viernes, 8 de agosto de 2014

Fotografía





 José de Jesús Quintiliano García Valdés


 Dedicado a los fotógrafos de la Habana

VERDADERO DESCUBRIDOR DE LA FOTOGRAFIA      
ALGUNAS DE SUS APLICACIONES POCO CONOCIDAS 
GRABADO SOLAR 
PANICONOGRAFÍA

Hace más de mil quinientos años de los hechos que vamos a referir. Cantaba a entonces a Eneas un  gran poeta que tenía tan poco del genius irritabile con que Horacio sin ser naturalista supo caracterizar tan bien aquella variedad del género homo, que muchos lucían con sus versos y antes de enojarse recibía en ello singular complacencia. Con todo, una ocasión hubo en que no pudo soportar el plagio osado de un vate mediano que se apropió un dístico que él había compuesto en honor de César Augusto y colocado a modo de cartel en las puertas del palacio imperial. Molesto por las honores y alabanzas que había alcanzado el plagiario, se vengó de esta manera. Colocó en la misma puerta de Augusto cuatro veces este pentámetro.
 Sic vos non bovis… (1)
dejando el sentido así suspenso. El Emperador Pontífice quiso que se concluyesen esos versos, pero ningún poeta acertó. Entonces Virgilio, pues ya se habrá conocido que este es el gran poeta de que tratamos, compuso con aquellos pentámetros imperfectos los siguientes hexámetros en que completó el sentido, colocándolos al pie del dístico de que atrás hablamos:
Hos ego versiculos fecit: tulit alter honores.
Sic vos non vobis nidificates aves.
 Sic vos non vobis vellera fertis ores.
Sic vos non vobis melliftcates apes.
Sic vos non vobis fert is aratra boves. (2)


 
Y tú tambien, Niceforo Niepce, tú tambien podrías colocar al pie de esta palabra daguerreotipo el Sic vos non vobis  de Virgilio y agregar como él: Hos ego versículos feci: tulit alter honores!  
Hagamos esta historia para muchos nueva, cuando no extraña y poco creíble.
 Existía el año de 1814 en un modesto retiro a orillas del Saona (principal afluente del Ródano, Francia) un hombre que sus amigos creían algo loco y que el mundo desconocía completamente. Procuraba este hombre hallar la resolución de un problema que realmente parecía imposible: quería descubrir el modo de grabar en metal por medio de la luz solar. Al cabo de algunos años de trabajo sin descanso llegó a obtener planchas, imperfectas es verdad, pero que bastaban para probar lo realizable de su ensueño de toda la vida. Por lo demás, en sus ensayos había descubierto la fotografía, que ciertamente bastaba para ilustrar su nombre y para dar una gloria más a su país y a su siglo. Este hombre, aun hoy apenas conocido, era Nicéforo Nièpce, que sin embargo murió pobre e ignorado el año de 1833, después de vender por contrato a un pintor, con quien se había asociado, los secretos de su invención. Este pintor que era bastante hábil, y conocido por sus trabajos en el teatro del Diorama, de París, fue Daguerre, que con solo perfeccionar el invento de otro, ha alcanzado todos los honores de él, habiendo ganado tantos dineros como fama y tanta fama como dineros, según la feliz expresión de nuestro Cervantes.
 En un principio no se consideró a la fotografía sino como una curiosidad científica; después ha ido progresando diariamente, por decirlo así, hasta convertirse en un instrumento que en manos de todos presta su auxilio a las artes y a la civilización. Pero si la fotografía adelanta, estudia y crece cada día, también de día en día se extiende la esfera de su acción, y las ciencias, las artes, todos los ramos del saber humano, se valen de ella casi de un modo indispensable, siendo una verdadera dicha para el que está llamado a admirar sus progresos el señalar sus aplicaciones de toda suerte.
 Inútil sería que nos ocupásemos aquí de la aplicación tan común a la representación de imágenes. Haremos sí mención de otras poco conocidas y con eso no menos útiles. Ya en 1845 M. de Malacarne, de Venecia, escribió una memoria acerca de la manera en que se podrían aplicar los instrumentos fotográficos a la representación de las fases de la Luna, y cuando el eclipse solar de 28 de Julio de 1851 el hábil fotógrafo sacó en efecto catorce faces tomadas durante el fenómeno, obteniendo algunas pruebas muy buenas, a pesar de que todavía no se usaba el colodión en que la impresión es instantánea. Con todo recientemente el lord Kosse, tan hábil mecánico como eminente astrónomo, dando cuenta a la Sociedad Real de Londres de las tentativas que había hecho para obtener imágenes fotográficas de la Luna, disponiendo convenientemente el colosal telescopio de su construcción, manifestó que a pesar de haber obtenido pruebas muy claras, no le satisfacían por no conocerse ningún procedimiento fotográfico suficientemente sensible para reproducir un dibujo cuyos detalles puedan compararse ni con mucho a los que percibe la vista armada de poderosos instrumentos.
 Pero aun así, es tan útil auxiliar de la astronomía el arte de Nièpce que la citada corporación señaló £ 100 de sus fondos y £ 50 que para este destino donó Mr. Oliveira, uno de los más notables miembros de la Cámara de los Comunes, para la instalación en el observatorio de Kew de un aparato fotográfico convenientemente dispuesto para reproducir las manchas del disco solar.
 En este mismo año, entre otras aplicaciones se acaba de convertir la fotografía en un poderoso medio de investigación para los historiadores de la formación del Globo. El Dr. Unger, ya conocido en las ciencias naturales por algunos descubrimientos, ha emprendido la publicación de una obra en que reunirá las imágenes de las principales revoluciones físicas del Globo y de los animales que vivieron en las diferentes épocas de su formación.
 Para el naturalista que a veces a grandes distancias tenga que comparar el terreno que estudia con otro detalladamente descrito, tendrán esas imágenes un valor inapreciable. ¡Cuántas penas y fatigas no ahorrarán al geólogo! Así es que en Inglaterra y Alemania el trabajo del Dr. Unger ha alcanzado un verdadero triunfo, tanto más justo cuanto que dando todos los detalles con matemática exactitud la imagen fotográfica, con solo tener a la vista una prueba será fácil precisar casi la naturaleza de un terreno que se esté reconociendo: podrán medirse con todo el cuidado deseable las inclinaciones de las capas estratificadas, dar la medida de su tamaño y con exactitud sus diferentes relaciones: en una palabra, con una prueba podrá hacer uno tan solo en algunos minutos lo que con frecuencia exige semanas enteras en el terreno mismo.


