viernes, 25 de septiembre de 2015

La revolución de agosto





  Enrique Collazo


 La sociedad cubana vivía bajo la presión de un grave error; el Gobierno a quien favorecía esa creencia, la acentuaba y sostenía; siendo  esto la causa de su soberbia e insensatez en el manejo de la cosa pública.
 Se creyeron tan fuertes que se juzgaron capaces de sostener en completa esclavitud al pueblo, y le trataban como piara de animales destinados al trabajo, para que ellos tuviesen modo de prosperar y gozar en esta tierra de promisión.
 Se olvidaron que eran mandatarios, pagados para servir y cumplir las leyes del país; se juzgaron dueños absolutos de éste y de su hacienda, y contaban con el apoyo del Gobierno americano, al que estaban dispuestos a obedecer servilmente; fueron criados del pueblo fuerte, tiranos del qué juzgaron débil, creyeran que por temor a la intervención no habría quien se sublevara, y si esto sucedía,  bastaba llamar al yankee. La Enmienda Platt venía a ser el dogal puesto a ese pueblo, para obligarle a la ciega obediencia a aquellos que habían escalado el poder.
 Las últimas elecciones se efectuaron con alardes de fuerza; y para amedrantar al pueblo nació el Gabinete de Combate, cuyo lema fue la anulación del derecho del sufragio, la imposición de la fuerza bruta.
 Para ello contaban con los millones almacenados en el Tesoro, que les darían el medio de encontrar soldados, como surgían guerrilleros en tiempo de España: a sus espaldas creyeron tener al Gobierno americano.
 Sentían la Revolución; pero dudaban se realizara, suponiendo que no habría quién se sublevara a riesgo de comprometer la Independencia.
 Cielos, no quisieron ver el ultraje al país; se creyeron inmunes y siguieron sordos a las manifestaciones populares.
 Las elecciones realizadas consumaron el crimen; la reelección fue un hecho; la toma de posesión los tranquilizó, y dieron por cierto el "consummatum est".
 Surge el 17 de Agosto la primera alarma; Pino Guerra y Bravet se levantan en Vuelta Abajo; los secundan en la Habana Asbert, Montero y Castillo; se teme el pronto levantamiento en las Villas, y empieza a sentirse el temor en las esferas del Gobierno; miopes, no vieron lo que les venía encima; por el contrario, alegres abrieron las arcas del Tesoro y empezaron a derramar oro e improvisar batallones y regimientos, y un cúmulo de inútiles ametralladoras.
 El día 19 el chubasco se acentuaba y decretan las prisiones de aquellos que suponían jefes del movimiento; efectuadas éstas con éxito, juzgaron aplacado el mal.
 Efectivamente, esas prisiones fueron golpe de efecto, que impidieron la realización de lo mejor pensado: sublevar la Habana.
 Pero la oleada en los campos creció, con increíble rapidez, se organizaren las fuerzas, y pronto la isla entera respondía al llamamiento de la Revolución.
 El asesinato del general Quintín Banderas produjo asco, no pánico; y pronto se vio el Gobierno casi encerrado en las grandes poblaciones.
 Pino Guerra organizaba a Vuelta Abajo; Enrique Loynaz estaba a las puertas de la Habana; Guzmán mandaba por completo en las Villas, y  Oriente y Camagüey amenazaban con su alzamiento.
 De modo portentoso, la Revolución pobre y desarmada, había levantado y organizado millares de hombres que se batían con éxito; mientras tanto, el Gobierno aparecía tener soldados  imaginarios, en su mayor parte pagándolas a dos y medio pesos y equipados con lujo y largueza.
 En trece días había surgido un Ejército Revolucionario y el Gobierno desfallecía sin prestigio y sin ánimo.
 El Comité Revolucionario hizo circular el manifiesto que publicamos a continuación:
 Al Gobierno actual de Cuba y al pueblo cubano.
 El Comité Central Revolucionario, vindicador de los agravios políticos de Cuba, en defensa de la Constitución nacional y de la libertad y el derecho del pueblo cubano, ofrece a la consideración del ciudadano Tomás Estrada Palma y de sus asesores en la actual administración de la República, las siguientes Bases para un Pacto de Olvido y Fraternidad entre las partes contendientes en el movimiento armado.
