domingo, 6 de julio de 2014

Domingo Rosillo y Agustín Parlá





   José Sixto de Sola


 Son los primeros aviadores que han dado gloria a Cuba en el campo de la moderna conquista del aire. Las figuras del intrépido Rosillo y del temerario Parlá, son figuras nacionales. Pero ya que de la conquista del aire se trata, dediquemos en estas líneas un recuerdo al primer cubano que se elevó en los aires entre nosotros: José Domingo Blinó, corcovado y de oficio hojalatero, fue el primer aeronauta cubano. Practicó su primera ascensión en 3 de mayo de 1831, con gran entusiasmo de los vecinos de la Habana, como lo demuestra el hecho de que algunos años después se publicara un tomo de más de cien páginas, con este título: Colecciones de todas las poesías que se han publicado en esta Ciudad en elogio del aeronauta cubano D. Domingo Blinó, entre las que aparece un soneto de Ramón Vélez Herrera. (Diccionario... de Calcagno.)
 Y dediquemos un recuerdo también a otro arrojado individuo, Matías Pérez, nacido en Portugal y vecino de la Habana, quien pereció en esta ciudad en la segunda ascensión que practicó, dejando un cuaderno de extravagantes décimas impreso en elogio de su "heroísmo inaudito". (Calcagno.)
 Respecto de Rosillo y de Parla, todavía no se han escrito tomos de poesía; pero acerca del primero sí existe un folleto titulado La Aviación en Cuba, por Víctor Muñoz, que tiene este subtítulo: "Un recuerdo del famoso aviador cubano Domingo Rosillo. Su arriesgado vuelo Key West-Habana, que dio gloria a la patria cubana en el sublime Sport" (Habana, Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Cía., 1914). Y de este folleto es de donde tomamos los datos que de Rosillo damos aquí a los lectores de CUBA CONTEMPORÁNEA:
 “Domingo Rosillo empezó sus estudios y prácticas en la escuela de la Vidamée en París, Francia, sobre aeroplanos llamados entonces Morane-Borel; llevó consigo a su hermano Deogracias, y este último se dedicaba al estudio mecánico de los aviones.
 Una vez hechos sus estudios y prácticas en la escuela Morane-Borel, pasó después a la escuela Bleriot, a fin de practicar en los modelos de éste y otros sistemas; estudió y practicó a conciencia con grandes elogios por parte de sus condiscípulos y maestros que lo felicitaban cada vez con más calor, porque veían los grandes progresos que nuestro simpático amigo y compatriota hacía. Volvió nuevamente a la escuela de Villacoublay de Morane Saulnier donde es hoy uno de los pilotos oficiales de la importante escuela.
 Llegó el día de prueba, el día de examen, y en el hermoso aeródromo de Villacoublay, ante el jurado o tribunal de examen, que lo componían seis miembros del Aereo Club Internacional de la Francia y los Directores de las dos escuelas Bleriot y Morel, y con una inmensa multitud de amateurs y espectadores, sufrió su examen, hizo sus prácticas, realizó varios hermosos y emocionantes vuelos, dos de ellos sobre la Ciudad de París, circundando la Torre Eiffel, y demostrando su capacidad y arrojo obtuvo un diploma o título de Piloto oficial, hasta que decidió regresar a la hermosa patria cubana, a conquistar merecidos triunfos.

