miércoles, 7 de octubre de 2015

Pina: el negrito asesino


  

  Israel Castellanos 


 En el pueblo de Minas, provincia de Camagüey, apareció el cadáver de un niño blanco horriblemente mutilado. Desde el comienzo de las investigaciones policiales fue detenido Justino Pina, de diez años de edad, sobre el cual recaían graves sospechas. Primeramente negó su participación, pero después se confesó autor del mismo. 
 Declaró que inducido por su padre, Juan Pina, de sesenta años, cometió el crimen para recoger la sangre y el corazón del niño. Efectivamente, la autora de sus días estaba en el último periodo de la tuberculosis que la minaba... 
 El negrito oía decir que hacía falta la sangre de niño blanco, pero no se ofreció nunca a traerla. 
 Agravada su madre, le llamó el padre y le dijo: "Trae sangre y corazón de niño blanco pa curar a mamá". 
 El negrito vacilaba entre el niño blanco y mamá, y el padre, afro-cubano brujo, cubrió los últimos rescoldos del temor del temor induciéndole, instigándole... 
 Entonces, en el cuerpo del morenito surgió un africano entero, se decidió, se robó el niño Manuel Villafaña y le dio muerte, dándole más de treinta machetazos. 
 Le arrancó el corazón y recogió la sangre en una botella. 
 La madre ingirió casi toda la sangre del niño, solo una parte reservó su padre para la mendiga, a la que el brujo le puso en la rodilla sangre con una hoja de hierba lengua de vaca, diciéndole: “Caminará María”. 
 El brujo exponía su libertad, sacrificaba su hijo, concebía y hacía ejecutar un crimen para curar a la esposa con tuberculosis y a la mendiga con reuma articular. 
 Pina piensa el asesinato, lleva su hijo a él para que la madre no muera de tisis y la mendiga mueva sus piernas. 
 Muchas veces la vida del brujo afro-cubano parece ser a un tempo sante e criminali...


 Anales, vol, 53, 1916, p. 311.


lunes, 5 de octubre de 2015

Kulturkampf






 Designados los que suscriben para informar acerca de la única memoria presentada con el lema Kulturkampf en opción al Premio B. de medicina legal, instituido por el Dr. Antonio de Gordon y Acosta, sobre el tema "El ñañiguismo y la brujería en Cuba desde el punto de vista médico legal", pasan a llenar su cometido en la forma siguiente: Bien presentada, la memoria en cuestión consta de 138 pliegos de texto, en dactilografía, en papel de tamaño legal y 21 láminas que ilustran la materia tratada, la que divide su autor en 38 capítulos a los que adiciona los índices de las ilustraciones, de los autores citados y de las materias estudiadas.
 El título de cada uno los capítulos es el que sigue:
 "I. Introducción.—II. Definición sociológica del "brujo y del ñáñigo.—III. Distinción de los fenómenos criminosos de la brujería y el ñañiguismo.— "IV. El Brujo y el ñañigo ante la medicina legal.— "V. El Cráneo.—VI. El cerebro.—VIL Las vísceras. "—VIII. La talla.—IX. El cruzamen.—X. Las "impresiones digitajes.—XI. El tórax.—XII. La piel "—XIII. La frente.—XIV. Las orejas.—XV. Los "ojos.—XVI. La nariz.—XVII. El prognatismo.— "XVIIL La mandíbula.—XIX. La longevidad.— "XX. El tatuaje.—XXI. El instinto genésico.— "XXII. El alcoholismo.-XXIII El trabajo.— "XXIV. El altruismo.—XXV. La familia.—XXVI. "El desinterés.—XXVIL Los remordimientos.— "XXVIH. La vanidad.—XXIX. La intelectualidad. — XXX. El arte. — XXXL El baile.— "XXXII. El lenguaje.—XXXIII. Los apodos.— "XXXIV. La fisonomía. — XXXV. El tipo.— "XXXVI. ¿E1 brujo es epiléptico?.—XXXVIL "Las frenopatías en el negro brujo.—XXXVIII. "Conclusiones."
 Se colige de la lectura de la memoria sometida a nuestro juicio que su autor desconoce un gran número de producciones de nuestros hombres de ciencia, sobre todo de los de esta Academia, pues no aparecen en la larga lista de autores citados, ni hace referencia a los trabajos de los mismos. Buena prueba de ello la tenemos en las conclusiones en que propone la creación de un Instituto de medicina legal y criminología, cosa que desde marzo de 1913 uno de los miembros de este jurado (1) había ya pedido, con otro nombre, a esta Academia, dando a conocer los trabajos realizados por el profesor Arthur Mac Donald, de Washington, y lo que él mismo trató en la Octava Conferencia Nacional de Beneficencia y Corrección de la Isla de Cuba, celebrada en Sagua la Grande en enero de 1910. Olvida por completo, al tratar sobre los negros, las interesantes contribuciones craneológicas y antropológicas de varios de nuestros académicos, como los de Riva, Montalvo, Reynés, Reyes, La Torre, Fresno, etc., etc., para no citar más que algunos, cuyos nombres no pueden desconocerse; así como los trabajos realizados por nuestra extinguida Sociedad Antropológica, en cuyas sesiones se discutieron asuntos relacionados con la psicología, fisiología y patología de la raza que contribuye poderosamente a la brujería y a la criminalidad en nuestro país.
 Hay particulares que están tratados muy ligeramente y otros de manera deficiente, y sobre todo incurre en el error tan frecuentemente cometido por los que sin conocer a fondo las leyes estadísticas, deducen proporciones representativas de hechos o de fenómenos, basándolas en limitado número de observaciones y aun de hechos heterogéneos, olvidando que el número de errores es tanto mayor cuanto menor es el de las observaciones realizadas.
 No señalaremos la inoportunidad del lema escogido, ni las doctrinas puramente lombrosianas que informan todo el trabajo, pues la Academia no se hace solidaria de las ideas sustentadas por los autores de los trabajos a ella presentados, dejándoles la responsabilidad de los mismos.
 No obstante, la memoria está desarrollada dentro del tema: señala muy bien la diferencia que existe entre la brujería y el ñañiguismo, por lo menos hasta donde lo permite el secreto y la obscuridad que envuelven la una y el otro.
 Las consideraciones médico legales (objetivo principal de tema) están bien expuestas y de igual manera bien fundamentada la responsabilidad legal, aceptando, como es natural, la magnitud de ésta por la criminalidad que una y otra desarrollan en sus exteriores manifestaciones.
 Por otra parte, es el único trabajo presentado: demuestra conocimientos en la materia, dedicación, esfuerzos y condiciones personales de investigación, que bien dirigidos producirán preciosos frutos; por lo que, la comisión entiende debe concedérsele el premio a que aspira, como recompensa del presente y estímulo de ulteriores trabajos.