 Algunas publicaciones que han visto la luz en Francia y otros países extranjeros han venido a comprobar la importancia del trabajo del Dr. Unger. Entre otras citaremos los preciosos estudios geológicos que hicieron en los Alpes los hermanos Schlagintweit, en que la fotografía ha desempeñado un importante papel: ambos geólogos han partido para la India para continuar allí las investigaciones tan bien comenzadas en Europa. En el curso del año próximo pasado M. Marten publicó un panorama del Monte Blanco y sus alrededores que será para los geólogos una guía excelente en el estudio de la marcha y movimiento de los ventisqueros. Y mucho más recientemente, M. Baldus publicó una serie de vistas de Auvernia que incontestablemente ilustrarán la historia geológica de ese país tan atormentado por las revoluciones volcánicas.
M. Tiffereau posee algunas pruebas que hace largo tiempo sacó en Méjico y que representan las explotaciones de mineral de plata de la Luz, San Miguel y la Ascensión. Demás de dar detalles prácticos de extracción, puédense apreciar perfectamente los de las capas metalíferas; y es obvio sacar de semejantes pruebas gran partido para la descripción precisa de esa industria mineral.
 Pero si las ciencias y las artes pueden aprovechar de tan varios modos un arte tan útil y acerca del cual se está muy lejos de haber dicho la última palabra, la sociedad en su economía puede también sacar diferentes partidos del invento de Nièpce. Ya se sabe que los gobiernos aliados que meses ha combaten al pie de Sebastopol, aumentaron sus medios ofensivos con el eficaz auxilio de la fotografía. Un despacho acompañado de vistas topográficas, dará más noticias y datos más preciosos que el parte más largo y detallado. El estado mayor no tendrá ya que desear poseyendo representaciones que casi instantáneamente puede conseguir de las costas, fuertes, flotas, ejércitos y posiciones militares del enemigo y de sus tropas.
 Pero veamos de dar de mano una utilización mortífera de la fotografía, para ocuparnos de otra de mayor provecho para la sociedad. Un antiguo inspector general de las cárceles de Francia, M. Moreau Cristophe escribió el año pasado una memoria muy curiosa acerca de la aplicación de la fotografía a la filiación de los licenciados de presidio. "A fin de que sea más realizable mi proyecto, dice el autor, propongo que no se ponga en planta sino con respecto a los más peligrosos de los licenciados de las cárceles centrales, en los cuales puede ensayarse para experimentar el medio, pudiendo después hacerse extensivo a otras clases menos peligrosas y aun a los arrestados y detenidos."


