viernes, 30 de septiembre de 2016

Gallo integrador





¿Será justo, por eso, ni conveniente ni prudente, que se niegue a los habitantes de color de la Isla de Cuba, que tanta parte tienen en su producción y riqueza, toda participación política, sembrando, con una exclusión odiosa, gérmenes de un antagonismo que, inflamado, podría ser en lo futuro de muy funestas consecuencias para aquel país?
 Piénsese antes de todo que entre los libres de color figuran en gran número los mestizos, frutos de las muchas alianzas que, aun cuando no hayan sido consagradas por la iglesia, empiezan demostrando que el apartamiento de las dos razas no es tan absoluto como pudiera a primera vista creerse; y no se olvide que la tendencia de esos mestizos a confundirse con los blancos, debe aprovecharse con prudencia para atraerlos más a la raza dominante, sin hacer empero distinciones entre mestizos y negros que podrían, agriando la condición de estos, y rompiendo vínculos de familia que con la base necesaria de toda sociedad bien organizada, acarrear nuevos conflictos y no menores peligros.
Por otra parte, y si bien se observa, el apartamiento social que existe entre las dos razas, se desvanece poco a poco, hasta perderse, cuando se baja, en los blancos, de la clase más rica y aristocrática a las clases inferiores, que se ven a menudo confundidas con las de color. Así, por ejemplo; las personas de color que no pueden viajar por ferrocarriles, sino en coches de segunda o de tercera clase, van en ellos confundidos con gran número de viajeros blancos; y otro tanto sucede en los ómnibus; y es frecuente esa confusión en los campos donde blancos y negros se reúnen en las vallas de gallos, y comen juntos en la misma mesa, y se tratan, en suma, con recíproca igualdad.
 Respecto de esas alianzas sexuales a que antes nos hemos referido, no es extraño ver en las poblaciones pequeñas sobre todo, a hombres de alguna posición social, teniendo por mujeres a mestizas y aun negras, y dando de ese modo público testimonio de una igualdad de naturaleza, que es imposible desconocer en lo absoluto.
 Las distinciones personales de los individuos de color han sido también en todos tiempos motivos de su confusión con los blancos; y aun en casas muy distinguidas hemos visto frecuentemente alguna matrona de color, que fue tal vez la nodriza de la señora y luego su constante compañera, que compartió con ella todas las amarguras de la vida, le ayudó a criar a sus hijos, y los cuidó a la par que ella, ocupando un lugar merecido en la mesa de aquella casa que tanto debe a su lealtad y a su amor.
A ocasiones hombres de color de padres ricos, han ido a buscar al extranjero la instrucción que no les dalia su patria; a la que los hemos visto volver o doctores de alguna facultad, que han ejercido con numerosa clientela entre los blancos mas aristocráticos; o artistas eminentes que han arrancado aplausos y deferentes atenciones de todo el mundo: y alguno de los cuales ha podido ostentar en su pecho una condecoración de caballero concedida por S. M. la Reina.
Y en circunstancias tales como las que acaban de reconocerse, la previsión enseña: que, si sería imprudente ponerse en abierta oposición con las costumbres de aquella Isla, no lo sería menos desaprovechar oportunamente los elementos favorables á la fusión de ambas razas que esas costumbres ofrecen, y negar toda participación política a les libres de color. Creemos firmemente que el interés de los blancos de Cuba induce por el contrario a elevar el espíritu y las nobles aspiraciones de la raza de color, acercándosela en cuanto sea posible; y de ningún modo a degradarla con odiosas exclusiones.

 Información sobre reformas en Cuba y Puerto Rico…, 1867, La Habana, pp. 137-41.