sábado, 27 de junio de 2015

Por aquella época



  Manuel Delfín

 En aquella triste época, que recuerdo como una horrible pesadilla, las discusiones de nuestra Corporación languidecían, y a las veces pasaban sin observaciones los trabajos más brillantes sin que lograra el amor a la ciencia darles aliento; porque cuando nuestro cerebro es solicitado por una fuerza tan terrible, como eran los acontecimientos que se desenvolvían en torno nuestro, no puede el pensamiento abrirse amplio y espontaneo, sino que corre tardo y restringido.
 Ante tantas desventuras que rodeaban a nuestros compatriotas en los campos y en las ciudades, en Cuba y en extrañas tierras, no cabía más ciencia que la del dolor, ni cabían más discusiones que las de la tristeza.
 Por aquella época cayó para siempre el Dr. Braulio Sáenz, cuyo alegre carácter no pudo sobreponerse a la angustiosa situación que le circuía; sucumbió el santo Domingo Madan, agotado por los sufrimientos de su pueblo cuyo espectáculo horrible le dio muerte silenciosa; también perecieron entonces Maximiliano Galán y Joaquín Ruíz.
 En ese ambiente de dolores y tristezas nuestros compañeros hicieron supremos esfuerzos para no consentir que se extinguiera el fuego sagrado de la ciencia en nuestra patria, cuando parecía había sonado la última hora para esta desventurada tierra de Cuba; y eran muchos de los trabajos aquí leídos la vínica protesta cine se alzaba contra el exterminio de nuestra población: las monografías de Madan y Eduardo Díaz, que se referían a horribles y nuevas enfermedades indefinidas en nuestros pueblos y ciudades a causa de la reconcentración, a causa del hambre, daban en el rostro al bárbaro herodes de nuestro pueblo.
 Y esto en aquellos momentos en que era crimen anotar en el certificado médico que una persona había fallecido a consecuencia del hambre o por inanición. Y tan cierto es esto, Señores, que sé de un médico a quien se amenazó duramente, porque en un atestado de esa clase consignó que el individuo había muerto de hambre.


 Anales, tomo XXXVI, 1899. 

 Imagen: Domingo Madan Bebelagua.