 Nota: Psiquicultura. Estudio sobre los anormales, por el Dr. Jorge Le-Roy y Cassá. (14 de marzo 1913) Anales, t. XLIX. p. 814-840. Psiquicultura, por el Dr. Jorge Lo-Roy y Cassá. Trabajo presentado a la 8va Conferencia Nacional de Beneficencia y Corrección, celebrada en Sagua la Grande, 10 enero 1910. Memoria Oficial, p. 331-343.

 INFORME SOBRE LA MEMORIA PRESENTADA EN OPCIÓN AL PREMIO DE MEDICINA LEGAL, INSTITUIDO POR EL DR. ANTONIO DE GORDON Y AGOSTA POR LOS Dres. Francisco M. Héctor, José A. Fernández Benítez y Jorge Le-Roy y Cassá (ponente).(Sesión de gobierno del 28 de abril de 1916). 


 Anales, 1916, vol. 52, pp. 916-17.  

domingo, 4 de octubre de 2015

A deportarlos




 Adolfo Dollero

 Se ha hablado mucho de Agramonte por las salvajadas de los negros brujos, que no quieren olvidar los ritos ancestrales del África tenebrosa. Pero el problema no atañe solamente al Término de Agramonte, sino a la isla entera.
 Brujos hay doquiera en Cuba, y esta plaga, producto del fanatismo y de la ignorancia, no podrá extirparse más que con Ia multiplicación de las escuelas y con penas muy severas en contra del curanderismo en general.
 Sin embargo, siendo imposible obtener un éxito favorable y rápido con los medios arriba indicados, me parecería realizable la medida siguiente para hacer cesar la terrible amenaza que se cierne sobre la sociedad civilizada.
 El Gobierno cubano adquiriría una gran extensión dc terreno en el África, (y si posible fuere, en las mismas regiones que mayor contingente han dado a la esclavitud) y deportaría allá a todos los que practicaran la brujería.
 Les proporcionaría útiles para labranza, semillas y algunos animales domésticos, abandonándolos a sus prácticas crueles e imbéciles.
 Para evitar la posibilidad de abusos Y venganzas personales, una comisión formada de algunos ciudadanos de reconocida moralidad e independencia política, examinarían y comprobarían cada caso antes de dar la sanción definitiva a las deportaciones.
 Las impresiones digitales de cada deportado impedirían su regreso a Cuba.
 ¡Ignoro si es que la idea me parece magnífica por ser mía!


 La provincia de Matanzas y su evolución, La Habana, 1919, p. 373. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Se llama Justo Pina





 Una nueva barbaridad, inspirada por la brujería, ha conmovido en estos días la opinión pública. El hecho ha ocurrido en Camagüey. El criminal es menor de edad, y se llama Justo Pina. La víctima, Manuel Villafaña, era un niñito de raza blanca.


 El asesino dice que su padre —negro repulsivo— le ordenó proveerse de sangre del blanquito, y extraerle el corazón, para curar con ello a una mujer de su raza. Y el precoz bandido acometió al pequeñito con puñal machete; le produjo numerosas heridas; le mutiló.


 Alarmado el vecindario y momentáneamente indignada la prensa, han pedido castigo para el salvaje inductor, ya que no sería humano aplicar la última pena al asesino, legalmente irresponsable. Pero, cuando hayan pasado ocho días, nadie se acordará del asunto. ¿No son ya numerosos los casos de niños robados, de criaturitas blancas mutiladas por los negros brujos, curanderos para quienes no hay farmacopea más eficaz que el corazón y la sangre de los blancos? 


 No sé si toda la razón estará de parte de los que condenan la pena capital, porque el Estado no puede ser vengativo ni puede cometer el delito mismo que se castiga. Pero yo creo que aquél a quien arrebaten un pedazo de su vida, un angelito de su alma, para descuartizarlo, ese no entendería de sentimentalismos y consideraciones filosóficas: como le entregaran al salvaje asesino, le inhabilitarían para, volver a practicar la brujería. 


 Muy noble es eso de no matar en nombre del Estado; pero bueno sería que los asesinos empezaran por suprimir ellos el placer ese que se dan matando o mandando matar a inocentes. Y cuando, como en este caso de Camagüey, se agrega al hecho horrible del asesinato, el más horrible de haber impulsado al crimen al propio hijo, creo que no se perdería mucho con aplicar a una fiera con apariencia de hombre, la saludable ley de Lynch.


 Joaquín Nicolás Aramburu


 La Vanguardia, 16 de julio de 1914.