viernes, 22 de agosto de 2014

Pueblo de Mantua




 Justicia.—Del pueblo de Mantua nos escriben lo siguiente:—Mantua y Mayo 10 de 1863.—El día seis del corriente mes, a las siete de la mañana, fue ejecutada en las afueras de este pueblo la sentencia de muerte en garrote vil dictada por S. E. la Real Audiencia contra el negro Ramón Oliva, por homicidio en otro de su clase nombrado Santiago.—Tanto en la capilla como en su tránsito de esta al patíbulo demostró la mayor serenidad, conservándola hasta sus últimos momentos.—En la capilla le fueron prestados los auxilios espirituales por los Sres. Curas Párrocos de esta feligresía y de la del Sábalo, siendo tan exacto y celoso el último de los expresados Sres. Párrocos en el desempeño de su importante misión que no se separó de dicha capilla en todo el tiempo que permaneció en ella el desgraciado Ramón, sino los brevísimos ratos que ocupaba en satisfacer sus necesidades indispensables. Por este motivo, y por otros antecedentes, el Sr. Cura del Sábalo, D. Pablo José del Valle, se ha adquirido las mejores simpatías del vecindario y goza de un concepto apostólico en la jurisdicción del Partido; concepto que con entusiasmo circulaba de boca en boca después de la ejecución a que nos hemos referido, pues así que espiró el reo, a quien también había acompañado al suplicio, dirigiéndose a la numerosísima concurrencia que asistió dijo: "Pueblo de Mantua ¡mira! mi voz no puede ser tan elocuente como este cadáver.—Un hombre acaba de morir ajusticiado y… ¿quién le ha dado la muerte? No el verdugo, porque este es un instrumento de la justicia; no la justicia, por que esta sentencia según lo alegado y probado; y no la Divinidad, porque Dios mide la extensión del pecado por la ausencia de la gracia, mas que por su comisión. ¿Sabes quién le ha dado la muerte? su delito, porque su delito ha clamado venganza contra el delincuente ante Dios y los hombres; y ¿cuáles son las causas de esos delitos? Padres de familia, dueños de esclavos, ejerced vuestros sagrados deberes; la educación y la rígida observancia de las doctrinas de Jesucristo son los preservativos de los delitos. Y tú, pueblo de Mantua, virgen de espectáculos de esta especie y virgen también de graves delincuencias, pueblo a quien tanto quiero como una madre tierna quiere a su hijo. !Ah! me rasgarías el corazón si llegase a saber que un hijo tuyo, aquí o en otra parte, se viese en este trance, manchando de este modo un suelo que custodia tu Madre Santísima de las Nieves; se nublada por ello la frente de esta Señora, radiante de alegría cada vez que contempla a sus queridos hijos; sí, sed buenos, y no deis jamás ocasión para tan terrible ejemplar." Así terminó su breve alocución el Sr. cura del Sábalo, y para concluir ésta, diré a V. de la mejor fe, que no creo puedan llevarse a cabo con más decoro y perfección los actos solemnes e imponentes que aquí han tenido lugar con motivo del acontecimiento indicado, ni aun en poblaciones de la más elevada categoría.— R.





 La Verdad Católica, vol. 11, 1863, Habana, Imprenta del Tiempo, pp. 86-87.