viernes, 9 de agosto de 2019

Calle Paja




  Aimé Césarie


 Una vergüenza esta calle Paja, un apéndice repugnante como las partes vergonzantes del villorrio que se extiende a diestra y siniestra a todo el largo del camino colonial, con el oleaje gris de sus techos de chilla. Aquí no hay más que techos de paja que el salitre ha oscurecido y depilado el viento.

 Todo el mundo desprecia la calle Paja. Allí se pervierte la juventud del pueblo. Es allí sobre todo donde derrama el mar sus inmundicias, sus gatos muertos, sus perros reventados. La calle desemboca en la playa y la playa es incapaz de contener la rabia espumeante del mar.

 Desoladora también esta playa con sus montones de basura pudriéndose, furtivas ancas que aligeran la carga, y la arena es negra, fúnebre, jamás se ha visto una arena tan negra y en ella la espuma se desliza aullando y el mar, boxeando, la castiga a grandes golpes, o más bien el mar es un perrazo que lame y muerde las pantorrillas de la playa, y a fuerza de morderla, acabará por devorar la playa y con ella la calle Paja.


 Traducción de Lydia Cabrera


 Cuaderno de un retorno al país natal, París, 1947.

martes, 6 de agosto de 2019

Calle Virtudes



 Yvan Goll



 Toda una calle de puertas cerradas
De puertas muertas que hablan y te llaman por tu nombre
Toda una calle de paredes que mueren y murmuran
Paredes que tienen labios y llagas
Labios que se abren en el yeso cruel
Labios que se abren como rosas en un jardín de nieve
Puertas sin cerradura puertas sin esperanza puertas
Más obstinadas que las de los claustros
Y sin embargo no tienes más que tocar con la uña
Para que se derrumben
Yo soy Parmenia
Tu pequeña
No tienes más que empujar la espesa puerta
Una puerta de fortaleza siete veces aherrojada
Una puerta de sombra que cae bajo tu aliento extranjero
Bajo tu uña tímida desaparece el velo ilusorio
Soy tuya soy de todos
En la fosa de mi cuerpo canta la fuente desconocida
Entra gracioso
Grandes labios se abren en la pared
Grandes llagas se abren en la carne muerta
Toda una calle de puertas cerradas
De puertas que hablan y conocen tu nombre
Toda una calle de muros toda una calle de murmullos
Una calle de yesos una calle de miseria y de misericordia 
Pero detrás de las mirillas arden ojos de aceite
Labios de rosas adivinan tu nombre
Y jardines babilónicos florecen 
               bajo el camastro de gemidos 
Puertas que miran murmuran y llaman
Labios en la puerta ojos en la pared
Oh ven extranjero gástame más aprisa
Gasta la vieja cacerola de mi cuerpo
Donde hierve veinte veces el elixir de los mortales
Estaña de nuevo la palangana de las vilezas

Lava mi fosa con blanco de España y azul de Alemania
Oh cuántas cuántas veces
Los dioses reposaron en mi bañera
Y he aquí mis pies que se oxidan 
               mi palangana que se agrieta
Y mi sangre que comienza a oler mal
Aunque antaño yo fuese la que les daba música
Fuese su mandolina su guitarra su flauta
Su pájaro salvaje su arco y su colibrí
Ahora yo me aburro
Como se aburre la esclusa de ver siempre brotar 
               la joven ola
Como se aburre el acantilado de la cólera mecánica       
               del océano
Como se aburre la playa bajo el vano  chapotear 
               de los mejillones
Como se aburre la estepa bajo el casco de los bueyes
Como se aburre la escalera que espera 
               el retorno del Eterno
La máquina de coser del amor
El molino de arroz del amor
El trillador de trigo del amor
Me aburro de sus gritos de pigargos de sus avefrías 
               de sus gritos de cuervos

Me adorno con las aguamarinas de la biajaiba los corales de la picuda y los zafiros de la aguja
Me harto de sus inocencias
Me revuelco en sus espinas sus cuchillas sus sierras
Me juzgo en el reproche de sus ojos sin malicia

Ah peces emigrantes
Que vuestro rozamiento me despose y purifique
Vosotros solamente vosotros conoceréis mi amor
Hay el día en que no trabajo
En que el hombre no me labora
Ni fuma de mi carne
El día en que el hombre no siega 
               las espigas de mis estremecimientos
El día del Gran Cortejo es día de descanso
Entonces él sale a las plazas con una camisa fresca
A las plazas donde el sol merodea como un león
Salpicando de oro las más pobres fachadas
Ese día de la Libertad
Mi rival la de la blusa color grosella
Agita al viento sus anchas faldas de bailarina
Sus faldas granate y sus enaguas de púrpura y de sangre
Y sus cabellos rojizos llamean en el incendio del mediodía
Ella sabe magnetizar los hombres
Y cargarlos de una extraña dinamita
No ha quedado ni un solo hombre en la Calle de la Virtud
El pájaro de mi mirada en vano da saltos                                 detrás de la reja de la mirilla
Nadie sacará provecho de la buena fe de los demás