 
 Sus condiscípulos le ovacionaron y felicitaron calurosamente y Domingo Rosillo quiso demostrar su amor a Cuba, y prueba tenemos todos de ello.
 Vodrines, Brindejoinc des Moulinais, Pegoud, Oarros y otros famosos pilotos, gloria de la gran nación francesa, han sido y son los compañeros que en más de una ocasión han dado mitins de aviación en unión del intrépido aviador cubano.
 Su hermano Deogracias no desaprovechó el tiempo; así que cuando Domingo ya era Piloto oficial de la escuela Morane, él ya era también un hábil mecánico de aviación, y varias veces se elevó con él.
 ¡Qué honda satisfacción se siente en el alma y en el corazón cuando se consigue un fin! Domingo Rosillo, una vez que obtuvo su título, no por eso se lanzó a excursionar; siguió prestando servicios con su condiscípulo, el gran Roland Garros, y París lo conocía ya por sus especiales y sugestivos virajes, y era frecuente oir: "voilá le cubain Rosillo": mirad, decían los curiosos, al cubano Bosillo.
 Por fin embarcó para Cuba, vía New York, y arribó a la Habana el seis de Marzo de 1913, acompañado de Jules Deón, uno de los primeros maestros mecánicos de la importante casa Morane, y como auxiliar experto, su hermano Deogracias Rosillo.”
 Celebra en seguida Rosillo aquí una exhibición de aviación y realiza diversos vuelos brillantes que cautivan la admiración del público.
 En 11 de abril de 1913, bate el "record" de altura que el año anterior había establecido en Cuba Roland Garros. Éste subió a seis mil novecientos ochenta pies: Rosillo alcanzó una altura de siete mil ochocientos cincuenta pies, rompiendo el record de Cuba y ganando el premio de cinco mil pesos ofrecido por el Ayuntamiento de la Habana.
 El 17 de mayo del mismo año, realiza su hazaña que le ha dado fama mundial, y que, con la de Parla al día siguiente, ha colocado a Cuba en el mapa de la aviación; lleva a cabo el vuelo de Key West a la Habana, en el que había anteriormente fracasado el célebre aviador Mac Curdy.   
 Recorrió las noventa millas que separan a Key West de la Habana, en dos horas treinta minutos y cuarenta y cuatro segundos. En aquella fecha, fue, después del viaje de Garros por sobre el Mediterráneo, el recorrido más largo que se había hecho en aeroplano sobre el océano. Con esta hazaña conquistó Rosillo el premio de $ 10,000 en oro norteamericano, ofrecido por el Ayuntamiento de la Habana al aviador cubano que primero viniese de los Estados Unidos a Cuba en aeroplano.
 Con el importe del premio se compró Rosillo un soberbio aeroplano Morane, con un motor de ochenta caballos, que es el que actualmente utiliza para sus vuelos.
 Después del vuelo Key West-Habana, realizó una excursión por toda la República, dando exhibiciones en las poblaciones más importantes. Y finalmente, en 25 de febrero de 1914, se transportó en su aeroplano desde Pinar del Río a la Habana, en una hora y diez y seis minutos, trayendo correspondencia de los Alcaldes de Pinar del Río y de Consolación para el de la Habana y ganando el premio de $500 dólares ofrecido por el Ayuntamiento de esta capital. 
 

 Agustín Parlá fue enviado a los Estados Unidos de América con fondos levantados por subscripción popular. Cursó sus estudios y se graduó de Piloto Aéreo en la escuela de aviación de Curtiss. Poco después se hizo de un hidroaeroplano Curtiss y esperó ocasión favorable para demostrar sus conocimientos.
 Fue a Key West con Rosillo, decidido a hacer el viaje al propio tiempo que aquél; pero un desarreglo de su máquina le impidió realizar su propósito. Fue tal la desesperación del joven Parla, al ver fallida su aspiración del momento, que trató de atentar contra su vida. Pero a los dos días, el 19 de mayo, saca en Key West su aparato, y, al objetarle los amigos y el público que no debía intentar el vuelo por el fuerte viento que reinaba, les dice que sólo se proponía dar una vueltas en el aire por las cercanías. Se eleva, y con un arrojo temerario rayano en la locura, pone su timón hacia Cuba y se lanza por encima del océano, sin buques en el trayecto, sin práctica en la aviación: solamente con su máquina y un corazón cubano muy grande en el pecho. Felizmente, arribó a Cuba en la playa del Mariel, lugar cercano a la Habana, realizando él también, así, el vuelo de Key West a la Habana.

 Fragmento de “El deporte como factor patriótico y sociológico”, Cuba Contemporánea, Año I,  Tomo V. Habana, Junio de 1914. Núm. 2, pp. 152-54.