domingo, 14 de mayo de 2017

René de la Valette



   Pedro Marqués de Armas

 Fue uno de los psiquiatras más reconocidos de la segunda generación republicana, miembro del cuerpo facultativo del Hospital de Dementes y por muchos años director médico del Sanatorio Pérez Vento.
 Se señala, por algunos, que se formó como psicoanalista en Estados Unidos, donde realizó análisis didáctico e ingresó en la Sociedad Internacional de Psicoanálisis; pero de momento no hay documentación localizada al respecto.
 Existen referencias a su labor como psicoterapeuta desde finales de los años veinte.
 En “La psiquiatría en Cuba en los últimos cincuenta años” (1958), José Ángel Bustamante, que ignora numerosos antecedentes en este sentido, apuntó: "Debe señalarse que algunos años antes, sin haber recibido entrenamiento alguno, René de la Valette utilizó, en cierta medida, la psicoterapia".
 Al margen de dudas, sus artículos indican diversidad de posiciones, incluyendo el psicoanálisis, el organodinamismo, la promoción de la higiene mental y, sobre todo, la medicina psicosomática, sin excluir terapias biológicas.
 Sí parece claro que fue el introductor en Cuba de la laborterapia, siguiendo sus experiencias en diversos centros psiquiátricos en Estados Unidos, país que visitó en numerosas ocasiones y donde estuvo exiliado en 1934.
 Rene de la Valette Austran nació en La Habana en 1898. Se graduó de médico en 1922 y ejerció algunos años en Isla de Pinos, donde fue Inspector de Sanidad y fundó en Nueva Gerona un pequeño hospital. Allí escribió un informe sobre los conflictos con los colonos norteamericanos, que Cosme de la Torriente incluiría en su libro Mi misión en Washington.
 En marzo de 1926 era médico de visita del pabellón de epilépticos de Mazorra y se incorpora a la Sociedad Cubana de Psiquiatría y Neurología.
 El 8 de febrero de 1927 contrajo matrimonio con la hija del ya fallecido neuropsiquiatra Rafael Pérez Vento, ocupando poco más tarde la dirección del sanatorio, administrado por la viuda de Pérez Vento, Florinda Rodríguez Nin, y por su esposa, Ofelia.

 En 1928 y 1929 fue electo vicesecretario de la Sociedad Cubana de Psiquiatría y Neurología, y responsable de la comisión de publicaciones que se ocupará a partir de julio de 1929 de la Revista de Psiquiatría y Neurología. 
 Un repaso a la bibliografía de que disponemos, permite conocer mejor su gestión y las posiciones de que participa.
 En “Un caso de confusión mental prolongada” (1928) se apoya en la tesis de Chaslin y Mignard, partiendo del criterio organodinámico de constitución hiperemotiva. Se trata de un paciente del sanatorio, afecto de un delirio agudo secundario a causa médica, en que la reactividad emocional juega un papel primordial; lo trata con oxígeno hipodérmico, y a pocos días, lo declara curado.
 En 1929 presenta “Epilepsia monosintomática asociada a un síndrome paranoide no epiléptico”, donde delimita entre diversos tipos de epilepsias, esenciales o sintomáticas, y sus relaciones con las psicosis, lo que generó un laxo debate sobre estas categorías.
 En 1930 aparece “Recorrido científico después del primer Congreso Internacional de Higiene Mental”, celebrado en Washington, y al que asiste junto al secretario de Sanidad y Beneficencia, Francisco María Fernández, el psiquiatra y psicoanalista Juan Portell Vilá, y el director de Mazorra, Miguel Rodríguez Machado.
 En la Clínica Psiquiátrica "Henry Phipps" del Hospital John Hopkin´s de Baltimore imparte en inglés, en presencia de Adolf Meyer, una conferencia en la que da a conocer las labores de modernización que entonces tenían lugar en Mazorra, impulsadas por el gobierno de Machado.
 La gira se extendió del 2 al 20 de mayo, e incluyó, además de encuentros con psiquiatras soviéticos, europeos y latinoamericanos, visitas al Dispensario y la Escuela de Higiene Mental de Baltimore, a la Escuela de Cadetes de Annapolis, el Instituto de Menores Anormales de Boston, la Facultad de Medicina de Harvard, el Manhattan State Hospital, entre otros.
 De aquí saldrían propuestas para aplicar en Cuba relacionadas con la higiene mental, la formación de enfermeras visitadoras y la “orientación científica” de Mazorra.
 En particular, de la Valette reseña varios de los servicios de laborterapia visitados.  
 En 1930 presentó ante la Academia de Ciencias sus trabajos “Lo psíquico y lo físico” y “Fenómenos coloidales en la patología mental”, lo cuales se insertan, en buena medida, en el modelo organo-dinámico.
 En la década de 1940, sobre todo después de relanzada la Sociedad de Neurología y Psiquiatría, y bajo el impulso de una nueva generación de psiquiatras, reaparece como presidente de la Junta Directiva, y como miembro, junto al internista Pedro Iglesias Betancourt, de la Comisión de Medicina Psicosomática.
 En diciembre de 1946 presenta junto a Franz Sttetmeir, al Primer Congreso Médico Social Panamericano celebrado en La Habana, “Ensayo sobre una teoría general de la acción terapéutica del shock eléctrico cerebral”, luego publicado en Archivos de Neurología y Psiquiatría.  
 En 1947 impartió la conferencia "Naturaleza emocional de los síntomas físicos".
 En una Jornada de Neuropsiquiatría celebrada en el Hospital Materno de Matanzas el 5 de septiembre del 1948, y a la que asiste Manfield Sakel, quien divulga allí su insulinoterapia, expone “Concepción general de la medicina psicosomática”.
 Se destacó, pues, por posiciones tendientes a aceptar el papel del ambiente y de factores psicológicos en los cuadros psiquiátricos, ampliando la noción de psicogénesis y los presupuestos dinámicos. En general, sitúa la cuestión funcional, en oposición a las viejas teorías organicistas, sin renunciar a terapias biológicas como el electroshock, por ejemplo, que introdujo en su práctica privada hacia 1943.



 En calidad de director del Sanatorio Pérez Vento de Guanabacoa, permaneció hasta su fallecimiento a finales de 1950. Por dicha institución pasaron, en sus visitas a Cuba, figuras como Río Ortega, Gregorio Marañón, Mira y López, Foster Kennedy, Walter Freeman, Franklin Ebaugh, Manfred Sakel, entre otros.
 La celebración en 1937 de los 25 años del Sanatorio, tuvo gran cobertura en la prensa, al igual que el acto convocado en agosto de 1950, poco antes de su muerte.
 En el ámbito político, fue miembro del ABC y tuvo que asilarse en la embajada del Perú tras la revolución del 8 de noviembre. En Estados Unidos, donde permaneció exiliado hasta febrero de 1934, encontró empleo en el célebre manicomio St. Elizabeth, en Washington.  
 Cercano amigo del doctor Joaquín Martínez Sáenz, también del ABC y que más tarde llegara a secretario de hacienda, ministro de agricultura y presidente del Banco Nacional, prologó -a modo de carta- la edición en miniatura del resonante discurso de aquél "Martí, el inadaptado sublime" (Editorial Cenit, La Habana, 1956).
 Fue además miembro del Club de Leones de Cuba, oficialmente establecido en 1937, siendo elegido responsable por el distrito leonístico de Guanabacoa. 


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