  También se ha utilizado en Francia la fotografía para facilitar la venta de fincas dando ideado ellas, representaciones de sus fábricas, campos, arbolados y vistas, y colocando estas pruebas en lugares concurridos.
  Comenzamos este artículo dando cuenta de cómo procurando aprovechar la luz solar para el grabado en metal se había descubierto la fotografía. Esa primera idea estuvo muy lejos de abandonarse, y el Dr. Donué logró en efecto convertir las pruebas fotográficas en planchas grabadas; pero como estas pruebas se obtienen en plaqué de plata, metal muy blando, no podían servir más que para algunos tiros, y en esos la ejecución no podía pasar de mediana.
M. Fizeau se propuso resolver de otra manera el problema; logrólo, pero su procedimiento sobre costosísimo era harto difícil de poner en práctica, necesitando además sus planchas numerosos y hábiles retoques.
En Inglaterra se ocupaban algunos de investigaciones análogas, y Mr. Crove, por medio de la pila eléctrica, logró trasformar la imagen fotográfica en una plancha grabada en hueco o en cóncavo. Simple el procedimiento no se obtenían con todo sino pruebas semejantes a las del Dr. Donné.
 Parecía ya haberse renunciado al grabado heliográfico cuando en Mayo de 53 un hombre a quien la fotografía debe sus más preciosos mejoramientos, el comandante de caballería M. Nièpce de Saint-Víctor presentó a la Academia de Ciencias unas planchas grabadas en acero por la fotografía. Esta comunicación importante de suyo, reveló un hecho bien interesante; que Nicéforo Nièpce no había distado mucho de la realización de su ensueño, porque con arreglo a sus datos y empleando algunas de las sustancias que había indicado era como su sobrino había hecho tan admirable descubrimiento. No parece sino que estaba reservado a su familia de Niépce el honor de inventar la fotografía y de realizar una de sus aplicaciones más maravillosas.
 Al mismo tiempo que M. Niépce de St.-Victor daba a luz su procedimiento para el grabado heliográfico, Mr. Fox Talbot, hábil fotógrafo inglés, obtenía en Londres y en París una patente o privilegio para otro procedimiento diferente por medio del cual también había logrado que se grabasen en acero las imágenes fotográficas. Pero el método de F. Talbot, presenta grandes dificultades en la práctica y no da sino lo que puede llamarse la silueta de los objetos representados. Sin esto, el privilegio obtenido ha impedido estudiar su procedimiento, que ha seguido en manos del inventor en el mismo estado que cuando lo anunció.


 No ha sido lo mismo del descubrimiento del Sr. Nièpce de Saint-Víctor, que ha avanzado rápidamente en la vía de los progresos y de las aplicaciones; y la causa ha sido que su sabio inventor publicando su secreto ha llamado la atención de los que se apasionan por las grandes conquistas de la humanidad, continuando las investigaciones con las fuerzas respectivas de sus talentos, de su experiencia y de su entusiasmo. Así es como gran número de artistas respondieron al noble llamamiento del inventor que sabían que les había de dar sus consejos y prestar su auxilio.
Los Sres. Rousseau y Deveria, aplicando la fotografía a la reproducción de las columnas del Museo de Historia Natural, tan preciosas para los estudios científicos, habían ya publicado la primera entrega de su Fotografía zoológica, cuando el Sr. Niépce de St.-Víctor anunció a la Academia su descubrimiento, y conociendo toda la importancia de este nuevo medio, quisieron ser los primeros en aplicarlo. En Setiembre de 1853 pudieron presentar a la Academia cuatro planchas que excitaron la mayor admiración, y desde entonces  las entregas de su obra se deben al procedimiento heliográfico en que cada día se alcanza una nueva mejora.
 ¿Necesitamos insistir en las ventajas que ofrece para la Historia Natural el grabado heliográfico? Hasta hoy los dibujos que figuraban en álbumes, obras y colecciones destinadas a esa bella ciencia, se debían al creyón de artistas más o menos hábiles, que no era raro que satisfactoriamente, bajo el punto de vista artístico representasen los animales, plantas y minerales; pero el naturalista todavía podía percibir graves imperfecciones; que por exacto que sea un artista no puede reproducir ciertos detalles muchas veces microscópicos de los objetos que le sirven de modelo, descuidando acaso los más esenciales para la ciencia. Hoy la luz es la que hace la copia y la naturaleza misma la que la dibuja en la plancha de acero. Es esta una de las aplicaciones del grabado heliográfico más fecundas para la ciencia; gracias a ella, el más humilde estudiante podrá reunir en su bohardilla cuanto le hacía ir a los museos o comprar costosas publicaciones. Y a las artes ¿cuántos servicios no prestará? 
 Un hábil fotógrafo parisiense que ya hemos citado, M. Baldus, ha alcanzado un éxito feliz en otras aplicaciones del grabado heliográfico reproduciendo en planchas de cobre grabados tomados de la rica y bella colección de adornos de Le Pautre que se halla en el Louvre. Por su parte, un aficionado que ha hecho un gran servicio a los artistas, reproduciendo por medio de la fotografía y publicando a un precio muy accesible las raras y admirables planchas de Marco Antonio Raimondi, el Sr. Benjamin Delessert, ha visto en el grabado heliográfico un medio de reproducir con igual exactitud y a precio todavía más bajo las obras de los grandes maestros. Ya ha reproducido así algunos grabados en cobre de Alberto Durer.

