viernes, 9 de enero de 2026

No le copien a Pound

 

Gonzalo Rojas



No le copien a Pound, no le copien al copión maravilloso

de Ezra, déjenlo que escriba su misa en persa, 

                     en cairo-arameo, en sánscrito,

con su chino a medio aprender, su griego translúcido

de diccionario, su latín de hojarasca, su libérrimo

Mediterráneo borroso, nonagenario el artificio

de hacer y rehacer hasta llegar a tientas al gran 

                               palimpsesto de lo Uno;

no lo juzguen por la dispersión: 

                había que juntar los átomos,

tejerlos así, de lo visible a lo invisible, 

                            en la urdimbre de lo fugaz

y las cuerdas inmóviles; déjenlo suelto

con su ceguera para ver, para ver otra vez, 

                         porque el verbo es ése: ver,

y ése el Espíritu, lo inacabado

y lo ardiente, lo que de veras amamos

y nos ama, si es que somos Hijo de Hombre

y de Mujer, lo innumerable al fondo de lo innombrable;

no, nuevos semidioses

del lenguaje sin Logos, de la histeria, aprendices

del portento original, no le roben la sombra

al sol, piensen en el cántico

que se abre cuando se cierra como la germinación, 

                                       háganse aire,

aire-hombre como el viejo Ez, que anduvo siempre 

             en el peligro, salten intrépidos

de las vocales a las estrellas, tenso el arco

de la contradicción en todas la velocidades 

                       de lo posible, aire y más aire

para hoy y para siempre, antes

y después de lo purpúreo

del estallido

simultáneo, instantáneo

de la rotación, porque este mundo parpadeante sangrará,

saltará de su eje mortal, y adiós ubérrimas

tradiciones de luz y mármol, y arrogancia; ríanse de Ezra

y sus arrugas, ríanse desde ahora hasta entonces, 

                 pero no lo saqueen; ríanse, livianas

generaciones que van y vienen como el polvo, pululación

de letrados, ríanse, ríanse de Pound

con su Torre de Babel a cuestas como un aviso de lo otro

que vino en su lengua;

cántico,

hombres de poca fe, piensen en el cántico.


Oscuro, 1977.


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