lunes, 2 de marzo de 2015

Piojo de cochino






 La nigua que en el Perú llaman pique, es un insecto casi imperceptible. Su agilidad y pequeñez es tal, que se introduce por la costura del calzado más fuerte, hasta la planta del pie, a cuya parte es aficionada. Regularmente se crían estos insectos en los lugares inmundos, y un poco de aseo en las habitaciones basta para librarse de ellos. Al introducirse la nigua se siente una comezón acompañada de ardor, muy parecida a la que causan los sabañones. Se extrae fácilmente con la punta de una aguja o de un alfiler, y en este estado no tiene resultas: pero si su extracción se executa pasados algunos días, en que la nigua ha penetrado en la carne y ha formado liendres, y al mismo tiempo se moja la parte dañada, es casi seguro el pasmo, enfermedad desconocida en Europa, e incurable, pues aunque algunos han librado de ella, no se le ha encontrado remedio seguro. Sus síntomas son los más funestos. Trabarse las quixadas enteramente, perder el habla, y quedar detenidos todos los movimientos del cuerpo, con especialidad la vista, todo esto no es más que preparativo para la gran punzada, que se experimenta después en el estómago. Es imposible explicar la acerbidad de este dolor que acaba con la vida del paciente; basta decir que se han visto muchos hombres que han mostrado la mayor indiferencia a los dolores más agudos, y a las amputaciones más crueles de la Cirugía, y que estos mismos han dado furiosos alaridos a la tremenda punzada del pasmo. El remedio que se ha hallado para preservarse de las niguas, es el bañarse los pies con aceyte de oliva, el qual las auyenta; también impiden que se introduzcan los zapatos de berraco o cochino, que se citan en esta carta, pues como son todos de una pieza, no tienen conducto por donde entrar. Es cosa bien rara que criándose estos insectos en los chiqueros o lugares donde se revuelcan les cerdos, no se introduzcan en el cutis de estos animales, llevándolos regularmente entre su pelo. Las gentes del campo de la Isla de Cuba las llaman piojos de cochino, y abundan prodigiosamente en todos los lugares donde hay cría o ceba de animales. 




 Nota comunicada por un Subscriptor Havanero, 1799.