Los grandes niños llevan letreros y estandartes
Anuncian que están en la Tintorería en la Cervecería 
               en la Panadería en la Construcción
Están muy orgullosos de soldar de enyesar de extraer de cargar de planchar de trabajar a destajo de curtir
El ron el tabaco el acero la madera 
                el cemento de la tierra
Soy tu tierra labrantía mi labriego
Tu tierra anaranjada de Camagüey
Tu tierra dorada de Varadero
Tu vega de tabaco donde tus ancestros se calcinan
Tu campo de cañas donde el cáncer canta
Soy tu mina minero
Con tu sonda tu piocha y tu hacha
Haces brotar el petróleo de mi hígado saturado
Tú excavas las hullas de miserias antiguas
Y de un chorro de cuarzo
Modelarás la copa de cristal

Trabaja mi triste trabajador
Soy tu arrozal transfigurado de China
Tu mujer con terrazas tu colina con gavetas
Coleccionista de lluvias mieles y rocíos
Irriga mis vertientes y mis abismos con tu benevolencia

¡Golpea! Da sobre mi puerta los tres golpes del deseo
Da en mi corazón los tres golpes del destino
Graba mi flanco con tu ramo de rosas
Graba mi medalla de muerte

¡Señor! Señor del universo
Esparce tu olor de anís estrellado tu olor azucarado de  
  moribundo tu olor a carne quemada tu olor a sudor   
  avainillado tu olor aframbuesado de apestado
  tu olor a garra caliente tu oler a pantano enyodado
  tu olor a águila piojosa

Oh ven Señor gástame más aprisa
Gasta la vieja bañera de mi esqueleto
Estaña de nuevo la palangana de mis vilezas
Limpia mi fosa con blanco de España y Azul de Alemania 
He aquí mis pies que se oxidan mi frente que se agrieta
Y mi sangre que empieza a oler mal. 

 Traducción: Fayad Jamis

 Nueva Revista Cubana, Volumen 2, Número 1, Dirección General de Cultura, 1960, pp. 85- 88.

domingo, 28 de julio de 2019

Thomas Walsh



 Pedro Henríquez Ureña 

 Uno de los poetas más distinguidos de este país, Thomas Walsh, acaba de publicar su libro de versos The Pilgrim Kings; Greco and Goya and other poems of Spain. Es el segundo suyo. El anterior, The Prison Ships and other poems, apareció en 1909.

 En sus primeras poesías, Thomas Walsh reveló excelentes cualidades: su aptitud para la expresión solemne, en la oda "Las galeras" (The Prison Ships); su poder sugestivo en "Los ciegos", "La laguna de los avellanos", "En el jardín de la memoria”, su delicadeza en "Ad Astra", "Primavera sin término", "Citas de estrellas". También reveló desde entonces su afición a España y a los temas españoles (interpolados entre otros franceses e italianos), en el “Canto de la Alhambra”, “el dulce gemido del corazón que canta y se rompe”; la amorosa "Sevillana"; "En el claustro de San Juan", diálogo entre la novicia Serafita y las flores del jardín conventual; y "La Catedral de Burgos", hermosa composición llena de rumores y armonías graves, como sonoridades de órgano.


 Pero en The Pilgrim Kings Walsh se muestra mucho mayor poeta. Apenas abierto el libro, hallamos en el poema inicial, sobre los magos peregrinos de la Nochebuena, la suave aura de ingenuidad piadosa que nos encanta en los viejos villancicos de Lope, de Valdivieso y de Sor Juana Inés de la Cruz; piedad que aquí se pone frente a las dudas del pasajero descreído. A seguidas, “Invasión” es un trozo de lujo descriptivo, como más adelante “Los reyes del otoño”. Las notas ligeras y amables, de amor y galantería, las hallamos de nuevo, fáciles y graciosas, en "El codicilo de amor", "La despedida", "Canción de cítara". Estas notas son más finas y elegantes en "El embarque rumbo a Citeres", donde se sienten tenues aromas de las Fiestas galantes de Verlaine. De ahí se pasa sin esfuerzo a las encantadoras sugestiones del "Nacimiento de Pierrot"; al suave misterio de "Pozos Sagrados”, que hace pensar en los poetas belgas, contempladores del “alma de las cosas”, cantores de las aguas tranquilas; y por último, al vago misticismo de “Junto al pesebre” y “El Grial”. Pero la nota suprema del libro es, a nuestro juicio, la elegía “Coelo et in terra”. En los majestuosos versos iniciales se esboza una noble y alta filosofía de la muerte y del dolor; y en ellos, y en todos los restantes, la expresión es selectísima y solemne. 