  A saber:
 Primera: Cesación de las hostilidades y restablecimiento de la paz.
 Segunda: Que en el más breve plazo posible los cubanos alzador en armas se hallen dedicados a sus habituales ocupaciones, sin que pueda  eximírseles en ningún tiempo ni en  ocasión alguna, responsabilidad de ninguna clase por los actos realizados con motivo del alzamiento que  terminará con su retirada en la contienda armada. Al mismo tiempo las fuerzas regulares del Gobierno, que actualmente se hallan en operaciones,  serán retiradas a sus servicios normales, disolviéndose inmediatamente los cuerpos y unidades de fuerzas armadas creados por el Gobierno con motivo del actual conflicto.
 Tercera: Libertad completa para todas las personas que actualmente  se hallen detenidas o procesadas, o sujetas a detención o procesamiento,  o que hayan sido condenadas a cualquiera pena, por acusación de delito, con motivo de la propaganda u otros procedimientos para las elecciones  que habían de comenzar el día 23 de Septiembre de 1905; y asimismo para todas las personas detenidas o pro cesadas, o que hayan sido condenadas a cualquier pena, o que en cualquier modo se hallen sujetas a detención o procesamiento con motivo de los sucesivos movimientos armados o de la preparación para los mismos, realizados o intentados desde el día 23 de Septiembre de 1905, inclusive, hasta la fecha en que se celebre el pacto.
 Cuarta: Que se declaren renunciados para las personas que actualmente los ocupan, y por tanto se declaren vacantes, los cargos de Presidente y de Vicepresidente de la República, así como los de senador, representante, gobernador civil y concejero provincial, cubiertos en el último  período electoral.  
 Quinta: Que se suspenda en sus efectos la Ley de sustitución presidencial, de 24 de Junio de 1903, a fin de que sean elegidos por sufragio popular los cargos de Presidente y de  Vicepresidente de la República; y que todos los cargos- vacantes expresados en la base anterior, sean cubiertos por el tiempo que legalmente les falte en cada caso.
 Sexta: Que el Ejecutivo que resulte convoque inmediatamente al Congreso a sesión extraordinaria para que discuta y acuerde la forma en  que, sin demora innecesaria, se verifiquen las elecciones para cubrir las antedichas vacantes.
 Este Comité Central Revolucionario declara, además: Que hasta el presente se ha eludido, y en adelante se evitará, en cuanto sea posible, todo empeño que pueda causar derramamiento de sangre o perjuicio a las propiedades de los habitantes del país; pero, que si antes del día 15 del  corriente mes se ha nombrado, por los actuales gobernantes de la República, una Comisión que sobre las anteriores bases llegue a una inteligencia con los jefes de las fuerzas aleadas en armas o los delegados que ellos designen, se iniciará una campaña enérgica de ofensa y defensa que resuelva la cuestión brevemente. Que nada hemos demandado ni demandaremos otra cosa que la restauración de la legalidad, y que no nos arredra nada que amenace oponerse o que positivamente se oponga a nuestra; patriótica empresa de restituir al pueblo sus derechos sin que al hacerlo nos anime preferencia personal ninguna ni espíritu de parcialidad política. Y que, en fin, veneramos la Constitución y respetamos las leyes, sin las cuales no es posible la existencia de la República ni el desarrollo de sus democráticas instituciones. Todo lo arrostraremos por  el triunfo de la justicia y de la democracia.

 República de Cuba, a 1ro de Septiembre de 1906.

 El Comité Central Revolucionario.

                                                                                                       
 La revolución de agosto (fragmento), Habana, 1907.