sábado, 17 de diciembre de 2016

Limosna para el cínico




 
Octavio Armand


Se despidió de la sangre

Y de la casa donde había nacido.

Abandonó sus tierras,

Los esclavos, el oro y la plata

Que tantos envidiaban.

Se entregó de lleno a la pobreza.

La mendicidad le parecía

Una discreta opulencia.

Si fuera mendigo, aseguraba,

Sólo pediría perdón.

Perdón al tiempo por perderlo.

Perdón al espacio por ocuparlo.

Perdón a la vida por vivir a medias.

Perdón a la muerte por hacerla esperar.




     Caracas, 13 de mayo de 2013