rendío
yo tengo el pecho premío.
Porque tú son mis antojos
tú disipa mis enojos.
Quiéreme por compasión
Júndeme en tu corasón.

(Don Ignacio Benítez del Cristo: Los novios catedráticos. Pieza en un acto. Matanzas, 1868).

 Y, Néstor Almendros concluye: “Naturalmente que esas pronunciaciones y formas idiomáticas de los negros de la colonia fueron cediendo hasta desaparecer por completo con la emancipación de los esclavos y el advenimiento de la República, pero es evidente que muchos de los fenómenos fonéticos que señalaba Pichardo han dejado huella más o menos marcada en el lenguaje actual”.
 Algunos de las ejemplos citados de cómo hablaban los negros bozales o congos, prueban que antes de la terminación de la Guerra de los Diez Años, la población negra no hablaba el español, el español continuaba siendo para ellos una lengua extranjera. Ellos perdieron su propia lengua pera le introdujeron variaciones fonéticas al español, que la propia población blanca han hecho suyas. Hoy la única diferencia entre el español del negro y el español del blanco, está determinada por el grado de cultura alcanzado por unos o por otros.


 Fragmentos del Capítulo IX de Cómo surgió la cultura nacional, 1961.