  Otro artista de gran mérito como pintor y como fotógrafo, el Sr. Carlos Négre ha reproducido en acero los monumentos, paisajes grupos y figuras que antes habían obtenido con tanto éxito con el solo auxilio de la fotografía. Ya se deja ver cuánto interés tendrán para el arqueólogo, el artista y el viajero estas planchas admirablemente ejecutadas. Los unos hallarán en ellas asuntos de estudios que solo la naturaleza podía suministrar hasta aquí, y el arqueólogo recuerdos que tomarán todas las formas de la realidad.
 Cuanto puede la fotografía, tanto logra el grabado heliográfico; aquella es la verdad de la reproducción, esta la verdad y al mismo tiempo la baratez, circunstancia tan importante que habría bastado para hacer de tan precioso descubrimiento el gran medio de vulgarización para las ciencias y las artes, como la imprenta lo ha sido para el pensamiento. Pero acaba de asociarse al grabado heliográfico una nueva invención que va a servir para nuevas aplicaciones.
 El procedimiento del Sr. Niépce do St.-Víctor da planchas grabadas en cóncavo que no se pueden tirar sino aparte, en talla dulce, ahora ya pueden intercalarse en el testo y tirarse tipográficamente como los grabados en madera. He aquí como obtiene este resultado el Sr. Guillot, de Paris, por lo que se llama paniconografia.
 El inventor toma una prueba fresca, litográfica, autográfica o tipográfica, un dibujo de creyón o de pluma, un grabado en madera, cobre, estaño, acero, piedra, o al agua fuerte; de buril o fotográfico y los trasporta sobre cualquier metal y en relieve, de modo que puedan servir estos trasportes para imprimir en su prensa tipográfica. La trasformación en relieve de cada prueba trasportada es inmediata y sin alteración.
 El que firma este artículo ha podido juzgar de la finura de las láminas panicográficas en un retrato de Guttemberg, reproducido de un dibujo de pluma hecho sobre una piedra litográfica. Así mismo hemos podido ver reproducido por el grabado heliográfico un medallón que representa a Clemente Marot y que se tomó para grabarlo heliográficamente en cobre de una obra que impresa en 1585 está ya amarilla y carcomida, faltando al dibujo original el relieve y precisión en las sombras. Pero como el medallón tenía que intercalarse en el testo de la publicación en que se dan estos detalles, había que trasformar en un cliché de relieve la lámina grabada en hueco o cóncavo, se hizo la operación felizmente en 24 horas, reproduciendo el medallón algunos periódicos franceses de que hemos tomado apuntes para formar este articulo.
 Ilustrar un periódico con grabados fotográficos, publicar viñetas dibujadas y grabadas por el Sol. ...! hace sesenta años que era esto una locura ridícula; diez años atrás un sueño; ayer una esperanza; hoy una realidad!
 


 Notas

 (1)Por causas que no acertamos a explicar corre vulgarizado aun entre los más estudiosos un error de nomenclatura lamentable. Créese generalmente que son dos cosas diferentes el daguerreotipo [así dicen] y la fotografía. Nosotros no trataremos de explicar qué es lo que respectivamente se llama con esas diferentes palabras, y nos contentamos con hacer presente que el aparato, bien injustamente a fe, es el quo se nombra daguerreotipo, y el arte se llama fotografía, obténganse las imágenes en plancha metálica, en vidrios, etc.
 (2) He aquí el sentido de estos versos: "Hice yo los anteriores versos, y otro ganó la honra: así vosotras, o sencillas aves, anidáis para otros; así vosotras, mansas ovejas, cargáis para otros vuestros vellones; así vosotras, industriosas abejas, trabajáis la miel para otros; así también, laboriosos bueyes, arrastráis el arado para otros."

 Revista de La Habana, 1855, pp. 249-52. [Considerado el primer artículo (o estudio) publicado en Cuba sobre la fotografía].