 A la España de Thomas Walsh entramos, por la críptica puerta de “La vieja Toledo”, hacia las amplias salas donde lucen los tapices narrativos y dramáticos "Greco pinta su obra maestra”, “El juicio final del Greco”, “Egidio de Coimbra”, “Las Meninas”, “Goya en la cúpula”. Se oyen también allí canciones lánguidas, como “Balcones crepusculares”; rumores de guzlas moriscas, como las "Canciones de la Alhambra”; memorias legendarias como “La Preciosa” y “El cántico de Fontebras”; reminiscencias místicas como la de Sor Gregoria de Santa Teresa, y tributos al reino español como en los versos “A Goya”.

 Exprofeso dejamos para el final las cuatro traducciones de poesías de Fray Luis de León, breve muestra de la vasta labor de Walsh, cuyo estudio y conocimiento del gran agustino nadie supera. Si toda traducción es difícil, la de Fray Luis ofrece dificultades peculiares. Trátase de un poeta cuya perfección formal se funda en la expresión limpia con transparencia de cristal, alcanzada mediante maravillosa disciplina en la selección de palabras.

 Pedro Henríquez Ureña en los Estados Unidos, Alfredo Ángel Roggiano, Talleres de La Casa Editorial Cultura, 1961, pp. 97-98. Fragmentos del artículo. Originalmente publicado en Las Novedades, Nueva York, 12 de diciembre 1915; y, El Fígaro, 6 de febrero de 1916. 


viernes, 26 de julio de 2019

Rubén Darío en inglés


   
 Alfonso Reyes 

 La Sociedad Hispánica de Nueva York acaba de publicar once poesías de Rubén Darío traducidas al inglés por Thomas Walsh, el conocido traductor de Fray Luis de León, y por Salomón de la Selva, poeta bilingüe, hispanoamericano a quien la crítica de los Estados Unidos ha saludado con aplauso. 

 Las traducciones del primero son de una admirable fidelidad, y las del segundo nunca dejan de ser poéticas. Un excelente retrato de Darío, unas notas críticas, precisas y sobrias, de Pedro Henríquez Ureña (verdadero índice de cuestiones), un autógrafo del poeta, una impresión bella y cuidadosa, como todas las que costea Huntington. 

 Parece que no hubiera más que pedir, si las once poesías hubieran sido más bien escogidas. Diríase que el editor quiso apresurarse a tributar este homenaje a la memoria del poeta, y aprovechó el material de que hasta la fecha disponían los traductores; donde, al lado de algunas notas culminantes, hay otras sordas o de resonancia secundaria. 


 Cultura Hispanoamericana, Madrid, 11 de noviembre de 1917. Obras completas de Alfonso Reyes, VII, FCE, Ed. Electrónica, 2016, p. 475.


miércoles, 24 de julio de 2019

La ilusión de Thomas Walsh




  Pedro Marqués de Armas 

 Cuando Thomas Walsh visitó Cuba en febrero de 1919, era un poeta de cierto prestigio, reconocido estudioso y traductor de la poesía en lengua española desde Manrique y Fray Luis hasta los modernistas, afamado además por sus versiones de algunos poemas de Darío que, junto a las de Salomón de la Selva, conformaron la edición póstuma Eleven Poems (N. Y, 1916), con prólogo de Pedro Henríquez Ureña.


 Amigo del bilingüe Selva, por mediación de él conoce a Mariano Brull y a otros poetas latinoamericanos en Nueva York y, poco más tarde, al crítico y mentor dominicano. Forman hacia mediados de 1915 un pequeño grupo que comienza a gestionar, en buena parte, los vínculos entre la poesía norteamericana y la hispanoamericana. Así evocaba Henríquez Ureña aquel momento:

Poco después nos unimos para organizar pequeñas reuniones a que asistían hombres de letras de las dos Américas. Allí, sino me equivoco, comenzaron los del Norte a poner atención en la poesía rotunda y pintoresca de Chocano, cuya visión externa del Nuevo Mundo es la más rica que hoy existe, en verso castellano o en verso inglés. Entre los poetas norteamericanos, amigos de Selva, se contaba ya Thomas Walsh, pulcro y cultísimo, ameno conversador, lleno de anécdotas sabrosas; William Rose Benet, el místico del Halconero de Dios con su moderación de modales y su elevación de ideas; el sencillo y sonriente Joyce Kilmer, caído luego en tierra de Francia.
 La amistad que se establece entre los poetas citados –a los que se suman más tarde Martín Muñoz y José Juan Tablada, e incluso, León de Greiff– implicará, además del cruce de traducciones de sus propios poemas, la publicación de no pocos artículos panorámicos y la traslación en ambas direcciones de otros muchos autores. La figura de Walsh resulta clave, en esta telaraña, por su pasión latina y por coordinar -a impulso de aquellas relaciones y sufragada por la Sociedad Hispánica de América- el proyecto de traducción más vasto de la época: la Hispanic Anthology, volumen de más de 800 páginas coronado por 200 poetas que apareció en 1920 simultáneamente en Londres y Nueva York. 

 El viaje de Walsh a Cuba dejará como rastro significativo su poema “In The Café Europa", firmado en La Habana, recogido en su cuarto libro de poemas Don Folquet and other poems (John Lane, Londres/New York, 1919, p. 103) y reproducido en inglés en la revista Social en septiembre de 1920. En la entrada anterior arriesgamos una versión del mismo, hasta donde parece, la primera en español, a cien años de haber sido escrito.

 Los motivos de la visita -por el poema sabemos de su paso por Camagüey- tendrían que precisarse mejor, pero parecen responder al propósito de cartografiar la producción poética del país en el contexto de aquella antología gigantesca. Era, pues, un viaje de trabajo poético. Viajero infatigable –había recorrido de joven Italia, Francia, Portugal y prácticamente toda España, a cuyos archivos y conventos volvería en varias ocasiones-, mirará Cuba con ojos de hispanista, verá en La Habana una Sevilla sin catedral, y el resultado será un poema extrañamente moderno, oscuro al inicio y que avanza hacia una claridad encomiástica, al convertir a la Isla en un meridiano intercultural, es decir, como la llama: “el centro de nuestra literatura continental, ¡la capital de Pan-América!”

 Un repaso de su estancia, a partir de publicaciones a mano, permite entresacar algunas coordenadas.  

Un gran admirador de España y del espíritu de nuestros pueblos descendientes de ella, el poeta norteamericano Sr. Thomas Walsh, es huésped de La Habana. CUBA CONTEMPORÁNEA ha tenido el placer de recibir la visita de este distinguido hombre de letras, traductor afortunado de escogidas poesías de Casal, de Rubén Darío, de Guillermo Valencia, de José Asunción Silva, etc., y ha recibido también el presente valioso de algunas obras suyas: The Pilgrim Kings, Gardens Overseas, y The Prison Ships. Ha hecho el Sr. Walsh en inglés una Antología de selectos poetas españoles y latinoamericanos, por encargo de la Hispanic Society of America, de Nueva York, que está a punto de ser publicada. Que le sea grata su estancia en nuestro país (Febrero de 1919, p 132).
 En el número de marzo, probablemente tras su partida, Cuba contemporánea publica “Una poesía de Casal vertida al inglés”; se trata del poema “La Perla”, precedido de un breve comentario:

Mucho agradecemos al distinguido poeta norteamericano Sr. Thomas Walsh su cortesía de obsequiarnos con esta ajustada traducción de una poesía de nuestro malogrado Julián del Casal. Para que pueda juzgarse del mérito de la traducción, publicamos también “La Perla” en castellano. El Sr. Walsh, que ha sido huésped de La Habana durante unas semanas, es gran admirador de la poesía española e hispanoamericana, y ha traducido al inglés varias composiciones de Rubén Darío, Guillermo Valencia, José Asunción Silva, Julián del Casal, etc. (…) Está a punto de publicarse, compilada por él a instancias de la Hispanic Society of America, de Nueva York, una Antología Española, en inglés, que contendrá selectas poesías de los mejores poetas de habla hispana (pp. 90-91).
 Por último, Cuba contemporánea hace pública en mayo de ese año esta convocatoria “A los poetas cubanos”:

Avisamos (…) que el poeta norteamericano señor Thomas Walsh, que no hace mucho fue huésped de Cuba, desea recibir sus obras para darlos a conocer al público de su país en un estudio que prepara sobre la moderna poesía cubana. Excitamos a nuestros jóvenes bardos para que envíen a su colega norteamericano sus producciones al número 227 de la calle Clinton, Brooklyn, New York, residencia del señor Walsh. (p. 165).
 Por su parte, Social publicó en su número de marzo, bajo el título “Dos traducciones de Walsh”, sendos sonetos de Julio Herrera y Reissig, los titulados “El cura” y “Los carros” (p. 26). Gracias a una nota de presentación, no dirigida a los textos, sino al traductor, sabemos que Walsh impartió en los salones del Heraldo de Cuba una conferencia sobre “los poetas norteamericanos y la Guerra de las Naciones”. Allí fue acogido por Carlos Mendieta, entonces director del diario, y por el compositor y musicólogo Eduardo Sánchez de Fuentes. Es probable que la recomendación haya venido de Henríquez Ureña, quien sostuviera durante años la sección “Desde Washington” y todavía en 1919 colaboraba de modo habitual en aquel periódico.

 La nota lo califica de “talentoso traductor de Heredia, Rodó, José A. Silva y Herrera y Reissig", y añade que Walsh “se maravilló de que en Cuba Republicana no hubiera ya monumentos (aunque pequeños) a Heredia, a Tejera y a Casal”. Al segundo, dijo irónico, lo representaría en su famosa hamaca. Se despidió de Social dedicando a la redacción un ejemplar de su libro Overseas garden.

 Hispanic Anthology, poems translated from the spanish by english and north american poets, colleted and arranged by Thomas Walsh vió la luz a mediados de 1920. Además del poeta de Brooklyn, entre los traductores estaban Roderick Gill, Joseph G. Clarke, Garret Strange, Alice Stone Blackwell, Muna Lee y, entre otros, un sorprendente William Carlos Williams, quien traducía poemas de Arévalo Martínez, Guillén Zelaya y Luis Carlos López. También, un clásico como William Cullen Byrant (traductor de Heredia), décadas más tarde traducido por Roberto Friol.  

 Pero el mayor número de versiones lleva la firma de Walsh. Entre otros, tradujo a Manrique, Fray Luis, Garcilaso, Quevedo, Andrés Bello, Zorrilla, Campoamor, Bécquer, Tejera, Silva, Darío, Herrera y Reissig, Machado, Tablada, Juan Ramón Jiménez y José Manuel Poveda (cuyas traducciones reproduciría El Fígaro ese mismo año).  

 He buscado en vano algún comentario de época sobre el poema. Sorprende que no se le haya traducido en su momento ni, por lo visto, después. Si lo comparamos con sus poemas sobre Goya, Velázquez y El Greco (“Greco paints his masterpiece”, tal vez el más logrado, lo traducen Henríquez Ureña y José Juan Tablada), o sobre ciudades como Toledo y Sevilla, destaca por su carácter exterior o sensorial, por el modo en que convoca a la multitud, al tráfago moderno.

 Un aguacero retiene al poeta en el Café Europa, en la estrecha calle Obispo, y ese corte forzoso, que lo apresa junto a la concurrencia, despierta la observación del entorno. Una sucesión de imágenes que buscan amplificar semejanzas, o bien diferencias, se revela entonces al ojo y al oído casi como una avalancha de matices visuales y acentos lingüísticos, imaginados siempre desde la experiencia europea –o propiamente española- del poeta. 

 Se produce un contraste entre lo especulativo y lo observado, entre la presencia viva de las gentes y el modo como se supone su historia. En cualquier caso, un montaje que intercala referencias a lo hispánico, lo indio y lo africano, junto a alusiones al pulso comercial de la ciudad, hasta construir esa imagen venturosa de un país nuevo. El contraste, que se sostiene con intensidad a lo largo del poema, decae en los últimos versos, laudatorios y enumerativos. Pero nos deja imágenes excelentes y rápidas como las siguientes: 

 He aquí la buena lógica del Renacimiento.
El espíritu de Fray Luises y Quevedos
utilizado para discutir de la guerra mundial,
los informes de las comisiones ferroviarias
o los nuevos pasos de Maruxa,
la belleza de los callejones de Camagüey.

 No es difícil adivinar las intenciones: Walsh encontró en apenas dos semanas en Cuba, lo que había buscado durante años en España: la esperanza de un renacimiento cultural. Esta búsqueda mira ahora a América, a todo el Continente, desde un Café llamado Europa. Seducido por el trasiego y la vitalidad, por el monto del placer, fusiona sin reparos poesía y ciudadanía. Desde ese Café, o más bien al salir de él, cuando acaba el aguacero, imagina una capital literaria. Una guerra reciente por medio, no apagado aún el sentimiento de derrota entre los intelectuales españoles, y el país visitado todavía en alza económica, redondean la ilusión.