
El Sr. Viñas ha sabido interpretar el gusto de
nuestras elegantes y a nuestro entender tiene motivos para estar orgulloso de
su obra. Pocos establecimientos existen hoy en la Habana que puedan competir en
magnificencia y buen gusto con el que nos ocupa, y no dudamos que muchas de
vosotras esperimentareis el más grato placer al visitarlo. El retrete que el
Sr. Viñas os ha dedicado, es un pequeño salón en el cual encontraréis abanicos
a la Duquesa de Montpensier, de
marfil, calados unos, otros sin calar y la generalidad dorados; otros de plumas
pintadas y de un gusto raro y caprichoso que se llaman a la Princesa de Joinville. Ricos vestidos de todas clases, sobresaliendo
entre ellos los de encaje bordado. Quitaluces, adorno de gran tono, propio para
el teatro. Bertas de todos gustos, capotas preciosas, camisillas, cintas de mil
caprichos y otra infinidad de objetos que no podemos recordar.
El colibrí,
1847, p. 229
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