miércoles, 28 de septiembre de 2016

El juego de los gallos





 Antonio Perpiñá

 Una de las diversiones favoritas del pueblo cubano es la Pelea de los Gallos. El edificio en que pelean se llama Valla, y tiene la forma circular de un toril, con sus graderías y asientos interiores. Allí se llevan los gallos de las mejores gallerías.
 Las gallerías en Cuba, son aquellos patios en donde se crían con el mayor cuidado los gallos de pelea.
 Los Gallos Finos o ingleses son para el pueblo los mejores, los más valientes y fieros. En segunda línea figuran los Panameños, y los Quiquiritos o gallitos del Norte América.
 Los gallos finos tienen a veces precios exorbitantes, según su mérito o celebridad adquirida en la lid. Se han pagado hasta 200 duros por uno de esos animales.
 En el Príncipe, y sobre todo en la Habana, Matanzas y demás crecidos pueblos de la parte occidental dan a las peleas de gallos una importancia que no deberían tener; pues, se atraviesan muchos intereses con gran detrimento y aun ruina de muchos aficionados.
 Son miles de duros los que se apuestan en una Valla de gran concurrencia.
 Para que nuestros lectores tengan una idea más exacta de esta diversión favorita del pueblo de Sibanicú, veamos lo que dice el distinguido D. Esteban Pichardo; pues, nadie mejor que él ha descrito lo que pasa en una Valla.
  «Mientras se casa (pacta) alguna Pelea, toda la plaza se llena de gente y gallos, para ver, oír o ajustarla: apenas se grita, Afuera de la Valla, todo el mundo ocupa los asientos, sin distinción; la plaza se despeja, permaneciendo solos los dos gallos en manos de los galleros: hacen una ligera prueba y sueltan los adversarios a un tiempo; esta fue una señal de revolución; de todas partes la algarabía, la grita descompasada, continua, infernal; movimientos y gesticulaciones violentas aturden al que contempla esa reunión más democrática que ninguna otra; el caballero apuesta con el mugriento; el condecorado acepta la proposición del guajiro; el negro manotea al noble; todos hablan o gritan a un tiempo; algunas voces sobresalen: «Voy cincuenta pesos al Giro... voy seis onzas...» En este momento un golpe contrario aumenta el ruido y la confusión: «voy diez a ocho al 1 lidio... voy doce a ocho...» Un inteligente ha notado alguna cosa favorable y exclama: «Pago esos doce a ocho... pago otros doce a ocho ... pago diez a ocho ... etc.» Así se hacen en poco tiempo mil apuestas con cantidades y logros diferentes en medio de la mayor confusión, y todos se entienden, ninguno se olvida ni falta al cumplimiento instantáneo de sus obligaciones, luego que la muerte o la huida de alguno de los contendientes decide la Pelea.»
 Hasta aquí el Sr. de Pichardo.
 En algunos pueblos, y en las grandes festividades, las mujeres toman parte en esa diversión, dividiéndose los concurrentes en dos bandos. Cada bando elige su reina y su cinta de color por divisa; resultando rivalidades divertidas entre las dos reinas y sus vasallos improvisados. Decidida la victoria, la reina triunfante obsequia a su rival; y ella y sus vasallos hacen las paces, dando un lucido baile.
 
 El Camagüey: viajes pintorescos por el interior de Cuba y por sus costas, con descripciones del país; obra literaria a la par que moral y religiosa; sumamente útil a la juventud, e interesante para todos los amantes de la Reina de las Antillas. 1899. Barcelona. Librería de J. A. Bastinos Librería de Luis Niubó.