miércoles, 4 de enero de 2017

El Terremoto de 1766 en Santiago de Cuba y la Pastoral del Obispo Morel





 He aquí el título de este documento:
 Carta pastoral del lllmo. Sor. Obispo de Cuba a su diócesis, con motivo del terremoto acaecido en la ciudad de Santiago, y lugares adyacentes. En el año de 1766. Con licencia. Impresa en la Havana, en la imprenta del Cómputo Eclesiástico. Cuaderno en 4.° de 11 páginas.
 Fue autor de esta Pastoral el obispo Dr. D. Pedro Agustín Morel de Sta. Cruz. Como documento histórico revela este papel varios hechos de importancia para el conocimiento íntimo de su época. En primer lugar, es una de las raras muestras que nos quedan del arte tipográfico en aquel tiempo en Cuba; y nos descubre la existencia de otra imprenta en la Habana, fuera de la de la Capitanía General. Además, en la Pastoral se indica el día en que aconteció el terremoto de Santiago de Cuba que fue la noche del once de Junio, con las circunstancias de extenderse a la villa de Bayamo y demás lugares de su jurisdicción: la catástrofe fue horrorosa, pues en pocos momentos redujo a un montón de ruinas muchos edificios, y causó algunas muertes. 
 Algunos creen que las últimas vibraciones del terremoto se extendieron hasta la Habana. De las fervorosas declamaciones del venerable Prelado contra los pecados reinantes en aquellos tiempos, puede barruntarse el estado de las costumbres, y el espíritu de la sociedad que alcanzaron nuestros abuelos; pero en grave error incurriríamos, si tomásemos a la letra las exageraciones de la Pastoral, arrancadas sin duda por el terror que aquella catástrofe había infundido en todas las almas.

 “La funesta irrupción de los Ingleses (dice S. Illma.) que padecimos en el año de 62, con ser así que se ven todavía las manchas de la sangre derramada, y se mantienen abiertas las llagas hechas en el corazón de este público; con todo no se encuentran en él señales algunas de su reforma. Podrá ser que los vicios decretasen alguna suspensión de armas al tiempo que los viciosos las tenían en las manos para disputar su vida y su fortuna. Pero no es así; que este fue un breve paréntesis, que parece sirvió más bien de reposo a una maldad ya cansada, para volver con mayor ímpetu a sus antiguos desórdenes... La pompa, el lujo, las galas y demás superfluidades del adorno exterior, se mantienen en todo su punto, aun cuando desangrados los caudales, apenas puedes ministrar lo necesario. Con el pretexto de moda, se canonizan todas las profanidades de los trages, de suerte que ya no se sabe qué decencia Christiana es esta en que va cabiendo quanto la vanidad inventa de telas, alhajas, colgaduras, carrozas, etc. Y lo más lamentable es que no solo los ricos visten púrpura y comen espléndidamente, como el del Evangelio, sino que los empeñados, los quebrados y aun los pobres tienen a menos valer, que otro les aventaje en el brillo del hábito y la simetría de las mesas.»
 «El espíritu de disensión que engendra los litigios, las riñas y los odios, de que abunda esta ciudad, tan lexos está de enflaquecerse que más bien se ha recrudecido, y saca la cabeza triunfante, en medio de tantos males que nos cercan. Todos los días se ven nacer nuevos pleitos, y levantarse facciones dentro de las familias hasta armarse los hijos contra los padres, romperse los lazos de la fraternidad, y afloxarse los del Santo Matrimonio, abusando, para todo esto de las acciones y derechos que nos conceden las leyes santas, para reprimir los verdaderos desórdenes, y redimirse los inocentes de las opresiones de la injusticia. El poderoso chupa la sangre del pobre, se engrosa con el sudor de su frente, se hace fuerte con sus jornales, falta a la fe de los contratos, traspasa el término de los plazos, ex tuerce unas usuras desmedidas, y nada perdona por apagar una infame sed del oro, y todo lo logra impunemente con mantener unos pleitos de por vida, de que no se desenvuelven los nietos. Los pobres, acosados de semejantes tiranías, se entregan al ocio, y no trabajan, sino es en vencer sus necesidades con los hurtos, las rapiñas, contemplaciones criminales y juramentos falsos; y en vez de acudir a Dios por el socorro, le hacen insensible a sus clamores por la impaciencia con que los levantan y la impuridad del corazón de donde salen. De la incontinencia no hay que decir, sino que parece que se han franqueado las puertas a la disolución, y que se ha rompido de una vez aquella barrera, que tienen levantada entre los dos sexos las leyes naturales del pudor, las civiles de la honra, y las divinas de la honestidad. El galanteo, el cortejo, las conversaciones lujuriosas del estrado, los bailes, de manejo más inmediato y bullicioso, están admitidos como unos rasgos de marcialidad, política y buena crianza; y lo peor es, que a vueltas de estos desenfados, lo tienen para condenar la compostura, el recato y la modestia, como unos golpes broncos de gente, que resiste la cultura, cortesía y civilidad... »

 Concluye el Santo obispo proponiendo a sus ovejas extraviadas, para expiación de sus culpas una procesión solemne de penitencia, en que depuestas las galas del mundo, se presenten vestidos de sosa y cilicio, rociados de sangre y ceniza. La fecha de esta Pastoral, es en nuestro palacio de esta ciudad de la Havana en 5 de julio de 1766.» La firma + Pedro Agustín Obispo de Cuba. Por mandado del Obispo mi Señor + Dr. Juan Garda Barreras, Pro Secretario.
 El raro y curioso ejemplar de donde tomé los fragmentos anteriores, pertenecía a mi difunto amigo Don Domingo del Monte, y este lo hubo de la gentil cortesía del erudito Don Francisco Adolfo Varnhagen, Secretario entonces de la Legación del Brasil en Madrid.
 En la biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid, bajo la rúbrica «Jesuítas» Legajo 22, se halla un papel de 8 hojas en folio, que contiene 66 octavas, y cuyo título es el siguiente:
 Tragi-cómica Descripción, que bosqueja la momentánea desolación lamentable de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de la isla de Cuba, causada por el horrendo terremoto, acaecido a las 11 y 50 y más minutos de la noche del miércoles 11 de Junio de 1766.
 Del mérito poético de esta composición, podrá juzgar el lector por la primera octava que inserto.
 «Si Eneas, de Troja Monarca esclarecido,
En triste llanto su sesión termina,
Al referir del remo la gran ruina
En los estrados de la reina Dido:
¿Qué hará mi numen de angustias poseído
Si de la pluma el vuelo infausto inclina
A bosquejar de Cuba la derrota,
Siendo de ella el más fino compatriota?»
Después de las octavas sigue un pliego con décimas al mismo asunto. Empieza así:
«En un minuto, ¡qué horror!
Que en Junio el once tembló,
Cuba en su noche se vio
Con el estrago mayor.
La tragedia del dolor,
Vieron todos sus vivientes,
Muertos, muchos inocentes,
Y en su universal rotura
Fue de muchos sepultura
Y un campo raso de gentes.»
 Santiago de Cuba y su Jurisdicción es un país donde tiembla la tierra con mucha frecuencia; pero desde 1760 nunca se han sentido conmociones tan violentas, ni que tanto hayan consternado a sus habitantes como las que acaecieron en agosto de 1852. 


 José Antonio Saco: Colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos..., Volumen 2, París, 1858.