sábado, 8 de diciembre de 2012

M de monstruo





 Toni Negri


 El monstruo rompe con la teología. Montaigne decía que Dios no siente ningún interés por el monstruo. Hasta Montaigne, que sin embargo era un gran renovador respecto a la teología clásica, tenía miedo cuando debían afrontar la idea del monstruo. ¿Miedo de comprender qué? Que el mecanismo metafísico y ontológico no está fundado en medidas y prototipos, sino, al contrario, en la libertad, en el kairós, en el cuerpo y su facultad de inventar y de inventarse. El mundo está hecho de esta forma y para esto. Es la causa de sí mismo. Es la potencia.

 Esto nos da miedo porque es lo que deja vía libre a todas las fantasías.

 Pues claro. Y sobre todo hoy a las fantasías ligadas a la ingeniería biológica, aunque el problema, en realidad, no es nuevo. Hemos llegado a este punto con la ingeniería nuclear, tocamos los grandes puntos de la vida: ser Dios, ¿no es lo que el hombre ha soñado siempre desde que es libre de pensar? Es divertido ver que, desde un punto de vista filosófico, hasta en los pensadores reaccionarios, en Platón, en santo Tomás, en Hegel, hay momentos en que sentimos esa tentación. La encontramos en todas partes porque es la fuente del verdadero deseo de pensar. Hemos llegado finalmente ante esa cosa formidable que habíamos dejado a la antropología literaria, y de la que ahora somos capaces: la metamorfosis. La materia, el monstruo pueden ser dominados por kairós, y el monstruo puede ser reconocido como posibilidad de metamorfosis. Pero, como para toda posibilidad abierta, nos encontramos ante una ambiguedad terrible. ¿Quién decidirá sobre este tema?

 Maquiavelo ha dicho muchas cosas. En particular, ha dicho que la única posibilidad de construir o interpretar lo común es viviéndolo como una democracia. Maquiavelo considera la democracia como la capacidad de expresarse sin pasar a través de la unidad: la considera pues como un fenómeno expresivo. Estoy cada vez más convencido del hecho de que la metamorfosis es un proceso radicalmente positivo, con la condición de que consigamos que se convierta en una decisión democrática sobre lo común. No puede haber grupos de expertos que evalúen y dicidan el desarrollo metamórfico del hombre: solo la multitud puede decidir en el momento mismo en que se metamorfosea. Los cuerpos solo podrán decidir cuando hayan aceptado el juego de la metamorfosis, pero deben aceptarlo de forma común: deben aceptarlo decidiendo razonablemente aquello en lo que el hombre quiere convertirse. 

 Hoy, en el actual estado de cosas, es decir, en el capitalismo global y con ese déficit democrático que tenemos, no se ve cómo la experimentación sobre la vida podría producir otra cosa que no fuera un formateo generalizado, la creación de una especie de “raza de esclavos”.

 Por desgracia, no hemos tenido que esperar a la clonación para decidir que ciertos hombres no son en realidad más que piezas de recambio. Pero sí, la idea es más o menos ésa… La idea de la manipulación del genoma da miedo. Estamos en un punto en que podríamos imaginar que la historia de la humanidad se ha acabado. Los hombres tienen que reapropiarse de la responsabilidad de todo esto. Se dice que la revolución era necesaria: es una antigua frase completamente idiota, pero hoy vuelve a ser primordial. Hay que decidir quién es capaz de hacerlo. Nos toca a nosotros decidir.

 Dice usted que uno de los criterios objetivos sería la maduración del pensamiento ¡Otra vez estamos en el Consejo de Sabios platónico!

 No, la gente que participa hoy en este proceso es gente como usted y yo, como nuestros hijos.

 Pero mire usted a los científicos con sus comités de ética. Lo científicos están sumidos en su pasión por conocer, entonces siguen; el proceso de apropación de lo vivo parece ser irreversible.

 Los comités de ética son interesantes, pero tienen una eficacia limitada. Tendríamos que conseguir que de alguna forma la decisión se volviera colectiva. Se dice que es el nudo de la democracia: el problema es que hasta el mismísimo término de “democracia” se ha convertido en una idiotez porque lo hemos vaciado de toda su potencia. Se dice “el pueblo”: pero ¿qué es el pueblo? Se dice que hay que remontarse al modelo de la polis clásica, pero esto no tiene nada que ver con la concepción moderna de la democracia. Es realmente un infierno, no podemos seguir en esta confusión, hay que plantear las verdaderas preguntas. En lo adelante estamos en que el problema de la vida, el problema del poder y el de la política se han vuelto centrales e indisociables. Desde ahí es desde donde hay que volver a partir.

 ¿Por eso piensa que el monstruo es una nueva figura?

 Sí, porque hay que decidir qué monstruo queremos. El monstruo es el Angelus Novus. Pero en Benjamin, ese ángel miraba hacia atrás. Es la revolución comunista; con la impresión de estar mirando hacia atrás un conjunto de destrucciones y luchas terribles. El Angelus Novus ha sido esa figura trágica, el símbolo de aquellos que querían seguir con la revolución, aunque sabían que era imposible. Hoy, el Angelus Novus se ha convertido en la política del monstruo, el deseo del monstruo: la esperanza de poder al fin reapropiarse la vida en toda su potencia, en toda su creatividad. La multitud debe decidir democráticamente el devernir del hombre.


  Abecedario biopolítico, Debate, Random House Mondadori, S. A., Barcelona, 2003., pp 110-13